Absolutamente Dulce Mary Lou 7 Dudas de una Caja Escondida #2
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7 Dudas de una Caja Escondida #2

─No sé mucho sobre suerte ─siguió Billy─. Simplemente creo que no he tenido la oportunidad de demostrar mi valor. Eso es todo. Especialmente no con Willie alrededor.

─Su hermano… Él es…

Billy la miró atentamente, esperando saber qué opinaba del buen Willie.

─Quiero decir, es el alguacil ─aclaró Mary Lou─. Así que sé que tiene buenas intenciones y que seguramente hace mucho bien a la sociedad, pero es algo, ah… No es muy amable, ¿o sí?

Billy soltó una pequeña risa y respondió:

─Está algo atormentado. Eso es todo.

─Aun así. Nadie debería tratar a su hermano menor de esa forma, si no le molesta que lo diga ─siguió Mary Lou.

─De hecho, él es mi hermano menor ─corrigió Billy.

Mary Lou retrocedió sorprendida ante la revelación.

─¡Oh! ¿En verdad? Pero parece… Digo usted parece… Bueno, él parece…

─¿Más viejo? ─preguntó Billy.

─Más masculino ─Mary Lou terminó torpemente su frase.

¡Ouch! Esto le dolió a Billy y Mary Lou lo supo de inmediato. Cerró sus ojos con vergüenza, deseando haber dicho cualquier otra cosa, pero Billy sólo rio, incómodo.

─Bueno, supongo que eso es cierto ─dijo.

─¡La broma cae en él, claro! ─Mary Lou trató de enmendarse─. Quiero decir, que se vea más viejo y cansado que su hermano…

Billy rio de nuevo.

─En verdad, señora, ¡todo está bien! ─dijo─. Sé que quería decir y no me ofendí.

─Lo siento.

─No lo sienta. Estoy acostumbrado a esto. Siempre ha sido así. Él es el tipo heroico y yo soy… bueno… el…

─¿El otro tipo de heroico?

Billy rio suavemente, inseguro de ello.

─Claro. Es sólo que… ─siguió.

Mary Lou apretó sus labios y le prestó toda su atención.

─Bueno, es más fácil ser un hombre exitoso cuando se tiene todo a su favor, ¿sabe? ─dijo Billy.

─¿A qué se refiere? ─preguntó Mary Lou.

─Bueno, verá, mi padre, él era… un hombre difícil, ¿sabe? Realmente no puedo culparlo. Sé que él amaba a mi madre profundamente, pero cuando yo nací, ella, bueno…

Billy miró su café, luchando por encontrar las palabras adecuadas.

─Lo lamento tanto ─dijo Mary Lou, comprendiendo lo que quería decir.

─¡Está bien! ─sonrió Billy─. Siempre me han dicho que era una mujer remarcablemente buena, y que por eso Dios la quiso a Su lado, así que… ─suspiró─. En fin, mi padre tuvo un par de años difíciles luego de eso, como podrá imaginar, y supongo que yo era un constante recordatorio de lo peor que alguna vez le ocurrió. Así que… ¡no era muy afín a mí! ─rio con tristeza.

Mary Lou esquivó la mirada y sintió un dolor en el pecho. Ella comprendía esto.

─Pero entonces tuvo la fortuna de conocer a la madre de Will, y, uh, ella le dio lo que necesitaba. Una nueva esposa. Una nueva vida. Un nuevo hijo. El hijo correcto.

Billy sorbió su café y continuó:

─Digo, traté lo mejor que pude de hacerle justicia al recuerdo de mi padre, ¿sabe? Ser un buen hijo. Ser un buen hombre. Pero supongo que eso no fue suficiente para él, ni para nadie, de hecho. Él, él realmente prefería pasar más tiempo con Will y en hacerlo la estrella de su vida. Le enseñó a disparar, a cazar… A ser el tipo de héroe y líder que es ahora, aunque debo decir que le tengo compasión. Mi pobre hermano carga con demasiada presión en sus hombros mientras que yo… ¡Yo tengo la fortuna de no llevar las expectativas de nadie!

