Academia de musas 1. Exilio 3 #2
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—No me di cuenta de que era relevante —dice antes de levantarse—. No tenía ni idea de que eras una sire. Eso ha sido una casualidad. Nos dieron el chivatazo de que había un sire por la zona, pero pensé que era el pianista...

—Entonces, ¿por qué me pediste salir? —pregunto girándome para mirarle. Esto de repente me importa mucho. ¿Fue todo una actuación? ¿Sabía que yo era una sire desde el principio?

—Porque pensé que eras... ¡genial! —Sus ojos de cachorro son asquerosamente sexis.

—Pero habrías desaparecido y nunca nos habríamos vuelto a ver.

No sé por qué estoy tan molesta. Pero si voy a tratar de averiguar más sobre estas personas, necesito saber con quién estoy tratando. Necesito saber si es el tipo de hombre que usaría la seducción para manipularme o si nuestro encuentro fue realmente una extraña coincidencia.

—Esto... yo no estaba pensando más allá. No me di cuenta de lo joven que eras. Además, a veces eso es normal, dos personas salen y no vuelven a verse.

Me ruborizo ante la insinuación de sus palabras.

—No fue así.

Sacude la cabeza.

—Puede que no. Pero ¿y tú? Vas a volver al instituto en unos días; sabías perfectamente que tampoco funcionaría.

Tiene en parte razón.

—Pasemos página —digo. Él desvía la conversación.

—Estamos de acuerdo; fue un error.

A pesar de que estoy de acuerdo con que «fue un error», molesta escuchar esas palabras de alguien tan guapo.

—Bueno —digo, y me siento infantil.

—Mira, Ada, lo importante es que aprendas sobre tu genética sire.

—Sí, bueno, si ser una sire es tan normal como dices, entonces, ¿por qué no es de conocimiento público?

A más de una década de inseguridades realmente les gustaría conocer la respuesta.

—Porque en el mundo provincial la manipulación de la fuerza vital por medio de habilidades sire se ilegalizó hace más de seiscientos años.

Ymuchos sire han sido reclutados para unirse a los Hacedores, lo que ha ido limitando la reserva genética.

Así que habilidades como la tuya se han vuelto raras en tu mundo, o tan latentes que nunca aparecen de manera obvia.

Tu mundo.

¿Cuál es su mundo?

Al haber sido criada entre las Familias, aunque no iniciada en la orden, escuché muchas leyendas sobre los exiliados antes del exilio.

Todo lo demás era confidencial, solo me habían hablado del secreto por encima cuando me prepararon para este viaje.

Ni siquiera sé si lo que las Familias saben es veraz.

Pero puedo ser yo quien lo averigüe. Es decir, si no meto la pata hasta el fondo.

«De acuerdo, irritantemente atractivo reclutador, es hora de que exprima algo de información sobre ti».

—Bueno —digo—. Háblame de estos Hacedores.

Me vuelvo a acomodar con cautela en el borde de la cama, asustadiza como un pájaro en el alféizar de una ventana, inseguro de qué es cristal y qué es cielo.

Michael gira la silla del escritorio hacia mí y se sienta. Respira hondo, luego dice:

—Imagina una sociedad dedicada a desarrollar el mundo científica, artística y socialmente. Donde todos se comprometen a aportarle más belleza y a erradicar los horrores de la desigualdad, la enfermedad y los daños ecológicos.

Detecto la pasión en su voz y me da envidia.

—Estás describiendo una utopía.

—No del todo, pero es tan cercana a ese concepto como jamás ha ocurrido en la historia.

Una ola de emoción se expande en mi vientre.

—¿Y dices que esta sociedad existe?

—Digo que existe y que quiero llevarte hasta allí.

Sus ojos brillan de emoción y su sonrisa es tan amplia que casi me olvido de que se supone que no debería confiar en él.

—Pero si lo que hacen es tan genial, ¿por qué nadie lo sabe? ¿Por qué no ayudan al resto del mundo?

—Porque nos persiguen —dice Michael con naturalidad—.

Estamos obligados a escondernos. Lo hemos hecho desde que los Hacedores originales se vieron obligados a huir durante la época de la Inquisición.

Antes de esto, eran eruditos de una academia en Italia, famosa por sus avances en arte, ciencia y filosofía.

En su momento atrajo a estudiosos de todo el mundo, ávidos por convertirse en «musas» modernas, como las diosas míticas que inspiraron las artes y las ciencias.

Esta es la confirmación que estaba esperando. Sin duda, esos Hacedores son los exiliados.

—¿Qué ha pasado con la escuela? —pregunto curiosa por ver si su versión coincidirá con la del impreciso resumen que me han contado.

—La Iglesia odiaba la ciencia y la filosofía de los Hacedores.

Algunas de las investigaciones de la academia eran definitivamente cuestionables desde el punto de vista ético.

Brillantes, pero demasiado experimentales.

