25 Capítulo veinticinco #2
El silencio se extiende sobre la mesa. No es incómodo, solo auténtico. Como si todas lo entendieran. Como si hubiesen estado en la misma posición que yo, esperando a que ocurriese lo inevitable.
—No es solo el sexo, o supongo que debería decir, la ausencia de sexo —murmuro—. Es la forma en que me mira. Casi como si me viera del todo, junto con todas mis cargas emocionales, y eso no le hiciese desear salir corriendo y ponerse a salvo.
Rina se estira y me pone una mano encima de la mía.
—Así es como se supone que debe ser, cielo. Eso es exactamente lo que se siente cuando un hombre de verdad se compromete.
Antes de que pueda responder, me vibra el teléfono. Lo saco del bolsillo antes de mirar la pantalla.
River: Solo quería enseñarte que estamos bien.
Hay una foto adjunta.
Nora lleva dos coletas ligeramente torcidas que parecen estar demasiado bien hechas para ser el intento de un novato.
Tiene las mejillas pegajosas de yogur de fresa y sonríe como si se lo estuviese pasando en grande.
River está a su lado, con la cara apoyada contra la suya y los ojos azules medio cerrados por la risa.
Parece como si estuviese pasándoselo igual de bien que ella.
A mi alrededor brotan unos chillidos.
—¡Oh, Dios mío! —jadea Sloane—. Le ha hecho el pelo. Y tiene buena pinta. O sea, una asombrosamente buena.
—¿Estamos seguras de que ese hombre es real? —pregunta Rina—. Esto parece una de esas películas romanticonas de sobremesa, y lo digo en el mejor de los sentidos.
Lilah arquea una ceja, con una sonrisa cargada de sabiduría.
—¿Estás segura de que no estás más metida en esto de lo que pensabas?
Esa pregunta hace que me dé un vuelco el corazón, protestando.
Me es imposible ocultar la sonrisa que se me extiende por la cara.
—Creo que es una clara posibilidad.
Escribo mi respuesta mientras todas me observan.
Yo: Parece que lo tienes todo bajo control. Gracias otra vez.
En cuanto pulso enviar, Rina entorna los ojos y me señala con el dedo.
—Esa mirada, esa de ahí… ¿La ligeramente salida y ligeramente soñadora? Eso no es algo casual. Eso es energía de haber perdido la partida.
Antes de que pueda responderle, se abre la puerta y Beau entra en la pastelería. Nos lanza una sonrisa cargada de confianza que hace que Sloane se enderece en su asiento, antes de dirigirse directamente hacia nuestra mesa.
Su mirada se queda clavada en la mía.
—Hola, Callie. ¿Podemos hablar un minuto?
—Claro. —Me levanto, tremendamente consciente del estallido de susurros a mis espaldas en el preciso instante en que me doy la vuelta.
Nos quedamos junto a la caja, y Beau baja la voz.
—Ayer hablé con Gabby. Todo está preparado. Empezaremos a ofrecer tus postres en dos de nuestros restaurantes el mes que viene. Si la aceptación es buena, pensaremos en expandir gradualmente el menú.
—Eso es alucinante. —Una sonrisa auténtica se forma en mis labios—. Gracias otra vez por la oportunidad.
Él se acerca un poco más. Hay una pausa, y cuando vuelve a hablar, su tono se suaviza.
—Lo pasé bien de verdad la otra noche. Sé que dijiste que querías mantener las cosas en el plano profesional, pero esperaba que pudieses reconsiderarlo.
Yo titubeo.
Beau es guapo. Educado. Encantador, de una forma que parece inofensiva. Pero no hay nada de atracción ni de química entre nosotros. No hay ninguna oleada de calor en mi pecho como la que aparece cuando River entra en una habitación.
—No creo que sea una buena idea —digo con voz suave—. Pero yo también lo pasé bien, de verdad.
Su sonrisa flaquea solo un segundo, y me da la impresión de que a este hombre no le dicen muy a menudo que no.
—¿Hay algo que pueda decir para que cambies de idea?
Meneo la cabeza.
—No, lo siento. No lo hay.
Me observa por un instante, leyendo entre líneas.
—¿Hay alguien más?
Hago una pausa antes de admitirlo, no solo ante él sino también ante mí misma.
—Creo que podría haberlo.
Una chispa de decepción brilla en sus ojos antes de que se recupere rápidamente.
—Si algo cambia, espero que me lo hagas saber.
—Lo haré.
Asiente y dirige una educada sonrisa hacia la mesa. Luego se da la vuelta y sale, dejando tras de sí una extraña mezcla de alivio y culpabilidad revolviéndose en mi interior.
Cuando se va, vuelvo a la mesa.
—Bueno —dice Sloane, rompiendo un pedacito de su buñuelo—, eso ha sido un poco sexi y muy incómodo.
El móvil de Rina vibra, y su cara se ilumina en el instante en que mira la pantalla.
Lilah se inclina hacia adelante, ya sonriendo.
—Mmm. Me pregunto quién te hace sonreír de esa forma.
—¿Disculpa? —pregunta Rina, con un aire de despreocupación algo forzado.
Lilah arquea una ceja.
—¿Qué es lo que tenemos aquí? ¿Un nuevo match de Tinder?
Rina coge su bolso, se pone en pie, y empieza a dirigirse hacia la puerta.
—Solo un tío con buena conversación. Confiad en mí, no es nada serio.
—Espera un instante, ¿eso es todo lo que me das después de que te haya desnudado mi alma? —le grito mientras se aleja.
Ella vuelve la cabeza y me mira con una sonrisa maléfica.
—¿Y no te sientes mejor ahora? —Entonces me guiña un ojo—. Si se convierte en algo más, seguro que vengo a contarlo a nuestro círculo de confianza.
Y entonces, la puerta se cierra a sus espaldas.
Lilah sorbe su té y suelta un suspiro de satisfacción.
—Aquí nunca hay un momento aburrido, ¿verdad?
—Pues no —murmuro, observando la puerta un poco más antes de volverme hacia la mesa, hacia esa gente que me parecen más como mi familia—. Ni por asomo.