24 Capítulo veinticuatro #2
—La estás dejando ganar, hombre. Regla número una: ve siempre un paso por delante del desastre. Una vez consiguen tener el control, no hay solución.
Nora se ríe y patalea en la silla, claramente encantada por toda esa atención.
Elody le da un suave tirón a su manga.
—¿Papi, te puedo ayudar?
Él sonríe y la mira antes de revolverle el pelo.
—Por supuesto, cielo. En cuanto limpiemos a Nora, tal vez puedas enseñarle tu libro de pegatinas.
Knox le da un codazo a Steele y señala con la cabeza hacia la escena.
—Toma notas, Capi. Ese es tu futuro.
Steele sonríe con picardía.
—Pues que lo sea. Estoy listo.
Cuando el teléfono de Oliver vibra, él se lo saca del bolsillo y mira la pantalla. Responde inmediatamente, y sus dedos se mueven a la velocidad de la luz.
Jax se inclina intentando cotillear qué pone.
—¿Quién te está fundiendo el teléfono a estas horas de la mañana? Espera, espera… Déjame adivinar. ¿Es alguna pobre chavala a la que le has hecho ghosting antes siquiera de que sepa si ha habido primer round o no?
Oliver ni se molesta en apartar la vista de la pantalla.
—No es de tu maldita incumbencia.
A Knox le brillan los ojos.
—Lo que significa que Jax lo ha clavado.
Oliver vuelve a meterse el móvil en el bolsillo y le enseña el dedo a Jax sin perder comba, desde un ángulo en el que Elody no puede verlo, diciendo:
—Noo. Esa es tu jugada típica.
—Me da la sensación de que estás ocultando algo —dice Jax con una sonrisa—. Creía que éramos todos amigos.
Oliver levanta una ceja.
—Define el término «amigos».
—Está bien —Jax se frota las manos como si estuviese maquinando algún plan—. Entonces pondré mis maravillosas dotes detectivescas en marcha.
—Odio ser yo quien te lo diga, tío —dice Steele, riendo—. Apenas tienes dotes sobre el hielo. Si yo fuese tú, me concentraría en conservar mi trabajo actual.
—¡Ay! Te lo has cargado de un tiro —añade Knox, riendo también.
Antes de que Jax pueda responderle, Oliver me mira, haciendo un gesto con la barbilla.
—Oye, Thompson, ¿tú no dijiste que la chica que trabaja con Callie estaba preguntando por nuestro hombre?
Jax se da la vuelta tan rápido que casi se tropieza con sus propios pies.
—Espera, ¿Sloane estaba preguntando por mí? ¿Y no me lo habías contado? —Su voz tiene el mismo tono que el de los silbatos para perros—. En serio, tío, ¿qué cojones te pasa?
Laiken gruñe antes de darle una gran palmada a Jax en la nuca. Es lo bastante fuerte como para que el otro le entienda.
—¡Cuida el lenguaje! Tenemos unas orejitas rondando por aquí, genio.
Inclina la cabeza para señalar a Elody, que ahora está observando a Jax, con los ojos muy abiertos y la clase de intensa concentración que significa que cada palabra se está archivando para un uso posterior.
—Laiken tiene razón —añade Steele con una risita—. ¿Quieres ser tú la razón por la que empiece a soltar palabrotas en el cole?
—Una vez dije C-A-P-U-L-L-O —murmura Laiken—, y tuve que escuchármelo todos los días durante una semana.
—¡Has deletreado capullo, papi! —exclama Elody—. ¡Dijiste que eso era una palabra fea!
Laiken deja caer la cabeza sobre su mano.
—Estaba hablando sobre la palabra, no diciéndola. Hay una diferencia.
—Pero a mí me gusta decirla —anuncia ella, orgullosa—. Es graciosa.
Knox ahoga una risa, y sus hombros le tiemblan.
—No anda descaminada. Esto resulta bastante divertido.
Laiken le lanza una mirada asesina.
—Sí, bueno, tú no eres el blanco de las miraditas de reojo de sus abuelos cuando ella se pone a presumir de su nuevo vocabulario.
Después de eso, la habitación se queda en silencio, y la hilaridad se disipa mientras algo más serio ocupa su lugar.
—¿Alguna novedad sobre la situación de la custodia? —pregunta Knox en voz baja, para que las niñas no lo oigan.
Laiken observa a Elody y a Nora, que han salido corriendo hacia el salón, con Elody delante. Su mirada se suaviza, pero la tensión de su mandíbula no cede.
—Han contratado a un nuevo abogado. Parece que no piensan echarse atrás en un futuro próximo. Deben de creerse que si siguen presionando el tiempo suficiente, acabaré cediendo. Y eso no va a ocurrir jamás.
—¿Y qué hay de Sarah? —pregunta Oliver, con voz queda.
Laiken se pasa la mano por el pelo y un músculo empieza a mostrar un tic en su cara.
—Nadie ha oído nada de ella desde hace meses. Pero sus padres… De repente han decidido que quieren una segunda oportunidad con Elody. Como si quizás pudiesen reescribir la historia y hacerlo «bien» esta vez.
Me da un vuelco el estómago.
—Eso es una gilipollez total. Eres un buen padre, Laiken, maldita sea.
Mi compañero de equipo endereza los hombros pero el peso de su mirada no desaparece.
—Eso me gusta pensar.
—Parece como si estuviesen intentando quitarte algo que no les pertenece —murmura Knox.
Antes de que el humor general pueda volverse todavía más negativo, Elody regresa a la cocina, con la cara sonrojada, y una gran sonrisa.
—¡Papi! ¡A Nora le gustan mis pegatinas!
La expresión de Laiken se relaja al instante.
—Eso es genial, cariño. Sigue enseñándoselas, ¿vale?
La niñita asiente antes de girar sobre sus talones y volver dando saltitos hasta el salón.
Todas la miramos mientras se va y entonces me doy cuenta de que no hay nada que yo no haría por este grupo de tíos. Lo que he aprendido es que la sangre no es lo único que te convierte en familia.
Es estar ahí cuando hace falta.
¿Y nosotros?
Estamos intentando aprender mientras avanzamos.
Un día desastroso y cubierto de yogur detrás de otro.