26
A lo largo de la semana siguiente, me esfuerzo en evitar a Rafe a toda costa mientras de cara a la galería sigo fingiendo salir con él. Nuestra relación ha atraído tanta atención como me imaginaba. Es decir, mucha.
—Así que he oído que has estado pasando bastante tiempo con Vanguard, ¿no?
—pregunta Sebastian mientras que los miembros de nuestro equipo, tras un intenso entreno matutino de aerojustas, se remojan en una fuente termal.
Se acerca la primera ronda de los juegos y los entrenamientos se han intensificado.
—Mmm, más o menos, solo estoy viendo cómo evolucionan las cosas.
Respiro la espesa niebla termal. Las aguas termales son una de las fuentes de niebla que cubren la isla. Debería oler a azufre, pero igual que tantas otras cosas, los Hacedores han mejorado su naturaleza y huele a pan recién horneado.
—¿Eso es todo lo que nos dirás?
Sebastian siempre ha sido un cotilla, parece terriblemente decepcionado.
—¿El mismo principito que se rio de ti mientras mordías el polvo? Nuestro mayor rival, quien notoriamente pasaba cada noche en una cama diferente hasta que llegaste tú... ¿y eso es todo lo que nos dirás?
Carlota sale en mi defensa.
—Pero ¿tú lo has visto? ¿Puedes culparla realmente? —pregunta echándole agua al pelo verde de Sebastian. Él se ríe.
—Tienes razón. Yo haría lo mismo.
Después de ducharme, uso el ordenador de Georgie para llamar a Kor.
No he estado en contacto con nadie desde la revelación del secuestro.
Estoy enfadada con mi madre, e insegura de cómo interactuar con Kor sin enfrentarme a él, pero necesito confirmar que tienen a Hypatia y, si es así, saber dónde podrían estar reteniéndola.
Sé que las Familias tienen muchas instalaciones en la ciudad: conexiones con el Met, la Universidad de Columbia y las Naciones Unidas, pero mamá dijo específicamente que Hypatia está en un centro médico. Necesito más pistas.
Excepto que la llamada resulta un fracaso total.
Kor me informa, como siempre. Pero nerviosa me paralizo y no le hago ninguna de las preguntas que necesito.
En vez de eso, lo miro como un abismo que no devuelve la mirada, pensando en cómo esta persona a quien creía conocer tan bien podría ser capaz de secuestrar a una preadolescente indefensa.
Lo peor es que no me parece imposible. Kor siempre ha sido muy perspicaz en conseguir lo que quiere.
Apenas le presto atención mientras me habla de una actuación para una obra benéfica contra el cáncer infantil.
—Fue raro dar un espectáculo sin ti —me dice con mucha ternura en sus ojos familiares.
Siento que necesito reiniciar el sistema para que todo empiece a tener sentido y, en lugar de recabar información, invento excusas para cerrar la sesión rápidamente.
Cuando le digo a Georgie que he terminado, entra y se pone a trabajar en silencio, en vez de arrastrarme a su animada cháchara normal.
Estoy bastante segura de que está distante por el asunto de Rafe.
Debería explicárselo ahora. Explicarle que necesitamos colaborar sin levantar sospechosas y que, en verdad, no estoy saliendo con el tipo que la trata como el excremento de perro de su zapato. Empiezo a hablar:
—Tengo una idea sobre cómo salir de la isla...
Mueve la cabeza para mirarme.
—¿Has averiguado dónde está Hypatia?
Parece tan impaciente, tan preocupada. Suspiro mientras sacudo la cabeza, asqueada de mí. Hypatia está en peligro y yo soy su mejor baza de rescate. Pero ni siquiera soy capaz de mantener una conversación telefónica útil con mi familia. Menuda espía estoy hecha.
—¿Puedo ayudar en algo?
Estoy a punto de agradecérselo y declinar cortésmente, pero entonces me detengo y me lo pienso dos veces.
Georgie ha dejado entrever suficientes pistas para dar a entender que la línea de sus actividades no es, que digamos, estrictamente legal.
No sé si es de mala educación pedirle a un amigo que piratee a una tercera persona por ti, pero decido intentarlo.
—Mmm, solo en la teoría, ¿serías capaz de encontrar un lugar que sé que existe pero que no sé dónde está?
Piensa menos de tres segundos antes de responder.
—¿Conoces a alguien que esté por allí? En la teoría, por supuesto.
Mamá me había dicho que los miembros de la Cámara Interna de Nueva York están involucrados en lo que sea que esté pasando, así que eso me abre algunas opciones.
—Sí, conozco.
—Oh, entonces esto será muy fácil. Elige a quien sea más probable que abra un enlace tuyo en el móvil sin levantar sospechas.
Ya está tecleando, revoloteando entre monitores.
Kor y mi madre sospecharían si les enviara un mensaje al azar, ya que saben que no tengo cobertura en el móvil. Sin embargo, Alfie probablemente no lo pensaría demasiado.
—¿Tienes algún meme insultante? —le pregunto.
Georgie se incorpora en la silla.
—¿Que si tengo algún meme insultante? —pregunta mientras se frota alegremente las manos—. Déjame presentarte mi arsenal.
