10 #2
Michael me retira la mano del hombro y da un paso atrás. Se vuelve para sonreír a Kaylie, quien nos mira con su característica sonrisa radiante.
—No te había visto abajo —le dice a Michael—. Venía a buscarte.
No me había dado cuenta de que los dos eran amigos.
—¿Cómo te estás aclimatando? Justo pensaba en que debería enviarte una paloma para comprobar si habías sufrido algún efecto secundario a las vacunas.
—No, todo está genial.
—Maravilloso, avísame si algo cambia —dice Kaylie, que se acerca a Michael y le alisa la corbata—. Te olvidaste de la comida en el huerto, ¿verdad?
—¡Uf! —exclama, y se palpa la frente—. Lo siento mucho.
—No te preocupes. Todavía tenemos mucho tiempo —dice ella con una sonrisa cariñosa, como si estuviera acostumbrada a que esto pase.
¿Van a tener una cita? No es que me importe. Tendría sentido. Kaylie es solo uno o dos años mayor que Michael, y es dulce, guapa e inteligente.
—Gracias por aguantarme —le dice Michael guiñándole un ojo—. ¿Sabrás encontrar el camino al laboratorio? —me pregunta. Cuando asiento con la cabeza, Kaylie enlaza su brazo con el suyo y se dirigen hacia la entrada.
Está bien. Harían una bonita pareja, y yo soy perfectamente capaz de encontrar el camino al laboratorio sire por mi cuenta. Vaya...
Resulta que no soy capaz de llegar hasta el laboratorio sire por mi cuenta.
Primero, subo demasiadas escaleras y acabo en un cavernoso observatorio de astronomía.
Cuando retrocedo, encuentro un laboratorio, pero no es el que buscaba.
Un grupo variopinto está mezclando un líquido viscoso en un caldero maloliente y me indican la dirección correcta.
Cuando por fin encuentro el laboratorio adecuado, una mujer con hiyab me da la bienvenida y se presenta como la maestra Hayyan.
—Aquí experimentarás y aprenderás a ampliar el potencial de tus habilidades sire —dice.
Hay unas veinticinco personas más en la sala, la mayoría trabajando en parejas, con edades comprendidas aproximadamente entre la mía y la de mis padres.
Mis ojos se fijan en el único rostro familiar: Rafe.
No me había dado cuenta de que también era un sire, pero supongo que tiene sentido, ya que está entre los transferidos.
Lleva el pelo rubio recogido y las mangas arremangadas hasta encima de los codos, revelando unos antebrazos musculosos bronceados por el sol.
Trabaja con una chica de piel morena tan alta como él.
Su pelo, una mezcla de mechones castaños y rubios, está peinado en una gruesa trenza que le llega hasta la cintura.
Lleva también un collar en forma de serpiente y la gema gremial verde de los alquimistas en la oreja.
Pero ninguno tiene un diamante de sire. Mis ojos se dirigen a sus dedos, donde ambos llevan un par de anillos a juego, uno de diamante y otro de hueso.
Hypatia me mostró su anillo de sire y me explicó que en Avant llevan las gemas gremiales y las de nacimiento en los dedos en vez de en las orejas, también recuerdo que los anillos de hueso indican que son miembros de la Guardia Avant.
La maestra Hayyan me da una vuelta por la sala, mostrándome donde están los suministros y me cuenta algunos de los proyectos en los que trabajan los otros sire.
Tres alumnos más veteranos mejoran un enorme gólem de dos metros y medio, que se utiliza para soldar en alta mar en las intervenciones y reparaciones del túnel Atlas.
Otra pareja experimenta con el crecimiento de órganos como parte de una terapia hormonal para la transición de género que no requiere cirugía invasiva.
Cuesta imaginar que mis habilidades puedan hacerme capaz de realizar este tipo de cosas, así que me siento asombrada e intimidada a partes iguales.
Todo lo que me han enseñado hasta ahora ha reforzado la idea de que gran parte de la ciencia perdida por la sociedad provincial es debido a su menoscabo de las habilidades de los sire.
Si a los sire provinciales se les enseñara cómo utilizar su ha'i, eso podría transformar nuestra ciencia y nuestra asistencia sanitaria.
Me pregunto cuántos sire están ahí fuera, con sus habilidades completamente dormidas, o reprimidas como hacia yo.
La maestra Hayyan está segura de poder encontrar una manera para que los sire puedan compartir sus habilidades, si existe.
El entrenamiento que obtendré en este laboratorio podría ser el conocimiento más importante que adquiera para las Familias.
—La mejor experimentación se produce a través de la colaboración —dice la maestra—. Así que vamos a buscarte un compañero.
Yo la sigo obedientemente en su camino a través de las parejas de estudiantes que trabajan, pero el temor me invade cuando veo a qué mesa se está acercando. Oh, no. Esto no acabará bien.
