Abrázame fuerte (Chicago Railers Hockey 2) 29 Capítulo veintinueve #2
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29 Capítulo veintinueve #2

Inconscientemente, mi mirada se desplaza hacia los juguetes que descansan en la mesilla.

El cálido aliento de River me roza la oreja.

—Estamos solo nosotros dos. No tiene por qué pasar nada. Pero si quieres explorar… —Coge el vibrador y lo pone en marcha. Un suave zumbido atraviesa el aire—. Empieza con esta configuración. Es la más suave.

Ya tengo la piel sonrojada. Titubeo antes de dejar que mis dedos deshagan el nudo de mi cintura. El albornoz se abre ligeramente y el aire fresco me acaricia la piel desnuda mientras me remuevo en su regazo y abro los muslos.

Me tiembla la mano mientras sujeto el juguete ovalado y lo hago descender hacia la parte más sensible de mí. Me revuelvo; el ángulo no está bien, y los nervios se me ponen más en tensión a cada segundo que pasa, mientras se desliza por mi delicada carne.

Aprieto los párpados con fuerza cuando me inunda la vergüenza.

—No sé lo que estoy haciendo.

La mano de River envuelve con firmeza la mía.

—Pues déjame ayudarte.

Con cuidadosa paciencia, me guía la mano.

Sus dedos descansan ligeramente sobre los míos, nunca forzándome, solo ofreciéndome un apoyo firme.

Me ayuda a encontrar un ritmo. Es un movimiento suave y provocativo, acompañado de una sutil presión, que hace que una chispa se convierta en una llama.

El vibrador me roza el clítoris antes de bajar más, y yo jadeo y mis caderas se sacuden cuando el placer suelta chispas en mi interior como un cable pelado.

—¿Te gusta eso? —me pregunta River al oído. Su boca está tan cerca que puedo sentir el roce de sus labios contra mi piel.

—S-sí —confieso—. Me gusta.

Más de lo que yo creía posible.

Aunque una parte de mí desea la seguridad de su control, él no se apodera de él. Se queda conmigo. Su presencia se convierte en una red de seguridad que me permite explorar esta parte de mí misma a mi propio ritmo.

Mis caderas se mueven de forma instintiva, buscando más presión, más fricción.

Más de esto. Se me acelera la respiración, y cada inhalación se me queda atascada en la garganta.

El albornoz se me resbala aún más por los hombros y el tejido cae y se acumula alrededor de mí, desnudando más partes de mi cuerpo que quedan a la merced del aire fresco y de su mirada.

Pero no intento subírmelo ni esconderme de la intimidad que se está desarrollando entre nosotros.

Abro más los muslos, desesperada por conseguir más de esa sensación, del delicioso aumento de la tensión que está rompiendo como una ola justo fuera de mi alcance.

El vibrador zumba y describe círculos con la cantidad justa de presión.

Mi cuerpo se tensa y el carrete de sensaciones se aprieta en mi interior, cada vez más fuerte, hasta que siento que estoy colgando de un hilo.

Y durante todo ese tiempo, River no me toca.

No directamente.

No de una forma que pudiera cambiarlo todo.

Aun así, ya siento que todo ha cambiado.

—Estás muy cerca, ¿verdad? —pregunta.

—Sí —admito—. Esto está tan bien.

—Siempre debería estar bien. Deberías sentir tu placer siempre que lo necesitases.

Te lo mereces, Callie. Te mereces sentirte bien en tu piel.

Reclamarla. Hacerla tuya. Si fueses mía…

—La sombra de una promesa cae sobre sus palabras, que se me enroscan alrededor como cintas de terciopelo—.

Adoraría cada centímetro de ti. Me aseguraría de que te corrieses cada noche, incluso dos veces, hasta que lo único que tú deseases fuese el sonido de mi voz y el tacto de mis manos sobre tu cuerpo.

Jamás buscarías en otra parte. No tendrías que hacerlo.

Sus palabras me acarician algo enterrado en lo más profundo de mí, algo que se muere por ser visto y abrazado. Con él, no habría espacios vacíos.

Ni dudas.

Solo él.

Solo esto.

El vibrador me rodea el clítoris antes de tocarlo de forma perfecta y directa. La presión crece hasta el punto de ruptura y yo me arqueo, parpadeando rápidamente y cerrando los ojos por fin mientras un sollozo se me atasca en la garganta.

Sus brazos siguen rodeándome, haciéndome sentir protegida.

Como si estuviese bien dejarse ir.

—Quiero ver cómo te corres. —Sus labios me rozan el cartílago de la oreja—. Quiero sentir tu cuerpo haciéndose pedazos por la presión que te estás dando a ti misma.

Esas palabras son lo que acaba conmigo.

El éxtasis estalla por todo mi cuerpo como si me hubiese alcanzado un rayo, y se me arquea la espalda.

Un grito puro se escapa de mi garganta cuando me corro, fuerte y rápido, contra él.

Mi cuerpo se estremece y me tiemblan los muslos.

Es una liberación tan intensa que me parece estar haciéndome añicos, de dentro a afuera.

Estoy flotando, ingrávida, de la mejor manera posible.

Cuando me quedo exhausta, caigo contra su pecho. Mis dedos se aflojan y se me escapa el vibrador de la mano mientras mi cabeza cae sobre su hombro. Tengo la piel húmeda de sudor y las piernas siguen temblándome.

Nunca jamás me había sentido tan viva ni tan satisfecha.

River me sostiene entre sus brazos como si fuese la cosa más preciosa del mundo.

—Gracias. —La emoción se agita dentro de mí.

Él me da un largo beso en la coronilla.

—Tienes que saber que el placer ha sido mío. —Las palabras se instalan en lo más profundo de mis huesos.

Inclino la cara hacia la suya, y mi mirada se queda atascada en la curva de su boca.

Mi pulso se mueve a trompicones. Cada latido me parece más fuerte mientras el espacio entre nosotros se evapora.

Cuando él se inclina hacia adelante, con su cálido aliento flotando como un fantasma sobre mi piel, me estremezco de expectación.

En vez de reclamar su posesión sobre mí directamente, me roza una vez, y luego otra, de una forma cuidadosa que me resulta mareante.

Me pasa el dorso de la mano por la mandíbula, equilibrándome, como si supiera que necesito sentirme anclada de esa forma.

Abro los labios con una inhalación temblorosa y cada terminación nerviosa chisporrotea, pidiendo más.

Cuando su boca por fin se posa en la mía, es un beso sin prisas y deliberado.

El primer roce es suave, pero entonces sus labios acarician los míos con más certeza antes de obligarme a abrirlos.

El calor se retuerce en la profundidad de mi vientre, enroscándose más fuerte al tiempo que mi boca se abre más.

El lento deslizar de su lengua se enreda con la mía.

Es un suave choque que hace que todo en mi interior se quede sin fuerzas.

Su sabor es embriagador, y jamás podría cansarme de él.

Su mano se desliza por mi cara y me levanta la barbilla para hacer que el beso sea más profundo, hasta que el mundo se esfuma a nuestro alrededor.

Cada presión de su boca me dice que no v e esto como algo que exija que nos apresuremos. Todo alrededor de nuestro primer beso es intencionado, y tan íntimo como la forma en que me ha guiado hasta el orgasmo.

Me sumerjo completamente en él, entregándome sin titubeos ni temor.

Solo existen este hombre y este momento.

Y el silencioso descubrimiento, que me ha cambiado la vida, de que después de muchos años, por fin me siento deseada.