13
Kaylie me lleva a los establos con una cesta de manzanas y zanahorias. Vamos a conocer a Peggy, el caballo de viento, y Georgie e Hypatia me han prometido que será lo mejor de mi semana.
Cuando le dije a Michael que estaba interesada en el gremio de biociencia, me recomendó que me pusiera en contacto con Kaylie para que me asesorara, ya que es una maestra del gremio.
Hasta ahora me ha ayudado mucho. Me ha sugerido algunos proyectos para mi galería y hoy me enseñará algunos antecedentes sobre el origen del gremio, que es el más nuevo de la sociedad de los Hacedores.
El establo es grande y está bien cuidado.
Al recorrer las caballerizas, los caballos asoman la cabeza con curiosidad.
Dan pisotones y sacuden las crines. Nos acercamos al último establo, el aire huele a animal y a tierra.
En la pared del otro lado de la puerta, cuelga una ornamentada silla de montar de cuero marrón oscuro.
No tiene estribos y hay una brújula de cristal en la empuñadura del asa de bronce.
Oigo un zumbido melódico procedente de la cuadra.
—Peggy tiene un admirador —bromea Kaylie—. Viene aquí a menudo. Probablemente ya la ha acicalado, pero hay que sacarla a estirar.
El admirador resulta ser Rafe, quien frota el cuello de Peggy y le da de comer una manzana. Casi no lo reconozco, porque la mirada dulce de su cara lo transforma en una persona completamente diferente.
Sin embargo, incluso esta versión suavizada de él no capta mi atención una vez clavo los ojos en Peggy.
Es impresionante.
Tiene el pelaje rubio plateado y una lustrosa crin; se extienden grandes alas iridiscentes en sus costados.
Tengo que recordarme que debo respirar.
—Vamos a llevarla a volar —le dice Kaylie a Rafe, quien al vernos ha vuelto a la versión familiar que conozco, la del Capitán Desprecio.
—Ya me iba —responde.
Rafe me ha estado ignorando desde nuestra confrontación en el laboratorio sire, aunque sigo trabajando con Mbali en su mesa.
Le susurra algo al oído a Peggy —por supuesto, es más educado con un animal que conmigo— y luego, con una sonrisa apretada a Kaylie, pasa por delante y sale, sin prestarme siquiera atención.
Me acerco e intento acariciar el lomo de Peggy.
—¿Cómo es posible?
—Los caballos de viento son unas de las muchas criaturas increíbles nacidas de la experimentación de los Hacedores en la academia original, anterior al Éxodo.
Siento una presión en el pecho mientras mi mundo da un vuelco hacia otra época. Pero no puedo obviar que seres así son corrientes aquí.
—No puedo creer que haya vivido tanto tiempo sin conocer esto.
Kaylie asiente en señal de comprensión. Pero no hay forma de que entienda lo que siento ahora. Para mí, ella y Peggy son milagros imposibles.
—¿Cómo puede ser que el resto del mundo simplemente... no lo sepa?
Quiero enfadarme, pero mi admiración por Peggy no deja mucho espacio para sentimientos negativos.
—En la época del Éxodo, los caballos de viento y otras criaturas resultantes de las innovaciones de los Hacedores fueron escondidos para evitar su destrucción. Su existencia fue negada por la Iglesia hasta que se creyó que no eran más que leyendas.
Este es un patrón que se ha ido repitiendo de lo que he aprendido en Génesis, que tantas historias que había creído que eran mitos son en realidad solo vestigios de la memoria del pasado, la memoria de la ciencia creadora que una vez formó parte de nuestro mundo.
—Vamos, chica —le dice Kaylie a Peggy. Las sigo fuera de la caballeriza.
Peggy no necesita brida ni riendas; escucha las suaves instrucciones de Kaylie—.
Es una de las últimas de su especie. La mayoría han sido enviados al Edén y hay otros tres en la Academia de Avant.
El gremio de la ciencia de la sangre está intentando criarlos, pero las yeguas de viento tienden a tener gestaciones muy difíciles y a menudo mueren en el parto. Lo mismo ocurre con las valquirias.
—¿Y no pueden hacer nuevos ejemplares como hicieron con los primeros?
—El conocimiento sobre cómo crear especies como los caballos de viento se transmite a través del Testamento de la ciencia de la sangre , pero es una práctica que desapareció hace mucho tiempo.
Este tipo de prácticas evolutivas forzadas eran arriesgadas y, en ocasiones, perjudicaban tanto a los animales como a los humanos.
—¿Por qué?
—Bueno, porque los procedimientos a menudo requerían donaciones de órganos vivos.
Hubo muchos experimentos fallidos que terminaron en muertes y también muchos efectos secundarios imprevistos.
—Ella mira hacia otro lado mientras lo dice y pienso en lo que ha mencionado sobre los nacimientos de valquirias—.
Amedida que los Hacedores evolucionaban como sociedad, tuvimos que afrontar estas controversias.
Génesis desmanteló por completo su gremio de la ciencia de la sangre, sustituyéndolo por el actual gremio de biociencia.
En Avant todavía practican la ciencia de la sangre y se involucran en algunos comportamientos moralmente cuestionables, pero incluso ellos tienen límites.
Cuando se creó el Consejo promulgaron leyes para restringir la experimentación con seres vivos, se entendió que conllevaría el fin de algunas de estas magníficas criaturas.
Se tomaron medidas para preservarlas, pero tuvimos más éxito con unas que con otras. Muchas ya se han perdido.
—¿Como los unicornios?
—Sí —dice con una voz melancólica mientras acaricia a Peggy—. Hoy en día los experimentos evolutivos tienen como único objetivo desarrollar y mejorar el mundo en un marco normativo más restringido. Se aplica en todo momento un estricto código de conducta que no perjudica a ningún ser vivo.
Observo aturdida cómo Kaylie anima a Peggy a galopar un poco y luego a volar. El caballo de viento bate sus alas —no muy distintas de las alas de una valquiria— y se eleva en el aire, resoplando y agitando las crines con alegría.
¡Qué guapa está volando! Al reflejarse la luz del sol, su pelaje es como oro líquido. Kaylie extiende sus propias alas y se une a Peggy en el aire. Juguetean juntas, dos seres increíblemente hermosos, y mi corazón se estremece ante las posibilidades de la creación.
Los genios inventaron la ciencia para hacer volar a los humanos y a los caballos. Las limitaciones humanas —mis limitaciones— no se parecen en nada a lo que me han hecho creer. ¿Quién sabe de lo que seré capaz algún día si aprendo de esta gente?
Pero primero necesito unirme a un gremio.