23
Despierto algún tiempo después con la cabeza como si me la hubieran golpeado con un martillo. Espera, espera, esta no es mi cama.
No tengo tantas almohadas ni una lujosa manta de piel. Vaya, es tan suave. Entierro la cara en el calor acogedor e inhalo el aroma tan especial, de algún modo familiar.
¿Dónde estoy? Me incorporo. En vez de montones de ropa en el suelo, hay un gran piano. Una confirmación más de que esta no es, de hecho, mi habitación.
No me enrollé con nadie anoche, ¿verdad?
Todavía llevo el vestido.
«Mi vestido... Carnaval...».
Sí, claro. Me drogaron. Yalgo más me había pasado que hizo que Rafe y Kaylie se preocuparan. Mi piel se eriza de inquietud mientras me autoexploro. No encuentro ninguna señal de la marca roja que Rafe me vio en el brazo y no me duele nada.
Además de angustia, también estoy frustrada por haberme dormido durante el trayecto en el Atlas hasta casa y haber perdido una segunda oportunidad de usar la cobertura del móvil.
¡Mi móvil!
Quién sabe qué mensajes inculpatorios habré recibido mientras estaba inconsciente. Estaba con Rafe. ¿Ysi él los has visto? En un ataque de pánico, tengo dificultades para buscar el móvil a tientas en mi bolsillo, pero por suerte, está aquí, bloqueado y aparentemente imperturbable.
Oigo un suave golpe y vuelvo a meterme el teléfono en el bolsillo antes de que se abra la puerta.
Rafe se acerca a grandes zancadas, adueñándose del espacio de una forma que solo puede significar que esta es su habitación.
Su cama. Trago saliva al darme cuenta del origen del embriagador aroma de hace unos momentos.
Me tiende una taza de té.
—He traído esto de la enfermería. Te ayudará a sentirte mejor, aunque ya tendrías que estar casi curada.
—Gracias —murmuro con la voz seca y áspera.
Mientras bebo, evito mirar a Rafe. No me creo que haya dormido en su cama. ¿Dónde ha dormido él? Se me calientan las mejillas de pensarlo.
A continuación, parece que me lea la mente:
—No te preocupes. Te he dejado dormir sola. No he vuelto desde anoche.
Asiento en señal de agradecimiento e intento terminarme la bebida lo más rápido posible para poder salir de aquí. Los dos permanecemos incómodamente callados. Oal menos, yo lo estoy. Rafe parece perdido en sus pensamientos.
La bebida, algún tipo de brebaje de hierbas, me hace sentir mejor.
Amedida que mi cabeza empieza a despejarse, vuelven más recuerdos confusos de la noche anterior.
Me sorprende la amabilidad de Rafe. Pero le mintió a Kaylie, diciendo que los Inquisidores no estaban involucrados cuando él sabe que sí.
Incluso si en realidad no fueran los Inquisidores, no entiendo por qué Rafe ocultaría información importante.
Estar en la cama de Rafe es incómodamente íntimo, así que salgo.
El aire frío sobre mi piel expuesta me hace recordar mi atuendo festivo, que parece demasiado revelador en estas circunstancias.
Me calzo y cruzo los brazos, abrazándome.
Rafe me tiende estoicamente su chaqueta de cuero.
Me está demasiado grande, pero me meto en ella buscando una barrera entre yo y toda esta incomodidad.
—¿Por qué me has ayudado? —le pregunto. Parece que se está preguntando lo mismo, con el ceño aún más fruncido que de costumbre.
—Perderte a manos de los Inquisidores resultaría un desperdicio y un inconveniente. Eres útil para la sociedad de los Hacedores y no deberías estar en manos de nuestros enemigos.
Útil . ¡Qué imbécil! Yno ha terminado de ser ofensivo.
—Eres una maldita sire. Ellos no tendrían que ser capaces de dominarte. No eres consciente de tus propias habilidades.
Este tipo no puede abrir la boca sin criticarme, literalmente. Pero no voy a morder el anzuelo. No estoy de humor para una pelea y hay demasiadas cosas que tengo que entender.
—¿Qué me hicieron tu cita y tu primo? —pregunto con tono acusatorio.
—Leo es solo un pariente lejano, pero a él, como a tantos otros, le gusta utilizar el título deliberadamente para ganarse favores alegando una conexión con la Corona.
—Bueno, necesito entender lo que pasó.
Se balancea sobre los talones y se pasa las manos por el pelo, suspirando como si esta fuera la última conversación en el mundo que quisiera tener.
—Supongo que tienes derecho a saberlo —dice, y levanta la vista antes de seguir con franqueza—: ellos robaron parte de tu sangre.
La sangre que todavía me queda en el cuerpo se hiela.
—¿Para qué?
—Practican la ciencia de la sangre que a veces necesita sangre real. Pero nunca debe emplearse la sangre de otro Hacedor, jamás la sangre de un sire.
—¿La sangre de quién se suele usar, entonces? —pregunto, bastante segura de que en realidad no quiero saber la respuesta.
—Animales o filisteos.
He oído a otros de Avant usar ese término para referirse a la gente provincial.
