Academia de musas 1. Exilio 24
61%

24

Esta idea es un disparate y tal vez un error.

La puerta se abre en cuanto llamo.

—¿Qué haces aquí? —pregunta Rafe con frialdad.

—Creo que podemos ayudarnos mutuamente.

—Eso es poco probable —dice inexpresivo, pero abre más la puerta y me deja entrar.

¿Qué estoy haciendo? ¿De verdad debería decírselo? Él es la última persona en este lugar en la que confiar y, además, no teme romper las reglas. Voy a apostar a que sus ganas de ayudar a Hypatia serán más fuerte que la rabia que está a punto de sentir hacia mí.

—Tengo unos contactos que podrían ayudarnos a llegar hasta Hypatia.

Se mueve tan rápido que ni siquiera apenas parpadeo antes de que me inmovilice contra la pared con su mano apretada sobre mi corazón.

—¿Conexiones? ¿Con los Inquisidores? Eso no suena nada bien, mala hierba.

Los latidos de mi corazón retumban bajo su mano. Puedo sentir lo fuerte que es y no he olvidado lo que dijo anoche sobre cómo un sire es capaz de poner fin a la vida de alguien con un toque de ha'i al corazón. Rafe es muy incoherente, me salva la vida un día y me amenaza al siguiente.

También soy muy consciente de nuestra escasa distancia y de su mano presionando mi pecho.

—Suéltame, asqueroso. Me ofrezco a ayudarte.

Intento deshacerme de su brazo, pero es demasiado fuerte y no se mueve. Darme cuenta de mi debilidad solo hace que mi corazón lata más rápido.

Quizá me haga daño.

Intento alejarlo de nuevo y la vulnerabilidad de sentirme tan atrapada aumenta mi pánico.

—Deja que te lo explique.

Aparto la mano y consigo tragarme mi instinto de sollozar.

—¿Cuál es tu problema? —le intento gritar, pero me sale más bien como un chillido. Se cierne sobre mí.

—¿Qué conexiones tienes con el enemigo de mi pueblo, los secuestradores de mi prima?

La acusación en sus ojos hace que el terror me recorra las extremidades.

—No cometas el error de pensar que no he denunciado a los canallas de anoche por benevolencia.

Ellos me son útiles y son mis parientes.

Puede que seas un Hacedor y una sire, pero sigues siendo una mala hierba.

Los Inquisidores y cualquiera conectado con ellos son el enemigo.

Si eres su aliada, te entregaré a la Guardia sin dudarlo. Osimplemente yo me encargaré de ti.

Aunque ya no me toca, el aire está cargado de su amenaza.

Me había dejado engañar por dormir entre sus brazos y en su cama.

Está claro que Rafe no es mi amigo y confesarle cualquier cosa puede haber sido un error letal.

Amenos de que lo convenza de que no soy una traidora y que de verdad puedo ayudar a Hypatia.

Aunque no sé si son ciertas ninguna de las dos cosas. Respiro hondo.

—Si me das una oportunidad, te lo explicaré todo.

«Bueno, una versión de todo».

—Vale —responde, sentándose a horcajadas en una silla. Se cruza de brazos sobre el respaldo y me mira fijamente—. Habla.

Me siento en el borde de su sofá y le cuento una de mis explicaciones preparadas para casos de emergencia: que me enviaron aquí sin saber las afiliaciones de mi familia y que me he dado cuenta de que mi viaje a Italia era una trampa, y que ahora que he visto la foto en el despacho de Michael me he percatado de que me han utilizado como un peón, pero que lo desconocía hasta ahora.

Incluso a mis oídos, la historia parece tan endeble como el papel higiénico de una sola capa, pero puse todo mi empeño en que colara, y Rafe tiene que tragarse al menos alguna parte de la versión, para que no vuelva a amenazar con matarme.

—Lo que estás diciendo entonces —responde Rafe en un tono que no suena homicida—, ¿es que puedes dirigirme a la gente que te envió aquí para que encuentre dónde tienen a Hypatia y rescatarla?

—Sí... pero necesito que me saques de la isla contigo.

—De ninguna manera.

—Necesito saber cómo mi familia está conectada con todo esto.

—¿Esperas que te ayude después de lo que acabas de admitir? —dice con burla.

—¿Tienes otra pista? No te puedo asegurar que pueda llevarte hasta Hypatia si no estoy contigo.

—Puedes decirme simplemente dónde está y me las arreglaré por mi cuenta.

—No sé dónde está —admito—, pero lo intentaré averiguar si cuento con tu ayuda. Yo también me preocupo por Hypatia. La rescataremos si trabajamos juntos.

Rafe se levanta y empieza a pasearse por la habitación, hablando para sí.

—Durante cientos de años, la Guardia ha protegido a los Hacedores para que no fueran descubiertos por los Inquisidores.

Ahora, por primera vez en siglos, nuestro enemigo está asumiendo riesgos, trabajando con los traidores de nuestra sociedad y cometiendo errores que finalmente podrían llevarnos hasta ellos.

Se acerca a mí, mirándome con fijación, como si mis ojos contuvieran la solución de un acertijo.

