Abrázame fuerte (Chicago Railers Hockey 2) 20 Capítulo veinte
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20 Capítulo veinte

CAPÍTULO VEINTE

RIVER

—En cuanto acabe la temporada, empezaremos a rodar. No te creerías cuánto dinero está soltando la cadena por esto. Es como si fuéramos a imprimir dinero.

Zane hace un gesto de deslizar una mano sobre la otra como si estuviese repartiendo billetes de cien en un club de estriptis.

Yo le miro por lo que me parece ser la centésima vez y me pregunto cómo diablos pudimos ser amigos.

¿Fue él quien cambió?

¿O fui yo?

Tal vez fuésemos los dos.

Llegamos juntos como novatos. Estábamos muy verdes, hambrientos, y preparados para arrollar en la liga. Congeniamos enseguida. La misma mentalidad. El mismo impulso. Las mismas metas.

¿Pero ahora?

Cada maldita palabra que sale de su boca está contaminada de gilipolleces.

Es agotador.

Ahora está sentado con las piernas abiertas en el banco de delante de su taquilla, con una toalla apenas sujeta alrededor de las caderas y cacareando lo bastante fuerte como para que le oiga todo el vestuario.

Yo me pongo el jersey y meto los brazos por las mangas como si ese movimiento pudiera hacer que no me volviese loco.

Aunque nadie le esté preguntando nada, él sigue vociferando sobre sus sueños de estrella de realities.

—Los productores quieren que Nora salga en algunos episodios. Ya sabes, para darle a todo un aire más familiar y sano. Los espectadores devoran esas mierdas.

Mi cabeza se gira de golpe hacia él y frunzo el ceño.

—Tu hija no es una pieza de atrezo.

Él suelta una carcajada y me da una palmada en el hombro como si siguiésemos siendo colegas.

—Relájate, tío. Será una publicidad muy buena. Estoy seguro de que a Callie le parecerá bien. ¿Y quién sabe? Tal vez este pequeño arreglo pueda ser lucrativo para todos. Callie podría hacer d e ex celosa que solo quiere recuperar a su hombre.

Los músculos de mi mandíbula se tensan y mi mano se aprieta formando un puño. Durante un segundo, de verdad puedo imaginarme mis nudillos estampándose contra su rostro.

Solo una vez.

Lo bastante fuerte como para hacerlo entrar en razón a hostias.

¿Es que no le ha hecho ya bastante daño a Callie?

¿Ahora también la quiere humillar públicamente en la televisión nacional?

¿Y meter en eso a Nora?

Ninguna de ellas debería ser utilizada como peón en el siguiente numerito publicitario de Zane.

Se merecen algo mejor.

Cada vez que Zane abre la boca, resulta más obvio que no es digno de ninguna de ellas.

Nunca lo fue.

Acorto la distancia entre nosotros antes de bajar la voz, mientras él se pone rápidamente unos pantalones de chándal.

—¿Sabías que la pastelería no está yendo bien? Si Callie es la que mantiene a tu hija, tal vez debieras hacer lo correcto en vez de ser un egoísta y pensar solo en ti mismo.

Él resopla como si estuviese siendo exageradamente dramático y eso todavía me mosquea más.

—¿Crees que tengo dinero de sobras por ahí tirado? —Coge su colonia y le da dos toques al spray—. Tengo que irme. Tenemos sesión de fotos esta noche, y Gigi tarda como una hora en arreglarse el pelo.

Se guiña un ojo en el espejo antes de salir trotando del vestuario. La puerta se cierra a sus espaldas y el silencio se asienta como el polvo tras su marcha.

Oliver menea la cabeza.

—Pero qué subidito está ese tío. Si Gigi lo deja, probablemente se case consigo mismo.

Laiken deja escapar un silbido grave.

—Ese tío necesita un golpe de realidad, no de telerrealidad.

Jax frunce el ceño.

—¿De verdad ha dicho que quería poner a Nora delante de la cámara? ¿En un reality?

—Pues sí —confirma Steele, cruzándose de brazos mientras apoya la espalda contra su taquilla—. Eso es exactamente lo que ha dicho. No hay ninguna posibilidad de que Callie lo permita.

—No hay ninguna posibilidad de que yo lo permita —digo entre dientes. Solo decirlo hace que se me dispare la tensión.

Steele arquea una ceja.

