15 #2
El Quórum comienza con reasignaciones de Avant, como Simon.
Él se pierde un poco en la charla sobre su galería, pero, con honestidad, es un despliegue impresionante en comparación con cualquier cosa a la que me hayan acostumbrado los adolescentes de mi país.
Me gusta uno de sus inventos: un bote ligero y portátil, se lleva como si fuera una mochila y se monta rápidamente cuando es necesario.
Es genial, pero cuando le hacen más preguntas, confiesa que el motor pesa demasiado y el bote tiende a tener fugas.
También interpreta una canción con su zanfona, un instrumento similar a una guitarra, pero con una manivela y una rueda que es mucho menos ridículo de lo que parece.
Cuando se trata de música tiene bastante talento, como nos dijo Hypatia.
Se le reasigna del gremio de los artesanos de Avant al de Génesis, y sustituye su anillo de amatista por un pendiente en la oreja. Hypatia lo aplaude con entusiasmo.
Estas reasignaciones van seguidas por las de los maestros que buscan entrar en nuevos gremios.
El grupo de hoy es pequeño y no tiene a nadie que conozca.
El último grupo será el de los oficiales calificados como maestros, pero antes va el gran asunto por el que todos estamos aquí: la colocación de aprendices.
El maestro rector Bloche llama uno por uno a cada aprendiz para que presente su galería y sea interrogado por los maestros del gremio. El público aplaude cada vez que un aprendiz acepta un puesto en uno de los gremios.
Respiro profundamente buscando tranquilidad como me enseñó mi profesora de canto, Madame Adelina, pero mis nervios son tenaces y me cuesta prestar atención a las demás galerías.
—La siguiente aprendiz es Hypatia Vanguard, de catorce años —anuncia el heraldo—. Su mentor es Donatello Bloche, maestro rector del instituto Génesis y maestro de los gremios de los sofistas, de los alquimistas y de los codificadores.
Vaya, no sabía que el propio maestro rector fuera el mentor de Hypatia. Supongo que así funcionan las cosas cuando eres miembro de la realeza.
Estrecho la mano de Hypatia mientras se levanta. Sus dedos húmedos aprietan los míos, luego se aparta mientras camina confiada hacia el centro del escenario.
Hypatia empieza a presentar su trabajo sin el menor temblor en la voz. Quiero ver la galería en la que ha puesto tanto corazón y le dedico toda mi atención.
Su presentación es impecable y estallo de orgullo, pero al mismo tiempo tengo una piedra en el estómago.
Apenas con catorce años, su galería es mucho más impresionante que la mía.
Interpreta una hermosa canción con la armónica y exhibe un precioso búho de relojería que ha fabricado.
Lo anima, demostrando la fuerza de sus habilidades sire, y este vuela por el escenario.
También presenta una variedad de elaboradas fragancias.
Los maestros de gremio le hacen preguntas punzantes, a las que responde con confianza. La invitan a unirse a dos de los gremios de Génesis, los codificadores y los alquimistas, así como, para mi sorpresa pero aparentemente para la de nadie más, al gremio de la ciencia de la sangre de Avant.
—Sería un honor para mí aceptar el puesto de oficial de los alquimistas —dice Hypatia, con una voz que resuena con fuerza.
Los alquimistas estallan en vítores y gritos de «digno de un Hacedor».
Aplaudo con ellos. Me alegro mucho por ella.
Este mundo es nuevo para mí, pero Hypatia lleva años preparándose para este día.
Aplaudo con entusiasmo e Hypatia me sonríe antes de salir del escenario.
Sus padres, junto con Rafe y el príncipe Alex, acuden a abrazarla, sus caras brillan de orgullo.
Después de Hypatia, hay muchos otros aprendices, por algunos de los cuales compiten varios gremios entre sí.
Una aprendiz dirige una sinfonía de tintineos con copas, sin tocarlas siquiera, manipulando las ondas sonoras solo con su voz.
El jefe del gremio de los codificadores le insiste mucho, pero la chica elige unirse a los artesanos.
Otro aprendiz, que creó un tinte para el pelo que cambia de color a diferentes temperaturas, acepta una invitación de los biocientíficos.
Aparte de Hypatia, los gremios Avant no hacen más invitaciones.
A mi alrededor, los asientos se vuelven escasos. Yentonces el heraldo pronuncia las palabras:
—La próxima aprendiz es la sire Ada Castle de Nueva York. Diecisiete años. Su mentor es Michelangelo Loew, maestro sofista y enlace provincial.
Me acerco al escenario. Todos los maestros de gremio parecen mirarme por encima del hombro, pensando: «¿Quién es esta impostora? No es de aquí. ¿Dónde se supone que debemos ponerla?».
Un joven aprendiz ha colocado encima de la mesa mis materiales preparados.
—Puede presentar su galería —me dice Bloche.
Trago saliva y comienzo a presentar mi trabajo, empezando por mis mejores dibujos, incluida la pieza del sistema circulatorio.
