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—¿Y era un angloparlante con acento norteamericano? —me pregunta por tercera vez el consejero Avellino.
—Sí —le confirmo, intentando sonar educada en lugar de cabreada.
Las Familias me han estado interrogando sobre cada interacción con Michael y luego me lo han hecho repetir.
Apesar de la promesa que le hice a Michael, les he contado todo.
Bueno, todo salvo que mantuve una cita con mi objetivo antes de darme cuenta de quién era.
—¿Y dijo que solo algunos de los exiliados viajaron hasta las Américas?
El consejero Avellino es el abogado de las Familias y déjame decirte que sabe cómo interrogar a un testigo.
Llevamos horas con esto. Me duele la cabeza y solo quiero irme a casa.
Uno podría pensar que, después del atroz trauma de un secuestro y del agotamiento de un vuelo internacional, se le permitiría recuperarse en casa.
Pero, por lo visto, resulta que al convertirte en espía de una orden histórica no recibes este trato.
En cambio, tan pronto como el avión aterrizó en el aeropuerto JFK, me llevaron hasta la sede de la Cámara Interna de las Familias para interrogarme, en los archivos del sótano de los Claustros del Fort Tryon Park.
El vuelo de regreso no ha sido fácil. Me lo he pasado mirando constantemente de reojo en busca de alguna amenaza.
Cuando intenté usar el servicio del avión, casi me dio un ataque de pánico por el reducido espacio y me prohibí beber para no tener que volver a hacerlo.
Yno es que nadie me haya ofrecido un trago desde entonces, así que tengo la boca tan seca como los antiguos manuscritos expuestos en el museo de los Claustros, en el piso de arriba.
A pesar de estar en un edificio famoso por su arquitectura clásica, la sala donde se reúne la Cámara Interna no es más que una aburrida sala de juntas, con una larga mesa con asientos para gente muy importante.
No toda la Cámara está presente, pero entre ellos hay miembros tan ilustres como un senador estadounidense —que si las Familias se salen con la suya podría llegar a ser nuestro próximo presidente—, la ministra de Cultura de Francia, un importante director de cine, un diseñador de moda italiana aún más importante y mi madre.
Cada uno es el representante de una de las Familias que han custodiado la memoria de los exiliados —o de los Hacedores, según Michael— durante cientos de generaciones.
La orden se construye en torno a esta administración, con la intención de recuperar las innovaciones perdidas de los exiliados y compartirlas con la sociedad.
Yahora que por fin tengo un sitio en la mesa, no quiero meter la pata.
—Me gustaría echar otro vistazo al pájaro gólem —dice el senador.
Kor me golpea una rodilla con la suya y, al mirarlo, me lanza una sonrisa alentadora.
—Un poco más —murmura.
A pesar de la sutileza de las acciones de Kor, este ha atraído la atención de la mesa de la Cámara, y ahora todos nos observan inquietos.
Ya estoy acostumbrada cuando estoy en público con Kor.
De pómulos bien marcados, tez pálida y pelo negro, Korach Chevalier es el tipo de persona que siempre atrae mucha admiración, pero que parece completamente inaccesible.
Cada vez que alguien que lo conoce lo ve actuar de forma cercana y cómoda conmigo —una persona normal en todos los sentidos—, la imagen que tiene de su naturaleza fría y enigmática se tambalea.
Me resulta difícil ver a Kor como al resto de la gente.
Para ellos es un misterioso genio artístico.
Para mí es solo Kor, uno de mis mejores amigos, dos años mayor que yo, y técnicamente un primo lejano (muy lejano, solo por matrimonio).
Kor se aclara la garganta y se reanuda la actividad en la mesa.
—Lamentamos las repeticiones —dice el doctor Ambrose, un amable físico con el pelo entrecano y gafas de montura dorada.
Durante el proceso, mi madre permitió a regañadientes que la Cámara Interna evaluara mis poderes, y él se mostró paciente y transparente intentando comprenderlo—.
Sabemos que has pasado por un calvario, pero debemos asegurarnos de reunir los datos adecuados por el bien de nuestra investigación y por tu seguridad.
Si decidimos enviarte a estudiar a ese instituto, necesitamos toda la información.
La Cámara Interna está dividida sobre si debo o no infiltrarme en Génesis. La mayoría de ellos están a favor, pero hay voces displicentes que no confían en mí.
—Por no hablar de que tu historia no cuadra —interviene el más ruidoso representante del equipo—. No podemos fiarnos de Ada.
Lo dice Alfie Avellino: hijo del consejero Avellino, y la persona más molesta que conozco.
—Todavía no has respondido por qué no seguiste el protocolo cuando te encontraste con el exiliado —dice con una mirada acusadora mientras acaricia un mechón de su pelo repeinado, de un castaño tan claro que intentará convencerte de que es rubio.