Brindó con esto con un guiño triste. Mary Lou apretó sus labios, luchando por no llorar. Compartió el brindis y dijo:

─¡Al pobre de Willie Nelson, entonces!

Brindaron y dieron un sorbo a sus bebidas.

─¡Pero vaya nombre tan tonto para un vaquero!

Compartieron una risa y pasaron el siguiente rato hablando de cualquier otra tontería menor que se les pasase por la mente. Vivir en una granja, ser la burla del pueblo, o algunos de sus incontables incidentes; y por una vez, tanto el ángel del corazón roto como el caballero de la pobre armadura sintieron que había alguien en el mundo que los comprendía, y se sintieron agradecidos por ello.

*****

La lluvia terminó cuando la noche llegó. Sobre el bosque se mostraba ahora un precioso cielo estrellado y la fresca brisa era de lo más intoxicante.

─Supongo que podemos continuar ─dijo Billy, con duda.

─Usted es el experto aquí ─dijo Mary Lou─. ¿Es seguro viajar de noche?

─…Probablemente no ─respondió Billy─. Pero sé que tiene prisa, así que…

Mary Lou miró el cielo y titubeó con la cabeza.

─Supongo que podemos terminar por hoy ─dijo─. Quiero decir, es mejor seguir una vez que descansemos y tengamos al sol de nuestro lado, ¿cierto?

─Reconozco que eso es cierto ─dijo Billy.

─Continuemos mañana entonces ─decidió Mary Lou.

Con este plan, el par se dispuso a dormir. Mary Lou hizo una almohada con algunas de sus prendas y se cubrió con la cobija que Billy le dio, mientras el rastreador se arrinconó contra la pared, tapándose con su gabardina, todavía medio húmeda.

─No dormirá así, ¿o sí? ─preguntó Mary Lou─. ¿No tiene otra cobija?

─…La vida del vaquero es solitaria ─dijo Billy─. ¡Pero está bien!

Ahora fue él quien estornudó y Mary Lou lo miró con escepticismo.

─¡Ahora soy yo quien no lo puede tener a usted enfermo! ─dijo─. ¡Venga! ¡Podemos compartir!

Mary Lou levantó la cobija, invitándolo a unirse a ella.

─¿Está segura? ─preguntó Billy, inseguro.

─¡Insisto! ─dijo Mary Lou.

Billy sonrió suavemente y corrió a acomodarse a un lado de la joven.

─¡Vaya, muchas gracias, señora! ─le dijo.

─Sólo no se haga ideas raras. ¡Soy una mujer casada, señor! ─bromeó Mary Lou.

─¡Jamás lo haría! ─rio Billy.

─Bien. Buenas noches entonces ─contestó Mary Lou.

─Buenas noches.

Mary Lou cerró sus ojos y apoyó su cabeza sobre su brazo, pronto entregándose a la magia de Morfeo. La mirada de Billy se distrajo un momento con lo serena y dulce que se veía al dormir.

Sin duda parecía un ángel. Un ángel perfecto e inalcanzable. Por un momento, Billy se sintió frustrado y maldijo a su mala suerte más que nunca, pero ¿qué más daba?

Estaba acostumbrado a la decepción y todo cuanto le quedaba era tratar de hacerla feliz reuniéndola con su amado.

Sí. Eso era lo mejor que podía hacer. Cualquier otra idea o pensamiento eran meramente una estupidez. Encerró ese lamento en una caja y lo enterró en lo más profundo de su mente, y se entregó a las sombras de la noche, reiterándose una vez más que la vida del vaquero era una solitaria, y que, si bien no era exactamente la que había elegido, sí tenía que hacer lo mejor posible con ella.

El sueño se apoderó de ambos y la noche pasó con rapidez.