Academia de musas 1. Exilio 3
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Al empezar la tarde, la idea de que acabáramos jadeantes y con el corazón acelerado en casa de Michael había resultado tentadora.

Huir de secuestradores no es exactamente lo que tenía en mente.

Seguimos corriendo durante mucho tiempo antes de que Michael pensara que nos habíamos distanciado lo suficiente de los captores.

Estamos entrando a tientas en un edificio.

Estoy sudorosa y temblorosa, y trato todavía de recuperar el aliento mientras lo sigo a través de un estrecho pasillo hasta alcanzar la que aparenta ser su puerta.

Miro a mi alrededor y me doy cuenta de lo solos que estamos y lo difícil que me resultaría escapar si hubiera tomado una drástica decisión.

Entramos en un acogedor estudio en el que solo caben una pequeña cocina, un escritorio y una cama. Hago todo lo posible por ignorar la intimidad del espacio mientras me lanzo al diminuto baño.

Orinar por fin es muy satisfactorio. Sin embargo, las paredes están demasiado cercanas. El lento goteo del lavabo hace que se me contraigan las tripas y ansío largarme de aquí.

«Inspira. Espira».

Es solo un baño.

Cuando el pánico se calma, me palpo la cabeza con los dedos.

No me duele donde me golpearon, pero hay un poco de sangre seca.

La hinchazón debe haberse sanado con mis palmas.

Mi larga melena castaña luce salvaje y llena de enredos.

Me la peino con los dedos húmedos y me hago un moño bajo.

Me limpio la cara con agua y me quito los restos de maquillaje.

No, no me importa que el apuesto desconocido al otro lado de la puerta haya visto mi versión de Picasso. Oque probablemente me haya oído orinar. No puedo preocuparme por nada de eso, porque necesito concentrarme en no dejar escapar algo que pudiera alertarle de por qué estoy aquí.

«Inspira. Espira».

Tengo un trabajo que hacer.

No puedo distraerme por el miedo. Ydefinitivamente no puedo distraerme con... los hoyuelos de Michael. Sobre todo ahora que creo saber quién es.

Estoy aquí para hacer lo que siempre he querido: ser miembro de las Familias, la orden histórica a la que mis antepasados han pertenecido desde hace mucho tiempo. Yo también seré finalmente parte de todo esto.

Las Familias han pasado generaciones transmitiendo la historia secreta de un grupo de exiliados que se rumorea que están escondidos.

En teoría, tienen talentos artísticos y conocimientos científicos mucho más desarrollados de los que hay en nuestra sociedad.

He crecido con las historias de las increíbles innovaciones de los exiliados y de su trágica desaparición, también he oído innumerables fantasías de lo que el mundo podría llegar a ser si alguna vez los volvemos a encontrar y compartimos sus conocimientos.

Y estoy bastante segura de que Michael es uno de los exiliados.

Respiro tranquilamente unas cuantas veces más, preparada para afrontar lo que ocurra a continuación.

Cuando salgo, Michael está sentado en el escritorio mordiéndose las uñas e inspeccionando los guantes. Su rostro está iluminado por los rayos del alba que asoman a través de la ventana. Su herida ha curado y apenas hay rastro de que alguna vez existiera.

No hay otro sitio donde sentarse, así que me recuesto en el borde de la cama. Cruzo una pierna sobre la otra y luego las descruzo torpemente.

—Aquí está tu teléfono —dice Michael mientras me lo entrega.

—Gracias.

La pantalla está agrietada y la batería está muerta. Nadie sabe dónde estoy y no tengo modo de comunicarme. Estupendo.

Michael sigue jugueteando con los guantes. Levanta su navaja y utiliza una pequeña lupa para examinar el metal.

—¿Cómo consiguieron antimateria? Estoy impaciente por llevarlos de vuelta a Génesis, son increíblemente valiosos —murmura antes de levantar la vista—. Ytú también.

Nadie me ha llamado nunca valiosa.

Cuando su mirada se posa en la mía, con el pelo alborotado, me recuerdo que no tengo motivos para confiar en él. Pero realmente necesito convencerlo de que puede confiar en mí. Parpadea, mira hacia otro lado y luego vuelve a mí.

—Mmm, lo que quiero decir es que a ti también tenemos que llevarte al instituto.

Trago saliva.

—¿Qué instituto? ¿Por qué? —No tengo que disimular mi interés, no ando tan perdida como él cree.

Averiguar sobre este supuesto instituto es el propósito de mi misión.

Alo largo de los años, las Familias se han ido acercando cada vez más al secreto de los exiliados.

Información reciente les ha hecho creer que alguien con mis habilidades podría ser capaz de contactar con los exiliados en el momento y lugar correctos, e incluso llegar a ser invitado a unírseles.

No estoy segura de si creía que eso fuera posible, pero aquí estamos. De repente, parece muy muy posible.

—Eres una sire. Necesitas ser entrenada y protegida.

Misión aparte, no puedo negar que estoy desesperada por saber qué significa ser una sire.

