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—El epítome de un hombre del Renacimiento —declaro con algo de deseo y un poco de amargura.
El concepto de hombre del Renacimiento, alguien experto en múltiples áreas, es una ambición que conozco muy bien.
Es el mismo ideal que ha sido inculcado en mi familia y en mí desde que mis manos eran lo suficientemente grandes como para sostener un pincel y pulsar las teclas de un piano.
Pero no pude estar a la altura de las expectativas.
Así que mientras mis brillantes mejores amigos, Kor e Izzy, pasaban años formándose en todo tipo de disciplinas, yo me quedé en casa para simplemente practicar varias aficiones el tiempo suficiente como para salirme bien antes de aburrirme y pasar a algo nuevo.
—Y aquí va otro dato curioso —continúa Michael—.
El trozo de piedra utilizado para el David había sido descartado por otros artistas por ser demasiado imperfecto.
Pero Michelangelo vio su potencial. Lo talló a mano alzada, sin modelo, afirmando que estaba revelando la forma que ya estaba dentro, oponiéndose a diseñarlo él.
Detecto en ese gesto la sombra de un niño subestimado a punto de luchar contra un gigante con nada más que un tirachinas. Saber que la estatua fue creada a partir de piedra desestimada añade una capa adicional a mi apreciación.
¿Me subestiman? ¿Osimplemente no lo valgo?
Teniendo en cuenta que estoy ligando mientras que muchas personas confían en mí para llevar a cabo una tarea crucial, me inclino por lo segundo.
—Eso es realmente genial —digo—. Ver el verdadero potencial de algo en lugar de su lado más negativo. Por desgracia, soy una cínica crónica.
—¿Eso es así? Entonces, ¿cuál es el resultado más negativo de esta interacción? —dice gesticulando con las manos hacia nosotros.
—Que resultes ser un secuestrador que espera añadir mis dientes a su colección escondida detrás del espejo de la habitación.
Sus cejas se levantan y sus ojos se abren como platos.
—Vale, gracias por recordarme las dificultades de una mujer sola en una gran ciudad. Mi respuesta hubiera sido que te fueras antes de que pudiera invitarte a salir. Pero estás en lo cierto, la extracción de muelas es mucho peor.
Me coloco las ondas de pelo castaño que se han escapado detrás de la oreja. He oído bien: el tío bueno e inteligente quiere invitarme a salir.
—Bueno, creo que no puedo salir contigo ahora que sé lo que guardas detrás del espejo —le digo.
Michael se acerca.
—O, en vez de buscar el resultado más negativo, podrías pensar en el potencial que tiene.
Se me corta la respiración.
—Bueno, ¿y cuál crees que es el resultado más positivo de nuestra interacción?
—Tengo algunas ideas.
—¿Es así?
—En efecto —dice mientras me guiña un ojo—. Empezando por excitantes discusiones sobre escultura.
—Crees que estás bromeando, pero a mí me parece excelente.
Sonríe de ese modo tan particular.
—En ese caso... —Me hace un gesto para que le siga mientras se dirige lejos del David por el pasillo.
Está lleno de estatuas de hombres, pero están incompletas, sus formas emergen de la piedra en bruto, sin pulir—.
Esos son los Prisioneros de Michelangelo.
Los dejó a propósito sin terminar para representar la lucha de la humanidad.
Prisioneros... Como si estuvieran atrapados en la roca, intentando escapar. Madre mía, ¿acaso no me siento así a veces? Como si pudiera liberarme solo si...
—A veces me siento así —dice Michael. Nuestros ojos se encuentran, y me siento abrumada por el calor de la experiencia compartida.
—Sé a lo que te refieres —digo. Me cuesta romper con su mirada. Parpadeo y me aclaro la garganta—. Entonces, ¿de dónde vienen todos tus conocimientos de escultura? ¿Lees curiosidades sobre arte solo para captar turistas?
—La verdad es que sí —responde Michael.
—Lo sabía —digo mientras sonrío demasiado—. Vale, pero ¿cuál es la verdadera respuesta?
—Bueno, tengo un interés personal en Michelangelo porque me pusieron el nombre por él.
Tardo un momento en darme cuenta. Michael, Michelangelo. Enarco una ceja.
—Aplaudo tu valiente esfuerzo por no burlarte de mí —dice Michael.
Arrugo la nariz.
—¡No! Solo estaba... pensando en qué tipo de padres tienes.
—¡Ja, ja, ja! El tipo de padres que nos leían a mi hermana y a mí a Maquiavelo y a Maimónides antes de que tuviéramos edad para leerlos solos.
—Ya veo. Aesa edad yo estaba aprendiendo a Shakespeare. Mi abuelo no me introdujo a los filósofos hasta la secundaria.
—¿Un espíritu afín? ¿Tú también fuiste criada con miedo a caer del pedestal en el que te habían colocado?
—Oh, no. Me caí de él hace ya mucho tiempo. Ahora soy oficialmente la decepción.
—¿Tú? ¿Decepcionante? Los estándares deben de ser altos.
Siento que el rubor sube por mis mejillas.
—No tienes ni idea. —Y es que realmente no la tiene.
