8 Capítulo ocho
cTU
CAPÍTULO OCHO
RIVER
La buena noticia es que Callie no suena enfadada por mi inesperada oferta. Más bien descolocada.
Como si no fuese capaz de adivinar por dónde voy.
Y eso está bien.
Por el momento.
—Creo que los dos podemos estar de acuerdo en que es una gran oportunidad —digo, con franqueza—. Aunque no me guste la idea de que pases tiempo a solas con Beau Masterson.
Ella parpadea, y está claro que no se esperaba esa respuesta.
—Estoy pensando en lo que es mejor para ti —añado—. No para mí.
Un gesto de confusión cruza fugazmente su rostro medio segundo antes de que pueda ocultarlo.
—Puedo hablar con mis padres. Estoy segura de que podrán quedarse con Nora.
—Eso no es necesario —insisto—. Yo te cubro.
Ella traga saliva antes de mirar hacia la parte frontal de la pastelería, como si le hiciese falta un instante para recobrar la compostura antes de que sus ojos entornados se dirijan cortantes hacia los míos.
—¿De verdad te parece bien cuidar de ella?
—Por supuesto. Lo creas o no, he pasado tiempo con niños.
Su expresión se vuelve todavía más escéptica.
—¿De verdad has cogido en brazos a algún niño pequeño?
Una sonrisa juega con las comisuras de mis labios.
—Mi hermana gemela, Willow, tiene dos. Uno de tres años y otro de un año que chilla como si estuviese haciendo una audición para un espectáculo de Broadway.
Sus cejas se elevan.
—¿Tienes una hermana gemela?
—Sí. —Incapaz de contenerme, atravieso la escasa distancia que nos separa—. Hay mucho que tú no sabes de mí, Callie.
Aunque ella se mantenga en el mismo sitio, percibo el brillo repentino en sus ojos y el pulso que revolotea rápido contra la delicada carne de su garganta cuando se da cuenta de lo cerca que estamos. El calor cobra vida entre nosotros cuando el aroma de su champú floral se mezcla con mi colonia.
Ella no tiene ni idea de las ganas que tengo de ponerle las manos encima.
Parpadea una vez y recupera la compostura mientras se humedece rápidamente los labios con la lengua.
—¿Estás seguro de esto?
—Totalmente. No me habría ofrecido si no.
Me inclino tanto hacia ella que tiene que levantar la barbilla para poder mirarme a los ojos.
—Además —digo—: Estaré allí para asegurarme de que vuelvas a casa sana y salva. Y Beau lo sabe.
Sería imposible no notar la forma en que se queda inmóvil cuando le deslizo los dedos bajo la barbilla.
—Si toca uno solo de los pelos de tu cabeza, será lo último que haga.
Sus ojos echan chispas furiosas al mismo tiempo que sus labios se abren, pero ni un solo sonido brota de ellos. Durante un segundo, todas sus defensas silenciosas se tambalean, mientras me mira como si nunca hubiese escuchado unas palabras como esas.
Lo que me mata.
Se las merece.
Esta mujer se merece ser adorada igual que una reina.
Le cuesta un momento recuperarse.
—No necesito ningún caballero de brillante armadura.
No, es cierto.
Es más que capaz de cuidar de sí misma.
Ha tenido que hacerlo.
—Nunca he dicho que lo necesitases. Me parece que lo tienes todo bajo control.
Eres madre soltera y propietaria de un negocio.
No hace falta que nadie venga cabalgando a salvarte, Callie.
Pero eso no significa que no sea cierto que a todos nos venga bien que nos echen una mano de vez en cuando. Y quiero hacer eso por ti.
—¿Por qué? —pregunta, frunciendo el ceño.
—Creo que la respuesta es bastante obvia.
Veo el momento exacto en que traga saliva lentamente y decide no presionarme para que le dé más respuestas.
Cuando ella se queda callada, intento suavizar el ambiente.
—¿De verdad crees que no puedo manejar a Nora?
—No se trata de si puedes o no. Se trata de que yo me fie de tener a alguien, a quien sea, a cargo de mi hija.
—Eso es justo —admito—. Pero puedes confiar en mí.
Incapaz de contenerse, mi mirada desciende hacia su boca.
Solo un instante.
Lo bastante largo para que ella lo vea.
Lo bastante largo para que ella también lo sienta.
Se da la vuelta, coge un trapo y se pone a limpiar el mostrador.
—Si estás seguro…
—Lo estoy.
—Vale entonces. Supongo que te veré mañana por la noche. ¿Necesitas que te dé mi dirección?
—No, ya la tengo. —Con la misión cumplida, salgo casi bailando de la pastelería, con una sonrisa en la cara.
Puede que esto no haya sido una barbaridad de progreso.
Pero es más que suficiente.
Por ahora.