Esas personas entienden una parte de mí que ha sido un misterio y una losa sobre mis hombros desde hace demasiado tiempo.

Puede que esa curiosidad no sea el objetivo principal de esta misión, pero un poco más de sondeo es lo natural que haría cualquier chica que nunca ha oído hablar sobre nada de esto.

—Entonces, ¿soy una especie de anomalía científica?

—¿Cómo? No, en absoluto. Tener habilidades de sire es una genética recesiva normal. Igual que los ojos azules o el pelo rojo.

«Normal». Siento tanto alivio en una sola palabra.

Jamás olvidaré la primera vez que mis padres vieron evidencias de mis habilidades.

Por accidente reviví algunas rosas marchitas de la mesa del comedor, y ellos se asustaron tanto como si me hubiera tatuado en la cara.

Mi madre echó las flores inmediatamente, las manos de mi padre continuaban temblando.

Es una sensación horrible ver el miedo en la cara de tus progenitores y saber que los aterrorizas.

Nunca pude entender por qué tenían tanto miedo, hasta que vi el libro.

Estaba en primaria y el abuelo me había llevado a visitar a mamá a su oficina.

Mientras la esperaba, me di cuenta de que el gran libro dorado de su escritorio era el tipo de cosas que no se les permitía ver a los no iniciados en las Familias.

Por supuesto, no podía dejar de mirarlo.

Estaba todo en un idioma que no podía leer, pero las ilustraciones eran bastante gráficas y comprendí por qué mi madre lo leía.

No era capaz de hacer crecer una enredadera de mis manos, lanzar un rayo o parar el corazón de alguien con un sencillo toque como sí lo era la gente de los bocetos coloridos, pero, quienesquiera que fueran, mi madre pensó que yo era como ellos.

Ylas fotos me dijeron lo que le pasó a la gente como yo: ahogados, quemados en la hoguera, excomulgados.

.. Fue suficiente para hacerme querer hacer todo lo posible por demostrar que yo no era uno de esos monstruos.

¿Es posible que algo reprimido durante tanto tiempo sea... normal ?

—Ser una sire —continúa Michael— significa que puedes conducir el ha'i, la energía de la vida, como cuando hiciste crecer la planta o te curaste rápidamente.

Ha’i . Lo dice como la palabra hebrea chai , con un sonido gutural que a veces me costaba pronunciar. Ha’i . El calor que me recorre y me hormiguea en las palmas de las manos es fuerza vital. Siempre vi esa sensación más como si fuera una reacción, un rubor o un escalofrío.

—Entonces, ¿tú puedes tocar los guantes sin que te duelan? —le pregunto.

—Porque no soy un sire. Estos están hechos con antimateria, que anula el ha'i e incapacita a los sire.

—¿No eres un sire? Pero tu corte sanó muy rápido.

—Ah, cierto —dice señalando un tubo de pomada—. De donde procedo la medicina está más avanzada.

—Ya veo —digo mirando su frente en la que apenas se nota la herida.

—Bueno, si tenéis una medicina tan buena, ¿cómo es que no la habéis compartido con los demás?

En realidad, desconozco cuánto más avanzados están estos exiliados realmente en comparación con el resto de nosotros; sé que sus conocimientos médicos son una de las cosas que las Familias esperan obtener.

Exactamente ¿qué tipos de curaciones son capaces de hacer estas personas?

No puedo evitar pensar en lo enfermo que ha estado el abuelo recientemente.

—Lo hemos intentado —responde Michael vagamente, con los labios fruncidos—. Muchos de nuestros avances médicos dependen de las habilidades de los sire. Si tú las entendieras, podrías haberme curado sin la pomada.

¿Es eso cierto? Por un momento me pregunto si tal vez ha reclutado a la persona equivocada después de todo.

Por lo que sé, mis habilidades son más propensas a herir que a ayudar.

¿De verdad puedo usar mis poderes para curar a otros?

Ysi hay más gente por ahí con mis habilidades, todos aparentemente capaces de una curación avanzada, entonces, ¿qué demonios están haciendo estos tipos custodiando estos conocimientos?

Me levanto de la cama y me acerco a la ventana.

—Lo siento, debes de estar saturada —dice Michael.

—Sí, pero estoy preparada para que me lo expliques todo. —No me giro, pero puedo verlo a través del cristal. Deja los guantes y se vuelve para prestarme toda su atención; me encuentro con el reflejo de sus ojos.

—Mi pueblo se llama los Hacedores y yo soy del Instituto Génesis, del que no habrás oído hablar...

Exhalo y mi aliento empaña la ventana, paso el dedo por el vaho.

—Aunque mantenemos nuestra existencia en secreto, algunas veces reclutamos a sire como tú para que se nos unan.

Se me hace un nudo en la garganta.

—Mira, Michael, o cual sea tu verdadero nombre...

—Me llamo Michael, no te he mentido en nada.

Yo no puedo decir lo mismo.

—Bueno, te olvidaste mencionar que pertenecías a una sociedad secreta que quería reclutarme —digo con amargura.