23 #2
Parpadeo, intentando desterrar los recuerdos de mi propio secuestro, que se arrastran por los bordes de mi cordura.
Todavía no sé mucho sobre la enfermedad de Hypatia, pero sí sé lo que es estar secuestrada.
No puedo imaginarla pasando por lo que pasé.
Es difícil hablar más allá del nudo en la garganta.
—Rafe, lo siento mucho.
Se pone rígido y la expresión en su cara deja claro que vuelve a recordar con quien está hablando.
—Tu compañera de apartamento y el maestro Loew han estado acosándome y preguntándome por ti toda la mañana. Como parece que te encuentras mejor, deberías ir con ellos.
Incluso cuando me echa parece tan perdido... tan triste.
—¿Estás bien?
De repente, golpea la pared con el puño.
—Lárgate.
No me ofende su enfado. De hecho, me atrae. Reconozco que no quiere que lo vea vulnerable. Pero no quiero que se sienta tan solo.
¿Por qué, oh, por qué me importa?
Me acerco a él y le pongo con suavidad una mano sobre la espalda. Siento cómo sus músculos se relajan mientras se inclina casi imperceptiblemente hacia mí. Pero es solo un momento.
—Vete —dice con los ojos cerrados.
Y así lo hago.
Vuelvo a mi habitación para cambiarme de ropa. Georgie no está, pero la encuentro en el desayuno, donde me recibe con un fuerte abrazo.
—¡He estado muy preocupada!
—Estoy bien, pero no soy yo quien debe preocuparte.
Se mantiene a distancia, examinándome.
—¿Es... es la chaqueta del príncipe idiota?
—Sí...
Me la había vuelto a poner después de cambiarme en vista de devolvérsela a Rafe. Además, huele tan bien.
—¿Te has enterado de lo de Hypatia? —le pregunto.
—¿Saber qué de ella? ¿Dónde está?
—La secuestraron anoche.
Georgie se tapa la boca horrorizada. Le resumo los detalles de Hypatia colándose en el Carnaval y la recompensa por los sire.
—Por ese motivo el maestro Loew tenía un ataque de pánico. Te ha estado buscando por todas partes. Quizá deberías ir a verlo.
He estado demasiado distraída preocupándome por Hypatia como para pensar en Michael. Pero después de lo de anoche, no me siento preparada para enfrentarme a él a solas.
—¿Vendrás conmigo? —le pregunto a Georgie.
Ella asiente.
—Termínate primero el desayuno. Sea lo que sea lo que te pasó anoche, sospecho que necesitas comer.
Obedezco encantada, ya que mi desayuno es pan de plátano con nata montada y sirope de dátiles.
Mientras atravesamos el ala de primavera, trato de recordar si dije algo tentador a Michael mientras estaba mareada.
No tengo ni idea de si nuestro baile fue lo que yo pensaba que era.
Pero incluso si tuvimos un momento de atracción mutua, eso no significa que esté interesado en algo más.
Ahora que Georgie sabe lo que siento por él, me alegro de tenerla conmigo como apoyo moral.
Llamo con timidez a la puerta del despacho de Michael, que se abre al instante.
—¡Oh, gracias al Conductor! —exclama Michael, y por un momento creo que va a abrazarme, pero en lugar de eso retrocede y nos deja entrar.
—¿Cómo te encuentras?
—Estoy un poco agitada, pero eso es todo.
Al entrar en su despacho, me acecha un persistente recuerdo de nuestra discusión y de que supuestamente debería estar enfadada con él. Pero la verdad es que solo contar con su presencia me alivia y, después de todo lo que ha pasado desde anoche, no tengo energía para conjurar mi ira.
—Estoy bien, de verdad.
—Bien —dice Michael, pero cuando nuestras miradas se cruzan aparta rápidamente la vista.
—¿Tienes novedades de Hypatia? —le pregunto.
—Ah, sí. Sé que sois muy amigas. Tenemos alguna pista sobre dónde podría estar.
—¿En serio?
Él asiente.
—Te aseguro que mucha gente está trabajando duro para traerla de vuelta.
—Mmm, ¿Ada? —dice Georgie con voz tensa.
Está mirando una foto encima de una pila de papeles en el escritorio de Michael con los ojos abiertos como platos. Me acerco para ver qué le ha llamado la atención. Se me revuelve el estómago.
—¿Quién es? —le pregunto a Michael intentando sonar lo más natural posible.
Michael se inclina para ver la foto que señalo. Está borrosa, pero lo suficientemente nítida para que no dude sobre al menos dos de las caras que veo rodeadas con tinta roja. Al parecer, Georgie tampoco lo duda.
—Es una fotografía del círculo íntimo de los Inquisidores —dice—. La Guardia ha determinado que es legítima. No hemos tenido una información sobre la actividad de los Inquisidores tan específica en décadas y confiamos en que esta nos ayudará a llegar a Hypatia.
Nada de esto tiene sentido.
—¿Cómo sabes que son ellos los que la tienen cautiva?
—Tenemos pruebas contundentes que los relacionan con todos los secuestros recientes.
El tiempo parece ralentizarse, los latidos de mi corazón resuenan en mi cráneo. Miro a Georgie y parece que se le van a salir los ojos de las órbitas.
—Tenemos que irnos —le digo.
—Pero si acabas de llegar...
