2. Alba
ALBA
Hoy Vega no parece ella misma, está irritable y, aunque no ha perdido el aire de seguridad que siempre la acompaña, la noto nerviosa. Creo que se siente responsable de mi casi secuestro, como si ser la líder del equipo le otorgara el poder de la omnipresencia.
Lo cierto es que ninguno de nosotros lo vimos venir.
No soy una cara visible en Atenea, más bien al contrario.
Soy la que se queda atrás mientras el equipo avanza, guiándolos y abriéndoles el camino en la distancia, protegida por mis pantallas.
Por ese motivo, no esperaba un ataque y sigo sin entender cómo llegaron hasta mí.
Puede que no sea tan buena con los cuchillos como Vega ni me haya convertido en una fanática de las armas de fuego como Mark, pero sé cubrirme las espaldas y nunca dejo que quede ningún rastro a mi paso.
Algo falló en mi sistema de seguridad, ese en el que llevo años trabajando y que creía perfecto, y lo peor de todo es que aún no he descubierto cómo accedieron a mi entorno.
Si no llega a ser por el respaldo, esos hombres habrían logrado su propósito y puede que ahora ni siquiera pudiese contarlo.
He cambiado de apartamento, incluso de zona.
Chiswick es un barrio tranquilo en comparación con Southwark.
Aquí apenas llegan turistas, pero al menos he localizado un par de cafeterías desde las que podría trabajar.
Como cada mañana cuando no estamos en medio de una misión, entramos en nuestra sala de reuniones de Atenea y nos sentamos alrededor de la mesa, dejando la cabecera libre para la jefa.
Hay cinco salas iguales y luego está la nuestra, la única con acceso reservado para la élite y que el resto de los miembros de la organización no ha visto nunca por dentro.
Somos una especie de reyes por aquí, el equipo que nunca falla y al que todos respetan.
—No me voy a andar con paños calientes —exclama Vega sin siquiera sentarse—, la cosa se pone cada vez peor. Esos hijos de puta avanzan más rápido de lo que habíamos imaginado y en las últimas semanas han conseguido abrir siete nuevos clubs en Europa.
—¿Cómo coño lo han hecho sin que nos enteremos? ¡Estaban acabados! —interviene Sebas, expresando la misma frustración que sentimos todos.
—Todavía no lo sabemos y esto me jode tanto como a vosotros. Creíamos haber desmantelado por completo la organización en Europa, pero esos cabrones están resurgiendo de las cenizas. No es solo que avancen con rapidez, sino que, de alguna manera, se están blindando. La pregunta es ¿cómo lo hacen?
—Mediante contactos, no hay otra manera —afirma Lucas con seguridad, apoyando los antebrazos sobre la mesa—.
Hay una idea que me ronda la cabeza. ¿Y si estábamos equivocados?
Pensamos que había alguien dentro de la célula reuniendo hombres e intentando hacerse con el puesto que quedó vacío tras la muerte de Feng, y hemos basado nuestra estrategia en esa creencia.
Pero, pensadlo bien, es muy difícil que alguien nuevo o con un rango bajo se haya hecho con el liderazgo en menos de un año.
Parece que no hubiese habido lucha de poder, como si todos hubieran aceptado de buena gana el cambio de líder sin rechistar.
—¿En qué piensas? —lo anima a continuar Vega cuando se queda callado.
—Creo que Feng tenía un socio que se mantenía en la sombra.
—No veo a ese capullo compartiendo la silla del jefe con nadie —apunta Mark, que había permanecido en silencio hasta ahora.
—¿Y si el que movía los hilos era precisamente el que aguardaba en la sombra?
—¿Estás diciendo que Feng era solo la marioneta de alguien peor? —pregunta Sebas interesado.
—Solo estoy barajando las posibilidades.
—Lucas tiene razón —afirma Vega mientras se pone en pie y se acerca al tablón en el que solemos colgar las pistas y que nos ayuda a seguir los distintos hilos de la investigación—.
Se han reagrupado demasiado rápido para haber perdido tanto a Feng como a su mano derecha, Tao.
