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El libro indica que Avant se encuentra en los Alpes, además Éxodo y exilio proporciona alguna información adicional como que está gobernada por una monarquía. Un hecho que parece entrar en conflicto con sus supuestos ideales utópicos, pero bueno.
Arcadia está en el océano Atlántico, al suroeste de las Bermudas (tomo nota de que se sitúa sospechosamente justo en la zona conocida como el Triángulo de las Bermudas).
A medio camino entre Avant y Arcadia, hay un grupo de pequeñas islas llamadas las Islas Brumosas.
Sé un poco más sobre el dominio del Matriarcado de las Islas gracias a Mbali.
Su madre es la líder del Matriarcado Keftiu.
El libro de consulta explica que, en la época del Éxodo, el Matriarcado proporcionó refugio a los Hacedores que huían, muchos de los cuales eligieron integrarse en su sociedad.
Una vez construido el Atlas y facilitados los viajes a larga distancia, representantes de cada gremio fueron enviados a establecerse bajo los auspicios del Matriarcado y más Hacedores comenzaron a residir allí.
Por otro lado, no es raro que isleños como Mbali elijan estudiar en las otras escuelas de los Hacedores.
Hay dos lugares más señalados en el mapa: una pequeña isla en el Mediterráneo, llamada Edén, y una zona cercana a Oriente Próximo, Naiot.
Hojeo el libro de geografía para obtener más detalles.
En teoría, el Edén marca la localización del verdadero jardín del Edén de la Biblia.
Aunque por la poca información que encuentro, nadie vive allí, y se trata más bien de una reserva natural y quizá de un lugar de retiro para aquellos que necesitan ciertos tipos de rehabilitación.
Actualmente Naiot también está despoblado, pero el libro dice que solo ha sido así durante unas dos décadas, desde el trágico suceso conocido como la caída de Naiot.
El maestro Bose, mi profesor de Testamentos —el del perro—, nos leyó sobre la caída de Naiot según narra el Testamento de Chorus en clase justo el otro día.
Naiot había sido una vez un pueblo oculto de profetas aliado con los Hacedores.
Después de que los gobiernos mundiales utilizaran reiteradamente sus profecías con fines destructivos, dejaron de compartirlas, lo que provocó su exilio y expulsión.
Se escondieron donde podían entrenar a nuevos profetas para controlar solamente ellos sus profecías y utilizarlas de forma responsable.
Pero todo eso terminó con la caída de Naiot.
No entendí del todo el fragmento del Testamento que describía la caída. Debería leer la profecía de nuevo.
Cierro el libro de consulta y los mapas y me los llevo a la sección de la biblioteca en la que están los Testamentos de los Profetas .
Habiendo crecido con el catolicismo y el judaísmo, estoy bastante familiarizada con las viejas profecías. Pero según Éxodo y exilio , Chorus sigue viva. Eso hace que las profecías registradas de los Hacedores sean mucho más recientes que las de David y Samuel.
Aunque los Testamentos de los Gremios están clasificados, la sección del Testamento de los Profetas es fácilmente accesible.
Cada uno de los Testamentos de los Profetas tiene el nombre de un profeta diferente grabado en oro en su lomo.
Me interesa el último, muy breve, titulado Chorus .
Me acomodo en una butaca cercana y empiezo a leer.
Chorus
Libro 1: Testamento 1
Setenta almas vivían en la aldea más allá del río. Un día en que los rápidos del río eran feroces, una muchacha — a la que hacía poco se le había concedido la Visión — fue enviada a recoger flores silvestres.
Cuando el cielo empezó a oscurecerse, la muchacha regresó y encontró el pueblo en silencio. Ninguna otra alma vagaba por las calles y cada puerta que abría conducía a otra casa vacía. No estaba preocupada, pues lo extraño no era nada extraño en el pueblo.
Pero cuando llegó al templo y lo encontró abandonado, el miedo se apoderó de su cuerpo en una lenta danza.
No había nadie sentado meditando bajo las palmeras, nadie tocando las arpas para concentrarse, nadie descansando en los purificadores baños.
Tampoco nadie custodiando las piedras y los pergaminos de la profecía.
El miedo se convirtió en un cuchillo, afilado y apremiante, pero la muchacha lo contuvo con el puño en alto mientras entraba en el vestíbulo.
En el altar, las gemas estaban expuestas y los pergaminos desenrollados. Todo estaba dispuesto para que los profetas descifraran el significado de la profecía. Pero no había profetas, solo ecos.
La muchacha se desvistió y se sumergió en los baños purificadores para preparar su cuerpo antes de subir al altar. No había nadie que pudiera tocar el arpa o el cuenco, pero ella conjuró el recuerdo de la música.
Una profecía es una cosa quisquillosa, a menudo malinterpretada, pero el significado de esta era tan claro como si estuviera escrito en su piel.
Hombres desconocidos se aproximarían. Hombres que robarían sangre para robar el futuro.
La chica sabía cómo reaccionarían los profetas ante semejante mensaje y supo lo que debía hacer. Con el corazón y la mente entumecidos, recogió las gemas y los pergaminos y las flores silvestres. Caminó hasta una cueva fuera de la aldea donde creyó que estarían los demás.
La cueva estaba perfumada con el aroma a dedaleras y tan silenciosa y sin vida como el pueblo.
El suyo era el único corazón que latía, y los suyos eran los únicos pulmones que respiraban, pero todos estaban allí.
Su familia y casi todas las personas que había conocido yacían inmóviles como en un plácido sueño, su sangre estaba a salvo para siempre de aquellos que quisieran mancillarla.
