Abismo (Atenea 2) 14. Alex #3
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14. Alex #3

«Me cago en la puta. Se supone que querían robarnos la mercancía. ¿Por qué están intentando hundir el barco antes de descargarla? No tiene ningún puto sentido».

Poco después, se produce una segunda detonación y el buque la recibe con un nuevo boquete en su armazón. Esta vez, he sido capaz de captar el origen del disparo.

Me apresuro a correr sobre la pila de contenedores en la que me encuentro hacia la camioneta en la que han llegado los falsos compradores.

El caos se ha desatado en la terminal. La tripulación está siendo atacada.

Los agresores portan metralletas y disparan desde sus posiciones hacia el buque mientras los nuestros tratan de defenderse como pueden.

El capitán y los hombres que habían desembarcado con él yacen en el suelo sobre charcos de su propia sangre.

—¡Alex, danos vía libre para abrir fuego! ¡Los están masacrando! —grita Parker en mi oído.

—¡No mováis ni un puto dedo! —respondo.

Escucho de fondo sus quejas, pero las ignoro mientras sigo corriendo. En cuanto disparemos la primera bala, descubriremos nuestras posiciones y estaremos en clara desventaja.

Me coloco encima de mi objetivo y, al asomarme con cautela, veo el arma de gran calibre que están cargando entre dos tíos para volver a atacar nuestro barco. Apunto a uno de ellos con mi M16.

—¡Ahora! ¡Id con todo! —ordeno a mis hombres mientras aprieto el gatillo y me deshago de los dos tipos que estaban a punto de provocar otro boquete en nuestro barco.

Nada más abrir fuego, docenas de balas vuelan en mi dirección y apenas tengo tiempo de agacharme.

Sé que no tardarán en escalar los contenedores y alcanzarme, por lo que corro en dirección contraria y, al llegar al final de la pila, salto a la siguiente para alejarme todo lo posible de mi posición inicial.

Localizo a Hughes tirado sobre un contenedor de color naranja a unos veinte metros del lugar en el que me encuentro.

Se mueve, pero por la torpeza con la que lo hace sé que está herido.

Corro hacia él y freno de golpe cuando un hombre armado aparece de la nada, interponiéndose en mi camino.

Disparo directamente a su pecho y lo abato antes de que pueda reaccionar.

Después, me asomo hacia abajo; en breve, unos cuantos más habrán llegado a la cima y no podré defenderme y proteger a Hughes a la vez.

Son muchos, demasiados para nosotros tres.

De pronto, un ruido metálico y estridente rompe la noche y, cuando miro en su dirección, alcanzo a ver el momento exacto en que un contenedor marítimo aplasta a varios de nuestros enemigos y también destroza dos de sus coches.

Levanto la vista y me doy cuenta de que la enorme caja ha caído de una de las grúas que cargan y descargan los buques de mercancías.

Aprovecho la distracción para asomarme de nuevo y disparar mi arma contra los soldados que están escalando y que ya no llegarán nunca hasta nosotros.

—Joder, Alba. Ignoro cómo coño lo has hecho, pero gracias.

—No me las des todavía. Estáis rodeados, Alex, y no sé cómo contenerlos.

Dirijo la mirada hacia nuestro barco y observo con asombro cómo se hunde con los cientos de miles de euros en armas que porta. Ya no tiene remedio: la operación está perdida y la tripulación ha sido acribillada. Ambas certezas son las que me empujan a tomar la siguiente decisión.

—Alba, activa la cuenta atrás del detonador. Parker, tienes dos minutos exactos para llegar al punto de encuentro si no quieres morir como un rico pollo asado.

—¡Me cago en mi puta madre! —grita el aludido, y yo suelto una carcajada. Si puede maldecir, significa que todavía está vivo.

Me acerco hasta Hughes. Tiene una herida de bala en el hombro, demasiado cerca del cuello, y está perdiendo bastante sangre.

—Alba, necesito otra distracción y que actives el plan B.

—Creí que no me lo pedirías nunca.

Ayudo a mi compañero y ambos corremos hacia el lugar acordado sin girarnos para comprobar el origen de los estruendos que escuchamos a nuestra espalda. Sé que hay hombres siguiéndonos, pero estoy convencido de que Alba ha conseguido contener a muchos de ellos.

—¡Diez segundos para la detonación! —grita ella—. Decidme que habéis llegado.

Realizo la cuenta atrás mentalmente y, cuando suena el estallido, siento el suelo temblar bajo mis pies. Hughes y yo salimos disparados hacia delante, empujados por la onda expansiva, y aterrizamos unos metros más allá.

Al abrir los ojos, veo que Parker y Alba están ocupándose de los tres únicos agresores que han logrado sobrevivir a nuestra explosión, que nada ha tenido que envidiar a la de una película de Hollywood.

Cuando le pedí a Alba que accediera al manifiesto de descarga del último buque que hubiera atracado en el muelle y eligiera un contenedor con material inflamable para detonarlo, no esperaba semejante resultado.

—¿Qué coño contenía la caja que hemos volado por los aires?

Ni siquiera escucho lo que ella me responde porque las carcajadas comienzan a salir de mi pecho sin que pueda detenerlas. Me duele todo el cuerpo, pero esto ha sido lo más brutal que he vivido en los últimos años.