—¿Ah, sí? ¿Es que tienes algo que decir al respecto?

Le miro a los ojos sin inmutarme.

—Sí. Así es.

Una expresión de respeto pasa rápidamente por su rostro antes de que una de las comisuras de sus labios se eleve en una mueca divertida.

—¿Ya sabe Callie que ahora estás tomando decisiones por ella?

—Pues no —admito—, pero lo sabrá.

Estoy harto de verla soportando el peso de todo mientras Zane se pasea alegremente por la vida sin consecuencias. Y estoy harto de ver a Nora crecer sin la clase de presencia constante y segura que se merece.

Puede que Zane sea su padre biológico, pero, seamos sinceros, ahí se acaba toda su contribución. No pienso quedarme sentado y permitir que ninguna de las dos pague el precio de sus errores.

Steele asiente.

—Bien por ti, tío. Ella se merece a alguien que esté dispuesto a dar un paso adelante.

—Gracias —me cuelgo la bolsa al hombro, digo adiós rápidamente y empujo la puerta de los vestuarios.

En cuanto se cierra tras de mí, me vibra el móvil que llevo en el bolsillo.

No necesito mirar la pantalla para saber de quién se trata.

La conexión mental entre gemelos es algo que existe de verdad.

Deslizo el dedo para responder.

—Hola, Willow. ¿Qué pasa?

—¿Va todo bien? —Ella suena como si estuviese en alerta total.

—Sí, todo va bien. ¿Por qué?

—No lo sé —murmura—. Solo tenía la sensación de que me necesitabas.

Sofoco una risa silenciosa.

—¿Te he dicho alguna vez lo inquietante que r esulta ese sexto sentido tuyo?

Ese comentario la hace soltar una risita.

—Bienvenido a ser gemelos. Te noto algo en la voz. Suenas como si estuvieses a punto de darle un puñetazo a alguien o a declarar tu amor eterno. ¿Cuál de las dos cosas es?

—La situación es complicada —digo, con un gruñidito.

—Entonces —razona ella—, no es nada del hockey.

Me paso una mano por la cara y entro en el pasillo.

—Su nombre es Callie y tiene una hija. Además de un ex que no se las merece a ninguna de las dos. —Hay una pausa antes de que admita—: También resulta ser uno de mis compañeros de equipo. Zane.

El momento de silencio por su parte lo dice todo.

—Maldita sea —me susurra—. Te has metido en una buena, ¿eh?

—Ya llevo bastante tiempo metido hasta el cuello.

Y no me es posible seguir aquí sentado sin hacer nada.

No cuando ella está cargando con el peso del mundo sobre los hombros.

Su hija y ella se merecen algo mejor. Se merecen a alguien que esté ahí presente para ellas cada maldito día.

No solo cuando resulta cómodo y cuadra con sus horarios.

Willow no se ríe ni se mete conmigo.

—Tengas lo que tengas que hacer, estoy contigo al cien por cien. Siempre lo he estado. Siempre lo estaré.

Y así, sin más, los últimos restos de tensión que me quedaban se evaporan de mis hombros mientras empujo la puerta de salida y me dirijo al garaje.

—Gracias, hermanita. Eso significa más de lo que crees.

—Esta mujer debe de ser verdaderamente especial si te tiene así de enganchado.

—Es mucho más que eso —admito—. Te va a encantar. ¿Y Nora? Ella es increíble. Lista como el demonio, más dulce que la miel y con esa gracia que se te mete por debajo de la piel sin que te des cuenta. Tiene ese hoyuelo cuando sonríe…

Dejo de hablar mientras una lenta sonrisa se extiende por mi cara.

—Estoy deseando conocerla. Espero que sea pronto. Como la próxima vez que juguéis contra el equipo de Mav. Guiño, guiño.

—Veremos. Puede que sea demasiado pronto. —Pulso el botón para abrir la camioneta y entro en el fresco garaje antes de admitir—: Las quiero mucho, pero no sé si Callie llegará a creer que yo no soy como su ex.

—Entonces demuéstraselo. Cada día. No con grandes promesas, sino con pequeñas cosas. Cosas de verdad. Hasta que entienda la diferencia.

Abro la puerta, me subo en el asiento del conductor y arranco.

Zane tuvo su oportunidad y la cagó.

Ahora es mi turno.

Y que me aspen si permito que Callie o Nora se me escapen entre los dedos igual que hizo él.