14. Alex #2
—Los veo —afirmo—. Se han detenido, pero no han apagado el motor ni dan señal de apearse. La camioneta se ha quedado a varios metros de distancia, oculta por una de las grúas. Alba, ¿cuántos coches componen la comitiva de Burhan?
—Mierda. Son tres SUV de color negro.
—Estos tíos van a hacerse pasar por los compradores.
—Parker, uno de los coches que se ha quedado atrás se dirige hacia ti —le avisa Alba—. No entiendo qué pretenden.
Yo sí, pero no lo digo en voz alta. En los dos coches rezagados van los soldados que utilizarán para tender una emboscada a nuestros hombres tan pronto como desembarquen la mercancía.
Les harán creer que son Burhan y sus soldados.
Cuando los nuestros quieran darse cuenta de que algo no va bien, estarán rodeados por esos hijos de puta y no tendrán forma alguna de salir con vida.
—Voy a por él —exclama Parker.
—No te muevas del sitio —le ordeno.
—Pero, si me coloco en la pila de contenedores que queda justo sobre ellos, en cuanto salgan del coche podría acabar con todos.
—¿Crees que a alguno no le dará tiempo de escapar? ¿De dar al menos la voz de alarma? —pregunto molesto por su inmadurez.
Si sigue pensando con el culo, acabarán volándole la cabeza más pronto que tarde.
—Soy capaz de cargármelos a todos antes de que sospechen siquiera de dónde proceden las balas.
—Haz lo que te ordeno y deja de joderme. ¡Mantén tu puta posición!
No responde. En su lugar, es la voz de Alba la que escuchamos.
—El otro coche está a tu lado, Hughes.
—Tengo contacto visual. Mantengo posición —exclama el aludido, y casi tengo ganas de sonreír. De un grupo de tres personas, solo una de ellas es capaz de seguir mis órdenes sin rechistar.
Aguardamos callados durante unos minutos hasta que Alba nos alerta de que nuestro barco está entrando en el puerto.
Todo se mantiene en un silencio inquietante mientras el buque atraca en el muelle y los primeros hombres desembarcan con un baúl negro en las manos.
Con los prismáticos, alcanzo a distinguir al capitán y a cuatro soldados.
Por protocolo de seguridad, el segundo siempre se queda a bordo durante el intercambio.
Del primer SUV salen dos hombres vestidos de negro y del que le sigue bajan cuatro más, que permanecen en segundo plano.
—Joder, ese tío se parece demasiado al jodido Burhan. Si no me hubieses asegurado que lo tienes localizado en otro lugar, habría dicho que es él —afirmo sorprendido.
—Envíame una foto. No la amplíes, lo haré yo para poder mantener la calidad.
Hago lo que Alba me pide y, no han pasado ni veinte segundos, cuando escucho su respuesta.
—Joder, sí que se parece. Su nombre es Deniz Aydin y, si cruzo su información con la del otro turco, no me sale ninguna coincidencia.
Deniz es un exconvicto con poco currículum en su país y ninguno aquí en España.
Lo metieron en la cárcel por robos varios y también por casi matar a un chaval de una paliza.
Básicamente, es un donnadie si lo comparamos con Burhan.
—Entonces se trata solo de alguien a quien están utilizando como doble. Te he pasado fotos del resto de las personas que van con él.
—Nada reseñable de ninguno de ellos —confirma Alba poco después.
—Joder, ¿quiénes son estos tíos?
Veo cómo dos de nuestros hombres colocan el baúl con las armas en medio de los dos grupos y lo abren para mostrar lo que contiene el interior. El tal Deniz Aydin hace un gesto a uno de sus soldados para que vaya a comprobar la mercancía.
—Alba, necesito saber lo que dicen.
—Y yo necesito muchas cosas, pero no soy Santa Claus. ¿De dónde quieres que saque el audio?
—No lo sé. Según Vega, puedes conseguir cualquier cosa, ¿no? Pues haz tu magia —le reprocho enfadado por la forma en la que cree que puede hablarme. Nadie más me habla de esa manera y menos delante de mis hombres.
Escucho el bufido que sale de sus labios, pero decido ignorarla y centrarme en lo que está pasando a varios metros de distancia delante de mí. Los prismáticos me permiten una visión casi perfecta de lo que sucede, pero tengo que esforzarme en leer el lenguaje corporal de ambos líderes.
Deniz se acerca al tío que está revisando las armas del baúl cuando este lo llama y coge una de ellas.
No es raro que el líder quiera revisar de primera mano la mercancía antes de dar el visto bueno, por lo que no me sorprende el gesto.
La mercancía está compuesta en su totalidad por fusiles de asalto M16, un tipo de arma que no es fácil de conseguir en cantidades como las que Burhan nos encargó.
—Manteneos atentos y recordad no abrir fuego hasta que yo no dé la orden. Pase lo que pase.
—Oído —responden Parker y Hughes, cada uno desde su posición.
Deniz le dice algo al capitán de nuestro barco y este asiente sin abrir la boca. Se oyen interferencias en el auricular que llevo en el oído y lo siguiente que escucho es una voz grave y algo lejana:
—Los números de cuenta a los que debo hacer la transferencia…
—¿Esa es la puta voz de Deniz? —pregunto—. ¿Cómo coño…?
Alba no responde y yo no insisto para no perderme la conversación que esos dos están manteniendo. No sé cómo lo ha conseguido si no hemos plantado ningún micro en el lugar, pero empiezo a pensar que es cierto eso de que es una especie de maga. O, mejor aún, mi puta hada madrina.
De repente, el sonido de una explosión corta la noche y, sin que lo veamos venir, algo impacta en el casco del buque y abre un agujero considerable en él. Miro en todas las direcciones tratando de averiguar de dónde ha salido el objeto, misil o lo que sea que han lanzado.