48. Alex #2
No pienso, actúo.
Derribo la puerta de una patada y lo que veo me hiela la sangre.
La luz de una linterna ilumina tenuemente la pared del fondo de la habitación, donde un tío enorme, casi tanto como Lucas, rodea el cuello de Alba con su antebrazo, manteniéndola inmovilizada contra su cuerpo mientras presiona una pistola en su sien.
Ella no intenta soltarse, más bien diría que está a punto de dejarse caer.
Sus brazos permanecen lánguidos a ambos lados de sus caderas y su mirada se pierde más allá de mí y de esta habitación, como si se encontrase en otro lugar, muy lejos de aquí.
Trato de conectar con ella, aunque no lo consigo. Su cuerpo parece una carcasa vacía y solo puedo pensar en arrancarla de las manos de ese malnacido.
Doy un paso en su dirección, pero el tío que la tiene cogida sonríe de forma espeluznante y me hace parar en seco.
—No creí que hiciera falta decirlo: si te acercas, le vuelo la cabeza a esta preciosidad.
Pasa la lengua por su cuello y tengo que contenerme para no lanzarme sobre él. La ira arrasa con velocidad cualquier otra emoción y se expande abarcándolo todo.
Escucho una nueva explosión y el suelo tiembla bajo nuestros pies.
Me obligo a no mirar a Alba para no flaquear ni delatar cuánto me afecta verla en ese estado.
—Ya, ¿y cómo piensas escapar después? El castillo ya es nuestro y tus compañeros están muertos o desean estarlo.
—Te sorprendería conocer las sorpresas que esconde este lugar —afirma, y sé que se refiere a los túneles. Si llega hasta ellos con Alba, la perderemos—. Y ahora, suelta el arma si no quieres que le haga daño.
—Ni lo sueñes.
—Vamos, creía que la chica te importaba.
—Y yo creo que tu jefa la quiere viva —respondo con la misma altanería con la que él habla.
—Pero los accidentes ocurren.
Presiona la pistola más fuerte contra la sien de Alba y ella cierra los ojos.
De repente, todo pasa demasiado rápido. Percibo un movimiento a mi espalda y me aparto a un lado justo cuando una sombra se abalanza sobre mí.
La hoja de algo afilado me roza la piel de un costado y actúo por impulso.
Levanto el brazo y disparo a quien me ha atacado antes de poder girar la cabeza del todo.
Caigo al suelo y un cuerpo inerte y poco pesado lo hace sobre mí.
Siento su sangre caliente empapando mi ropa y lo aparto de un codazo. El cuerpo cae al suelo bocarriba, mostrándome de quién se trata: Antonella, mi traicionera prometida, quien nos ha traído hasta aquí sin saberlo.
La bala le ha dado en el abdomen y, aunque pierde mucha sangre, todavía respira.
El tío que sujeta a Alba parece indeciso sobre su próximo movimiento, así que lo presiono para que cometa un error.
—Vaya, parece que una traidora está a punto de morir. ¿Es amiga tuya? Si alguien no tapona su herida, creo que no saldrá de esta. Una lástima, me habría gustado que su muerte fuese más lenta. De todas formas, todavía no es tarde para grabar mi inicial en su frente. ¿Tú qué opinas, grandullón?
Justo en este momento, mi primo entra en la habitación empujando a una mujer asiática que reconozco al instante como la propia Feng Yue.
La daga de Liam está presionando su cuello y bastaría un leve movimiento para rebanárselo y acabar con su vida. Lo he visto hacerlo decenas de veces y tengo que decir que es rápido de cojones matando a gente de esta peculiar manera. En realidad, me parece algo casi artístico.
—Alex, mira a quién me he encontrado escondida en la habitación de al lado —exclama Liam sonriendo de medio lado—. Creo que esperaba el momento oportuno para hacer su aparición estelar.
—¡Nella! —grita Yue, sorprendiéndonos a todos—.
¿Qué coño le habéis hecho? ¡Vais a pagar por esto!
¡Nella! —Cuando se da cuenta de que la rubia está más en el otro mundo que en este, sus ojos se vuelven más oscuros y su postura se yergue, mostrando la serpiente que es en realidad—. Rex, mata a la chica.
La orden es directa, seca, segura.
No esperaba esa reacción por su parte y mis ojos van directos al hombre, que parece dudar durante un instante. Sabe que, si mata a Alba, tanto él como Yue morirán en cuestión de segundos.
Aprovecho la distracción para coger mi pistola, que estaba en el suelo a medio metro de mi pierna izquierda.
