10 #3
Suenan como chips de ordenador. Tendré que preguntárselo a Georgie más tarde.
Los materiales preciosos parecen innovaciones básicas de las que el resto del mundo podría beneficiarse con facilidad.
Parecen prácticos y sostenibles, no veo ninguna razón más allá del egoísmo de por qué no podrían ser para los demás.
Tengo que aprender todo lo que pueda de los materiales preciosos y conseguir muestras para las Familias.
Especialmente de savia, el compuesto que podría ser útil para el abuelo.
Mbali me muestra cómo extender la marga en finas láminas y dónde colocar el don. El patrón del plegado para formar la paloma resulta laborioso, pero práctico.
Mientras todos trabajamos, Rafe me ignora, aunque está demasiado presente para que yo pueda hacer lo mismo. Es como una tormentosa nube de descontento y calor. ¿Conoces esa teoría que dice que la gente se vuelve menos atractiva si tiene mala personalidad?
Es mentira.
Una vez que completo algo reconocible como una paloma, Mbali dice:
—Un gólem no puede funcionar hasta que lo anima un sire. Rafe es particularmente habilidoso en animación, así que te lo demostrará.
Al parecer, la oportunidad de presumir es suficiente para que Rafe deje de hacer ver que no existo.
Él extiende su mano en forma de shiin sobre el pájaro y entonces el ser que hice con mis propias manos revolotea en el aire.
He visto gólems paloma antes, sin embargo, tengo el corazón en la garganta al pensar que ayudé a crear esta cosa milagrosa.
Además, significa que podría aprender a usar las mismas habilidades de las que pasé tanto tiempo teniendo miedo para brindar algo con vida.
—Un excelente primer gólem —dice Mbali.
—Pero la construcción es demasiado chapucera para un uso real —interviene Rafe.
Yantes de que pueda detenerlo, hace el shiin de nuevo y desanima la paloma, que cae sin vida en su mano.
Rafe saca el don y empuja la marga de nuevo a la caja.
Todo mi trabajo minucioso y preciso se funde con el resto del bulto informe, mi sentido del logro aplastado justo ahí.
El resto de los oficiales ya han empezado a recoger y a salir del laboratorio. Mbali se despide de mí con la cabeza y aprieta suavemente el brazo de Rafe antes de hacerlo también. Rafe coge la caja de marga para guardarla, pero intervengo:
—Puedo limpiarlo yo.
—Yo lo haré. Preferiría que te alejaras de las provisiones. No quisiera que robaras nada.
Mi indignación solo se ve ligeramente atenuada por el hecho de que tenía la intención de guardar los materiales para tal propósito.
Pero no voy a tolerar el insulto, así que extiendo la mano para obligarlo a soltar la caja.
Cuando mis dedos rozan los suyos, siento el mismo cosquilleo que cuando nos tocamos en el tren, casi como si mi ha'i reaccionara al suyo.
Él también lo siente, porque se aparta tan violentamente que da un codazo contra un estante de vasos de precipitados, provocando una sinfonía con vidriado que cae repiqueteando y rodando por todo el suelo.
—Por favor, vosotros dos, limpiad eso antes de marcharos —dice la maestra Hayyan antes de salir de la habitación.
Rafe aprieta tanto la mandíbula que oigo rechinar sus dientes. Aparentemente el vidriado no se hecho añicos, así que la limpieza es sencilla, pero estar a solas con Rafe me provoca un fuerte impulso de huida.
Cuando terminamos, él es el primero en hablar:
—Vete de aquí —dice con sus brillantes ojos azules y los antebrazos flexionados, con los músculos tan tensos como los de un depredador a punto de abalanzarse—. Que sepas que voy a estar observando todos tus movimientos. Ytambién la Guardia.
¿Qué tiene que ver la Guardia?
—Espera, ¿fuiste tú quién les dijo que me registraran?
No contesta, pero sé que fue él. Es un imbécil.
—¿Qué tienes en contra de mí?
—No confío en ti. Sé que estás maquinando algo y quiero mantener a mi gente a salvo en vez de dejarme engatusar por tu actuación —añade con una voz profunda y oscura como un trago de café solo, y me provoca la misma mezcla de amargor y ansiedad.
No puede saber nada. Simplemente no confía en mí porque es un fanático.
—Y aléjate de Hypatia.
—Es mi amiga.
—Haz nuevos amigos —dice invadiendo mi espacio personal. Instintivamente, doy un paso atrás, golpeando el escritorio que está detrás de mí.
Sus ojos son fieros y de repente me siento como una presa.
—¿Y si no lo hago?
—Mala hierba, ¿por qué intentas provocarme? Necesitas mejorar tus instintos de supervivencia.
Sus sedosas palabras flotan en el aire y sus brazos me aprisionan contra el escritorio, acelerando mi pulso.
—No te tengo miedo —digo con una voz que suena más valiente de lo que me siento.
Da un paso más y elimina la última distancia que nos separaba. Está tan cerca que puedo olerlo. Por supuesto que huele increíble, como el cuero, las especias y la seducción. Sus ojos se clavan en los míos, implacables y calculadores. Se inclina hacia mí y dejo de respirar cuando me susurra al oído:
—Deberías tenerlo.
Siento su aliento en mi piel con un calor que me hiela.
Un músculo de su cuello se tensa al tragar.
La ráfaga de su exhalación hace volar un mechón de pelo de detrás de mi oreja y se acerca a mi cara como si quisiera tocarla, pero algo le detiene.
Veo una chispa de confusión en sus ojos antes de darse la vuelta y abandonar corriendo la habitación.
Cruza el umbral de la puerta antes de que vuelva a inhalar. Mi corazón late tan fuerte que el pecho me duele... y siento algo más.