Cayó de rodillas y hundió las manos en el suelo, sacando puñados de tierra. Las piedras y los escombros le dañaban los dedos, pero siguió cavando.
Fuera de la cueva, un poderoso príncipe surgió de una sombra del cielo.
No podía estar en presencia de cuerpos cuyos espíritus hubieran ya partido, pero no se había cortado el pelo ni había bebido, así que cedió su fuerza a la muchacha.
Apoyó las manos en la puerta de entrada a la cueva y cantó.
Permaneció allí toda la noche mientras ella usaba su fuerza para cavar hasta que salió el sol y ocultó las estrellas.
Pero el sol no pudo ahuyentar la oscuridad aquel día.
Sobre cada montículo de tierra recién removida, la muchacha colocaba una piedra. Sesenta y siete piedras. Sesenta y siete tumbas. Esparció las flores silvestres fuera de la cueva y sus semillas echaron raíces y crecieron hasta cubrir la entrada.
La muchacha regresó a la aldea y se sumergió en un baño purificador hasta que el agua se ennegreció de suciedad.
Su dolor hizo temblar las paredes del templo al Ver que había esperanza. Nacería un niño de su sangre al que le enseñaría a perfeccionar la Visión, que también cultivaría la vida y la fuerza del canto y que reuniría a todos los que se habían perdido.
Entonces el príncipe cogió a la muchacha y la estrechó contra su corazón, donde juró que la guardaría por el resto de sus días, y la sombra del cielo los llevó al paraíso.
Más tarde, ese mismo día, las aguas del río se aquietaron y unos extraños cruzaron sus orillas. Encontraron el pueblo vacío. Las calles permanecían en silencio y el templo estaba yermo. Todos los caminos y casas desiertos.
Reflexionaron sobre el enigma del estanque negro del templo y se bañaron en él, pensando que podría concederles una bendición. Exploraron la zona entre el río y las faldas de las montañas, pero no encontraron la cueva.
Y así se fueron.
Los forasteros y sus descendientes regresan a menudo los días en que el río está en calma. Intentan descifrar el misterio del pueblo y continúan bañándose en sus aguas negras, esperando un milagro.
Pero todos los milagros del pueblo han desaparecido .
Me recorre un escalofrío al terminar de leer. Hojeo las otras páginas, pero están en blanco, a la espera de nuevas profecías aún sin registrar. Cuando hablamos de este Testamento en clase, los jóvenes aprendices tenían mucho que decir.
—En realidad no sucedió así. No hay que entenderlo literalmente.
—¿Cómo puedes decir eso? ¡Todo lo que está escrito en los Testamentos es verdad!
—Es imposible que ocurriera de verdad. ¿Has visto a Chorus? Es tan escuálida que no podría ni cavar una tumba ella misma.
—Pero el príncipe Alex amplificó su fuerza.
—Son la pareja más romántica de la historia.
No se me ha escapado que el príncipe Alexander y Chorus son un tema habitual de cotilleo y lo más parecido a unos famosos que tienen los Hacedores.
Pero al principio pensaba que eran personajes míticos o históricos, no sabía que eran personas de carne y hueso.
Entender esto da un nuevo significado al resto del debate de los aprendices.
—He oído que él le propone matrimonio una vez al año y que ella siempre dice que no.
—¿Por qué crees que no quiere casarse con él?
—He oído que una vez se declaró con un ramo que había hecho con las flores de todos los países del mundo.
—Chorus nunca se alinearía con la Corona de Sangre.
—Pero el príncipe Alex no se parece en nada al rey.
—Necesitan casarse para poder concebir al Niño de los Tres, quien nos sacará del exilio.
—El Niño de los Tres no es real y nadie quiere volver del exilio de todos modos.
—¡Todo lo que hay escrito en los Testamentos es real!
Me pregunto lo mismo que los aprendices. Esta historia en particular no suena como si pudiera haber ocurrido de verdad —príncipes cayendo del cielo y cantando con fuerza— pero, de nuevo, hay tantas cosas que nunca habría creído posible antes de venir aquí.
El Niño de los Tres es otro tema habitual en mi clase de Testamentos.
En teoría, en la época del Éxodo, cuando los Hacedores fueron exiliados por primera vez, uno de los profetas de Naiot profetizó que el Niño de los Tres (todavía no sé por qué se llama así) iría un día y los reuniría con el resto del mundo.
El consenso general dice que la profecía que Chorus grabó en el Testamento sobre la caída de Naiot confirma que ella será la madre de este mesías de tres puntas.
Sin embargo, está dividido entre quienes creen que esto vaya a suceder y quienes ni siquiera quieren que esto suceda.
Pero la existencia de la profecía es como una señal de que los Hacedores están abiertos al menos a la posibilidad de algún día colaborar con el mundo provincial.
Aunque deseo que no tengamos que esperar a que la dama Chorus acepte casarse con el príncipe y luego confiar en que crezca un infante para que podamos hacer algún avance.
Lo que más curiosidad me despierta de la profecía es quiénes demonios son los extraños invasores. Los Hacedores están seguros de que son los Inquisidores, pero yo sé que tienen que ser otros, ¿y quiénes podrían haber planeado algo tan malo como para que los profetas pensaran que era mejor?
Me propongo aprender todo lo que pueda sobre Chorus y los profetas. Le preguntaré a Kor si las Familias tienen algún registro de Naiot o de algún suceso que coincida con esta tragedia.
Cojo el libro de consulta, los mapas, el Testamento de Chorus y algunos otros libros al azar para asegurarme de que mi selección no resulte sospechosa y doy con un bibliotecario que me ayuda a sacarlos en préstamo. Luego regreso a mi habitación para fotografiarlo todo para las Familias.