12
«Un largo viaje en aerotabla. El sonido de un trueno. Simon sobrevolando Rafe, quien está tumbado en un campo de flores rojas. Una hermosa chica desconocida sirviéndole vino a Kor».
Cada vez el sueño es algo diferente, pero hay partes que son siempre las mismas. He tenido problemas para dormir todas las noches desde el incidente del bosque. Mis heridas se curaron rápidamente debido a mis habilidades sire, pero los sueños extraños me persiguen.
Estoy tan cansada que me quedaría dormida en esta silla si la materia no fuera tan fascinante.
—El hecho de que Da Vinci tuviera novio no es un secreto de los Hacedores —dice Michael—. De hecho, está bien documentado en la historia provincial si sabes dónde buscar.
Estamos en un seminario sobre los Fundamentos de la cultura de los Hacedores, charlando de su historia antes del Éxodo (incluyendo a Luca Pacioli, padre de la contabilidad tal y como la conocemos, pareja de Leonardo da Vinci, aunque se separaron cuando Pacioli se unió a los Hacedores en Avant y Da Vinci se quedó en Italia).
El maestro Loew —Michael— dirige el seminario de los Fundamentos, ya que es el experto residente sobre las relaciones entre la sociedad de los Hacedores y las del mundo provincial.
El seminario se celebra en una alcoba de la biblioteca.
Es un grupo reducido totalmente compuesto por reclutas, incluyendo a Georgie y a sus padres.
También hay una sofista llamada Gloria, quien debe de tener unos treinta años y fue reclutada hace diez.
Ella sabe ya todo lo que aprenderemos, y estoy segura de que solo viene a estas clases para ver a Michael.
Lo cual me parece comprensible. He descubierto que el hecho de que Michael forme parte del profesorado no hace más fácil ignorar sus hoyuelos.
Pero él no la desalienta. Honestamente, le mete entusiasmo cuando debaten. Eso parece.
El hecho de que Da Vinci desestimara unirse a los Hacedores desemboca en una discusión sobre los muchos otros candidatos que, a lo largo de los años, los Hacedores no pudieron reclutar.
Uno de ellos fue Rembrandt, quien se resistió a múltiples intentos de reclutamiento a pesar de las dificultades personales que vivió en el mundo provincial.
Pienso en el cuadro colgado en el despacho de Bloche. Saber que Rembrandt quería de corazón mantenerse a sí mismo y a su arte en el mundo provincial hace aún más despreciable la idea de que los Hacedores pudieran robarlo.
Como estoy de mal humor por la falta de sueño, no tengo cuidado de poner buena cara, así que, cuando termina el seminario, Michael se me acerca:
—Algo te preocupa —me dice.
Sí, algo me preocupa. Pero no es el momento de exponer mi crítica sobre el estilo de vida de los Hacedores. Excepto por mi mente y mi boca que parecen estar en desacuerdo, porque la pregunta sale antes de que pueda detenerla.
—¿Es El mar de Galilea de Rembrandt la pintura que cuelga en la oficina del maestro rector Bloche?
Michael sonríe.
—Tienes buen ojo. Sí, es una pieza magnífica, ¿verdad?
Siento un rubor de confusión y rabia.
—Ese cuadro fue robado hace treinta años —digo con un tono de acusación que él reconoce.
—Los Hacedores no tuvieron nada que ver con el robo. Bloche rescató el cuadro de los ladrones.
—Entonces, ¿por qué no lo devolvió?
Sinceramente, espero que tenga una buena explicación. Quiero respetarlo. Quiero respetar a los Hacedores.
—¿Devolverlo a las personas cuyo descuido les permitió a los ladrones arrancar el cuadro a cuchilladas de su armazón? Aquí ha sido fielmente restaurado y se encuentra en un lugar donde está mejor protegido y valorado.
—¿Mejor valorado? —Me froto las cicatrices, sintiendo cómo crece mi frustración—.
¿Cuánta gente de esta pequeña isla escondida llega a valorarlo, cuando está colgado de la oficina de un solo hombre?
¿Crees que los provinciales no pueden apreciar el arte?
¿Sabes cuánto se lloró la pérdida de ese cuadro?
¿Sabes que todavía se sigue llorando? El museo aún exhibe el marco vacío —añado mordiéndome el labio, dándome cuenta demasiado tarde de que estoy enseñando algunas de mis cartas.
Pero cuando nuestros ojos se encuentran parece imposible fingir más, así que no me detengo—.
Tú fuiste quien me contó que la Inquisición robó mucha historia al mundo provincial. ¿Ycrees que se debería robar más?
Las expresivas cejas de Michael se tensan.
—Háblame del marco vacío.
—Cuelga en el Museo Isabella Stewart Gardner de Boston —le explico—. Está donde se robó el Rembrandt junto a un montón de obras más. Los marcos vacíos se dejan en las paredes, a la espera de que las obras se devuelvan.
El abuelo me llevó al museo hace tiempo. Los marcos vacíos y el sentimiento de pérdida que evocaban siguen perdurando en mi memoria, mucho más que otras exposiciones visitadas a lo largo de los años.
