Academia de musas 1. Exilio 15
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El Quórum empezará dentro de una hora y allí se decidirá mi futuro como Hacedor.

Me siento rígida con la ropa protocolaria que me ha prestado Georgie (que tuvo que arreglar para que me fuera bien).

Llevo un traje azul marino, una blusa metida por dentro de un pantalón de terciopelo negro de cintura alta, mis nuevas botas altas con cordones y el cabello semirrecogido trenzado en una corona, casi parece que pertenezco a este lugar.

Es decir, hasta que me doy cuenta de que estoy de pie en el sitio equivocado.

Cientos de Hacedores se agolpan en el Equinoccio para la ceremonia de apertura del Quórum.

He caminado sin pensarlo hasta un grupo que he reconocido de mi laboratorio sire, pero este es el lugar para los oficiales sire.

Anadie le parece que no pertenezco a este lugar, excepto a Rafe, quien me silba y señala a un grupo de niños, los aprendices, al otro lado de la sala.

Pero estoy demasiado avergonzada para cruzar el vasto espacio con todo el mundo mirando, así que permanezco aquí.

Sorprendentemente, Rafe no insiste en el tema, y sin poder evitarlo noto que hay una ligereza en su expresión que jamás había visto. En fin, se le ve feliz.

El heraldo anuncia la llegada de la delegación de Avant.

Un desfile de gente importante entra en la sala.

Me han dicho que en este Quórum estarán presentes más dignatarios de lo habitual, ya que varios notables aprendices presentan sus galerías, entre ellos Hypatia y Simon, quienes pertenecen a familias de Avant de alto rango.

De repente, el murmullo de los susurros y la actividad se acalla, y miro hacia las puertas.

Entra un hombre imponente de pelo largo y salvaje.

El aura que le rodea atrae la atención desde todos los rincones de la sala.

Parece salido de un plató de cine, con un largo abrigo de piel y pantalones de cuero metidos dentro de unas botas hasta la rodilla.

Su pecho está al descubierto, un impresionante tatuaje de un dragón le cruza su lado izquierdo y le sube por el cuello.

¿Cuántos animales muertos lleva este tipo encima?

Como si supiera lo que estoy pensando, Rafe me susurra al oído.

—¿Te puedes creer que su novia es vegetariana?

Reprimo una carcajada, el comentario es tan anacrónico con la pompa del momento. ¿YRafe acaba de hacer un chiste? ¿ A mí ? Debe de estar de muy buen humor.

El hombre tiene un aspecto tan extraño y cautivador que no puedo dejar de mirarlo. Su largo cabello ondulado es tan oscuro como la medianoche, aunque su barba está llena de canas. Sobre su cabeza, descansa una sencilla corona metálica.

—Príncipe Alexander, heredero de la Corona de Sangre de Avant —presenta el heraldo. Los Hacedores de Avant, incluido Rafe, se besan los nudillos de la mano derecha. Todos los demás reconocen la presencia del príncipe con una profunda inclinación de cabeza.

El príncipe Alexander atraviesa el vestíbulo. Amedida que se acerca me doy cuenta de que en cada uno de los dedos de su mano derecha lleva un color diferente de gema preciosa y dos en el pulgar. Seis gremios. ¿Es un maestro de todo?

Por alguna razón, parece que viene directo hacia mí. No, en realidad va hacia Rafe.

El príncipe se detiene enfrente de nosotros, una amplia sonrisa suaviza sus duras facciones. Rafe también sonríe. Sonríe de verdad, con dientes, mejillas y ojos. No creía que fuera capaz de tener una expresión así, y ahora no puedo apartar la mirada.

Cuando el príncipe habla, su voz es grave.

—Rafael, ha pasado demasiado tiempo, hermano.

«¿Hermano?».

El príncipe agarra la mano de Rafe, la aprieta mientras se inclina y lo besa en la mejilla. Su largo pelo los esconde, pero estoy lo suficientemente cerca para oír a Rafe susurrar:

—Te echo de menos. Echo de menos mi hogar.

—Estáis donde debéis estar —es la dura respuesta.

—¿Cómo están Ben y Mab?

—Todos están bien y te echan de menos.

—¿Y Gwen?

—Ella es la que más te extraña —dice el príncipe Alexander antes de alejarse.

Miro a Rafe, quien vuelve a ser el mismo de siempre.

—¿Me tomas el pelo? —le susurro—. ¿Eres un príncipe?

—Obviamente —dice mirándome con desdeñosa diversión.

Una vez que han llegado todas las delegaciones, la multitud se abre paso a través del arco del Equinoccio que conduce al auditorio del ala de otoño.

Los demás aprendices que presentarán sus galerías están con sus familias, y me encuentro sola, escudriñando incómoda la sala en busca de una cara conocida.

—Así que eres la sire provincial —dice una voz melódica detrás de mí.

