21 #2
—He visto ese corto baile con el maestro alto, oscuro y emocionalmente promiscuo —grita para que la escuche. Me suelta un manotazo en el brazo—. ¿Cuánto tiempo llevas babeando por una ración de esa tarta?
—¿Babeando? —respondo—. Más bien me muero de hambre por ese postre —digo mientras pongo los ojos en blanco—. Parece que desde siempre.
Sus ojos son comprensivos, pero brillan por la excitación conspiratoria de un gran secreto.
—Es un postre peligroso —dice mirándome intencionadamente.
—No tienes ni idea —digo. No hay lugar para la negación en un momento como este. Levanto los brazos y vuelvo a girar lánguidamente—. Estoy tan en el filo y tan hasta las trancas...
Se ríe.
—Bueno, no te aconsejaría que te distrajeras con su alteza Raphael VanCaraculo, por muy bueno que esté. También he visto el momento del tren —dice con complicidad—. Ydefinitivamente parecía correspondido.
—Eso es probablemente aún más peligroso —apunto con un suspiro, bajando los brazos.
Ella vuelve a reír.
—En eso tienes razón.
Me coge la mano y me hace seguir girando.
—Pero quién necesita chicos de todos modos. Baila conmigo.
Ella me hace girar, hiperactiva y eufórica, y pronto nos perdemos en la música y la belleza meditativa del infinito.
El tiempo pasa borroso. El cansancio y la sed me devuelven a la realidad.
No hace mucho, Georgie se ha ido bailando lindy hop de una manera adorable con una chica alta con máscara de zorro.
Me dirijo hacia el bar en busca de agua y veo a Rafe besándose con una rubia diferente a la que lo acompañaba, pero no me sorprende.
Ella empieza a besarle por el cuello y su mirada se desvía hacia arriba, encontrándose con la mía.
Él me guiña un ojo, luego gira la cara para besar a un chico pegado a su otro lado.
La sensualidad que irradian los tres hace que me sonroje y abandone la bebida con las prisas por irme.
Me siento arrastrada de nuevo al ambiente de baile. Interpretan un dúo de arpa y flauta, y yo giro al ritmo de la música, contribuyendo al espectáculo con pequeñas cintas de chispas que salen de mis dedos, igual que me enseñó Hypatia.
Me detengo cuando se me acercan dos chicos llamativos.
Auno lo reconozco como un miembro del séquito de Rafe que está en mi laboratorio sire y al que he evitado desde que miró mal a Georgie en el aeroparque.
El segundo, que lleva una máscara de león, tiene rasgos duros y es extremadamente alto, mi cabeza ni siquiera alcanza sus hombros.
—Buen truco —me dice el chico alto—. Eres muy guapa para bailar sola —añade con un acento que parece fruto de la combinación de británico y francés.
El chico guapo de Génesis lleva una piedra gremial ámbar en la oreja, pero el chico alto no lleva pendiente. En su lugar, lleva un anillo de rubí en la mano, junto a un anillo de hueso. Ciencia de la sangre y Guardia Avant.
—Podemos hacerte compañía —dice el guapo. No me gusta su voz y no me gusta el apetito de su expresión. Tal vez prefiero estar sola.
—Gracias —le digo—, pero en realidad espero a alguien.
Los ojos del chico más alto son agudos y evaluadores.
—Bram —le dice a su guapo compañero—, ¿por qué no nos traes unas bebidas? Voy a mantener a esta encantadora dama acompañada mientras espera.
Bram sonríe fríamente y se marcha. El chico alto me mira fijamente.
—No te gusta mi amigo —dice con naturalidad.
—Puede que tú tampoco me gustes —respondo.
—Bueno, me gustaría cambiar eso.
Hay mordacidad en su sonrisa, pero a diferencia de la de Bram, no me resulta molesta, y dejo que me arrastre a bailar.
Su mano es grande y fría, mientras me sujeta contra sí me quedo maravillada con su tamaño.
Es larguirucho, tan increíblemente alto que me siento cómicamente diminuta a su lado.
Está muy seguro con la manera en la que me mueve, demasiado familiar para un desconocido.
Una mano recorre peligrosamente mi espalda al aire y el calor inunda mis mejillas.
—Vaya, qué rubor más bonito.
Su mano baja aún más. ¿Por qué no la he apartado? Pero vista la decepción de la cautela anterior de Michael, una parte de mí anhela la audacia de este extraño.
—Nunca te había visto por aquí. Pensé que conocía a todos los sire de nuestro pequeño mundo.
Me está diciendo que sabe que soy una recluta. Pauso durante unos segundos el baile, pero su sonrisa y su abrazo siguen ahí.
—Enséñame otra vez las luces —me pide.
Levanto los dedos y dejo que las cintas brillen entre nosotros. Pasa sus dedos por los destellos y atrapa los míos.
—Precioso.
Se me ocurre que, aunque no niego que me siento atraída por él, no sé ni siquiera el nombre de este chico ni nada más.
Pero me gusta cómo me abraza —como si fuera algo especial que reclamar— y la forma en que me mira, como si me codiciara.
Siento la emoción de sentirme deseada en lo más profundo de mi vientre.
Bram vuelve con una jarra de agua. Nos da un par de copas y generosamente las llena.
Estoy sedienta y acalorada. Sorbo agradecida mientras los descarados dedos del alto muchacho me rozan la columna vertebral.
Su tacto me gusta demasiado y no me alejo.
La larga noche ha empezado a afectarme y estoy un poco somnolienta.
—Debería ir a buscar a mi amiga —les digo a los chicos. El chico alto coge mi copa y se la devuelve a Bram.
—Solo un baile más, bonita hechicera de luces —dice, y no es una petición, sus ojos encierran promesas perversas. Me atrae hacia él posesivamente y sé que debería protestar, pero no lo hago. Estoy muy cansada y me siento bien dejándome llevar.
Me inclino hacia él con la mejilla apoyada en su pecho, la parte superior de mi cabeza apenas alcanza el cuello abierto de su jubón de ante.
Él levanta la mano y unos suaves labios recorren la parte interna de mi brazo, provocándome un agradable mareo.
Con el deslizamiento de su cálida lengua en mi piel, de repente la música parece lejana.
Una gran mano me acaricia el pelo mientras apoyo mi peso en su sólido cuerpo. Cierro los ojos y me quedo dormida.