Rex aparta su arma de la sien de Alba y alza el brazo al frente mientras yo quito el seguro de mi pistola y aprieto el gatillo, apuntando directamente a su cabeza. Ambas detonaciones suenan casi a la vez, confundiéndose en una sola.
No siento dolor, así que salgo disparado hacia delante y llego justo a tiempo de sujetar el cuerpo de Alba antes de que caiga al suelo.
Sus ojos son dos pozos profundos y vacíos. Sin vida. Su cuerpo parece flotar en el aire y sus extremidades caen a los lados, desmadejadas, como si no formasen parte del conjunto.
—Dios, ¿qué te han hecho? —susurro para mí mismo cuando me doy cuenta de que parece más una muñeca que la mujer que conozco.
Acaricio su cara con cuidado, apartándole los mechones de pelo que tiene pegados a la frente. Su piel es ahora de un color ceniciento y está tan fría que por un momento pienso que he llegado demasiado tarde. Tomo el pulso en su carótida y lo noto débil, pero puedo sentirlo.
Está viva.
—¡Se escapa! —El grito de Liam me devuelve a la realidad—. ¡Tienes que ir tras ella!
Me giro hacia él y lo encuentro sentado en el suelo, sujetándose una herida en el hombro. La bala de ese hijo de puta le ha dado. Si no hubiese muerto ya, estaría encantado de llevármelo al sótano y encargarme de él.
Dejo a Alba en el suelo, colocando con cuidado su cabeza sobre mis rodillas. Saco un pañuelo negro del bolsillo de mi chaleco y presiono la herida de Liam.
—Mierda, Liam. La bala todavía está dentro.
—Eso nunca es buena señal.
—Ve a por ella.
—Ni de coña voy a dejarte solo —replico tratando de contener la hemorragia.
—Es una orden —gruñe—. No podemos permitir que escape.
Dudo solo un instante y, al observar el tono blanquecino de su piel, tomo una decisión que sé que no le va a gustar.
—Puedes despedirme mañana si quieres, pero de aquí no me muevo hasta que alguien me ayude a sacaros con vida de esta maldita fortaleza.
La voz de Sombra se escucha a través de nuestros auriculares.
—Mi equipo y yo vamos tras ella. Hemos visto por dónde ha escapado y no puede estar lejos de nuestra posición. Mark, Lucas, confirmad ubicación. Necesito a uno de vosotros arriba con Alex y Liam.
—Yo voy —responde el rubito—. En un minuto estoy ahí. No os mováis.
En cuanto entra en la habitación, se fija en el estado de Alba, y corre hacia nosotros con la preocupación grabada en su rostro.
—Ni se te ocurra acercarte —lo freno—. Ayuda a mi primo. Yo me encargo de mi mujer.
Por un momento, creo que va a plantarme cara, pero parece pensárselo mejor. Entre él y uno de los soldados que lo ha seguido hasta aquí sujetan a Liam con cuidado y lo sacan de la habitación.
Observo a Alba, tan quieta, tan débil.
—Ratón, sé que estás ahí. Soy yo. Todo ha terminado, te lo juro. —Su gesto no cambia y, por su expresión, ni siquiera parece haberme escuchado—. Ese hijo de puta no te hará más daño, pero necesito que vuelvas a mí. Por favor.
No sé cuánto tiempo pasamos de esta manera. Yo abrazándola, besando sus manos, su nariz, su frente… mientras le pido que regrese a mi lado.
Un rato después, una mano se posa en mi hombro y escucho la voz de Vega a mi espalda.
—Alex, tenemos que salir de aquí, no es seguro.
Me giro para mirarla y pregunto en silencio temiendo su respuesta.
—Ha escapado —confirma apesadumbrada—. Justo como pensamos que lo haría.
Se metió en esos putos túneles y desapareció en la oscuridad.
El dibujo que teníamos de ellos no se asemeja en nada a la realidad, un enjambre de caminos que se entrecruzan.
Muchos de ellos terminan en la nada. He dejado a varios hombres allí, tratando de seguir alguna pista, pero ya es demasiado tarde.
Debemos hacernos a la idea de que la hemos perdido.
Veo el dolor en su mirada y este no hace más que acrecentar mi ira.
Feng Yue es la mujer que ha conseguido despertar a la bestia a la que juré mantener encerrada. Y ahora Abismo late en mi sangre, más libre que nunca, esperando el momento de la venganza.
Antonella y Rex yacen muertos a mis pies, pero no es suficiente. No lo es.
Salgo de ese maldito castillo con Alba en mis brazos, dejando la muerte a mi espalda.
Feng Yue pagará por el daño que nos ha hecho. Puede que haya escapado esta vez, pero nunca podrá ocultarse lo suficiente.