Me doy la vuelta y veo a una menuda mujer vestida de negro. Es llamativa, de piel aceitunada y el pelo castaño oscuro recogido en un elegante moño. Un aro de perlas cuelga del lóbulo de su oreja derecha, lo que indica que es una maestra de los codificadores.

—Aria Loew —se presenta.

Así que esta es la hermana mayor de Michael. ¿Cómo puede ser tan baja cuando él es tan alto?

—Ada Castle —respondo con una sonrisa que ella no me devuelve. Ya no me mira a mí, mira a través de mí, evaluándome.

—Sé quién eres —dice levantando el brazo y acariciando lentamente con sus dedos el aire de mi alrededor como las cuerdas de un arpa.

Un anillo de ónice adorna su índice. En mis clases de aprendiz nos instruyeron sobre algunas de las investigaciones de Aria Loew: cosas inteligentes y científicas que nunca entendí sobre las cuerdas que conectan con el universo.

Sabía que seguía investigando más en Avant, pero.

.. no me había dado cuenta de que se había unido al gremio místico, como indica su anillo.

Tenía la impresión de que los místicos apenas aceptaban a nadie.

De hecho, creo que Hypatia me dijo que solo habían aceptado a un estudiante de Génesis en las últimas dos décadas. Debía de referirse a Aria Loew.

Aria inspecciona el aire que fluye por sus manos y añade:

—Aunque llevas muy poco tiempo aquí, son ya muchos los lazos que te unen a nuestro pueblo. —Luego arquea una ceja oscura en señal de sorpresa y continúa—: Incluido mi hermano.

Con una mirada inquisitiva, el pulgar y el índice se juntan y tiran de algo invisible.

Como si sintiera el tirón, Michael, quien está a unos metros conversando con un anciano barbudo y con gafas, se vuelve para mirar hacia nosotras.

Cuando nos ve, le dice unas últimas palabras al hombre y se acerca.

Aria suelta ese algo invisible y me examina más de cerca.

Ahora está explorando el aire con ambas manos, tirando y tirando de un tapiz invisible tejido a mi alrededor.

Es bastante espeluznante y siento como si estuviera haciendo algún tipo de adivinación, como si de alguna manera pudiera saber cosas que realmente no necesito que sepa. Muevo los pies con incomodidad.

Aria se acerca los dedos a la cara e inspecciona el vacío entre sus yemas.

—Tienes secretos —dice con una voz cantarina—, pero no te preocupes. No los contaré. Tus intenciones no son contrarias a las mías.

Suelto un suspiro tenso, nada reconfortada por sus palabras.

—Un consejo, deberías hacer más preguntas sobre por qué necesitas que te rescaten —dice mirándome a los ojos con mucha dureza.

¿Qué demonios le pasa?

Cuando Michael se acerca baja las manos y se prepara para recibir a su hermano con una radiante sonrisa y los brazos extendidos.

—¡Ari!

Él la envuelve en un abrazo que ella tolera más que devuelve, aunque su expresión refleja satisfacción, con una sonrisa que revela que tiene el hoyuelo familiar.

—Veo que has conocido a Ada.

—Sí, está bien. No me desagrada —responde Ari, y la sonrisa de Michael me indica que esta es su versión de un cumplido—. Tengo que ir a la biblioteca —dice finalmente.

Luego se marcha, dejándome con un Michael exasperado, pero todavía sonriente.

—Bueno, así es mi hermana.

—Parece encantadora —respondo, y, por la forma en que sonríe, siento que he superado algún tipo de prueba.

¡Uf, ese hoyuelo! Recuerdo la sensación de ser la responsable de esa reacción. También recuerdo la emoción de Michael de la otra noche tocando la guitarra mientras me miraba a los ojos.

Quiero decir algo, lo que sea, para reavivar esa intimidad. Pero él ya está mirando hacia otro lado, saludando con la cabeza a dos mujeres, y yo me recuerdo que no debo jugar a estos juegos.

—Te veré cuando empiece el Quórum —dice caminando hacia las mujeres. Da unos pasos hacia atrás, me dedica una sonrisa alentadora y añade—: Deja de preocuparte. Responde a sus preguntas con sinceridad. Lo vas a hacer muy bien.

El auditorio tiene asientos de anfiteatro con el escenario en el centro.

Enfrente de este, hay una larga mesa donde los maestros de gremio se sientan a tomar notas.

Los observo desde una sección a la derecha del escenario junto al resto de los aprendices, quienes presentarán sus galerías.

Hypatia está sentada a mi lado, temblando por los nervios y pasándose rítmicamente la lengua por los dientes.

Ayer no comió con nosotros, porque estaba recibiendo el tratamiento para su misteriosa enfermedad, y hoy está radiante de vitalidad.

No para de saludar a sus padres, quienes están sentados con el príncipe Alex.

Porque, por supuesto, si Rafe es un príncipe, eso hace a Hypatia miembro de la realeza también. No puedo decir que lo viera venir.