6. Alba
ALBA
Creo que he dormido menos de un par de horas cuando un rayo de sol me da justo en los ojos y me despierto.
«Fantástico, se me olvidó cerrar las cortinas».
Como sé que no conseguiré volver a dormirme, me pongo la ropa que Vega me dejó anoche y me adecento como puedo en el cuarto de baño que hay dentro de la habitación.
La sudadera me queda un poco grande y tengo que darles dos vueltas a los puños; supongo que soy un retaco al lado de mi jefa.
Además, me siento rara vistiendo totalmente de negro, como a ella le gusta.
Yo soy de colores vivos o pasteles, incluso me gusta ir entera de blanco…
El negro me hace parecer que voy disfrazada.
Me alegra no encontrar a Sophie cuando llego a la cocina.
Me preparo un café de cápsula y completo el desayuno con un yogur natural, un par de cucharadas grandes de muesli y un puñado de moras.
Disfruto cada bocado en silencio y, como si me hubiese estado observando, uno de los hombres de Liam aparece justo cuando termino para indicarme que su jefe y la mía me esperan en el despacho de él.
Nada más entrar, veo que es Vega quien está sentada en la silla al otro lado del enorme escritorio mientras que Liam permanece de pie a su lado.
Hasta ahí, todo me parece normal, ya me he acostumbrado a que el despiadado Liam Brown le ceda, en ocasiones, el lugar a su mujer.
Lo que me sorprende es encontrar a Alex en un sofá de tres plazas algo más apartado.
«¿Qué coño pinta él aquí?».
Estoy esperando a que se gire y se burle de mí, a que encuentre la manera de humillarme delante de todos por lo que vi ayer por la noche.
Casi puedo adivinar la sonrisa chulesca en su cara, pero, para mi sorpresa, mantiene la mirada fija en la pared de enfrente y una postura rígida que me incomoda.
Es como si no quisiese estar aquí y me pregunto si realmente alguien puede obligar a este hombre a hacer algo que no desee.
Apuesto a que incluso Liam, por muy jefe suyo que sea, se ha topado alguna vez con sus límites.
—He estado pensando en lo que pasó ayer —comienza Vega en tono conciliador—. Que los atacantes fueran hombres asiáticos me preocupa, pero lo hace más que hayan llegado hasta ti por segunda vez.
—Vega, ya te dije que fue una trampa y que lo siento. Debí contártelo y pedir tu aprobación. En cuanto tenga acceso al sistema podré averiguar quién está detrás de todo y, entonces, el equipo podrá darle caza.
Me mira con la confianza que me tiene acostumbrada y relajo los hombros, sabiendo que me está dando otra oportunidad después de haberla cagado.
—Dime lo que necesitas.
—Cinco minutos con mi ordenador. Mi teléfono también sería de ayuda.
Liam abre un cajón y me tiende lo que he pedido.
—No fue fácil recuperarlos. Al parecer, el desastre de anoche ha llegado a oídos de la NCA y están haciendo bastantes preguntas —afirma esto último mirando a Alex, como si lo culpase a él de habernos puesto en medio de una investigación policial por la que se está interesando la mismísima Agencia Nacional del Crimen.
—Lo siento y asumo toda la responsabilidad de lo ocurrido. Si no hubiese actuado en solitario, no tendríamos nada que lamentar —exclamo antes de que puedan reprocharle nada.
Por muy insoportable que sea, no voy a dejar que le carguen la culpa de algo que he provocado yo.
Alex eleva de manera sutil las comisuras de los labios, como si mis palabras le hubiesen hecho gracia y estuviera tratando de esconder una sonrisa que se empeña en salir.
—¿Te divierte que me sienta culpable? —le reprocho directamente.
Vega me mira sorprendida por mi arrebato.
—No, ratón, solo me hace gracia que salgas en mi defensa.
—¡Yo no he salido en tu defensa! La culpa de que esos tíos viniesen ayer a mi casa cuando resulta obvio que no estaba preparada es mía, pero de la carnicería te encargaste tú solito.
—Está bien, ya basta —interviene Vega y señala el ordenador—. ¿Puedes hacer tu magia?
Cuando coloco el portátil sobre mi regazo y comienzo a teclear, el mundo a mi alrededor se desvanece.
Anémona Azul es brutal, una obra maestra a la que nunca me cansaré de alabar.
Haber conseguido darle forma desde los cimientos es mi mayor logro en la vida.
Llevo años trabajando en ella, probando, fallando, mimándola, dedicándole día y noche y, desde que se ha convertido en una realidad, solo puedo flipar cada vez que compruebo de lo que es capaz.
—¡Lo tengo! —afirmo para mí misma unos minutos después—. ¡Joder, los tengo!
—¡Sabía que lo conseguirías! —exclama Vega haciéndome salir de mi burbuja.