Salgo corriendo de la habitación con Georgie pisándome los talones.
—¿No era tu...? —empieza ella.
—Shh. Aquí no. Volvamos a nuestro apartamento.
Georgie estalla en el momento en que estamos allí con la puerta cerrada detrás de nosotras:
—Ada, tu prima y tu madre estaban en esa foto.
—Sí.
Estamos horrorizadas por distintas razones. Ella por quien está en la foto. Yo porque tienen la foto.
—¿Qué significa esto?
—¡No lo sé!
Lo que no sé es por qué Georgie no lo ha resuelto ya. Por qué no me ha acusado de espionaje. Las pruebas son claras como el agua.
—¿Si tuvieras que adivinarlo?
Me mira sin un ápice de acusación. Por alguna razón, confía en mí. Aprieto los labios, las mentiras que estoy a punto de decir saben agrias en mi lengua.
Las Familias me habían enseñado varias formas de reaccionar si me pillaban. Tengo una justificación razonablemente plausible que podría decirle ahora mismo, pero Georgie es la última persona a quien quiero mentir. Así que le digo la verdad.
—Mi familia forma parte de una sociedad secreta que conoce a los Hacedores, pero no son los Inquisidores.
Esto no es mentira. Los Inquisidores que los Hacedores tanto temen ya no existen. La orden que ahora configura a las Familias comenzó con ellos, claro. Pero eso fue literalmente hace siglos. Me dispongo a explicar la situación a Georgie:
—La Inquisición creó un grupo de trabajo para buscar a los exiliados perdidos, pero ese grupo no ha continuado a la caza de Hacedores.
Los descendientes de dicha escisión estaban horrorizados por las acciones de sus antepasados y se propusieron recuperar lo que les había sido arrebatado.
Ellos se convirtieron en administradores, buscando y preservando la memoria de los Hacedores.
Ese es el grupo del que forma parte mi familia.
Aunque las personas que aparecen en la foto tienen una ligera conexión con la Inquisición, son algo completamente diferente.
Yseguro que no están interesadas en secuestrar a nadie.
«¿Estoy segura de eso?».
—Pero nunca le dijiste nada de esto al maestro Loew cuando intentó reclutarte, ¿no? —me pregunta Georgie.
Por mucho que quiera contarle toda la verdad, sé que no puedo decirle la razón última por la que vine aquí.
Así que hilo una versión paralela en la que mi familia trabajó para conseguir que me reclutaran, porque sabían que estaba en peligro a causa de los secuestros a los sire, y me vi obligada a ocultar quiénes eran mis ascendentes, porque sabía que, por la asociación con los Inquisidores, no sería bien recibida.
Y parece tragárselo todo, como si no tuviera motivos para dudar de mí.
—Más recientemente, con la comprensión de que la cultura de los Hacedores todavía sobrevivía y prosperaba, las Familias empezaron a buscarlos de nuevo, pero con el objetivo de lograr la reunificación, y no la destrucción.
Los Hacedores solo creen que los Inquisidores siguen tras ellos porque están atrapados en el pasado.
—Pero ¿qué sucede con Naiot? —pregunta Georgie—. ¿De quiénes huían los profetas si no eran los Inquisidores?
Es una buena pregunta. Yo también quiero saber la respuesta, pero seguro que no tiene nada que ver con las Familias.
—No lo sé, pero sea quien sea, probablemente sea la misma gente que ha secuestrado a Hypatia. Mi familia jamás se la llevaría. Son buenas personas, no secuestradores —digo suplicante, y buscando los ojos de mi amiga—. Tienes que creerme.
—Te creo —dice. Mis hombros y mi corazón se relajan—. ¿Puedes hablar del tema con tu madre?
—Tengo que hacerlo —le respondo. Tengo que preguntarle muchas cosas, incluyendo cualquier nueva información que tengan sobre Ozymandias Tech.
Deben de ser ellos los que están detrás de todo esto.
Pusieron sus garras sobre Izzy y ahora tienen a Hypatia; lo peor es que los Hacedores nunca sospecharán de ellos, porque están demasiado ocupados fijándose en la gente equivocada.
Necesito ayuda para redirigir los esfuerzos.
—¿Qué sabes de Nora Montaigne y Ozymandias Tech? —le pregunto a Georgie.
—Esa es la compañía que fabrica jets privados de energía limpia y hace todo eso de las controvertidas pruebas genéticas, ¿verdad?
Asiento con la cabeza.
—Vale, es muy gracioso que me preguntes eso, porque vi esta publicación justo el otro día.
Nos acercamos a su escritorio, abre el foro de ocultismo en una de sus pantallas y hace clic hasta que da con lo que está buscando.
Leo por encima de su hombro. Es una teoría detallada que afirma que Nora Montaigne es en realidad uno de « LOS OCULTOS » y que el éxito en su empresa es debido a que está usando su tecnología secreta.
Me pregunto si esto sería posible. ¿Podría ser ella Prometeo? No. Ella no ayudaría a las Familias si Kor piensa que está trabajando en su contra.
Y entonces algo hace clic. Jadeo y me agarro a la silla de Georgie para mantener el equilibrio. Leo, quien me capturó en Carnaval: Rafe lo había llamado «Leonardo de Montaigne». Ytambién había dicho que ya había un traidor en la familia de Leo.
«Nora Montaigne».