—¿Así que usan sangre humana? —pregunto con la ira en aumento.
—Humano provincial —aclara Rafe, como si eso supusiera alguna diferencia.
Rechino los dientes ante su insinuación de que los provinciales son iguales a los animales, pero no es nada nuevo para él—.
Apesar de todo —dice, y su tono se vuelve amenazador—, no voy a dejar que se salgan con la suya después de lo que hicieron.
—Aprieta la mandíbula y se le marcan las venas del cuello—.
No fui sincero con la maestra Botticelli anoche, porque prefiero que Génesis no vea la insubordinación de la Guardia, pero se lo diré a Alex y esos malhechores sufrirán las consecuencias una vez haya obtenido toda la información que necesito de ellos.
—¿Qué tipo de información?
—Recibí novedades después de llegar anoche —añade antes de mirar hacia otro lado.
Sus hombros se encogen. Por primera vez, me doy cuenta de que su pelo está apagado y su piel carece de su brillo habitual.
Está... desaliñado. Es quizá la primera vez que veo a su alteza real algo menos perfecta—.
Los Inquisidores campan a sus anchas y nadie hace lo suficiente —dice hablando más para sí que para mí.
—¿Cuáles son las novedades? —pregunto con un creciente presentimiento.
—Hypatia no regresó a casa anoche —dice tan bajo que apenas puedo oírle.
Jadeo mientras el miedo y el pánico me inundan.
Rafe se vuelve hacia la pared, ocultándome cualquier emoción.
—Ella es demasiado joven para asistir al Carnaval. ¡Ni siquiera debería haber estado allí! Pero se coló en el Atlas.
—Yo... no lo entiendo.
La culpa crece junto con el miedo. La vi. Debería haberle dicho algo.
—¿Qué hay que entender? Están persiguiendo a los sire y te ayudé en lugar de a mi familia —dice con un claro pesar en la voz—. Corren rumores de otro intento fallido de secuestro anoche. Dos sire rescatados y uno perdido.
Camina hacia mí con convicción.
—Encontraré a Hypatia y la rescataré. Tengo que averiguar todo sobre el otro intento fallido y ver si han contactado con alguien más con la oferta del comercio de antimateria.
Leo jamás habría tocado a Hypatia, pero sabrá quién lo hizo.
Hasta que no les interrogue a todos, no puedes decirle nada a nadie sobre sus conexiones.
Ah. De repente, la ayuda de Rafe, sin mencionar que me ha mantenido aislada en su habitación durante toda la noche, cobra más sentido. Él necesita que coopere. Pero si eso significa ayudar a Hypatia, estoy contenta de hacerlo.
—No diré nada —le prometo—. Quiero hacer lo que pueda por Hypatia, pero ¿no hay gente más cualificada buscándola? ¿No les facilitaría encontrarla si les damos la información?
Rafe suelta una carcajada amarga.
—Los malditos cualificados siguen demasiado las reglas.
Conocían el riesgo desde hace meses y enviaron a esta isla a los sire de Avant para protegerse en vez de cortar el problema de raíz.
Afirman que están tratando de encontrar a los sire desaparecidos, pero nunca lograrán nada si son cautelosos en no interferir, en no dañar.
.. —declara con los ojos ardiendo—. Herir no me asusta. .. Haré lo que haga falta.
—¿Y el príncipe Alexander?
—Dice que se está ocupando de ello. Que elaboró un plan con Chorus: ella le dio alguna profecía críptica como hace siempre.
Pero Alex no estaba aquí para ver crecer a Hypatia como lo estuve yo.
No me imagino que sienta la misma urgencia —dice, y por fin se le quiebra un poco la voz—.
Ella y yo no hemos pasado por el mejor momento de nuestra relación últimamente —sacude la cabeza con pesar—.
Por su amistad contigo y con tu compañera de apartamento. Pero no debí...
De repente se va al otro extremo de la habitación, obviamente enfadado consigo.
—¿Por qué te estoy contando esto?
—A veces hablar no es malo.
—Hablar es inútil. Necesito hacer algo. He pasado las últimas horas intentando salir de esta isla, pero no dejan salir a nadie. Necesito averiguar si esos tontos de anoche me pueden llevar hasta la escoria inquisidora que secuestró a mi prima.
—¿Cómo estás tan seguro de que son los Inquisidores los que están detrás de los secuestros?
Si dejo que persiga al culpable equivocado, es menos probable que encuentre a Hypatia.
—Por supuesto que lo están. Nos han estado cazando durante generaciones con la esperanza de robar nuestro conocimiento y luego finalmente aniquilarnos. Tenemos la certeza y nosotros deberíamos haber actuado hace mucho tiempo.
¿Qué pruebas podrían tener? ¿Debería decirle algo sobre Ozymandias Tech? Pero yo no tengo suficientes pruebas de que realmente sean ellos quienes secuestran a los sire. ¿Será su plan de investigación genética y el mensaje de texto de Izzy suficientes para convencer a Rafe de que anda descaminado?
—No me creo que hayamos llegado a esto —dice Rafe antes de cubrirse la cara con las manos—. Hypatia tiene necesidades médicas urgentes. No sé cómo se las va a arreglar.