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Estoy considerando seriamente orinarme en los pantalones.
He invertido todo este tiempo en la caja procurando calmar mis miedos para evitar el hormigueo en las manos, lo que parece haber provocado que los guantes me quemen, pero ahora todas mis preocupaciones se han visto reducidas a un solo pensamiento:
Aguanta el pis.
Pero ¿quién sabe durante cuánto tiempo más estaré aquí?
Izzy me había dicho que tenía un mal presentimiento sobre este viaje y ahora desearía haberla tomado más en serio.
Quizá debería...
¿Hasta esto hemos llegado? Cuando por fin voy a formar parte del legado histórico de mi familia. Cuando por fin tengo la oportunidad de hacer algo significativo en la vida. ¿Ylo hago todo tan mal que acabaré meándome en los pantalones? ¿Estoy realmente sopesando esto?
Contras de hacerlo sin más:
Mi ropa se mojará.
Estaré atrapada en una caja que apestará a orina.
Me habré meado en los pantalones.
Ventajas de hacerlo tal cual:
La gloriosa sensación de la ausencia de pis en mi vejiga.
Definitivamente, voy a tope con esto.
Aunque antes de relajar los músculos necesarios, oigo algún movimiento fuera de la caja. No hay forma de enfrentarme a mis captores cubierta de pis. Mi vejiga es una fortaleza de acero. No cederá.
Las paredes de la caja crujen y tiemblan.
Alguien finalmente está abriendo la caja.
El miedo vuelve, y sigo con la dolorosa quemazón de los guantes.
Soy muy consciente de la presión que siento ahí abajo, pero, al saber que estoy a punto de salir de aquí y probablemente enfrentarme a algún nuevo tipo de horror, dejar que fluya ya no me parece una buena idea.
Mearse ya no es una opción. Mi vejiga es un dique de hormigón. Sus compuertas no fallarán.
Noto mucha torpeza. Estos chicos no suenan muy bien orquestados.
No son chicos en plural, es solo un chico.
Eso veo cuando mis ojos se acostumbran a la luz que entra a raudales una vez que consigue abrir la caja.
La cara que me saluda es la misma que ha estado en mi mente la mayor parte de mi intolerablemente largo cautiverio.
La decepción se mezcla con el miedo, esperaba que, en realidad, él no estuviera implicado.
Michael me ayuda a incorporarme, e inmediatamente tropiezo y caigo de culo en el suelo del que parece un garaje vacío.
No tengo sentido del equilibrio con los brazos todavía inmovilizados y las piernas acalambradas.
Michael me ayuda a levantarme de nuevo. Tiene una gran herida en la frente, con una costra de sangre y un moratón.
Me dedica una sonrisa cansada.
Confiaba en esa sonrisa. Me da tanta rabia que me olvido de tener miedo, así que, a pesar del riesgo de perder accidentalmente el control de mi vejiga, muy enfadada clavo mi rodilla en su ingle.
Sus ojos se abren como platos y se dobla sobre sí.
Por suerte para él, mis piernas todavía siguen bastante flojas y no he ejercido tanta fuerza en el golpe como me hubiera gustado.
—¿A qué ha venido eso? —se le escapa.
—¡Me metiste en una caja!
—¡Claro que no! —dice todavía dando saltitos torpes, protegiéndose la entrepierna con las manos—.
¡Estoy aquí para rescatarte! Sabía que podías estar en peligro, así que, al ver a dos tipos cargando una caja del tamaño de una niña en un camión y luego ver tu teléfono tirado en el baño, decidí ir tras ellos.
De hecho, le robé una bicicleta a un niño para seguirlos.
Robé una bicicleta. De un niño —remarca antes de dejar caer las manos y suspirar—.
He estado esperando durante horas para poder colarme sin que me vieran.
Ahora estoy aquí disfrutando de tu gratitud —dice con una mirada acusadora hacia mi rodilla.
El corte en su frente está goteando sangre fresca y tiene bastante mala pinta.
—¿Qué te ha pasado en la cara? —pregunto.
Mira hacia otro lado y murmura algo sobre su inexperiencia en bicicleta.
—Vaya. Bueno, ¿qué quieres decir sobre que pensaste que estaba en peligro?
—Cuando me di cuenta de que eres una sire —responde.
—¿Una qué?
—Una sire. Fue obvio al verte revivir la planta.
Mis habilidades, en su mayoría un gran misterio para mí, tienen un nombre y este chico, quien no sé si es de fiar o no, parece saber lo que son. Lo que solo refuerza mis sospechas sobre quién debe ser.
—Te explicaré más cuando te saquemos de aquí —dice.
—No. ¿Por qué ser una sire significa estar en peligro?
—Ha habido un montón de secuestros de sire recientemente. Es por eso por lo que mi escuela ha estado reclutando sire para llevarlos a un lugar más seguro.
Secuestros. No estaba preparada para nada de esto.
Por supuesto, todo esto ha ido demasiado rápido.
A pesar de que mi familia perteneciera a una histórica orden durante generaciones, nunca pude formar parte de ella.
Yo había crecido sabedora de todas las historias, había oído muchas de sus teorías salvajes y secretas, no podía esperar para empezar a iniciarme y formar parte de su gran labor.
Kor e Izzy fueron instruidos en la orden desde sus decimoterceros cumpleaños, pero luego llegó el mío y se fue como si nada.
Mi madre dijo que probablemente solo tenía que esperar hasta que me valoraran.
Me preparé. Trabajé muy duro los años siguientes, esperando impresionar a quien fuera, necesitaba impresionarlos, pero nada de lo que hacía parecía ser suficiente. Al final, dejé de intentarlo.
