Academia de musas 1. Exilio 29
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El Equinoccio bulle de vida. Aunque la isla está bloqueada, nada les puede quitar a los Hacedores de Génesis la emoción de hoy, porque es el primero de mayo y arranca la temporada de torneos de aerojustas.

Todos visten los colores y emblemas de su gremio y algún que otro complemento mal combinado para apoyar a los jugadores favoritos de otros gremios.

El equipo de biociencia es sin duda el favorito; su emblema, con una mano de carne y otra de hueso sosteniendo una doble hélice, abunda entre los aficionados.

Todos los jugadores de la liga reciben mucha atención, yo incluida.

Estoy esperando a Rafe bajo el árbol en el vestíbulo donde han configurado un gigante termómetro de Galileo para realizar el seguimiento clasificatorio de los jugadores: dentro de un tubo, flotan pequeñas burbujas de colores que representan a cada jugador.

Con suerte hoy tendré la oportunidad de ver mi burbuja subir, pero eso puede ser lo más alto a lo que llegue.

Rafe y yo hemos planeado dejar la isla mañana.

Deberíamos estar de vuelta antes de que cualquiera de nuestros equipos compita de nuevo, pero no sé qué pasará en Nueva York, y no puedo decir con seguridad que yo vaya a volver.

Pensarlo no debería dolerme tanto. Siempre he sabido que este nunca sería mi hogar. Y,sin embargo...

—Buenos días —me susurra al oído una sedosa voz mientras me abrazan por detrás.

Inmediatamente me tenso y las piernas se me ponen rígidas.

—Relájate —me regaña Rafe—. Todo el mundo está mirando.

Todo esto del rollo entre Rafe y Ada ha sido bastante sutil hasta ahora, pero hoy será una actuación de los Óscar en toda regla.

Quizá Rafe es un príncipe y todo eso, pero lo que más admiran los jóvenes de la sociedad de los Hacedores es su destreza en las aerojustas.

Al ser hoy la apertura de los juegos de la nueva temporada, cada globo ocular estará puesto en Rafe.

Ypor lo tanto en mí, a su lado. De corazón que no estoy deseando llamar la atención, pero todo por lo que hemos estado montando esta farsa alcanzará hoy su punto crítico.

Mientras navegamos por la abarrotada sala, siento la calidez del brazo de Rafe alrededor de mi cintura. Demasiado cálido. Pero no en el mal sentido. En el buen sentido.

—¿Por qué no podemos estar con nuestros equipos y hacer como que nos enviamos besos? —digo como una queja—. Esto me parece exagerado.

Por no decir que es un territorio muy peligroso.

He estado respetando las distancias entre nosotros durante el entrenamiento, lo que hizo que ayer le resultara difícil enseñarme cómo inducirle un desmayo inofensivo a alguien sobrecargando su nervio vago, ya que me negué a que me tocara el cuello, así que espero no verme obligada a usar ese truco en nuestros viajes, pero aparentar ser cariñosos delante de una audiencia enorme el día de un torneo de aerojustas es, por lo visto, un deporte de contacto total.

—No queremos que nadie se pregunte por qué no estamos juntos en la hoguera de esta noche o en el desayuno de mañana.

Estoy seguro de que puedes aguantar un día más de esto —dice Rafe.

Su tono está lleno de fastidio a pesar de la suave sonrisa en su cara para complacer a los demás—.

Yprometiste ayudarme a dar una buena impresión en las aerojustas.

Suspiro. Lo hice.

Pero el problema de que no nos hayamos tocado desde hace un tiempo es que ahora no estoy preparada para lo potente que es este roce.

Rafe y yo hemos reconocido que nuestra particular mezcla de feromonas sire ha dado lugar a una cierta química.

Al parecer, esto se debe a que a los sire les gusta crear cosas, y a mí me gustaría crear algo con otra persona, y a veces esas vibraciones son especialmente magnéticas con las de otros sire.

Pero nos hemos resignado a algo parecido a una amistad.

Pero Rafe no se conforma con parecer simples amigos hoy.

—Oh, no, no juegues sucio —dice Rafe, acercándome más contra él mientras intento que no quedemos atrás para pasar más desapercibidos. Para quienes nos rodean, la acción probablemente parezca posesiva.

Aprieto los dientes y sigo sonriendo y saludando con la cabeza a toda la gente con la que nos cruzamos que saluda con entusiasmo a Rafe.

Hoy voy a jugar mi primer partido oficial y estos nervios no me están ayudando.

De repente, sale el sol. Ycon eso quiero decir que Rafe exhibe su sonrisa más encantadora, de la que tengo que apartar la mirada para recordar que me está agarrando por la cintura.

Miro para ver a quién está sonriendo. Su objetivo es la mesa de cabezas de rostro severo de la logia de las aerojustas.

Yo también les sonrío. Ves, gente de la logia, esas quejas sobre el mal comportamiento de Rafe con los reclutas no pueden ser ciertas. Uf.

La verdad es que no me molesta tanto como debería importarme.

