27
Michael parece distante durante la clase de Fundamentos. Ono distante, solo... normal. Como un profesor.
Lo odio.
Pero hay algo que quiero preguntarle y no puedo enfurruñarme para siempre. Lo alcanzo al salir del aula.
—Hola —me dice amablemente con una sonrisa. Tengo que dar dos pasos por cada uno de los suyos para seguir su ritmo.
—Escuché una hermosa canción la semana pasada —digo. No hace falta mencionar el intérprete—. Me dijeron que el compositor es... ¿Yosef HaLevi?
Michael se ilumina al oír el nombre y ralentiza un poco el paso.
—Uno de los mejores compositores de nuestro tiempo.
—¿De nuestro tiempo? ¿Sigue vivo?
—Nadie lo sabe. No se ha sabido de él en muchos años y se desconoce si estaba en Naiot durante la Caída.
—¿Así que Yosef también tuvo la Visión? —pregunto mientras sigo a Michael hasta la cafetería.
—No. Era un levita, un músico que tocaba para ayudar a los profetas a alcanzar la paz mental para recibir sus visiones. Ycomo era un nazir, él también amplificaba su Visión.
La cabeza me da vueltas.
—¿Un nazir?
—Es una rara habilidad genética, incluso más rara que los sire. Cuando un nazir hace el voto de adherirse a un código estricto, puede amplificar la fuerza de quienes le rodean.
—¿Qué tipo de código?
—Juran abstenerse de beber alcohol, cortarse el pelo o estar en presencia de cadáveres.
Michael llena su bandeja del bufé, pero yo estoy demasiado distraída para tragar cualquier almuerzo. Me esfuerzo en recordar las clases de hebreo de los domingos por la mañana a las que mi padre insistía que asistiera.
—¿Como Sansón? ¿Yluego Dalila le cortó el pelo y perdió su poder?
—Sí, Sansón es uno de los nazir más famosos dada que su historia queda recogida en la Biblia.
—¿Y dices que los nazir renuncian a esas cosas para siempre?
—Si deciden hacer el voto. Pero es un compromiso difícil y muchos nazir nunca lo hacen.
Creo que todavía tienen algunas habilidades naturales de amplificación si no rompen ninguno de los criterios durante un ciclo de cuarenta días.
Pero si tienes tanta curiosidad sobre los nazir, deberías preguntarle al oficial Vanguard.
Fue criado junto al nazir más famoso de las últimas generaciones —dice con un ángulo preciso de sus cejas que deja claro que tiene muchas preguntas sobre mi asociación con este oficial—.
¿Quieres sentarte? —pregunta señalando el asiento de enfrente. Me siento.
—¿Estás diciendo que el príncipe Alexander es un nazir?
—pregunto mientras cojo un dulce crujiente del plato de Michael, que amablemente ha empujado hacia mí.
Es una bola de masa quebradiza y nueces bañadas en miel que cruje con satisfacción entre los dientes.
La miel hace que mis mordiscos sean pegajosos y lentos.
—Lo es.
—¿Es también un sire?
—No, ser ambas cosas es bastante raro. Aunque la genética sire es fuerte en la familia Vanguard, lo que concuerda con la teoría de que Chorus, la pareja del príncipe Alexander, será la madre del Niño de los Tres, el elegido profetizado, quien será un nazir, un sire y tendrá la Visión.
—¿Crees en esa profecía? ¿Que su hijo acabará con el exilio?
Se toma unos instantes antes de responder.
—Siempre se me enseñó que las profecías registradas están destinadas a servir de guía. Por eso creo que hay un mensaje en la profecía, instrucciones, incluso si todavía no entendemos lo que son. Pero no creo que exista un futuro prometido destinado a suceder.
Interesante.
—¿Ha habido alguna otra persona con las tres habilidades?
—Hay relatos contradictorios, pero posiblemente Jesús.
—Oh. Sí, definitivamente voy a tener que preguntarle más detalles a Rafe sobre esto.
Me arrepiento de lo dicho en cuanto las palabras salen de mi boca. Michael frunce el ceño.
—No entiendo qué haces con él.
Trago saliva.
—Vosotros dos no sois tan diferentes, ¿sabes?
Él levanta la mirada bruscamente.
—No me parezco en nada a él.
—Ambos tenéis principios, aunque los suyos sean muy diferentes, también sois ferozmente leales a vuestros amigos y familia. Los dos sois unos fanáticos de la música y la política y...
—Oh, por favor, no tengo prejuicios ni me enorgullezco de ello a propósito, y no engaño a la gente solo para llevármela a la cama.
Robo otro dulce y me río.
—¿Por qué te ríes de mí?
—Michael, eres completamente promiscuo a nivel emocional.
Georgie usó ese término y se me ha quedado grabado desde entonces.
—¿Qué se supone que significa eso? —pregunta con la vena de la sien palpitando.
—Oh, vamos. Puede que no estés saltando dentro y fuera de las camas, pero tú, de algún modo, te encariñas con las personas para luego mantenerlas colgando de una cuerda mientras sigues adelante y haces lo mismo con alguien nuevo.
