25. Alba
ALBA
Llevamos más de una hora tratando de seguir el rastro de la maldita Yue, pero la mujer parece invisible.
No hay datos de registro en hoteles, hostales ni aeropuertos españoles; su nombre no figura en la lista de pasajeros de ningún avión, tren, autobús o barco, público o privado, que haya abandonado o cruzado el país en algún sentido durante las últimas semanas y tampoco existe cuenta bancaria alguna en España que pueda relacionarse con ella.
En definitiva, es la puta mujer fantasma.
No dispongo de ningún archivo con su imagen, por lo que no puedo pasar el reconocimiento facial para buscarla en las cámaras de tráfico de la ciudad.
Y del ordenador al que accedí gracias a Anémona Azul, he conseguido obtener información de algunos de los negocios de su organización, pero no de ella en concreto.
—Es como si se la hubiese tragado la tierra —se queja Mark, nuestro experto en armas y explosivos y también el miembro más impulsivo del equipo.
—¿No os recuerda eso a alguien? —continúa Vega pensativa.
Me he acostumbrado a llamarla por su nombre real, pero durante la planificación y ejecución de las misiones, siempre ha sido y será Sombra—.
Su hermano era la persona más escurridiza con la que me he topado en la vida.
Nos costó años dar con él y solo lo conseguimos porque él decidió aparecer.
Los cinco miembros del equipo —Sombra, Lucas, Sebas, Mark y yo— estamos reunidos en un amplio despacho que Alex nos prestó para que lo utilicemos como base.
Se halla ubicado en la primera planta, al fondo de un pasillo en el que solo se encuentran nuestras habitaciones, de modo que tenemos esta parte de la casa para nosotros solos.
He de reconocer que Alex es un magnífico anfitrión.
Sebas y yo estamos sentados a la mesa, cada uno trabajando con un portátil, mientras el resto pulula a nuestro alrededor.
—¿A dónde quieres llegar, jefa? —pregunta Mark mientras se deja caer en uno de los sillones de dos plazas.
—Es sencillo: Feng solo apareció cuando quiso algo.
Por aquel entonces, su objetivo era conseguir Amapola, el arma que Liam estaba desarrollando y que no tenía intención de venderle.
Estuvimos años tratando de seguirle la pista y no logramos nada hasta que él mismo empezó a dejarse ver.
Ahora se nos plantea el mismo dilema con su hermana: es capaz de desaparecer de la faz de la tierra sin dejar rastro, por lo que nuestra única opción es hacerle salir de su madriguera.
—¿Qué propones? —insiste Sebas.
—Necesitamos que sea ella la que nos busque a nosotros y no al revés.
Y tengo la forma perfecta para sacarla de su escondite.
—Prácticamente veo los engranajes del cerebro de Sombra trabajando a marchas forzadas.
Camina a paso rápido alrededor de la mesa y me da la sensación de que habla más para sí misma que para que la escuchemos nosotros—.
¡Eso es! ¡Mataremos dos pájaros de un tiro!
—Todos los ojos de la habitación están puestos en ella—.
Haremos lo mismo que hizo Alex: destruiremos sus preciados clubs y esta vez a lo grande.
—¡Joder, me encanta! —exclama Mark, adelantándose a la diversión. Siempre le ha gustado destrozar cosas, sobre todo si Sombra le deja utilizar alguno de sus artefactos explosivos.
—Alba, ¿puedes averiguar cuántos clubs tiene en España?
—Ya lo hice. De momento, ha abierto tres. Uno de ellos es nuevo, pero los otros dos son reaperturas de los que conseguimos que clausurara la policía tras la muerte de Feng.
—Perfecto, pues serán tres.
—Creo que puede funcionar —añade Lucas, que había permanecido en silencio hasta ahora—.
Pero deberemos estar preparados para su contraataque.
Tened claro que vendrá a por nosotros y ya hemos podido comprobar que juega sucio y golpea donde más duele.
Buscará nuestros puntos débiles. Atadlos y reforzad la precaución.
—Estaremos listos —afirmo.
—Lo ideal sería atacar los tres burdeles a la vez —propone Sombra—, de modo que no tenga capacidad de reacción, pero para eso hacen falta refuerzos.
Llamaré a mi tío para que nos mande unos cuantos efectivos; nos dividiremos en tres equipos compensados y esa hija de puta no sabrá de dónde le vienen los palos cuando ataquemos de forma coordinada.
