Abrázame fuerte (Chicago Railers Hockey 2) 7 Capítulo siete.
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7 Capítulo siete.

CAPÍTULO SIETE.

CALLIE

El aroma a vainilla, mantequilla y canela de la hornada de muffins que se está enfriando sobre la rejilla ahora mismo inunda la pastelería, mientras el sol se derrama sobre las encimeras.

Lilah apoya un codo en la mesa y acaricia con la mano su tripita de embarazo, apenas visible.

—Steele me ha estado volviendo loca. Sigue tratándome como si estuviese hecha de cristal.

Rina resopla.

—Y aun así pareces sospechosamente ufana por ello.

Lilah pone los ojos en blanco, mientras una sonrisa le eleva las comisuras de los labios.

—No es eso lo que he querido decir.

Sloane le da un sorbito al café y bromea:

—Pero tampoco deja de serlo.

Toda la mesa estalla en carcajadas. Esos breves momentos con las mujeres que han llegado a ser más bien familia para mí son una parte de lo que hace que pueda superar los malos momentos.

Puedo compartir cualquier cosa con ellas.

Bueno, casi cualquier cosa.

Cuando la puerta se abre y entra un hombre con un traje de color azul marino perfectamente confeccionado y un abrigo de lana sobre un brazo, como si acabase de salir de las páginas de la revista GQ, la conversación en nuestra mesa se detiene.

Rina se queda boquiabierta y luego murmura:

—¡Santo sex-appeal bendito!

Me lleva un momento caer en de quién se trata.

Lo primero que hice cuando Evelyn me mencionó que Beau Masterson podría estar interesado en incluir mis postres en sus restaurantes fue buscarlo en internet. Al parecer, soy una de las pocas personas en la ciudad de Chicago y alrededores que no sabía aún quién era.

El tío está metido en todo.

Tiene una serie de restaurantes.

Es inversor.

Y según lo que he encontrado, un playboy bien conocido.

Por alguna razón, está pensando incluir mis postres en su menú.

Nos sonríe a todas antes de clavar la mirada directamente en mí.

—¿Callie Westbrook?

Parece que yo no soy la única que ha hecho sus deberes.

Como no respondo de inmediato, Rina me da un codazo en el costado.

Fuerte.

Me levanto como impulsada por un resorte y me limpio las manos en el delantal, nerviosa, antes de atravesar la distancia entre nosotros.

—Sí. Hola, esa soy yo.

Su mirada se clava en la mía, abrasadora.

—¿Tienes unos minutos para hablar?

Rina agarra la mano de Lilah.

—Por supuesto que los tiene. Nosotras ya nos íbamos. —Me guiña un ojo por detrás de él cuando se escabullen por la puerta frontal de la pastelería.

Mi atención se desplaza a Lilah cuando pasa por el escaparate y la veo pronunciar las palabras: Mensaje con todo.

Sloane apunta hacia la trastienda con el pulgar.

—Yo tengo que encargarme de una cosa en la cocina. —Entonces desaparece por detrás del mostrador, y por las puertas batientes, dejándonos solos. Contengo un gemido contrariado e intento no removerme demasiado cuando él se acerca un paso más antes de ofrecerme su mano.

Yo se la estrecho automáticamente. Me la aprieta con calidez y seguridad en sí mismo.

—Tengo que admitir que me quedé impresionado en el evento de los Railers de hace unas semanas —dice en tono halagador—. Todo estaba fantástico. Me encantaría que nos sentásemos y discutiésemos la posibilidad de que yo pudiera servir algunos de tus postres en mis restaurantes.

Cuando noto que sigue aun sosteniéndome la mano, me suelto con cuidado y luego doy un pequeño paso hacia atrás.

—Me encantaría. ¿Tenías en mente alguna fecha concreta?

Antes de que pueda responderme, las puertas se abren de nuevo, y un relámpago de conciencia me atraviesa cuando entra River.

Todavía tiene el cabello rubio húmedo por la ducha y las puntas se le rizan y le rozan el cuello.