Mis años de experiencia con Korach Chevalier me han valido para prepararme para Michael Loew. Sus ojos reflejan traición.
—Ser abierto emocionalmente con mis amigos no me hace... promiscuo.
—No estoy diciendo que estés siendo un imbécil a propósito. Solo estoy señalando que no eres tan inocente en la forma en la que manipulas a la gente.
—Ada, eso es muy duro —dice.
Sé que tiene razón. Sé que estoy siendo un poco cruel y que lo que estoy diciendo es una verdad a medias. Pero hay algo dentro de mí que quiere hacerle daño. Que quiere que vea que me hace daño todos los días.
—Lo siento, lo digo como lo veo. Mira lo que le haces a Kaylie.
Michael suspira exasperado.
—Mi relación con Kaylie no es de ese tipo.
Me burlo.
—La usas totalmente como sustituta de novia, aunque está claro que ella espera algo más.
—¡Eso no es verdad! —dice con dos manchas rojas en las mejillas. Respira hondo y se estremece. Se echa hacia atrás en la silla y suelta una exhalación.
—¿Es eso lo que piensas de mí?
—Yo...
Aparto la mirada, la culpa se apodera de mí. No debería descargar mi frustración en Michael solo porque deseo que las cosas sean diferentes. Vuelvo a intentarlo.
—Creo que eres un gran tipo. Solo que creo que no te das cuenta de cómo tus acciones a veces pueden malinterpretarse.
—¿Y crees que le hago daño a Kaylie?
—Mmm... Quiero decir, que no la ves saliendo con nadie más.
Grey le ha lanzado bastante la caña desde el incidente de Simon en el árbol, pero ella no parece haberlo notado. Él apila los platos en su bandeja.
—Entonces, ¿qué? —pregunta mirándome a los ojos, casi acusadoramente—. ¿Crees que debería salir con ella?
Los dulces crujientes se convierten en plomo en mi estómago. Pero todavía recuerdo su mirada cuando me despidió el otro día. Sé que mis deseos no son más que deseos.
—Creo que no es mala idea —digo, y me reclino en la silla, sin fuerzas para luchar—. Ysi no es lo que quieres, entonces deberías dejárselo claro.
«También a mí».
Asiente y se tensa al mirar por encima de mi hombro. Me giro y veo a Rafe acercándose a nuestra mesa.
—Ahí estáis —dice con un gruñido grave, sus ojos son fríos como la cristalina agua de mar—. Vamos —dice, me agarra de la muñeca y me levanta de la silla.
—No le des órdenes —dice Michael cogiéndome la otra mano.
—No pasa nada —le digo a Michael. Pero él me ignora y se queda mirando a Rafe, midiéndolo.
Rafe se acerca y, sin romper el contacto visual con Michael, le quita los dedos de mi mano, me rodea la cintura con el brazo y me conduce hacia la puerta.
Le sacudo el brazo cuando salimos de la habitación.
—¿A qué ha venido eso?
—Me pediste que cuidara tu reputación y, sin embargo, no tienes reparo en tener lo que parecía una pelea de enamorados con otra persona en público.
—No es así. Él no me ve así.
—¿Y cómo lo ves tú?
—No lo sé.
—No me insultes.
—No seas tan controlador.
—No intento controlarte. Fuiste tú quien me pidió fidelidad por el bien de tu reputación y, sin embargo, no pareces tener en cuenta la mía.
Suspiro.
—Lo siento, ¿de acuerdo? No hay nada entre el maestro Loew y yo, pero, a partir de ahora, voy a ser más cuidadosa acerca de cómo se podrían malinterpretar mis actos.
—Muy agradecido.
—De todos modos, creo que he identificado dónde mantienen a Hypatia —digo.
—¿Qué? —exclama parándose en seco—. ¡Es increíble!
Me agarra por los hombros como si quisiera abrazarme. Me sorprende la acción y, por su cara, creo que a él también. Se aclara la garganta y dice:
—Vamos al laboratorio de los sire temprano. Tengo algo que enseñarte.
No he tenido un almuerzo muy saludable, pero acabo de comerme todos los dulces de Michael.
—Claro, vayamos.
Pasamos junto a Georgie en el Equinoccio y veo cómo la cara se le ensombrece mientras su mirada nos sigue.
Ella y yo solemos almorzar juntas, pero está claro que me dirijo en la dirección equivocada con una de sus personas menos favoritas.
Justo después de haberse desvivido por ayudarme.
Me saluda con la mano y se va corriendo.
Tiene todo el derecho a estar enfadada conmigo.
Necesito encontrar algo de tiempo para que hablemos.
Me aseguraré de alcanzarla esta noche, cuando pueda explicarle todo como es debido.
—¿Qué querías enseñarme? —le pregunto a Rafe al llegar al laboratorio. Todavía no hay nadie más.
—Mi plan para sacarnos de la isla —dice sacando un paquete de debajo de nuestro escritorio.
