28 Capítulo veintiocho
CAPÍTULO VEINTIOCHO
RIVER
Nora lleva en la cama ya quince minutos. Estaba tan cansada que ni siquiera se ha resistido a la hora de acostarla. Solo se ha fundido contra mi pecho y me ha susurrado algo sobre Gaffy antes de caer como un tronco.
No puedo evitar bajar la vista hacia su tranquilo cuerpecito durante unos cuantos minutos antes de volver al otro dormitorio. En medio del colchón hay una bolsita negra.
No es nada llamativa.
No hay ninguna cinta ni envoltorio brillante que revele de qué se trata ni de dónde proviene.
Y aun así, me está haciendo sudar. Me paso una mano por la nuca y vuelvo a plantearme mi decisión por enésima vez.
¿Y si he malinterpretado la situación?
¿Y si ella cree que eso es pasarse de la raya?
¿Y si hago que salga corriendo?
Después de haber ido minando gradualmente sus murallas y de ganarme su confianza, eso me dejaría hecho polvo.
Esto no es ninguna clase de jugada, y no tiene que ver con el sexo.
Diablos, ni siquiera es sobre mí.
Es sobre ella.
Callie da todo lo que tiene a la gente que la rodea. Nora, sus padres, sus amigas, los clientes de la pastelería… Y nunca pide nada a cambio.
Solo sigue adelante.
Sigue sacrificándose.
Sigue poniéndose la última.
Tal vez la he deseado durante más tiempo del que debería. Tal vez sea egoísta por mi parte querer que se vea a sí misma de la forma en que yo la veo. Pero se merece saber que es algo más que lo que todo el mundo espera que sea.
Este regalo es un recordatorio de eso.
Un recordatorio de que ella importa. De que está bien que desee cosas. Que se sienta bien, que reclame su espacio. Hasta cuando no haya nadie mirando.
Sobre todo cuando no haya nadie mirando.
El sonido de unos pasos acercándose por el pasillo me acelera el pulso. Callie entra en el cuarto y su mirada se posa inmediatamente en la bolsa que hay sobre la cama.
Se detiene en seco y sus cejas se juntan.
—¿Qué es eso?
Trago saliva y señalo el regalo con la cabeza.
—¿Por qué no lo abres y lo averiguas?
Ella titubea un segundo o así antes de dar un paso cauteloso hacia adelante.
Es como si esperase que algo fuese a saltarle encima.
Se acomoda en el borde de la cama y se pone la bolsa en el regazo.
Su mirada se dirige rápidamente hacia mí antes de abrirla, apartando con cuidado el papel de seda y luego sacando la elegante caja negra.
No lleva ni etiqueta ni instrucciones.
Me mira con curiosidad antes de quitarle la tapa.
Eso es lo único que le hace falta para quedarse paralizada.
—River…
—Te he dicho que te había comprado unos juguetes —le digo con voz suave.
—¿Hay más? —La voz le sale estrangulada.
—Así es.
Ella mira el objeto alargado, sin atreverse a tocarlo.
—Yo no… No necesito esto.
Me siento a su lado, cerca pero sin avasallar, y le pongo los dedos debajo de la barbilla hasta que a ella no le queda otra que mirarme a los ojos.
—Sí, lo necesitas. —Mi pulgar le acaricia la piel—. No tiene nada que ver con la necesidad y todo que ver con volver a recuperar el control sobre tu propio placer. Nunca debería depender de que alguien deseara dártelo. Te mereces sentirte bien siempre que quieras.
Abre los labios, pero no sale ninguna palabra de ellos.
—Ni siquiera sabría cómo usarlo —admite por fin.
—No pasa nada. No tienes por qué saberlo. Lo importante es aprender, explorar y sentirte cómoda con lo que te gusta y con lo que te hace sentir bien.
Nuestras miradas siguen clavadas la una en la otra y yo bajo la mano. Esta vez, ella mete la suya en la bolsa sin que yo necesite animarla a sacar la segunda caja.
Es más pequeña y discreta.
En cuanto la abre, sus ojos se agrandan. Con dedos temblorosos, saca el pequeño objeto oval.
—Es un vibrador —le explico, como si no tuviese importancia alguna.
La emoción cruza rápidamente por su rostro. Seguida por vergüenza, y luego por curiosidad. Asiente antes de dejarlo junto al otro aparatito.
Entonces saca el siguiente artículo. Su mano se serena. Pestañea, y sus cejas se levantan lentamente.
—Esto…
—Es un consolador —le digo, para ayudarla.
Su mirada se desplaza como un rayo hacia la mía.
—Es rosa.
—Me han dicho que la parte estética tiene su importancia.
Ella coge el juguete con forma fálica y le da vueltas en su mano, como si estuviese tratando de averiguar si viene con manual de instrucciones.
—Es, ejem… grande.
—Creo que te cabrá perfectamente.
Ella deja escapar el aliento, lentamente. Entonces, con una risa temblorosa, mete la mano en la bolsa y saca el último artículo: una botella de lubricante.
Sus cejas vuelven a levantarse de golpe.
—¡Guau! De verdad has pensado en todo.
—En lo que a tu placer respecta, no puedo ser otra cosa sino concienzudo —le digo, con los ojos clavados en la forma en que sus labios tiemblan, como si estuviese intentando reprimir una sonrisa—.
Claro que podría haber añadido un par de cosillas más, pero quería que esto te pareciese sencillo.
Fácil. Algo que no te abrumase. Algo que pudieras explorar, disfrutar y con lo que llegar a sentirte cómoda a tu propio ritmo, y siguiendo tus propias condiciones…
—Gracias —dice con voz suave—. Te lo agradezco más de lo que crees.
—Tú te lo mereces, Callie. Te mereces tomarte tiempo para ti misma. Sentirte deseada, querida y valorada.
Su mirada se eleva a encontrarse con la mía y esta vez no la aparta. Escudriña mi rostro como si estuviese intentando encontrar las señales de advertencia o averiguar dónde está la trampa.
Pero no hay ninguna.
Nunca la ha habido.
No conmigo.
—Estás haciendo que me resulte casi imposible mantener mis defensas levantadas.
—Bien —le agarro la mano y enlazo nuestros dedos antes de levantarla hasta mis labios y darle un beso fugaz—. No tienes que hacer eso conmigo. Ni ahora, ni nunca.
Ella mete la cara en la curva de mi cuello mientras nos sentamos en silencio. Nuestra respiración se ajusta al mismo ritmo tranquilo y su cuerpo se afloja lentamente contra el mío.
Le planto un beso en la sien.
—Cuando estés lista, te enseñaré cómo funciona todo. Pero solo si tú quieres que lo haga.
Aunque no me responda inmediatamente, sus dedos se enroscan en mi camiseta, como si estuviese pensando en dejar entrar a alguien por fin.
Y yo estaré ahí mismo, esperando, cuando lo haga.