Los estándares con los que me comparan son gigantescos.
Kor está en Columbia acumulando una creciente colección de honores, tiene sus obras de arte expuestas en prestigiosas galerías de la ciudad de Nueva York, y ¿he mencionado su reciente nominación a los Grammy?
Izzy está en el primer año del MIT, y una aplicación que diseñó acaba de ser comprada por una de las empresas más punteras del mundo, Ozymandias Tech.
Mientras tanto, algo en lo que he evitado pensar es que ya he incumplido los plazos del proceso selectivo de varias universidades de grado medio.
Aparto mis amargos pensamientos y le pregunto a Michael:
—¿Qué te preocupa de caerte del pedestal?
—A veces... Deseo cuestionar el statu quo —dice mirando hacia otro lado, hablándole a la estatua en vez de a mí—. Pienso en hacer lo que creo que es correcto en lugar de lo que me han enseñado que lo es.
—¿Qué es lo peor que podría pasar si no lo haces?
—Decepcionaré a la gente, perderé su confianza. —Hace una pausa y añade—: No sé quién sería si no soy el que se supone que debo ser.
Me asusta lo bien que lo entiendo. Creo que nunca me he sentido tan conectada con alguien tan rápido. Yeso también me asusta, es como sostener algo increíblemente delicado esperando a que se desmorone.
—¿Y qué es lo mejor que podría pasar? —pregunto.
Me mira contemplativo sin responder. Le pellizco burlonamente el brazo.
—¿Qué pasó con ver el verdadero potencial en lugar del resultado más negativo?
Ladea la cabeza, me observa un momento y luego dice:
—Necesitaba escuchar esto. Siento que estaba predestinado a conocerte hoy.
«Predestinado». Eso parece, pero no voy a admitirlo.
—No lo sé. Suena a algo que diría un secuestrador —bromeo.
Levanta los dedos hacia la boca como para seguir mordiéndose las uñas, pero se contiene, baja la mano y en su lugar dice:
—Sal conmigo a tomar una copa.
Mi corazón late muy rápido. Quiero decir que sí, pero hay un pequeño tirón en el fondo de mi mente diciéndome que es demasiado guapo, demasiado sofisticado, para estar realmente interesado en alguien tan normal como yo.
No puedo evitar preguntarme si está interesado por otra razón.
Sabe muchísimo sobre Historia del Renacimiento. ..
No. No le he dado ninguna pista para que sospeche quién soy. Me está invitando a salir de verdad.
—Una copa suena muy bien —le digo.
Al salir del museo, el sol se ha puesto casi por completo. Los días son cortos en estos meses de invierno.
Mamá no estaría contenta. Salir con un chico no era definitivamente algo que ella tuviera en mente cuando accedió a dejarme ir a esta misión durante mis vacaciones invernales.
Para aliviar mi culpa, le envío un mensaje rápido diciendo que la llamaré antes de acostarme.
He sido buena llamándola a diario, aunque no sé por qué me molesto, ya que siempre anda demasiado ocupada para hablar.
También le escribo otro a mi tía, con la que me hospedo, para avisarla de que volveré tarde.
Al parecer, además de arte, Michael también es un gran conocedor de Florencia y, mientras caminamos hacia un restaurante que me recomienda, me cuenta sobre las distintas iglesias y plazas por las que pasamos.
Nos detenemos varias veces para escuchar a los músicos callejeros, quienes llenan las plazas con sus versiones de los grandes éxitos de cada generación.
Incluso escucho tocar una cover de «La sonrisa de Mona Lisa», el single que catapultó a Kor del underground de la escena musical universitaria de Columbia a lo más alto de las listas Billboard el año pasado.
Todavía continúa cabreado por ello, teniendo en cuenta que todo el mundo piensa que es una canción de amor, aunque él insista en que no lo es.
Pero, aunque conozca las intenciones de Kor con la canción, no puedo evitar considerar romántico el momento en el que la letra « Verás lo que quieras ver, su verdad es la que tú quieres que sea » atrae la mirada de Michael y la mía.
Ydespués sigue « Si ella es lo que buscas, seguro que te seduce, no te pierdas en la sonrisa de Mona Lisa», que atrae su mirada hacia mis labios.
No creo que esté malinterpretando la situación, estoy bastante segura de que me besará esta noche.
Michael le deja un puñado de monedas a cada músico callejero antes de seguir adelante.
Me gusta esto. Me gustan muchas cosas de él.
Cuando estamos callados hay un silencio confortable entre nosotros que revolotea esperanzado.
Observo su mano, que se balancea junto a la mía, está constantemente animado, estirando y enfatizando sus palabras.
Con un leve movimiento, nuestras manos se rozarían inevitablemente la próxima vez que mueva el brazo.
Me imagino la emoción del contacto, pero no me arriesgo.
Llegamos al restaurante que está abarrotado de gente disfrutando de sus comidas, copas de vino y suculentos platos de carbohidratos.
La sala es pequeña y retumba con el sonido de un piano en directo.
Con un pianista realmente bueno. Respiro los aromas del pan crujiente, de las salsas hirviendo a fuego lento y de la cera derritiéndose.