Alba, necesitaremos acceso a las cámaras de los locales, ubicaciones, planos actualizados que incluyan los puntos de entrada y salida, datos del personal que mantienen en activo, cambios de turno y el contacto de un par de clientes habituales a quienes podamos sacar información.
Si encontrases a algún extrabajador descontento, sería brutal.
—Cuenta con ello, jefa —respondo, y comienzo a trabajar en lo que me ha pedido mientras escucho cómo el resto continúa con la conversación.
—Mark, nos hará falta una cantidad de explosivos suficiente para hacer saltar por los aires los tres burdeles, pero sin destrozar el edificio entero en el que se encuentren, que nos conocemos.
Consigue algo con lo que provocar la activación de la alarma antiincendios en el caso de que nos hiciese falta.
Y armas suficientes para deshacernos del personal que dificulte nuestra misión.
—Me pongo con todo —responde el aludido.
—También dirigirás el ataque a uno de los clubs. Sebas, tú coordinarás el rescate de las chicas en los tres burdeles a la vez. Una vez que Alba consiga los planos, diseñaremos juntos un plan de evacuación.
—A la orden.
—Lucas, tú y yo nos ocuparemos de los otros dos ataques y también te encargarás de instruir a los hombres que envíe mi tío.
No olvidéis que cualquiera que trabaje en Atenea tiene la formación necesaria para participar en misiones de alto riesgo, pero ningún otro equipo está tan preparado como el nuestro.
Somos la élite y, si Feng Bao no pudo escapar de nosotros, tampoco lo hará su hermana.
—¡Así se habla, jefa! —la anima Mark, levantándose del sillón.
—No hagas el payaso y ponte a trabajar —lo pico.
Pasamos el resto de la mañana planificando cada detalle para que nada se tuerza. Disponemos de muy poco tiempo para prepararlo todo y eso hace que los nervios estén a flor de piel.
A mediodía, Ania trae bebidas y bocadillos y apenas paramos veinte minutos para engullirlos. Es entonces cuando miro el móvil y descubro que tengo un mensaje de Alex de hace varias horas:
No llegaré a tiempo para la comida, pero espero poder comerte a ti durante la cena
Una sonrisa tonta se me dibuja en los labios mientras lo leo y pienso en qué responderle.
Después de su confesión de ayer, de que se abriera hasta el punto de contarme su mayor secreto, pasamos el resto de la noche enredados en una especie de juego en el que ambos queríamos demostrar todo el placer que podíamos provocar en el otro.
Puedo decir, sin miedo a equivocarme, que fue la noche más excitante de mi vida y estoy deseando repetirla. Le escribo solo tres palabras:
Cuenta con ello
Su respuesta no tarda en llegar, por lo que intuyo que lo he pillado justo con el móvil en la mano.
Joder! Se me acaba de poner dura en mitad de una reunión
Llegaré tarde. Los hombres de Antón exigen venganza y no sé cómo decirles que no están preparados para enfrentarse a lo que se les vendría encima
Vas a tener que esperarme en mi habitación
Y qué pretendes que haga en tu habitación mientras tú no estás?
Mmm. Puedes poner la calefacción y esperarme desnuda
Jaja
No era una broma
Eres un pervertido
Sí, pero te gusta
Me despido y, ahora sí, guardo el teléfono.
Abro el portátil para retomar lo que estaba haciendo y noto la mirada inquisitiva de Mark sobre mí.
«Mierda, ¿ha leído mi conversación con Alex?
». Antes de que pueda preguntarle lo que le pasa, Sombra entra en la sala con una expresión que no augura buenas noticias.
—¿Qué ha sucedido? —se adelanta Sebas.
El resto nos levantamos y la miramos en silencio, a la espera de que suelte la bomba.
—Que nuestro plan se ha ido a la mierda. Acabo de hablar con mi tío y no solo no puede enviarnos a nadie, sino que nos necesita en Estambul en dos días. ¡En dos malditos días!
—¿Cómo? Pero ¿por qué? —pregunto extrañada.
Román es el tío de Vega, nuestro jefe y uno de los fundadores de Atenea, el único que continúa con vida.
Es quien asigna las misiones a los distintos equipos, salvo al nuestro.
Como bien ha dicho Sombra esta mañana, somos la élite de la organización y mi jefa siempre ha tenido carta blanca para elegir los trabajos en los que nos involucramos.
—¿Una misión? —interviene Lucas—. Hasta ahora, ninguna había sido más importante que derrocar a Feng y vengar a tu hermana. Debe de ser algo grande. ¿Te ha contado algo?
Niega con la cabeza y después se lleva las yemas de los dedos a las sienes para masajearlas.
