4 #2
—Ada no tendrá problemas con su tapadera —asegura Kor a la sala—.
Necesitará adaptarse en una escuela en la que, ya de entrada, la considerarán una extraña.
Además, que sea una adolescente del montón hará que su tapadera sea más fuerte.
—«Adolescente del montón». Auch, Kor—. Independientemente de todo lo demás, ella fue secuestrada por sus habilidades.
Solo por esta razón debemos enviarla a Génesis, donde puedan mantenerla a salvo.
—Estoy de acuerdo —dice el doctor Ambrose.
—Yo también —dice mi madre, quien habla por primera vez en la reunión.
Por lo demás, se ha contentado con dejar que me planearan la vida.
¿Ycómo es que su maquillaje y su moño rubio siguen impolutos?
Parece imposible que haya permanecido atrapada en esta habitación tantas horas como yo, que estoy sudorosa, despeinada y ojerosa.
Seguro que todos los presentes se han olvidado ya de que somos parientes.
A veces me pregunto si eso es lo que quiere, que se olviden. Tal vez soy una vergüenza por haberme iniciado en la orden solo por un mero tecnicismo, por no tener ninguno de los galardones que sus amigos presumen de sus hijos.
Mientras me deprimo, el argumento de que debo ir a Génesis como una cuestión de seguridad va cogiendo peso entre la mayoría de la mesa.
—Tendremos que consultarlo con el Gran Maestro —dice el consejero Avellino con la chulería de saber que es una de las pocas personas acreditadas en la sala para hablar directamente con el jefe de las Familias.
Mientras dejo que la Cámara continúe con la toma de decisiones sobre mi futuro sin molestarse en saber mi opinión, me inclino hacia Kor y le susurro:
—¿Dónde está Izzy?
—No va a venir —musita—. Te lo explicaré más tarde.
Sus ojos contienen una tristeza que me provoca una fuerte presión en el pecho.
Justo antes de marcharme a Italia, Izzy me envió un mensaje diciéndome que creía que no debería ir, aunque no el porqué.
Cuando no respondió a ninguno de mis mensajes, supuse que era por la diferencia horaria o porque estaba enfadada por estar perdiéndome nuestro viaje invernal de cada año.
Ahora me preocupa que su silencio se debiera a algo más importante.
Escondo el teléfono en mi regazo, preparada para enviar mensajes a Izzy en cada una de sus redes sociales hasta que me responda. Sin embargo, por alguna razón, no se carga ninguno de sus perfiles. Debo de tener una mala conexión a internet. Pero... no, el resto funciona bien.
¿Qué ocurre? Refresco y vuelvo a refrescar las pestañas.
Nada. Todos sus perfiles han desaparecido.
O ha borrado sus cuentas, o me ha bloqueado.
¿Por qué lo ha hecho? Mi respiración se entrecorta, mi mente es como un partido de ping-pong entre la preocupación y el dolor.
Abro el último mensaje de texto que me envió Izzy.
Por favor, no vayas a Italia. Vi algo que no debería haber visto y... ahora tengo un mal presentimiento sobre tu viaje.
Como no había respondido a ninguna de mis preguntas, borré su advertencia de mi mente y pensé que me lo habría enviado estando borracha.
Tampoco hubiera sido el primer mensaje en ese estado.
Pero ahora no estoy tan segura. Kor ve la expresión de mi cara y me aprieta la mano por debajo de la mesa con ternura.
—Continuemos mañana con esta discusión. Ada necesita ir a casa, ha pasado por mucho.
—La hemos expuesto a información increíblemente confidencial —objeta Alfie—. No podemos dejar que se vaya a casa sin más.
—Claro que podemos —dice Kor con rotundidad. Yporque Kor es Kor, todos lo escuchan y se levanta la sesión, dándome vía libre para irme.
En cuanto abandonamos la Cámara, intento preguntar a Kor por Izzy.
—Todavía no —responde. Me hace callar y me arrastra detrás de él.
Usa una brillante tarjeta naranja para salir de los archivos privados de las Familias, la misma que me denegaron, y me lleva hacia las escaleras que conducen al museo de arriba.
El museo está cerrado al público a estas horas y, con poca luz, el eco de la quietud de las antiguas capillas y galerías es lo bastante inquietante como para darme escalofríos.
El Claustro —un edificio diseñado combinando distintos elementos arquitectónicos de abadías, monasterios y conventos medievales— guarda una enorme colección de arte y arquitectura medievales.
Pero solo una parte está abierta al público.
Arriba, en la torre, y abajo, en los archivos, se encuentran muchas más piezas, incluida la colección privada de las reliquias de las Familias emparentadas con los exiliados.
Mi madre me manda un mensaje para avisarme que recogerá algunas cosas de su oficina y que estará lista en quince minutos, así que dejo que Kor me guíe por los silenciosos y espeluznantes pasillos del Claustro hasta alcanzar su galería favorita, la Sala del Tapiz del Unicornio.
Siete magníficos tapices, con detalladas figuras a escala natural, representan una historia que ha desconcertado a los historiadores del arte durante años.
Los tapices tienen un origen misterioso: nadie sabe quién los encargó ni quién los hizo.