—Entonces sales de la nada afirmando que conoces a nuestro enemigo —dice rascándose la barba incipiente de la mandíbula, sin dejar de mirarme—. Tengo que pensarlo un poco más. Déjame a solas.

Empieza a pasearse de nuevo como si me hubiera ido. No sé lo que está planeando, no tengo ninguna garantía de que no me entregará a la Guardia. Todo lo que puedo hacer es limitarme a confiar en que correr este riesgo ha sido la decisión correcta.

A medio camino hasta mi habitación me doy cuenta de que todavía llevo su chaqueta puesta.

Es difícil concentrarse en las clases cuando sé que Rafe podría denunciarme o planear mi asesinato en cualquier momento.

En el laboratorio de los alquimistas me pierdo completamente las instrucciones sobre cómo mezclar un pigmento tan negro que se traga la luz.

En Testamentos, estoy demasiado agitada para seguir el análisis de la historia y el árbol genealógico de la madre de Chorus, Psalm.

Cuando llego al laboratorio sire, Rafe está visiblemente ausente.

Eso aumenta mi ansiedad. No contribuye que Gloria, la recluta que siempre monopoliza a Michael durante Fundamentos, sea la otra sire capturada anoche y esté contando a un público embelesado la historia de su rescate gracias a un heroico desconocido enmascarado.

Supongo que Mbali ha oído hablar de mi aventura en el Carnaval, porque me abraza y pronuncia lo más parecido a una plegaria en un idioma extranjero.

Hoy sus largos mechones están enrollados en un gran moño alto y viste un mono de tela azul marino y amarillo chillón.

También se fija en mi atuendo, en mi chaqueta, que reconoce claramente.

¿Por qué no me he quitado ya esta maldita cosa? ¿Por qué?

Rafe irrumpe en el laboratorio y me agarra del brazo.

—Ven conmigo.

—¡Eh! —exclama Mbali bruscamente. Le coge la muñeca y la aprieta suavemente hasta que afloja su agarre, aunque no me suelta del todo—. Necesitas descansar —le susurra. Está claro que no soy la única que se ha dado cuenta de que está hecho unos zorros.

—Lo haré en cuanto pueda —responde.

—¿Hay novedades de Hypatia? —le pregunta.

Él niega con la cabeza, ella se inclina para darle un rápido abrazo y un beso en la mejilla. Rafe cierra los ojos y apoya unos segundos su frente en la de ella. Vuelvo a preguntarme por la naturaleza de esta relación.

—He contactado con la Matriarca para ver si puede ayudar de alguna manera —dice Mbali.

Su collar de serpientes se mueve con las vibraciones de su voz. Lo he visto moverse muchas veces, pero ahora me doy cuenta, por primera vez, de que es una serpiente viva de verdad. Se me pone la piel de gallina.

—Gracias —dice Rafe con sinceridad. Luego, se dirige a mí con menos agresividad que antes—. Vayámonos, tenemos que hablar.

Me arrastra fuera del laboratorio y por los pasillos hasta el ala de verano con sus dedos ardiendo en mi piel, el zumbido de nuestro contacto nunca disminuye.

Siento el metal de sus anillos clavándose en mi muñeca.

Su diamante sire y el anillo de hueso que me recuerda que, por encima de todo, él es un Guardia que ha jurado proteger a los Hacedores de gente como yo.

Mi corazón late rápido por la inquietud.

No tengo ni idea de cómo irá esta conversación y sé que podría significar el fin de mi misión.

Cuando llegamos a su habitación, por fin me suelta y deja que la puerta se cierre detrás nosotros.

Anoche dormí plácidamente en esta habitación, pero ahora me siento como si estuviera atrapada en una jaula con un animal salvaje.

Al recordar la sensación de cuando me empujó contra la pared me estremezco y me quedo cerca de la puerta.

Rafe empieza a hablar, sus palabras son frías y directas.

—Interrogué a la otra sire rescatada y no tenía ningún detalle útil sobre sus captores ni tampoco sobre su salvador más allá de que llevaba una máscara de arlequín sin gemas gremiales.

Acabo de terminar de interrogar a Bram y a Yvette, y está claro que son peones que no saben nada.

Con este bloqueo ridículo de por medio, no puedo tratar con Leo.

Necesito hacer algo, y ahora mismo tú eres mi única opción —dice, claramente infeliz por admitirlo—.

Estamos anclados a la isla hasta que la amenaza percibida haya retrocedido, así que vamos a tener que escabullirnos.

Planearé nuestra partida para después del primero de mayo, así nos dará tiempo para prepararnos —añade con una voz intensa y paseando por la habitación—.

La hoguera de Beltane, tras la apertura de los juegos de aerojustas, será la distracción perfecta para robar los suministros necesarios e irnos a la mañana siguiente mientras todos siguen demasiado resacosos por las celebraciones como para darse cuenta.

—Detiene su paso para mirarme fijamente—.

Ytú emplearás el tiempo hasta aquel entonces para averiguar dónde mantienen a Hypatia, y así la rescataremos. ¿Estás segura de que puedes hacerlo?

Asiento con la cabeza, aunque no estoy del todo segura. Todavía no sé al cien por cien que las Familias tienen a Hypatia, pero al menos podría pedirle a mi madre que lo investigue.