Sus ojos azules se clavan en mí, inquisitivos y agudos.

La atracción entre nosotros es instantánea.

Más que eso, es exasperante.

En el mismísimo segundo en que River ve a Beau, sus ojos se entrecierran, antes de clavarse en mí como si estuviese evaluando la situación. La intensidad de su mirada hace que se me erice la piel. Resulta tentador crear más espacio entre Beau y yo, pero me niego a hacer eso.

La mandíbula de River se tensa y sus hombros se ponen rígidos. Un músculo hace tic en su mejilla antes de que pueda obligarse a relajarse, y su expresión se quede fijada en algo que aparenta despreocupación. Pero yo sé lo que hay.

—Hola —saluda River. Se acerca más, balanceando las manos a los costados—. ¿Interrumpo algo?

—En realidad —replica tranquilamente Beau, como si no notase la extraña corriente que fluye entre nosotros, o como si no le importase—, así es.

Callie y yo estábamos hablando sobre reunirnos este jueves por la noche para cenar.

—Hay una pausa silenciosa antes de que Beau prosiga—: para discutir una colaboración potencial.

¿Ir a cenar mañana?

—Oh. Me das poco plazo para organizarme —Mi voz vacila aunque esté haciendo un esfuerzo importante porque se mantenga firme—. Ya te diré algo. Primero tengo que encontrar una canguro. Mis padres normalmente cuidan de mi hija durante el día…

—Yo lo haré —interrumpe River.

Mis ojos se agrandan y se clavan en los suyos.

—¿Perdona?

Aunque él devore algo de la distancia entre nosotros, no invade mi espacio personal. Eso no significa que no esté lo bastante cerca como para que no pueda notar el calor de su cuerpo rodeándome como una segunda piel, envolviéndome en una burbuja de comodidad.

—Yo me quedaré con Nora mientras vosotros salís.

Anonadada por su oferta, meneo la cabeza. La idea de que él cuide de mi hija hace que todo mi mundo me dé vueltas como una peonza.

—No creo que eso sea…

—Sabes que puedes fiarte de mí con ella, ¿verdad? Jamás dejaría que nada le ocurriese a Nora —dice con voz queda, como si solo yo tuviese que oírlo.

La seriedad de sus ojos hace que se me cierre la garganta. De alguna forma, lo sé.

—Sí.

Debería de ser Beau el que me hiciese sentir acalorada. Según toda lógica, él cumple con todos los requisitos. El hombre es guapo, exitoso, y si puedo fiarme de mi instinto, está interesado en algo más que en una mera colaboración comercial.

En vez de eso, es River quien hace que se me acelere el pulso y me sienta hecha un lío por dentro.

Beau sonríe y sus ojos del color del whisky adquieren un brillo travieso.

—Parece que todo está resuelto, entonces. Te recogeré mañana a las seis.

Abro la boca para decir… ni siquiera estoy segura de qué, cuando River se inclina hacia mí y su cálido aliento roza como un fantasma la curva de mi oreja.

—¿No sería más adecuada una reunión por la tarde para una charla de negocios?

—No —La sonrisa de Beau se hace más amplia—. Estamos pensando en mezclar los negocios con el placer.

A River se le escapa un rugido sordo. La profunda reverberación que causa envía un escalofrío a través de mí incluso mientras el calor se enrosca en lo profundo de mi vientre.

Cuando ninguno de los dos dice nada más, yo exclamo:

—Nos vemos mañana.

Beau se encamina a la salida, volviendo la cabeza para lanzarme una última mirada antes de marcharse.

—Estoy deseando pasar más tiempo contigo, Callie. Será divertido.

La puerta se cierra con un clic a sus espaldas, dejándome con River. El aire cambia de textura, espesándose con la tensión que chisporrotea todavía más caliente ahora que solo estamos los dos.

Mis manos se retuercen delante de mí, haciendo un débil intento por serenarme antes de volverme hacia él y soltarle:

—No entiendo por qué has hecho eso.