Abrázame fuerte (Chicago Railers Hockey 2) 19 Capítulo diecinueve
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19 Capítulo diecinueve

CAPÍTULO DIECINUEVE

CALLIE

La pálida luz de la mañana se filtra entre las cortinas, lanzando un resplandor dorado por la habitación.

No me despierto oyendo llorar a Nora ni con el pánico de siempre atenazándome el pecho y recordándome todo lo que olvidé hacer el día anterior.

No se escucha ninguna alarma, y el infierno no se está desatando.

Solo hay silencio.

De alguna manera, esa tranquilidad me desorienta más que la tormenta a la que me he ido acostumbrando con el paso de los años.

Me quedo quieta allí tumbada, dejando que la suavidad del colchón me acune mientras la calidez de las sábanas me envuelve como en un capullo. Siento los brazos y las piernas pesados, en el mejor de los sentidos. No puedo recordar la última vez que me sentí así.

No solo descansada, sino renovada.

Bostezo, echo un vistazo y entonces veo que no reconozco nada de lo que me rodea. Durante una fracción de segundo, el pánico me invade como un relámpago. Y con él, los recientes acontecimientos regresan a mi mente en una oleada confusa.

El pago atrasado del préstamo de la pastelería.

Ir de compras con River.

La nota de la subida del alquiler pegada a mi puerta.

La oferta de River de que nos quedásemos en su casa.

Quedarme dormida en su cama.

Se me acelera el pulso cuando me vuelvo hacia un lado, acercándome un poco al otro extremo del colchón. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que dormí en la cama de un hombre. Y todavía más tiempo desde que alguno me tocó con algo que yo no sintiese como una expectativa u obligación.

Solo con cariño.

Reúno mis fuerzas para prepararme antes de mirar por fin el espacio a mi lado, y me lo encuentro vacío. Las sábanas están frías al tacto y la almohada parece no haber sido utilizada.

Él ya se ha ido.

Me digo a mí misma que eso no debería importarme, aunque una punzada intensa se me clava entre las costillas.

Eso no tiene nada que ver con River.

No estoy aquí por ningún hombre, ni por algún romance relámpago. Estoy aquí porque no había ninguna otra buena opción. Necesitaba ayuda y, por una vez, alguien me la ofreció.

Esto va sobre supervivencia.

La mía.

Y lo que es más importante, la de Nora.

Aun así, la decepción por haberme despertado sola no se desvanece.

Es un dolor suave que me niego a reconocer.

Como un moretón que finjo no notar hasta que algo lo roza y me recuerda que sigue estando ahí.

Suspiro suavemente, aparto las sábanas y bajo las piernas al suelo. El frescor del aire me hace estremecer cuando mis pies descalzos tocan el suelo de madera. Me paso los dedos por el pelo, intentando quitarme el peso del sueño mientras salgo descalza al pasillo.

Es hora de ponerse en marcha.

Tengo que vestir a Nora, dejarla en casa de mis padres y salir pitando hacia la pastelería. Tengo una montaña de pedidos especiales y mi buzón de entrada está que revienta. No puedo llegar tarde.

Tampoco hay espacio libre para nada que no sea el trabajo, las fechas de entrega y las responsabilidades.

Como siempre, mi cerebro se pone a tope.

Ya estoy haciendo listas de tareas y priorizando lo que hay que hacer antes.

Tengo que pedir más harina y huevos. Volver a imprimir la factura del catering.

Llamar al proveedor para hablar del extracto de vainilla.

Preparar los productos para la entrega de mañana.

Escribirle a Sloane para que revise la vitrina.

La lista se hace más y más larga con cada paso que doy, hasta que me encuentro a la puerta del cuarto de Nora.

Una mirada al interior hace que me detenga en seco.

River está desparramado sobre el enorme sillón del rincón, con la cabeza hacia atrás y la mandíbula relajada por el sueño. Su pecho sube y baja rítmicamente, con mi hija enroscada encima.

El diminuto puño de Nora se agarra al ligero vello del pecho de él, y su mejilla se apoya contra su piel. Tiene las piernas tapadas, y un pie sobresale de la manta que los envuelve a los dos. El brazo de él la rodea con gesto protector como si, aun estando dormido, intentase mantenerla a salvo.

Algo en esa imagen me atraviesa.