Hasta el mes pasado, cuando las Familias descubrieron la condición que había estado ocultando durante todo este tiempo.
Yresultó que necesitaban a alguien exactamente como yo para este trabajo.
Me dieron un itinerario, explicaciones básicas sobre lo que debía tener en cuenta, y eso fue todo.
Sabía que había algunos riesgos, pero nadie me había dicho nada de ningún secuestro.
Siento que mi pánico aumenta, pero sigo llevando los guantes y no estoy de humor para que se me chamusquen las manos de nuevo. Al menos estoy fuera de la caja.
Estaba en una caja.
La realidad de lo que acaba de pasar me sacude. He estado reprimiendo mis emociones tanto como mi necesidad de orinar, pero ahora son como un volcán.
—Estuve atrapada durante horas —digo ahogándome en un sollozo—. ¿Por qué no llamaste a la policía o algo así?
Michael está inmediatamente a mi lado, apoyando una mano reconfortante sobre mi brazo.
—Ada, lo siento, pero no es gente de la que la policía pueda protegerte. Espero poder hacerlo yo. Te prometo que estoy aquí para ayudarte, pero tenemos que movernos deprisa. Los guardias se han ido de momento, pero no quiero correr riesgos. Hasta ahora hemos tenido una suerte increíble.
Trago más allá del nudo de mi garganta e intento recuperar el control tanto como puedo.
—Bueno, si estás aquí para ayudar, ¿puedes conseguir sacarme esto? —Sacudo las manos a mis espaldas, el metal tintinea y provoca mucho ruido—. Realmente duele.
—¿Te causan dolor? —parece confundido por esto.
—Muchísimo —digo apretando los dientes.
Michael me rodea y se agacha para inspeccionar los guantes. Hace un gesto de dolor al inclinarse y siento una punzada de culpabilidad por mi agresión en su entrepierna. Palpa el guante y lo huele.
—¡Por el Conductor! —susurra asombrado.
¿Quién demonios es el Conductor?
Giro el cuello para ver lo que hace. Él mira las diferentes multiherramientas de su navaja y utiliza una para manipular el mecanismo de cierre.
—¿Todavía puedes conducir? —me pregunta.
—¿Qué?
—Lo siento, me refiero a lo que hiciste con la planta. ¿Puedes conducir la energía a través de tus manos?
Le miro fijamente, pero mi mente es un lugar turbulento ahora. ¿Conducir la energía a través de mis manos? ¿Es eso lo que llevo haciendo toda la vida?
—No importa —dice Michael en respuesta a mi clara confusión—. ¿Todavía te duelen los guantes? ¿Ahora mismo?
En realidad, ahora mismo no se me están friendo las manos.
Mi malestar actual es por las quemaduras preexistentes.
Sacudo la cabeza. Se muerde los labios y sigue trabajando en la cerradura, con más y más urgencia.
Se frota la frente, irritándose la sucia herida que sangra de nuevo.
Ver su pánico hace que el mío aumente y por ello mis manos empiezan a hervir contra el metal.
—¡Ay! —grito apartando las manos de él.
—Bien —dice con alivio—. Si te están quemando, significa que todavía puedes conducir energía y que el compuesto no habrá causado ningún daño irreversible a tus habilidades.
Sea lo que sea lo que esto signifique.
Al fin consigue abrir la cerradura y los guantes caen golpeando el suelo con un ruido metálico.
Todavía agachado detrás de mí, Michael inspecciona mis manos con cuidado.
Sus ásperos callos se posan sobre mis sensibles quemaduras.
Me escuecen las palmas con ese familiar y caliente cosquilleo, pero esta vez en lugar de dolor siento otra cosa. Él me suelta y se levanta.
—Parece que tus habilidades están funcionando.
Estiro los brazos hacia arriba y los ejercito antes de mirarme las manos.
No me encuentro con las desastrosas ampollas que esperaba.
De hecho, parecen casi normales, excepto por el hecho de que a cada una de mis palmas la atraviesa una cicatriz, conectando mi pulgar con el índice.
Medias lunas gemelas de carne. Nunca había tenido una cicatriz. ¿Qué me han hecho los guantes?
Pienso en el calor curativo que acabo de sentir. Siempre me he curado rápido, pero nunca al instante.
¿En qué me he convertido? ¿Qué me he hecho?
—Vale, vayámonos de aquí —dice Michael, que usa el dobladillo de su camiseta para limpiarse la frente ensangrentada, dejando al descubierto un abdomen que algunos creerían que es demasiado maduro para mí.
Mi instinto me dice que no debería ir a ninguna parte con él, pero el sonido de un portazo seguido de unos pasos amenazantes hace que cambie de opinión y esté a favor de cualquier opción que me saque pronto de aquí.
—Rápido —me insta Michael tirándome del brazo, y yo le sigo deseando volar lejos de la gente al otro lado de la puerta. Los que me noquearon y me metieron en una caja.
El pomo de la puerta vibra con el tintineo de una llave cuando Michael levanta la puerta del garaje, cuya cerradura ya había forzado para que nos escabulléramos en la fresca noche. Tira de la puerta otra vez hacia abajo y luego me coge de la mano y echa a correr.
—Te llevaré a un lugar seguro —dice por encima del hombro—. Te explicaré todo una vez que estemos allí.
Sus largas zancadas son demasiado rápidas para que pueda seguirlas, pero el sonido mecánico de la puerta del garaje levantándose a nuestras espaldas me convence de que no tengo otra elección.
Me agarro con fuerza a su mano y corro hasta que mi pecho se agita, mis muslos arden y siento mi vejiga como un globo de agua a punto de estallar.
Ese lugar seguro espero que tenga baño.