Le caí bien a Alfie cuando nos conocimos hace unos años. De hecho, trabajó duro para hacer migas conmigo y acercarse a Kor pero, en cuanto se dio cuenta de que no iba a ser iniciada en las Familias, me borró de sus amistades como el agua de las alcantarillas.
—No pudo seguir el protocolo porque estaba secuestrada —suelta Kor en mi defensa.
Está claro que Alfie tiene más que decir, pero no quiere llevarle la contraria a Kor. Sin embargo, se endereza su fea corbata de cachemira y frunce el ceño haciendo todo lo posible por hacerme sentir que no merezco estar aquí.
No tiene que currárselo mucho. Ya estoy bastante segura de que no encajo.
Nada puede hacerme sentir tan inferior como estar rodeada por estas personas, quienes han forjado sus vidas en función de los valores de los exiliados y han mejorado de forma activa el mundo a través de la innovación y del arte.
Mis habilidades para que me iniciaran tal vez significan que necesito menos tiritas que una persona normal, y claro que se me dan bien las plantas, pero nadie busca un ficus en la Universidad de Met.
Los demás de esta mesa se ganaron sus asientos gracias a sus esfuerzos por ser maestros del Renacimiento moderno.
Bueno, tal vez Alfie no. Estoy bastante segura de que lo ha obtenido a través de generaciones de nepotismo y por el capital económico familiar.
Pero incluso él estuvo años entrenándose antes de ser iniciado.
Mientras que yo nunca fui lo suficientemente brillante para ser considerada hasta que las Familias necesitaron usar mis habilidades como cebo.
Qué más da, al menos tengo poderes. No es lo mismo que si Alfie trajera algo nuevo a la mesa, además de su interminable colección de corbatas horribles.
«Si él merece estar aquí, tú también» , me recuerdo mientras intento reunir la confianza de un niñito mediocre.
—Ada no solo tuvo éxito en Italia, también superó todas nuestras expectativas —dice Kor—. Con la complicación añadida de no tener la información correcta.
Todos escuchan absortos siempre que Kor habla.
La ministra de Cultura de Francia le hace ojitos y se enrolla un mechón de pelo en el dedo.
Incluso mi madre, quien evita mirarme cuando hablo, escucha atentamente a Kor.
Él ha transformado a las Familias en los últimos años.
Alo largo de los siglos, la influencia de la orden no había dejado de crecer a medida que se fueron reintroduciendo algunas de las innovaciones perdidas de los exiliados, procedentes de los extensos archivos de la orden y de siglos de búsqueda de reliquias en la sociedad.
Han financiado muchas investigaciones basadas en sus conocimientos que han contribuido a mejorarlo todo, desde la asistencia sanitaria hasta la agricultura y la energía limpia, pero la mayor parte se sustentaba en los saberes ancestrales.
Ahora, gracias a Kor, las Familias tienen acceso a los descendientes vivos de los verdaderos exiliados y a cualquier innovación mucho más avanzada que puedan haber desarrollado.
Ytodo esto es posible debido a que Kor contactó con Prometeo, el informante que se había infiltrado en los exiliados, quien le sopló cómo y dónde estos iban a reclutar.
Entre el éxito de Kor con Prometeo y la gran influencia que ha generado su reciente fama y apoyo popular, toda la Cámara Interior está tan obsesionada con Kor como los adolescentes de un club de fans de internet.
—Ada tiene la tapadera perfecta, también una invitación explícita. Además, ha demostrado sernos de ayuda —continúa Kor—. Infiltrarse en el instituto es el mejor modo de operar.
Suena muy seguro de este plan. Muy seguro de mí. En cambio, yo estoy muy lejos de estar convencida.
—No tiene formación —argumenta Alfie. Yno se equivoca.
—¿Cuál de nuestras formaciones la habría preparado para esto? —pregunta Kor—. ¿Las clases de Arameo y Latín? ¿Las de Conservación y Restauración de Arte?
—Es una adolescente inmadura e indisciplinada, podría ponernos a todos en peligro si revela su tapadera.
Me encanta que hablen de mí como si no estuviera en la sala. Si Izzy estuviera aquí, me diría que reafirmara mi feminidad y que no lo permitiera. Hablando de eso, ¿dónde está Izzy? Esperaba que apareciera. Su hermano mayor Roman ya está aquí, sentado tranquilamente en el otro extremo de la mesa.
Izzy King es mi otra mejor amiga. Es medio coreana, una gran amante de los videojuegos y una de las personas más inteligentes que conozco.
Al crecer en Nueva York, ella era la única chica de mi misma franja de edad en las Familias de allí, por lo que siempre estábamos juntas.
Realmente esperaba verla antes de su regreso a Massachusetts al final de las vacaciones de invierno.