Academia de musas 1. Exilio 17 #2
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17 #2

Sigo asistiendo al laboratorio sire y a la clase de Fundamentos, pero ahora también me toca ser un miembro contribuyente de mi gremio.

Tengo clases en el laboratorio de alquimia, donde trabajamos en proyectos para añadir al Testamento del Gremio , y la asignatura de Fitología, en la que he estado estudiando la vida de las plantas en un invernadero de tres pisos.

El otro día aprendí a usar mi ha'i en cuestión de minutos para hacer brotar de una semilla un girasol.

También he estado estudiando métodos agrícolas no invasivos y sostenibles (los detallo para el doctor Ambrose, ya que son sencillos de aplicarlos en casa), y me he unido a un equipo rotativo de creación de material precioso de nuestro gremio, el vidriado.

Hasta ahora me he limitado a limpiar y a fundir productos viejos, pero espero entender pronto su producción lo suficientemente bien para poder dar instrucciones prácticas a las Familias.

No solo doy clases relacionadas con la alquimia. También tengo múltiples estudios de arte y sesiones de conservatorio. En una clase hemos aprendido cómo aplicar la física del sonido en la música para manipular cosas: parece magia de verdad.

Cuando hablo de las clases de arte con Kor, a menudo me recuerda que me centre en recopilar información más importante para el Oculus, pero el doctor Ambrose no hace eso.

Parece igualmente interesado en todos mis estudios y toma apuntes detallados sobre mis nuevas clases para consultarle a la Cámara Interna si hay algo específico que quieren que espíe.

Al terminar, llamo a mamá. Me dice que me echa de menos y pregunta por mi bienestar general, pero, como siempre, anda demasiado ocupada para hacer algo más que verme la cara y asegurarse de que estoy bien antes de despedirse y pasarme al abuelo.

Cuando su demacrado rostro aparece en mi pantalla, casi rompo a llorar. Parece tan enfermo. Está más delgado que antes —si es que eso es posible— y tiene la piel cetrina.

—¡Abuelo! —grito—. Te echo tanto de menos.

—Yo también te extraño, mi reinita. Yo también te extraño. Pero tal vez nos veamos pronto. ¿Puedes venir a casa por Pascua?

Empieza a toser —una tos estremecedora— y me duele el corazón. Está empeorando. Si le pasara algo al abuelo que yo podría haber evitado, jamás me lo perdonaría.

—Venga, Tomás —dice Sal, que aparece en pantalla—. Siéntate, te traigo agua con limón.

Una vez que me despido vuelvo al comedor y enseguida empiezo a sollozar al ojear fotos en el móvil.

—¿Estás bien? —pregunta Georgie quitándose los auriculares.

—Sí, solo echo de menos a mi familia una vez más.

Se sienta a mi lado y se la enseño a través de un carrusel fotográfico del móvil.

—Esta es mi madre.

Se la ve despreocupada y feliz en esta foto, sentada en una roca en el barranco de Central Park, sin un ápice de maquillaje, con el pelo rubio suelto al viento.

Es una foto antigua. No la había visto tan relajada en años.

Hay unas cuantas fotos similares más que me recuerdan una época en la que mi madre sabía divertirse.

¿Cuándo cambió? ¿Ycuándo empecé a olvidar esta versión de ella?

Sigo bajando y casi le enseño a Georgie una foto de Izzy, pero ahora considerarla mi mejor amiga ya no sería verdad, así que paso de largo todos nuestros selfis, intentando no echar a llorar de nuevo.

—Este es mi primo, Kor —digo mostrándole un selfi nuestro haciendo caras estúpidas en el set de su sesión de fotos para la revista Rolling Stone .

Georgie mira fijamente, con ojos analíticos y la boca abierta en una perfecta redonda. Cuando por fin recupera el habla, pregunta:

—¿Tu primo es Kor Chevalier?

—Primo muy lejano —digo a la defensiva—. Más bien es un amigo.

—A lo mejor me muero —dice mientras se lleva el dorso de la mano a la frente, casi como si fuera a desmayarse—. Una cosa te digo, si existe un hombre en este planeta por el que me haría bi, sería él.

Suspiro. No me había dado cuenta de lo agradable que ha resultado estar lejos de la Kor-manía 24/7.

—Aunque me encanta Kor, vomitaría si me exponen a demasiada devoción —le digo a Georgie que se abanica dramáticamente.

Coge un costurero vacío y me lo da.

—Toma, tu cubo de vómito. No voy a parar.

—¿Cómo es que lo conoces? —pregunto pensando en que la fama de Kor se disparó en los últimos dos años, antes del traslado de Georgie a Arcadia. Ella se pone la mano sobre el corazón.

—Ada, yo ya era una fan de Korach Chevalier antes de que fuera famoso. Llevo años escuchando su música —añade. Luego cierra los ojos y respira fondo—. Vale, ya he superado mi parálisis de fangirl . Enséñame fotos del resto de tu familia.

Abro las fotos más recientes de mi padre.

Saluda a la cámara desde una playa de Costa Rica, en la que, por lo último que sé, pasaba los días tocando la guitarra para turistas y surfeando.

Tiene el pelo castaño ondulado casi tan largo como el mío, tan diferente del corte limpio que siempre llevaba de joven.

Últimamente le echo más de menos que de costumbre.

Le encantaría saber sobre mi nuevo interés por la agricultura sostenible y que he mejorado en guitarra.

Puede que por fin tengamos algo de lo que hablar.

Deslizo el dedo hasta encontrar una foto del abuelo. La tomé unos meses antes de irme, pero ya estaba mucho más delgado el día en que me despedí, y hoy estaba aún peor. Siento que se me saltan las lágrimas. Espero que esté bien.

Los Hacedores podrían ayudarle. Debo conseguir sus curas, o hallar una forma accesible para que mis habilidades sire le beneficien.

Por el abuelo, por las Familias y por el resto de mi mundo.

Ahora que soy una alquimista tengo acceso a sus pergaminos del Testamento .

Me he distraído demasiado con gremios, tíos buenos y aerotablas.

Toca visitar ahora el Arca.