Este momento tan tierno y tranquilo es igual que los que yo soñaba cuando estaba embarazada y era todavía lo suficientemente tonta como para creer que Zane sería la clase de padre que se levantaría en plena noche sin que nadie se lo pidiera.

La clase de hombre que sostendría a su hija con ambos brazos y todo su corazón.

Que la querría de la forma en la que ella se merecía.

De la forma en que todos los niños deberían ser amados.

Ese sueño murió mucho antes de que Nora abriese siquiera los ojos.

Así que lo enterré y me dije a mí misma que no importaba.

Que yo la querría lo suficiente por los dos.

Que yo sería lo único que le haría falta.

Pero ahora, aquí está River, con ella en brazos, como si fuese la cosa más natural del mundo.

Como si ella fuese suya.

Como si su sitio estuviese con él.

A su lado.

Tal vez lo más cruel de todo esto sea saber que él no es mío.

No realmente.

No, oficialmente.

No de ninguna de las maneras que cuentan.

Y sin embargo, aquí está. Haciendo lo que el hombre que ni tendría que habérselo cuestionado no haría, sin titubeos ni quejas.

Incapaz de contenerme, les contemplo en silencio, y el sentimiento en mi pecho se hace más fuerte con cada latido. Durante un instante solo puedo apoyarme una mano contra el esternón y preguntarme cómo se supone que voy a mantenerle alejado de mí cuando él ya ha encontrado un camino para entrar.

Mi mirada flota por encima de él.

Cuando duerme, parece más dulce.

Más joven.

Más vulnerable.

Y todavía tan arrolladoramente guapo que casi resulta algo injusto. No son solo su cara o el marcado perfil de su mandíbula, ni siquiera esas pestañas tan irritantemente largas que la mayoría de las mujeres matarían por tener.

No soy consciente de que he cruzado la habitación hasta que me encuentro delante de él, lo bastante cerca como para sentir el calor de su piel. Mis dedos tiemblan de ganas de tocarle la cara, de dibujar la curva de su pómulo o la sonrisa adormilada que le eleva los labios.

Pero me contengo justo a tiempo, y mis dedos forman un puño que cuelga de mi mano.

Permitir que River se meta más adentro sería demasiado fácil.

Y mucho más peligroso.

De alguna manera, ya sé que si me permito caer y enamorarme de él, no habrá nada que pueda amortiguar mi caída. Será un golpe del que no seré capaz de librarme.

Sus pestañas tiemblan y sus ojos se abren antes de encontrarse con los míos. Una sonrisa soñolienta se dibuja en sus labios. Casi como si verme aquí, a primera hora de la mañana, fuese la mejor parte de su día.

Me invade una oleada de calidez.

Es como si volviera a tener dieciséis años y estuviera totalmente metida en algo que me supera.

Me obligo a moverme y cojo suavemente a Nora en mis brazos. Ella solo se remueve un poquito, con un suspiro adormilado, antes de acurrucarse contra mí.

—Tendrías que haberme despertado —susurro, centrando mi atención en mi hija aunque siento como si su mirada me abrasara—. Ella es responsabilidad mía. Tendría que ser yo la que la cuidara.

River se despereza levantando los brazos por encima de la cabeza con un movimiento lento y perezoso.

—Tú estabas roque y ella disgustada —dice, con unas palabras todavía enronquecidas por el sueño—. Imaginé que podría encargarme yo. —Su mirada firme vuelve a clavarse en la mía—. Y te dije que mientras estuvierais aquí, ella puede ser nuestra responsabilidad.

Nuestra.

Esa pequeña palabra me golpea directamente entre las costillas.

No me duele porque me sienta ofendida.

Me duele porque lo deseo.

Más de lo que querría admitir.

Ni siquiera ante mí misma.

Agarro más fuerte a Nora, como si al abrazarla con suficiente fuerza ella no fuese a oír esa palabra ni a hacerse una idea equivocada.

Como si yo ya no lo hubiese hecho.

Él está haciendo que esto parezca demasiado fácil.

Demasiado seguro.

Demasiado correcto.

Y ese es el auténtico peligro, ¿no?

Habrá un momento en el que River decida que ya no quiere seguir jugando a las casitas y se aleje después de haberse abierto camino, como un gusano, dentro de nuestros dos corazones.

No solo me destrozará a mí.

También destrozará a Nora.

Y no sé si alguna de las dos podría sobrevivir a eso.