Por un momento, me recuerda tanto a Izzy que casi me siento como si estuviera engañando a Izzy con una nueva mejor amiga.
Pasamos mucho tiempo juntas riéndonos de ridículas fotos alteradas de pinturas clásicas y de gatos gruñones profiriendo insultos shakespearianos.
Me alegra saber que, a pesar de que Georgie ha estado aislada de la mayor parte de la sociedad provincial tantos años, todavía está al corriente de lo mejor de internet.
Nos decidimos por una imagen de La última cena en la que todos los comensales están haciendo una peineta. Georgie le manda el mensaje a Alfie desde su ordenador con mi número duplicado.
Vi esto y pensé en ti.
Con un enlace adjunto al meme.
Momentos después, él responde con una cadena de emojis enseñando el dedo corazón.
—Y... estamos dentro —dice Georgie triunfante—. Oh, este tonto tiene su servicio de localización activado, por lo que ni siquiera tenemos que esperar a ver adónde va, puedo ver dónde estuvo la semana pasada.
Clac, clac, clac.
—Cielos, ¿no se supone que esta gente es supersecreta? Necesitan mejorar sus protocolos de seguridad digital —añade, y comienza a etiquetar lugares en un mapa en su pantalla—. Entonces, ¿qué estoy buscando?
—¿Un lugar que albergue una instalación médica encubierta? No estoy muy segura.
—Dime que no has rastreado a nadie antes sin decir que no has rastreado a nadie antes —bromea—. Queremos descartar cualquier lugar que tenga motivos de visitar regularmente y a ver qué queda.
Mientras trabaja, Georgie me detalla lo que está haciendo.
Empareja los datos de localización con otra información del móvil de Alfie para establecer con facilidad lo que hay que descartar: su piso, el gimnasio, la academia, la casa de su novia, los restaurantes favoritos de comida para llevar, etc.
Ella ha hecho esto antes. Yahora no puedo evitar preguntarme a quién más ha necesitado rastrear.
—¿Hay alguna razón para que visite esta zona? —pregunta Georgie señalando el East River en un mapa.
Miro por encima de su hombro mientras amplía la ventana del ordenador.
—No que yo sepa.
—Ha estado aquí tres veces en las últimas dos semanas —dice ampliando un par de pequeñas islas.
—Esto está cerca de la isla de Riker, la prisión de Nueva York —digo—. ¿Tal vez ha estado visitando a un preso?
—No —puntualiza Georgie sacudiendo la cabeza—. Esto de aquí es la isla de Riker, pero no es donde ha estado yendo. Ha ido aquí —dice señalando otra isla—. ¿Hay un parque allí o algo así?
Hace unos cuantos clics más y luego suelta:
—Isla del Hermano del Norte, así se llama.
Inhalo con ansiedad. La isla del Hermano del Norte alberga un hospital abandonado y está completamente restringida. Oeso creía.
Georgie ya está leyendo una extensa investigación en la página web antes de que pueda explicárselo.
—Allí hay un hospital que en el pasado funcionó como centro para enfermos en cuarentena, residencias para veteranos y centro de rehabilitación para drogadictos.
Ahora toda la isla es una reserva natural de aves y está prohibida para las personas —añade mirando de cerca una foto del antiguo hospital—.
Amí me parece un centro médico escondido —dice con una sonrisa.
Asiento con la cabeza.
—Tiene que ser ahí.
—¿Insinúas que es allí donde tienen a Hypatia?
Vuelvo a asentir.
—¡Vale, pensamos que esto es verdad! —dice dando una palma—. ¿En qué más puedo ayudar? —pregunta, pero no espera mi respuesta—. Apuesto a que puedo hacer un mapa.
Clac, clac, clac.
En un monitor está investigando la isla del Hermano del Norte, y en otro sigue revisando el teléfono de Alfie, moviéndose tan rápido a través de sus aplicaciones, archivos y el historial de internet que apenas le sigo el ritmo.
—¿Este tío no ha oído hablar del modo incógnito? No necesitaba saber qué le gusta...
—¡No quiero saberlo!
—Buena decisión.
No estoy muy segura de lo que Georgie piensa que va a encontrar desplazándose a través de interminables selfis de Alfie flexionando sus músculos en el espejo del lavabo, pero ella sabe lo que está haciendo.
—¡Bingo! —exclama cuando encuentra una serie de fotos de lo que parece una obra en construcción—.
Hizo fotos de las reformas del antiguo hospital.
No lo culpo, tiene muy buena pinta. Ahora yo puedo cruzar estas fotos con los viejos planos que encontré en el archivo de la sociedad para la conservación de Historic House Trust y hacer un mapa.
No será totalmente exacto, pero es mejor que nada.
—Eres toda una maga —digo con auténtico asombro y una pizca de curiosidad por saber por qué habría necesitado alguna vez este conjunto específico de habilidades.
Suena una alarma y Georgie empieza a recoger sus cosas.
—Bueno, esto ha sido divertido, pero tengo una reserva para usar uno de los telares, así que tengo que irme.
Me lanza un beso y sale de la habitación mientras mi confesión sobre Rafe se me queda atrapada en la garganta.