Ellos creían que el hecho de afirmar que la humanidad está «hecha a imagen y semejanza de Dios» los obligaba a «continuar con la creación del mundo» para perfeccionarlo.

Yesta filosofía fue considerada sumamente herética.

Cuando la academia se negó a ceñirse a las duras restricciones de lo que podían enseñar y estudiar, vinieron los Inquisidores —dice bajando el tono de voz—.

Yentonces quemaron la academia hasta los cimientos.

Desvía la mirada y su garganta se tensa al tragar. Es una historia antigua, sin embargo, él actúa como si el dolor todavía siguiera a flor de piel, igual que si se tratara de un asunto personal.

Michael se encoge y luego estira sus largas piernas. Sus pies tocan los míos y rápidamente los vuelve a encoger. Continúa sentado con la espalda recta:

—Por suerte, gran parte de la investigación de la academia pudo ser rescatada y ocultada antes de la destrucción.

Los Hacedores, como otros grupos de la época, se vieron obligados a renunciar a sus costumbres o a ser expulsados, incluso ejecutados.

Algunos lo hicieron, otros se escondieron y continuaron con sus estudios.

Un grupo de los escondidos consiguieron dar con el pasaje al Nuevo Mundo donde fundaron el Instituto Génesis.

Mi embelesado interés por esta historia no es solo una mera actuación.

Es impresionante escuchar hablar a alguien ajeno a las Familias que corrobore las cosas que solo he conocido a través de la teoría.

Intento hacerme a la idea de lo mucho que se podría haber llegado a perder con la destrucción de dicha academia.

Un mechón de pelo oscuro oculta la cara de Michael y me entran ganas de apartárselo.

Estamos sentados lo suficientemente cerca, creo que podría hacerlo si ambos nos inclináramos un poco.

En lugar de eso me reclino hacia atrás, juntando los dedos en mi regazo.

Intento parecer escéptica al formular la siguiente pregunta:

—Si lo que dices es verdad, ¿no deberían todos haber oído hablar de la Inquisición?

—¿Has oído hablar del juicio a Galileo por defender que la Tierra gira alrededor del Sol? ¿Yde que la Inquisición española presionó para que los judíos y los musulmanes fueran expulsados de España?

—Sí, de ambas, pero para nada de la pérdida de grandes avances científicos.

—Eso es porque la Iglesia negó su existencia.

Enterró todas las pruebas de los experimentos heréticos y blasfemos de los Hacedores y prohibió a cualquiera hablar de ellos.

Aexcepción de un grupo de élite de los Inquisidores encargados de dar caza a los que quedaban —dice cuando sus ojos se clavan en los míos, telegrafiando sinceridad y urgencia—.

La pérdida de todo ese conocimiento hizo retroceder varios siglos los avances logrados.

Pero los Hacedores lo guardaron todo y continuaron su misión de progreso en secreto.

—No lo entiendo —interrumpo—. Si esos avances fueron tan grandes, ¿cómo es que todo el mundo se puso de acuerdo con la Iglesia y fingió que nunca existieron?

En otro intento por estirar las piernas, Michael me da una patadita de nuevo. Las echa hacia atrás y se pone de pie, recorriendo de largo a largo la pequeña habitación...

—Disculpa —dice pasándose la mano por el pelo—, la versión real de la historia siempre ha estado en mi mente y explicársela a alguien con un paradigma totalmente diferente es siempre confuso.

Pero no subestimes el poder de la Iglesia.

Incluso en tu propia vida, has observado lo suficiente como para ver cómo se forman las narrativas del mundo, lo fácil que es remodelar la historia mediante la propaganda y la desinformación.

Empieza a sonar como mi abuelo.

—Da miedo lo rápido que se puede reescribir la verdad —continúa—. La verdad de los Hacedores originales y de sus descubrimientos fue casi toda olvidada una generación después del Éxodo. Quedan vestigios de su legado, pero solo en forma de mitos y leyendas.

Había una parte de mí que nunca estuvo del todo segura sobre la veracidad de las historias de las Familias, que se preguntaba si todo había sido exagerado o si se había distorsionado el sentido de la traducción con los años.

Pero me hace pensar que podría ser real al ver cómo la historia de Michael encaja con todo lo que me han enseñado.

Me siento casi ingrávida, con los músculos tensos y temblorosos por una mezcla de excitación y confusión.

Michael se pasea hasta la cocina.

—Ha sido una noche larga. Deja que te haga algo de comer.

Mientras empieza a prepararlo, lo observo con otra mirada, buscando señales de que pertenece a una sociedad oculta al amparo de una gran conspiración histórica.

Parece normal, pero hay sutiles detalles.

No hay ninguna mancha en lo que lleva puesto.

Sus zapatos parecen poco usados, de buena calidad y un tanto anticuados.

No lleva reloj. Yno creo que tenga móvil o, si lo tiene, no lo ha sacado en toda la noche. Quiero decir, son señales de algo raro.

Se sienta a mi lado en la cama y coloca una bandeja con una taza de té y algunas galletas entre nosotros.