Levanto la cabeza y recuerdo que no estoy sola, sino que sigo en el despacho de Liam y que hay tres pares de ojos escudriñándome con verdadera curiosidad—.
Puedes hablar. Después de lo de anoche, sea lo que sea, la Hermandad también está dentro.
—De acuerdo —respondo y miro a Vega mientras explico lo que acabo de descubrir, como si estuviésemos solas en la habitación.
Liam todavía me impone un poco, con esa aura de jefe de la mafia al que todos temen y Alex…
no estoy segura de todo lo que me provoca, pero me sentiría menos nerviosa si no estuviese presente—.
Son ellos. El lugar desde el que me localizaron es el mismo que utilizaron la primera vez.
En ambos casos se encontraban en Pudong, el distrito financiero de Shanghái.
La ubicación exacta coincide con la sede central de una de las empresas de las que Feng era accionista mayoritario.
No es una coincidencia, son ellos y, con un poco más de tiempo, podré demostrarlo.
—Hay más, ¿verdad? —pregunta Vega, demostrando cuánto me conoce y lo que confía en mis habilidades.
—Sí. —Sonrío con orgullo—. Tengo acceso a parte de los archivos del ordenador desde el que me localizaron.
Han estado investigándome durante casi un mes y saben más de mí que cualquiera de vosotros.
Me han seguido a varios lugares, ninguno comprometido —aclaro haciendo referencia a Atenea—, han hecho fotos, tienen una copia de mi supuesto contrato de trabajo y hasta han intentado sacar información de alguno de mis antiguos vecinos.
Necesitaré tiempo para analizar todo lo que contiene la carpeta que lleva mi nombre y para rebuscar en el resto de los archivos del terminal.
—Espera un momento —interviene Alex, que ya llevaba demasiado tiempo callado—. ¿Estás insinuando que tienes acceso completo al ordenador desde el que intentaron acceder al tuyo? ¿Es eso posible?
—No intentaron acceder, lo consiguieron, pero solo llegaron hasta donde yo quise que lo hicieran.
Trabajo con un programa especial llamado Anémona Azul con el que pude crear un escritorio pantalla.
Allí, fui dejándoles pistas falsas hasta que se toparon con el archivo que yo quería que descubrieran.
Así fue como me localizaron y también como me permitieron acceso ilimitado a su ordenador.
Ahora tenemos que darnos prisa para encontrar cualquier cosa que nos ayude en nuestra investigación antes de que les dé por borrar datos.
Pasamos un par de horas encerrados en el despacho. Yo voy imprimiendo todo aquello que me parece medianamente interesante mientras ellos tres revisan los documentos uno a uno y los catalogan según su importancia o relación. Cuando terminamos, la cosa pinta peor de lo que pensábamos.
—¿Sabéis lo que significa todo esto? —pregunta Vega sujetando con fuerza un puñado de folios—.
Esto demuestra que estábamos en lo cierto al pensar que había alguien más a la sombra de Feng.
Puede que matásemos al líder de la organización, pero no acabamos con todas las ratas y una de ellas se ha hecho con el poder.
Liam coloca una mano sobre el hombro de su mujer buscando tranquilizarla, pero creo que ya la conoce lo suficiente para saber que no descansará hasta que haya terminado con todos ellos.
No llegó a tiempo de salvar a su hermana de una vida de prostitución forzada, pero está dispuesta a morir para evitar que otras chicas sufran el mismo destino.
—Llegasteis hasta ellos una vez y volveréis a hacerlo. Te ayudaré.
—Gracias, Liam, sé que cuento contigo, pero ahora necesito pensar y reunirme con mi equipo. Alba, esos tipos no quieren matarte, sino llevarte con ellos, y eso solo puede significar que han descubierto de lo que eres capaz con un ordenador entre las manos. Esto es peligroso, muy peligroso.
—¿Estás sugiriendo que me quede aquí una temporada? —pregunto con fastidio.
No soy un ser social, sino más bien lo contrario. Me gusta la soledad de mi piso y el silencio a mi alrededor interrumpido solo por el sonido de las teclas bajo mis dedos.
—En realidad, creo que lo mejor sería enviarte lejos. —Abro los ojos como platos y ella continúa antes de que pueda quejarme—: Van a volver a buscarte, de eso no me cabe ninguna duda. No pararán hasta encontrarte.
—No quiero irme.
—Es lo mejor, créeme. Serán solo unos días, unas semanas a lo sumo. El tiempo que necesitemos para planificar una estrategia y llegar hasta esos cabrones. Gracias a ti, ahora tenemos una dirección en la que buscarlos.
—Iré con vosotros.
—Podría ser una trampa para atraerte hasta ellos —interviene Alex, y lo fulmino con la mirada. Solo me falta que le dé más argumentos a Vega.
—Es posible —asiente mi jefa en su dirección— y por eso no te llevaremos con nosotros.