—Hay una recompensa por el cuadro de diez millones de dólares.
Michael escucha con seriedad mordisqueándose la uña del pulgar.
—Gracias por contármelo. No había considerado las implicaciones de la pérdida para la sociedad provincial.
No es broma. No tener en cuenta la sociedad provincial parece ser una constante aquí.
Pero el seminario de Michael me ha dejado aún más claro que lo que los Hacedores piensan sobre la sociedad provincial es erróneo.
La gente del siglo XXI no se parece en nada a los intolerantes fanáticos religiosos que los exiliaron y cazaron cientos de años atrás.
Bueno, al menos la mayoría de ellos. Pero ya no hay razón para que los Hacedores no compartan sus conocimientos.
Después de que Michael se despida y se marche, mis ojos se dirigen hacia la sección de la biblioteca en la que está todo lo que necesito: los Testamentos de los Gremios .
Los pergaminos de los Testamentos de los Gremios , donde cada gremio recopila sus mayores descubrimientos, se guardan en un piso suspendido en el centro de la biblioteca, accesible solo por dos escaleras de caracol: una que sube desde el piso inferior y otra que baja desde el piso superior.
Ambas escaleras están custodiadas por miembros de la Guardia Avant.
En el rellano flotante, hay una sala de cristal con la temperatura regulada llamada Arca en la que los pergaminos reposan.
¿La zona más segura de la isla? Tiene que ser allí donde está lo bueno.
Yyo necesito ese material. Ninguno de mis esfuerzos hasta ahora ha sido en vano, pero no sé nada útil acerca de la posibilidad de compartir las habilidades sire y mi esperanza de encontrar una cura fácil para el abuelo va disminuyendo.
El periodo de convalecencia en la enfermería después del accidente me brindó la oportunidad de charlar con Kaylie sobre la medicina de los Hacedores.
Estaba muy entusiasmada por mi interés en la biociencia y me dio algunos consejos para captar la atención del gremio en el Quórum.
Pero mi conversación con ella me confirmó más o menos que si existe una cura para el cáncer del abuelo es bastante improbable que sea algo que un sire individual logre por sí solo.
Necesito ver el Testamento si quiero encontrar los detalles sobre cómo usar mis habilidades en conjunto con prácticas quirúrgicas y farmacéuticas de los Hacedores.
De esa manera, los médicos de las Familias podrían recrear las mismas condiciones.
No tendré acceso al Arca hasta que pertenezca a un gremio, pero ya he empezado a prepararme para entonces haciéndome amiga de una de las amas de llaves del Arca, una maestra sofista embarazada llamada Xander.
Georgie e Hypatia pensaron que el hecho de sentarme en su mesa el otro día fue casualidad. Estaban equivocadas.
Kor también quiere que, mientras no entre en el Arca, priorice obtener más información sobre los otros territorios de los Hacedores, y eso es algo que puedo hacer ahora, aquí en la biblioteca.
La biblioteca de Génesis es encantadora. Apesar de su tamaño, consigue ser acogedora con infinitos rincones y zonas para sentarse. ¡Ylos libros! Una red de preciosos libros encuadernados a mano.
Le pregunto a una de las bibliotecarias, una mujer blanca con el pelo recogido en una redecilla de cuentas, dónde puedo encontrar información sobre las otras comunidades de los Hacedores.
—Mmm, tengo una idea. Espera aquí —dice dándome una palmada en el brazo antes de marcharse.
Hay hermosos detalles de cobre en toda la biblioteca que creía que eran elementos decorativos, pero cuando unos minutos más tarde un tubo de cristal entra zumbando a mi lado, me doy cuenta de que se trata de un sistema de cañerías neumáticas.
Extraigo dos pergaminos y un trozo de papel del tubo y lo devuelvo por el conducto.
Con un simple vistazo, compruebo que ambos pergaminos son mapas y que el papel indica la ubicación de un libro.
Una vez que encuentro el libro, me siento en uno de los rincones privados de estudio fuera de la vista de los guardias que patrullan el Arca para examinar todo más de cerca.
El primer mapa es del mundo, pero es muy diferente de cualquier mapa que haya visto jamás.
Hay numerosas masas de tierra adicionales y los continentes están a una escala completamente diferente.
África es mucho más grande y la Antártida, mucho más pequeña de lo que hubiera esperado.
El segundo mapa ilustra toda la ruta del Atlas.
El libro de geografía ilustrado, sin duda destinado a jóvenes aprendices, se titula Éxodo y exilio: pasado y presente de la geografía de los Hacedores . Todos ellos serán de gran ayuda.
Hay cinco áreas en el mapa del mundo que están etiquetadas como « DELEGACIONES DEL CONSEJO DE LOS HACEDORES ».
En Fundamentos, Michael nos explicó que el Consejo es el grupo de delegados de cada una de las comunidades de los Hacedores y se reúnen para tomar decisiones importantes que afectan a toda su sociedad. Sé que Arcadia elige democráticamente al director de Génesis, quien actúa como su delegado.