—¿Ese es el plan?
—Tendrá que servir. Tenía un plan mejor, pero la piedra ha'i que había en esta isla ha desaparecido.
—¿Qué es una piedra ha'i? — le pregunto. ¿Quién podría estar robando estas cosas? Soy la sospechosa más probable, y no tengo ninguna.
—El material precioso del gremio de la ciencia de la sangre. Una de esas canaliza cantidades concentradas de ha'i y pueden ser blandidas por cualquiera, incluso por aquellos sin habilidades de sire. Son extremadamente raras y difíciles de fabricar.
—Ah —consigo articular, pero mi cerebro se ha quedado congelado.
«Pueden ser blandidas por cualquiera, incluso por aquellos sin habilidades de sire».
Yes el material precioso de la ciencia de la sangre, lo que explicaría por qué nadie tiene información al respecto en Génesis.
Es esto. Lo que debía encontrar para las Familias. Pero alguien lo encontró primero.
La pregunta es: ¿quién?
Aparte de mí, alguien más está tramando algo en esta isla. No robé esa piedra ha'i y, aunque estoy devastada por enterarme de que las Familias han incitado alguno de los secuestros, ellos no son los que me secuestraron. Dos veces.
Archivo la información sobre la existencia de la piedra ha'i para más adelante. Ya no es una de mis prioridades. Salir de esta isla para averiguar qué está pasando con las Familias, rescatar a Hypatia y traer a Rafe para ayudar al abuelo es todo lo que me importa ahora.
—Este es el plan B —dice Rafe abriendo un bulto. Me lleva unos segundos volver a centrarme y darme cuenta de lo que es.
—¿Es este el bote plegable de la galería de Simon? —pregunto con la adrenalina todavía a flor de piel.
—Lo es. Es un buen chico —dice Rafe con sorprendente afecto.
—No funcionó muy bien, que yo recuerde.
—Es verdad, pero vamos a arreglarlo. Necesitamos un barco para llegar a tierra firme.
—Bueno, ¿qué necesita que haga, su alteza?
—No me llames así —dice.
—Pero estoy aquí lista para que me manden, y a ti te encanta decir qué hacer.
Pone los ojos en blanco y me pone a trabajar usando seda de araña para reparar las partes del bote propensas a las fugas.
Él realiza una compleja reparación del motor.
Un trabajo que requiere manos firmes y concentración.
Oal menos eso deduzco de la forma en la que Rafe frunce el ceño cada vez que me muevo o respiro demasiado fuerte para su gusto.
—¿Tienes que hacerlo todo con tan poca elegancia como un gólem hecho por un aprendiz? —expresa frustrado.
—Lo siento. Intentaré ser más silenciosa —digo.
—Odio cuando haces eso.
—¿Hacer qué? ¿Disculparme?
—Actuar civilizadamente conmigo cuando soy malo contigo.
—Por supuesto que voy a ser civilizada con mi compañero de laboratorio y falso amante.
—No puedes hacer que me gustes por pura cortesía.
—Francamente, no me importa si te gusto —le suelto.
—Francamente, no me lo creo, teniendo en cuenta que me miras de una manera que sugiere que te importa mucho lo que pienso.
Me está provocando. Rafe Vanguard me está tanteando y no sé cómo manejarlo.
—Solo porque te encuentre físicamente agraciado no significa que me importe lo que pienses.
—¿Crees que soy guapo?
—Pillar cumplidos no es necesario cuando te los estoy regalando. Yya sabes cómo eres.
—Sí, es verdad. Soy mucho más guapo que tú.
No consigo contener mi mueca de dolor y sé que él la ve porque, justo por un momento, parece que se vaya a arrepentir de sus palabras; la sonrisa de su expresión se transforma en frustración.
—¿Por qué sonríes cuando he dicho una grosería? —pregunta exasperado.
—Has sido grosero, pero es cierto. Yyo... ¿cómo puedo explicártelo mejor? ¡No me importa lo que pienses! Así que llámame fea todo lo que quieras que me va a resbalar —digo orgullosa de lo segura que suena mi voz.
—No he dicho que seas fea.
—No te preocupes, no soy yo quien busca cumplidos. No hay necesidad de que reprimas lo que sientes.
Levanta las manos.
—¡Eres muy irritante!
—Prosiga insultando, su alteza.
Sacude la cabeza con pesar.
—Si eso le complace a mi damisela...
Otros oficiales han ido serpenteando al laboratorio, sus cabezas, que suelen operar en gélido silencio alrededor de nuestra mesa, se han descongelado. La atención me calienta la nuca.
Rafe guarda el bote con discreción y pasa el resto del laboratorio con Mbali, ayudándola a hacer que las uñas segreguen veneno de víbora.
Pruebo cómo los diferentes niveles de ha'i afectan al grosor y la longitud de una vid cultivada a partir de una semilla sin sol ni agua.
Mantengo la cabeza gacha, ignorando que todo el mundo sigue cuchicheando y mirándonos a Rafe y a mí.
Aquí no hay nada que ver.