—Me ha adelantado poco, ya sabes cómo es. Me ha dicho que es un encargo del Ministerio al que no puede negarse, que está muy bien pagado y que solo nosotros podemos hacerlo. Me enviará el dossier con la información completa en dos horas.
—¡No me jodas! —interrumpe Mark. Conociendo su carácter impulsivo, es raro que haya aguantado callado tanto tiempo—.
¿Ahora nos regimos por la pasta? ¿No se supone que somos los únicos privilegiados que podemos elegir en qué misiones queremos participar?
¿Qué coño ha cambiado? Porque yo no me apunté a esto.
Vega sonríe de forma sarcástica antes de responder.
—Al parecer, desde hace un año, gastamos mucho y producimos poco. No es que se haya negado a que sigamos tras la pista de Yue, pero me ha advertido de que habrá más misiones como esta en un futuro cercano.
—En resumidas cuentas, que nos ha relegado a la categoría de malditos mercenarios. ¡De puta madre!
—Tampoco creo que pase nada por participar en una de esas misiones de vez en cuando —media Sebas para sorpresa del resto—. Vamos allí, conseguimos el objetivo y mantenemos contento a Román.
—Es coña, ¿no? —le grita Mark acercándose a él—. Pero ¿tú te estás escuchando? ¿De verdad quieres convertirte en una marioneta?
—No todos podemos permitirnos quedarnos sin trabajo, ¿sabes? Algunos necesitamos nuestro sueldo para sobrevivir.
—Ey, ey, ey —interviene Lucas, colocándose entre Sebas y Mark, que se han arrimado demasiado el uno al otro y no con buenas intenciones—. Ya basta. Lo que no vamos a hacer es pelear entre nosotros por esta mierda.
—Se me ocurre algo —afirma Vega aproximándose al grupo y logrando que la atención se centre en lo que está a punto de proponer—, pero tenemos que estar todos de acuerdo o no funcionará.
—Asiento—. Llevamos a cabo nuestro plan y, después, nos montamos en el avión y cumplimos con la misión que nos encomiende el jefe.
—Sombra, somos solo cinco. Es imposible que podamos volar por los aires los tres prostíbulos a la vez —manifiesta Sebas con voz cansada—. Tendrán seguridad, sin contar con que primero debemos rescatar a las chicas.
—Lo sé, y por eso reduciremos nuestro ataque a solo uno de ellos.
—¡Joder! —se queja Mark—. ¿Y no puedes pedirle hombres a Liam? Seguro que querrá ayudarnos.
—No —responde Sombra en un tono cortante que no deja lugar a réplica—. La Hermandad está lidiando con sus propias amenazas ahora mismo. Los albaneses se han convertido en un problema y no es momento de restarles activos.
Las caras de decepción de mis compañeros son imposibles de obviar. Estoy a punto de hacerme a la idea de que las cosas no siempre salen como nos gustaría cuando se me ocurre algo.
—¿Y si…? —Le doy vueltas en mi cabeza, pensando si podría funcionar. Mi ocurrencia tiene algunas lagunas, pero no la veo mala del todo.
—Suéltalo de una vez —me apremia Mark.
—Alex me ha comentado que los hombres de su hermano están alterados porque quieren vengar lo que le han hecho a Antón y también la muerte del que era su mano derecha. ¿Y si les damos la oportunidad de hacerlo participando en la explosión de los burdeles?
—¿Estás sugiriendo que trabajemos con unos tíos que no conocemos de nada? —pregunta Sebas.
Me dispongo a responderle cuando nuestra jefa se me adelanta.
—No es mala idea… Tenemos un enemigo en común y a todos nos mueve la misma emoción: la necesidad de venganza. Alba, ¿crees que Alex respaldaría tu propuesta?
—Creo que puedo convencerlo.
Vega me dedica una sonrisita mientras Mark suelta un bufido.
—Vale, ¿estamos todos de acuerdo? Tened en cuenta que esta misión será extraoficial.
No avisaré a mi tío hasta que la hayamos concluido y es posible que esto nos traiga consecuencias.
—Uno a uno vamos asintiendo. El último en hacerlo es Sebas, que hoy parece estar más enfurruñado que de costumbre—.
Disponemos de menos de veinticuatro horas para organizarlo todo e instruir a los hombres que nos ceda Alex.
Llevaremos a cabo el golpe mañana por la noche y después saldremos rumbo a Estambul.
—¡A por ello! —exclama Lucas y, sin decir nada más, volvemos al trabajo con el ánimo renovado.