No quiero ser cómplice de Rafe ayudándolo a salirse con la suya siendo un imbécil, pero lo he conocido mejor en las últimas semanas, no es que haya resultado fácil cuando mantiene sus emociones bajo llave como una cámara acorazada del Vaticano.

Pero algo de lo que me he dado cuenta es que las aerojustas son una de las pocas fuentes de alegría de Rafe en esta isla.

Él dejó su vida, su gremio y a toda su familia para venir a Génesis con Hypatia, y ahora también se ha ido.

Cuando su posición en la liga se vio amenazada, no se trataba solo de un juego que estaba en disputa.

No me molesta entonces ayudarlo a permanecer en la liga.

Mantener alejadas a sus conquistas, por otro lado, todavía me hace entornar los ojos. Pero esa parte, debo admitir que funciona.

Un chico guapo se acerca e intenta darle a Rafe su pañuelo de buena suerte.

—Me temo que ya tengo la buena suerte a mi favor —le dice Rafe—. ¿No es así, mi amor?

Resoplo por lo ridículo que suena, pero intento disimularlo con una risita coqueta.

—Ya lo creo, querido —respondo.

Me acaricia la mejilla mientras tira con delicadeza de una de las cintas verdes de mi trenza y la ata alrededor de su muñeca.

—Entonces, ¿es verdad? —pregunta enfurruñado el chico del pañuelo—. ¿De verdad que estás con ella?

No, en realidad no está conmigo, vaya iluminado.

Rafe me sujeta por la cintura y me usa como escudo humano para navegar, pasando por delante del resto de sus admiradores hasta llegar a las puertas principales. Es hora de que empiecen los juegos.

—A Hypatia le encantaría esto —digo con nostalgia mientras seguimos el desfile de gente hasta la arena, al borde de la isla. Me siento culpable por ir a disfrutar de mi primer partido de aerojustas sin la persona que me descubrió el juego.

Rafe se tensa a mi lado y me arrepiento de mi frivolidad. Si yo me siento mal y echo de menos a Hypatia ahora, no me puedo imaginar cómo se siente él.

La expresión de su cara es tan férrea como siempre, pero he pasado suficiente tiempo a su lado para percibir los indicios que emplea por mantener su fachada inalterable.

Es el instinto más que nada lo que me lleva a cogerle la mano para ofrecerle algo de consuelo, algo de solidaridad.

Soy la única persona que conoce los pasos que está tomando para ayudar a su prima.

Entrelaza sus dedos con los míos, apretándolos suavemente, y.

.. bueno, eso ya no parece mera solidaridad.

Nuestro ha'i reacciona como siempre, pero lo noto distinto esta vez, como si solidificara en lugar de chisporrotear, haciéndome sentir que nuestras manos encajan.

Levanto la vista, pero Rafe no me devuelve la mirada. Está mirando a uno de sus compañeros. Por lo visto, la mano no es gran cosa para él, mientras que yo me siento como si me hubieran bajado de mi aerotabla.

Tengo que dejar de perderme en la actuación. Rafe es un maestro actuando con este papel sin que signifique nada. Aunque estoy segura de que ayuda que haya tocado muchas, muchas más, mmm, manos que yo.

Separarnos para sentarnos cada uno con nuestros equipos es un alivio.

Mi partido no empieza hasta el mediodía, así que puedo ver los demás partidos de cerca mientras disfruto de dulces crujientes, zumos variados y de la grandiosa vista del océano desde el anfiteatro abierto, construido en el acantilado.

Hay mucha pompa. Cada liga tiene un heraldo y, al tratarse de los partidos inaugurales de la temporada de torneos, se esmeran en sus actuaciones, presentando a cada jugador, su historia y puntos fuertes.

Cuando llega el momento del combate de Rafe contra un musculoso sofista, que duplica su tamaño, los vítores se multiplican por diez. Parece que es lo que toda la isla ha venido a ver. El heraldo de biociencia comienza con florituras:

—Honorables Hacedores, es mi privilegio presentarles, para su primer torneo en la liga de Génesis, al príncipe Raphael Vanguard. —Los vítores de la multitud son ensordecedores—. Capitán del equipo del gremio de la ciencia de la sangre en Avant durante dos años e invicto hasta el día de hoy.

El lazo verde de su muñeca contrasta con el ámbar del resto de su armadura. Oigo a la gente de mi alrededor susurrar acerca de cómo él nunca había llevado ningún distintivo, especulando a quién pertenece.

Y entonces se vuelve hacia mí y me guiña un ojo y la especulación se detiene. Ytambién mi corazón al morir de la vergüenza.

Pero por suerte el gong da comienzo al partido y ya nadie me mira.

Rafe es simplemente... magnífico. Ahora lo entiendo. Participa en el juego como si fuera un arte, y él, un maestro.

Derrota a su oponente en los dos primeros asaltos y la segunda vez que el sofista cae tiene problemas para volver a levantarse. Está claro al principio de su tercer asalto que el sofista está herido y que le espera una humillante y dolorosa derrota.

Excepto que eso no es lo que sucede.

Cuando los dos se acercan al centro, Rafe levanta su lanza hacia arriba y los dos se cruzan sin impactar.

El tercer asalto termina en empate.