Esperábamos una lucha de poder entre sus hombres de mayor rango, pero es como si ya supiesen a quién debían obedecer.
Tiene sentido que hubiese alguien detrás de ellos a quien no vimos, alguien al que todos sus hombres respetan.
Necesitamos confirmar esta teoría cuanto antes y, sobre todo, hemos de ser más hábiles y más rápidos.
No sabemos contra quién luchamos, pero no podemos permitirnos que todo por lo que llevamos años peleando se venga abajo.
—Coloca en el panel una fotografía con una silueta en negro y la señala con el dedo—.
Quiero saber a quién nos estamos enfrentando, así que nuestra misión desde ya es encontrar cualquier pista que nos lleve hasta su identidad. ¿Lo tenemos claro?
—Clarísimo —responde Lucas por todos.
—No olvidéis que buscamos a alguien con contactos importantes, alguien capaz de blindar toda la puta organización y cuyos tentáculos llegan hasta Europa.
Asentimos y Vega da por terminada la reunión. Cuando todos salen, vuelve a sentarse y me pide que me quede un minuto más. La miro a los ojos y percibo el cansancio que se resiste a mostrar.
—¿Estás bien? —le pregunto.
—Es gracioso que seas tú quien me lo pregunte. No soy yo la que ayer estuvo a punto de ser secuestrada en plena calle. ¿Cómo te sientes?
—Sabía a lo que me apuntaba cuando acepté el puesto. Puede que entonces no estuviese preparada, pero ahora lo estoy.
—Lo sé, aunque eso no responde a mi pregunta.
Respiro hondo antes de hablar y comprendo que debo sincerarme. Ella siempre ha confiado en mí más que los demás.
—Me encuentro bien, solo enfadada conmigo misma por no haberlo visto venir. Estaré mejor cuando descubra cómo dieron conmigo y quién lo hizo.
—Estoy segura de que lo harás. ¿Qué te parecería venir a vivir con nosotros hasta que la cosa se calme?
—Ni hablar. Liam y tú ya tenéis bastante con lo vuestro y Mara apenas se está adaptando a tener una familia. Esa pobre chica necesita todo tu apoyo ahora mismo.
No puedo ni imaginar lo que ha sido para ella nacer y crecer entre las paredes de un burdel, y menos con un padre como Feng Bao, líder de una red de trata de mujeres, y una madre que murió obligada a prostituirse bajo su dominio.
No estoy segura de que todo el cariño del mundo sea suficiente para hacerle olvidar sus primeros quince años de vida.
—Me sentiría mejor sabiendo que estás a salvo en la mansión.
—Vega, sé cuidarme sola, los chicos y tú os encargasteis de entrenarme hasta aseguraros de ello y, además, me encontraría perdida con tanta gente a mi alrededor.
Estoy acostumbrada a tener como única compañía el sonido de las teclas de mi ordenador.
Creo que me volvería loca con tanto hombre armado paseándose de un lado a otro.
Te agradezco el ofrecimiento, pero, a no ser que esto sea una orden, prefiero quedarme en mi casa.
—Sabes que no lo es —bufa con una mueca de fastidio.
—Gracias. —Sonrío—. Por todo.
No puedo evitar sentirme culpable por lo que ha pasado. Soy la encargada de la seguridad del equipo y he dejado que me localizaran. Me duele haberles fallado y, en especial, haberle fallado a ella.
Es hora de ponerle remedio.
Me siento en mi despacho, ese en el que, gracias a Vega, tengo acceso a casi cualquier recurso que necesite, y me prometo que no voy a descansar hasta que entienda cómo han conseguido vulnerar mi sistema y quién ha sido el artífice de ello.
Voy a tener que ser creativa a la hora de colocar las trampas.
Ha de ser algo diferente, algo que haga caer a una persona como la que ha conseguido vencer mis muros de protección.
Voy a demostrarle que no puede jugar conmigo y protegeré a mi equipo cueste lo que cueste.
Un puñado de horas después, ya sé lo que tengo que hacer y he encontrado el cebo perfecto. Si han venido una vez a por mí, lo harán de nuevo, solo que cuando lo hagan los estaré esperando.