Tengo muchas preguntas para Kor, pero mi agotamiento está alcanzando ya cotas abrumadoras. Me tumbo en el suelo, en el centro de la habitación. Con un fuerte jadeo, cierro los ojos.
Y entonces aparece otro cálido cuerpo junto a mí y Kor me aprieta contra su pecho. Parpadeo sobre su suave jersey de cachemira, aspirando el aroma de su caro perfume de sándalo con un toque de carbón que me dice que ha estado dibujando.
Reprimo el familiar sofoco que Kor me produce cada vez que es dulce conmigo.
Claro que estoy un poco enamorada de él, es imposible no estarlo.
Pero él jamás sentirá lo mismo por mí. Me llevó demasiados años darme cuenta.
Por suerte, nuestra amistad sobrevivió a mi doloroso y solitario enamoramiento y salí relativamente ilesa.
Competir con un número cada vez mayor de fans y groupies es excelente para superarlo.
Estar entre sus brazos con nuestros cuerpos apretados no lo es. Kor me coge una mano y roza con sus yemas la cicatriz de la media luna.
—Siento lo que pasó en Italia —dice—. Ante todo, es culpa mía que estuvieras allí.
Entiendo que se sienta culpable porque me secuestraron, pero me molesta que piense que yo no era capaz de cuidar de mí.
Pero tal vez esa sea la verdad. Tal vez Alfie tiene razón en todo. Yo no estaba lista para Italia y no estoy lista para Génesis. No tengo la formación necesaria y no hay manera alguna de que pueda sacar esto adelante.
—Por curiosidad —le digo—, si la Cámara Interna decide que debo ir a Génesis, ¿podría... negarme?
—Estás en peligro. Esa es ya razón suficiente para que vayas. La escuela puede protegerte de cualquier secuestrador.
Eso puede ser cierto, pero no responde a mi pregunta.
—¿Tienen las Familias alguna idea de quién me secuestró?
Me alejo rodando del cuerpo de Kor. Ahora no es el momento de ponerme sentimental. Izzy dice que lo hace a propósito, porque necesita que todos estén enamorados de él. Que se obsesionen con él. Nació para ser adorado.
—Llevamos investigándolo sin parar desde ayer —dice.
El suelo del museo está frío y duro debajo de mi cuerpo.
Kor y yo ya no nos tocamos, pero nuestras caras están lo suficientemente cerca para que, incluso en la penumbra, pueda ver la pequeña cicatriz que atraviesa su labio superior.
Una cicatriz que la revista Rolling Stone describió como «la herida que todo el mundo quiere besar» (no he dejado de burlarme de él por ello y no pienso dejar de hacerlo).
Me doy la vuelta y miro hacia el oscuro techo del museo.
—Michael dice que se han producido más secuestros además del mío.
—Sí, hemos confirmado que es verdad. Ahora mismo nuestra principal sospechosa es Nora Montaigne.
—¿La CEO de Ozymandias Tech? —pregunto incorporándome. Kor asiente.
La billonaria francesa siempre sale en las noticias por haber diseñado jets privados de energía limpia, por los que hacen cola ricos y famosos.
Por no mencionar que es la CEO de la compañía que acaba de comprar la aplicación de Izzy.
Pero es descabellado pensar que Nora Montaigne esté involucrada en esto.
Apesar de la ambigüedad ética de ser multimillonaria, su imagen pública es en general bastante positiva, respetuosa con el medio ambiente, filantrópica.
—¿Cómo podría estar conectada con los secuestros?
Kor permanece tumbado, hablando hacia el techo.
—Ozymandias Tech ha estado realizando experimentos genéticos que se beneficiarían del conocimiento de habilidades como las tuyas —explica—.
Desde hace mucho tiempo, las Familias sospechan que Montaigne está al tanto de los exiliados.
Las Familias perdieron una serie de subastas de objetos, supuestas reliquias de los exiliados, frente a empresas fantasma que nos condujeron hasta ella.
—Izzy trabaja en su compañía ahora. ¿Puede ayudar a averiguar algo más?
Ya de paso, tal vez ahora Kor pueda decirme por qué no está aquí. Mi reacción hace que se reincorpore, pero no me mira a los ojos.
—Izzy no va a ayudarnos con nada.
Siento frío por todas partes.
—¿Qué quieres decir?
—Ha dejado a las Familias, Ada —dice mientras pone una mano sobre mi pierna. Las palpitaciones de mi cabeza vuelven con fuerza.
—Yo... ¿Acaso es algo que se pueda hacer?
Él se encoge de hombros.
—Pero ¿por qué?
—Ella dijo que quería salir y no ha hablado conmigo desde entonces. Por eso la Cámara Interna duda en confiar en ti después de una reciente traición. Especialmente, porque tú e Izzy sois íntimas.
¿Por qué Izzy haría algo así? ¿Ypor qué no nos lo explicaría a Kor y a mí? Saco mi teléfono y vuelvo a mirar su último mensaje.
Por favor, no vayas a Italia. Vi algo que no debería haber visto y... ahora tengo un mal presentimiento sobre tu viaje.