Se detiene delante de Rafe, quien está inspeccionando lo que podría ser un hígado humano, pero también un bazo porque no sé cuál es la diferencia. La chica alta a su lado está mirando a través de un complejo artilugio de lentes y latón, que creo que es un microscopio muy elegante.
—Aprendiz Castle, hasta que elijas tu gremio y por tanto el foco de tus estudios, los transferidos Vanguard y Keftiu serán buenos compañeros, ya que también son nuevos en el instituto.
—Maestra Hayyan —dice Rafe sin siquiera reconocer mi presencia—, en realidad Mbali y yo seguiremos trabajando solos.
Abre su navaja multiuso, que ahora sé que oficialmente se llama helioantorcha, aunque todos las llaman simplemente «cucharas», y enciende una llama bajo el órgano tambaleante que tiene delante.
—Oficial Vanguard —responde la profesora con firmeza—, era una instrucción, no una petición.
Rafe continúa su trabajo, imperturbable, antes de responder.
—Estoy seguro de que puede encontrar a alguien más para ayudar a la recluta.
La forma sarcástica de decir «recluta» deja claro que desearía decir algo totalmente distinto.
—En ese caso, estoy segura de que el equipo de aerojustas de biociencia tampoco necesitarán tu ayuda —replica la profesora con dureza.
Rafe cierra la cuchara, que es ostentosamente dorada, y levanta la vista. Su rostro permanece neutral.
—Eso es ridículo. No soy un aprendiz para que me regañen.
—La elección es tuya, oficial Vanguard.
Él la mira fijamente, pero no vuelve a objetar. La maestra Hayyan se vuelve hacia mí y me dice:
—¿Por qué no empiezas haciendo palomas mensajeras? Son gólems sencillos y una forma excelente de practicar.
Mientras la Maestra Hayyan se aleja, la chica alta me sonríe.
—Me llamo Mbali —dice con un acento fuerte y melodioso—. Lo siento por él —añade poniendo los ojos en blanco enfrente de Rafe.
Hay una clara camaradería y afecto entre ellos que me hace preguntarme si son más que amigos. Ella no es la misma chica que se aferraba a él en la cafetería antes, pero algo me dice que un montón de chicas se aferran a Rafe.
—¡Maldita sea! —exclama Rafe—. Solo porque el plan de estudios sire de Avant sea más avanzado que el de Génesis no significa que tengamos que perder el tiempo poniéndola al día.
Termina su pataleta y se aleja.
—No te preocupes —dice Mbali—. Yo te ayudaré.
Ella me explica brevemente el experimento que está haciendo con veneno de víbora. Rafe vuelve y deja caer una caja de arcilla delante de mí.
—Toma. Haz unas palomas.
Hundo las manos en la arcilla y saco un puñado. Es blanda e inmediatamente se amolda a la forma de mi palma.
—¿Qué es esto? —pregunto.
Rafe gruñe.
—¿La enviaron al laboratorio sire sin saber lo básico de los materiales preciosos? —se queja, y se masajea las sienes—. No me lo puedo creer. No soy una maldita niñera.
«Más bien un bebé llorón».
—No hables de mí como si no estuviera aquí —le espeto.
—¿Perdón? —pregunta sorprendido.
—Tú no eres mejor que yo, y ya ha quedado claro lo poco que sé sobre cómo funcionan las cosas aquí, así que no es necesario que sigas poniendo el dedo en la llaga.
Él levanta las cejas confundido y Mbali reprime una sonrisa. Rafe se yergue y me mira por encima de su nariz perfectamente perfilada, pero Mbali lo empuja a un lado antes de que suelte cualquier insulto que tenga planeado.
—Calma, chico —le dice.
Luego repasa conmigo, con paciencia y amabilidad, los materiales preciosos de los distintos gremios mientras voy tomando notas.
Materiales preciosos
Marga (artesanos): una arcilla fácil de manipular que es altamente porosa y conductora de ha'i. Buena para construir prototipos y gólems sencillos.
Vidriado (alquimistas): como el vidrio, pero más ligero y difícil de romper. No poroso. Se funde con facilidad para reutilizarlo sin generar residuos.
Savia (biocientíficos): compuesto biológico curativo. Ingrediente principal de los parches médicos.
Seda de araña (codificadores): tejido sintético, fino y ligero, pero prácticamente impenetrable. Se utiliza para las alas de los ornitópteros, los uniformes militares y deportivos, etc.
Dones (sofistas): tienen forma de moneda, no sé, me contaron algo acerca de una red neuronal. Se utiliza como dinero y cerebro motor de los gólems.
El concepto de los dones, la materia prima de los sofistas, me desconcierta.
—Creía que los dones era monedas —le comento a Mbali.
—Los dones se pueden cambiar como moneda, pero también se usan como fuente de energía de las redes neuronales.
—¿Así que estás diciendo que son... baterías?
—No es una mala comparación, pero no. Es más bien como un sistema nervioso básico. Por ejemplo, estas palomas necesitan ser creadas y animadas, pero también necesitan un don que les dé la capacidad de volar siguiendo órdenes.