Leo un cuento y luego demuestro mi capacidad para revivir una moribunda planta de filodendro.
Esta parte me ha puesto muy nerviosa, ya que mis habilidades sire tienden a ser inconsistentes, pero tras una nerviosa salida en falso, lo consigo rápidamente.
Acontinuación, expongo mi diseño de cortinas para ventanas tejidas de plantas vivas.
Pensaba que era demasiado estúpido para la galería, pero Hypatia me había dicho que es el tipo de cosa que les gusta a los maestros de los gremios. Espero que tenga razón.
Es la hora de mi canción.
Aprieto los dientes. Puedo hacerlo. Llevo dos días practicando sin parar. Levanto la guitarra y empiezo con rasgueos fáciles, como me enseñó Michael, nada demasiado complicado o que pueda estropearse hasta que me sienta más cómoda.
Toda la sala se centra en mí. ¿Cómo demonios Kor hace esto delante de estadios enteros?
Empiezo a cantar, con la voz un poco temblorosa.
Estas manos mías
podrían esculpir un ser humano de piedra,
podrían dibujar visiones de mundos desconocidos,
podrían pintar algo con alma.
Pero, en cambio,
estas manos mías solo están manchadas de errores.
Estas manos mías
podrían reanimar tu corazón con una canción,
podrían aprender a tocar las teclas correctas,
podrían escribir una sinfonía.
Pero, en vez de eso,
estas manos mías tropiezan con notas torpes.
Recuerdo lo que dijo Madame Adelina sobre encontrar las emociones de la canción en lugar de centrarse en la técnica. «Tu mundo arruinó tu canto —me gritó—. Te hicieron pensar que las cosas tienen que ser perfectas. Pero la belleza está en los defectos de la verdad. ¡Deja de tapar la verdad!».
Intento cantar mi verdad.
Estas manos mías
podrían tenderte la mano para que no estés sola,
podrían plantar las semillas para hacer crecer un hogar,
podrían sostener tu cara entre ellas.
Pero, en vez de eso,
estas manos mías permanecen atadas a mi espalda.
Hago todo lo que puedo para borrar al público y solo para cantar para mí.
¿Podré hacer algo más en esta tierra que malgastar mis horas?
¿Podré hacer más por la tierra que convertirme un día en sus flores?
Cuando se apagan las últimas notas, me sereno un momento. Seguir el consejo de Madame Adelina me ha provocado más emociones de las que pretendía, pero creo que ha salido bien. Tal vez no genial, pero al menos perfectamente aceptable. Respiro hondo.
—Con esto concluyo mi galería —digo.
Aunque en general estoy satisfecha, me doy cuenta de que mi presentación era floja en comparación con las de los demás.
El maestro rector Bloche y algunos de los otros maestros de los gremios me preguntaron sobre mis puntos fuertes (las plantas) y los débiles (las matemáticas).
También acerca de mis intereses específicos (curación) y los métodos utilizados en el trabajo exhibido. Les respondo lo mejor que puedo.
—Una última pregunta —dice Bloche—, ¿cómo abrió su caja gremial?
—¿Perdón?
—La caja que formaba parte de tu solicitud. El método utilizado para abrirla puede ser un indicador útil para ver la afinidad con un gremio.
Oh. ¿Existía más de una forma de abrirla? ¿Ycómo es que nadie más me ha hecho esta pregunta? Tal vez solo los reclutas reciben una caja rompecabezas. Bueno, obviaré que intenté romperla.
—Me pinché en el dedo —digo.
Todos los maestros de los gremios levantan la cabeza.
—¿Usó sangre? —pregunta Bloche, con un leve tono de sospecha. La mirada tras el monóculo se clava en mí.
—Fue un accidente —respondo.
El maestro del gremio de la ciencia de la sangre baja la mirada con desdén, pero los demás siguen mirándome extrañados.
Bloche se aclara la garganta.
Y entonces el maestro del gremio de los codificadores se levanta. Esto está despegando.
—Aunque reconocemos que tiene una mente estratégica que ayudaría al gremio de los codificadores, ha dejado claro que las matemáticas no son su fortaleza y no parece que sus intereses se alineen con nuestro gremio en este momento. No extendemos una invitación a nuestro gremio.
No quería unirme a los codificadores, pero eso no evita el escozor del rechazo.
El maestro artesano ya se está levantando. Empieza a hablar:
—Aunque todo apunta a que es propensa al arte, considerando que es una sire, nos sorprende que no haya cultivado un talento más desarrollado en alguna disciplina de bellas artes antes de llegar aquí, lo que puede indicar que no es su verdadera vocación.
Siento los músculos tensos como un instrumento de cuerda desafinado. No van a aceptarme. El gremio más fácil de entrar me va a rechazar.
—Sin embargo —prosigue—, ha hecho grandes progresos en apenas unos meses, y es evidente que tiene buen ojo para la estética. Considerando su potencial, la invitamos a unirse como oficial del gremio de los artesanos.
Respiro y el pánico disminuye.