—Me necesitaréis para entrar. ¿Crees que será fácil?
—No, pero encontrarás la forma de ayudarnos desde la distancia. Alba, lo hago por ti, pero también por el equipo. Te necesitamos y no podré concentrarme en acabar con ellos si tengo que protegerte a la vez.
Quiero decirle que no necesito que me protejan, pero sé que es absurdo, ya ha tomado una decisión.
—¿Adónde me enviarías?
Vega lanza una mirada a Liam un tanto extraña y él asiente, como si estuviesen comunicándose de una forma que solo ellos entienden.
—Tengo una idea que creo que podría encajar bastante bien —afirma él—.
No estarás en un punto concreto durante demasiado tiempo, lo que dificultará que puedan encontrarte.
Lo ideal sería que no llevases encima nada de tecnología para que no pudiesen seguir ningún rastro, pero comprendo que eso no será posible en tu caso.
—Dilo ya, hombre —lo achucha su primo.
—Te esconderemos en mi yate y estarás en continuo movimiento.
Está registrado a nombre de una empresa fantasma, aunque estoy convencido de que puedes lograr que sea más difícil de rastrear de lo que ya es.
En estos momentos, está atracado en Ocean Village Marina, al sur de Southampton.
Lo más seguro es que salgas de noche y que llegues hasta allí en coche.
El helicóptero sería más rápido, pero demasiado llamativo en estos momentos.
En el yate, te acompañará únicamente la tripulación y, si os parece bien a ambas, alguno de mis hombres.
Me pongo nerviosa solo de pensar en pasar varios días encerrada en un barco con completos desconocidos, unos cuya única misión será la de tenerme vigilada día y noche, pendientes de cada uno de mis movimientos.
Hombres armados hasta los dientes, demasiado parecidos a aquellos con los que pasé mis primeros años de vida.
No es que les tenga miedo, ya no soy aquella niña asustadiza de la que podían burlarse, pero, aun así, no sé si podré soportar tenerlos las veinticuatro horas sobre mí.
La ansiedad hace acto de presencia y me bloquea. Intento realizar inspiraciones profundas, calmar el ritmo acelerado de mi corazón, pero no lo consigo. Ni siquiera soy capaz de negarme, solo muevo levemente la cabeza y me levanto de la silla.
—Yo no…
Doy un paso hacia atrás, después otro.
—Alba, por favor. —Vega nunca me ha suplicado nada—. Sé que no es la solución perfecta, pero necesito que nos ayudes a encontrar a esos cabrones y, sobre todo, saber que estás a salvo mientras lo haces.
—No quiero encerrarme en un barco con unos completos desconocidos.
—Si te hace sentir mejor, Sebas puede ir contigo.
—¡Pero lo necesitáis para llegar hasta el tío que está detrás de la organización de Feng!
No veo ninguna salida. Vega no va a dejar que me quede, piensa que sería demasiado arriesgado, y yo no me siento capaz de soportarlo.
—Yo iré con ella. —La voz de Alex suena atronadora en el despacho y todos desviamos la mirada hacia él.
—¿Tú? —pregunto mostrándome más insegura de lo que me gustaría.
—Tenía pensado cogerme unos días de vacaciones, ¿verdad, primo?
—No sé si es la mejor de las ideas o una completa locura —responde el aludido.
—Ella me conoce, ¿verdad, ratoncito? Puede que no me soporte, pero supongo que soy la mejor alternativa. Además, no tengo nada que hacer en las próximas semanas. Ya que voy a aburrirme, al menos lo haré en el yate.
Liam mira a Vega de nuevo, consultando su opinión en silencio y es ella quien responde.
—Está bien. Iréis juntos y la protegerás con tu vida. Alex, me la devolverás sin un solo rasguño o afilaré mis cuchillos con tu cabeza. ¿Ha quedado claro?
—Clarísimo, jefa consorte —responde él con guasa.
—Déjate de chorradas y prepáralo todo. Saldréis mañana por la noche —ordena Liam.
Miro a mi alrededor. Las personas que me rodean acaban de decidir mi futuro más próximo y yo permanezco aquí plantada como un arbusto, sin pronunciarme, incapaz de decirles que no estoy de acuerdo y que prefiero ir sola antes que acompañada del energúmeno que ayer se cargó a dos tíos y medio delante de mí.
El mismo energúmeno que ni siquiera recuerda que fuimos algo así como amigos en la infancia.
Quiero hablar con Vega a solas, pero cuantas más vueltas le doy, más ridículas me parecen mis quejas.
Sobre todo teniendo en cuenta que ellos estarán jugándose la vida para atrapar al hijo de puta que anda detrás de mis intentos de secuestro y de la muerte de su hermana.
Y esa es la única razón por la que callo lo que pienso mientras ellos deciden lo que pasará en las próximas semanas conmigo.