Abrázame fuerte (Chicago Railers Hockey 2) 6 Capítulo seis
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6 Capítulo seis

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CAPÍTULO SEIS

RIVER

El zumbido de los fluorescentes y el ligero goteo de las duchas resuenan en los vestuarios cuando me quito el jersey y me paso una toalla por la cara empapada d e sudor.

Steele, Knox, Oliver, Jax y Laiken están en plena conversación sobre el partido de este fin de semana cuando Zane entra a grandes zancadas, con una toalla alrededor de la cintura.

—Algunos de vosotros de verdad tenéis que poner más de vuestra parte ahí fuera —anuncia—. Se supone que esto ha de ser un esfuerzo de equipo.

Steele le lanza una mirada asesina antes de ponerse delante de él con los brazos cruzados.

—¿Hay alguien en particular a quien te gustaría señalar? ¿O se trata de un comentario generalizado?

Zane se encoge de hombros y se libra de su toalla.

—Solo lo digo. A diferencia de vosotros, panda de payasos, m e juego mucho con ganar la Stanley este año.

—Gracias por el discursito, tío. Tal vez, cuando cuelgues los patines, podrías pensar en dar charlas motivacionales —suelta Knox, meneando la cabeza.

—¿Qué tal si para variar te centras en ti en vez de en lo que los demás hacen en el hielo? —añade Laiken.

—Opino que ya está un poco demasiado centrado en sí mismo —murmuro.

Jax resopla.

—Una verdad como un templo.

Zane me mira y sonríe.

—Oye, Riv. ¿Te interesa salir con Gigi y conmigo esta noche? Vamos a ir a unos cuantos garitos.

—No. —Pasar con Zane más tiempo del estrictamente necesario ni siquiera es algo que me apetezca considerar.

Él pone los ojos en blanco y gime.

—Venga, hombre. ¿Cuándo te has vuelto tan soso?

Cuando me di cuenta de lo gilipollas que era él. En realidad, me costó un poco demasiado. Tendría que haberlo hecho antes.

Sin dejarse intimidar por mi silencio, me da una palmada en el hombro.

—Probablemente ya te hayas enterado de la gran noticia.

—Antes de que pueda replicar que me importan un carajo sus anuncios, él prosigue—.

Gigi y yo vamos a atar el nudo. La cadena nos está ofreciendo una buena cantidad de dinero.

Hemos firmado por un especial de la boda, diez episodios y luna de miel internacional.

Y ellos van a pagarlo todo. Esa mierda va a ser algo épico. Y tienes que estar ahí para eso, tío.

Se me retuerce el estómago cuando comprendo el peso real de sus palabras.

—Espera un momento, ¿vas a casarte?

Me cuesta un esfuerzo mantener el tono neutral.

Él sonríe de oreja a oreja, como si fuese lo mejor que le hubiese pasado jamás.

—Diablos, sí. ¿No me has oído, hermano? Ellos van a pagarlo todo.

Nada de ella es el amor de mi vida.

O en serio, estoy impaciente por casarme con ella.

Todo gira en torno al dinero.

¿Acaso le importa una mierda esa mujer?

¿O ella es solo una parte de la próxima gran descarga de contenidos?

El hecho de que tenga que preguntármelo siquiera lo dice todo.

Lo único en lo que puedo pensar es en la mujer que está dejando atrás.

Esa que sigue recogiendo los pedazos de su vida.

Me remuevo en el banco, y se me acelera el pulso.

—¿Lo sabe Callie?

Él hace un gesto desdeñoso con la mano, como si eso no fuese nada, antes de enfundarse un par de calzoncillos blancos ajustados.

—Sí, me pasé anoche por su casa. Creí que era lo correcto, ¿sabes? Se lo tomó bien. Creo que por fin lo ha superado.

Yo aprieto los dientes.

¿Cómo puede ser un pedazo de mierda tan grande?

—Y además le hablé de cortar la pensión de la cría —añade, despreocupadamente—. Las cosas andan justas. No te creerías lo que cuesta el vestuario del programa. Uno pensaría que esas empresas se matarían por que luciera sus marcas en un programa de televisión nacional. En serio, es toda una locura.

Ese comentario hace que yo lo vea todo rojo, mientras me acerco a él y ladeo la cabeza, rezando por haberlo escuchado mal.

—Perdona… ¿Le has pedido que hiciera qué?

Zane pestañea, todavía con su estúpida sonrisa en la cara.

—Relájate, tío. Ella está bien. Esa chica siempre cae de pie. Eso es lo que me encanta de ella. Toda esa gente que tengo alrededor, no paran de pedir, pedir, pedir… Pero no Callie. Ella quiere mantenerse por sí misma. Hay que apreciar eso.

Meto las protecciones acolchadas en mi taquilla con más fuerza de la necesaria.

—Eres consciente de que ella apenas puede mantenerse a flote, ¿verdad? —le espeto—. ¿Y tú andas por ahí derrochando más de seis cifras en un programa de televisión y en tus amigotes?

Zane se pone derecho y el gesto ufano desaparece de su cara, sustituido por uno defensivo.

—Lo que yo me gaste no es de tu incumbencia en absoluto, Thompson.

—¡Y una mierda que no! —doy un paso adelante, apretando los puños a los costados de mi cuerpo—. No estás ahí para Nora ni ayudas a Callie en absoluto. ¿Y ahora quieres quitarles todavía más?

Sus ojos se estrechan.

—¿Te ha pedido Callie que hagas esto?

—No, pero maldita sea, ella se merece a alguien a quien de verdad le importe una mierda. Las dos se lo merecen.

Knox se interpone entre nosotros antes de que las cosas degeneren en una auténtica pelea a puñetazos.

—Guau. ¿Qué tal si enfriamos las cosas un poquito? —dice, cogiéndome y echándome para atrás—. Este no es ni el momento ni el lugar.

—Callie y Nora son asunto mío, no tuyo —añade Zane.

La adrenalina me recorre las venas, y me libero de las manos de mi compañero. Ni siquiera estoy seguro de por qué me molesto con este tío.

No lo entiende.

Y dudo que jamás lo haga.

Está demasiado centrado en sí mismo.

—Tal vez si tú te ocupases de tus asuntos yo no tendría que intervenir y hacerlo por ti. —En vez de esperar ninguna respuesta, agarro mi bolsa y salgo a grandes zancadas de los vestuarios.

Si Zane no hace lo que es debido por Callie, entonces lo haré yo.

De ninguna manera puedo seguir manteniéndome al margen mientras la veo luchar.

La cuestión no es si voy a ayudar.

La cuestión es cómo.