17 La primera vez #2
Los tres puntos aparecen, desaparecen y vuelven a aparecer.
Sara: Vega, han pasado muchos años.
Vega: Lo sé. Solo dime qué recuerdas.
Esta vez tarda casi un minuto.
Sara: Le pregunté si le gustabas. Dijo que no era eso.
Miro a Nico.
—Sigue —dice.
Llega otro mensaje.
Sara: Dijo algo sobre Nico.
El corazón me da un golpe.
Vega: ¿Qué dijo?
Esperamos. La respuesta tarda.
Sara: Creo que dijo: «Nico no puede conocerla todavía». O algo muy parecido.
Nico y yo nos miramos.
—Todavía —dice.
—Sí.
Escribo de nuevo.
Vega: ¿Te explicó por qué?
Sara: No. Le pregunté qué problema había y me dijo que ninguno. Que ya lo entendería. Pensé que estaba celoso y me reí de él.
Otro mensaje.
Sara: Ahora que lo pienso, Nico preguntó por ti en la cena.
Nico se acerca más para leer.
Vega: ¿A ti?
Sara: Sí. Me preguntó por qué no habías venido y dijo que quería darte las gracias por lo del vídeo. Rocco cambió de tema.
Guardo silencio.
—Yo quería conocerte —anota Nico.
—Para darme las gracias. No conviertas eso en otra cosa.
—No lo hago.
Seguimos leyendo.
Sara: ¿Por qué me preguntas todo esto ahora?
No sé qué responder.
Vega: Es una historia muy larga. Te la contaré.
Guardo el teléfono.
—No puede conocerla todavía —repite Nico.
—Puede que Sara no recuerde las palabras exactas.
—Pero recuerda la idea.
—Sí.
—¿Qué tenía que ocurrir antes?
—No lo sé.
—¿Qué cambió después?
—Nada, porque nunca nos presentó.
Nico mira hacia el otro extremo de la plaza. La cita ha desaparecido durante unos minutos y Rocco vuelve a estar entre nosotros.
No quiero que termine así.
—Nico.
—¿Qué?
—Esta noche no.
Me mira.
—¿No qué?
—No vamos a resolverlo esta noche.
—Vega...
—Rocco lleva tres años muerto. El misterio puede esperar hasta mañana.
La expresión le cambia.
—¿Y qué hacemos mientras?
—Estábamos en una cita.
—Es verdad.
—Bastante decente hasta que apareció un muerto.
—Siempre tuvo mal sentido de la oportunidad.
La frase debería molestarme. Me hace reír.
—Eso ha sido horrible.
—Pero te has reído.
—Soy mala persona.
—Por fin algo en común.
Reanudamos el paseo. Esta vez Nico me ofrece la mano.
No hace ningún comentario, simplemente la extiende.
La miro durante un segundo y entrelazo mis dedos con los suyos.
No siento culpa. Eso me sorprende más que el contacto.
Caminamos así hasta el hotel, hablando de cualquier cosa que no sea Rocco.
En la entrada ninguno suelta inmediatamente la mano, aunque ambos sabemos que la noche está terminando.
Subimos en el ascensor y la situación empieza a parecer peligrosamente conocida.
—Otra vez un ascensor —dice Nico.
—Parece que tenemos poca imaginación.
—Podemos subir por las escaleras.
—Estamos en el sexto piso.
—He hecho cardio hoy.
Las puertas se abren. Caminamos hasta mi habitación. Ahí sí nos detenemos.
—Gracias por la cena —musito.
—¿Ha sido una cita entonces?
—No te emociones.
—Necesito una clasificación oficial.
—Has aprobado.
—¿Sobre diez?
—No abuses.
Nico sonríe y al momento deja de hacerlo. La distancia entre nosotros es mínima. No hay excusa. Nico no se mueve, esta vez me deja decidir. Recuerdo lo que le dije ayer.
Cuando ocurra, no quiero preguntarme a quién estoy besando.
Lo miro. Sé perfectamente quién está delante de mí. Nico, no Rocco, ni su prolongación. Es Nico y con seguridad doy el paso que falta. Le pongo una mano en la nuca y lo beso.
Durante un instante no hace nada, quizá porque no esperaba que fuera yo. Después su mano llega a mi cintura y me acerca con una suavidad que contradice todo lo que uno podría imaginar de alguien acostumbrado a dominar una moto a trescientos kilómetros por hora.
El beso no se parece a nada que recuerde y eso me alivia.
No quiero comparaciones ni fantasmas. Solo siento su boca, su mano en mi cintura, mis dedos en su nuca y ese segundo extraño en el que el mundo parece detenerse precisamente porque no está ocurriendo nada extraordinario para nadie excepto para nosotros.
Nos separamos apenas. Nico apoya la frente contra la mía.
—Hola —murmura.
Me río.
—¿Hola?
—Llevo días intentando llegar hasta aquí. No tenía preparado el discurso.
—Se nota.
Vuelve a besarme. Esta vez soy yo quien sonríe contra su boca. El segundo beso dura más. Cuando termina, continúo abrazada a él y descubro que podría quedarme así mucho tiempo. Nico roza mi mejilla con los dedos.
—¿Sabes a quién has besado?
—Sí.
—Bien.
—¿Y tú?
Su expresión se vuelve seria.
—A Vega.
No necesito nada más. Lo beso una tercera vez, breve, y después retrocedo.
—Buenas noches.
Nico mira la puerta.
—¿Eso significa que no me invitas a entrar?
—Significa exactamente eso.
—Solo quería asegurarme.
— Slow burn .
—¿Qué?
—Nada.
Se ríe. Entro en la habitación y cierro la puerta. Apoyo la espalda contra ella y permanezco inmóvil, sonriendo como una adolescente. He besado a Nico. La frase es sencilla.
No necesito añadir el mejor amigo de Rocco .
Solo Nico. Y quizá eso sea lo más importante que ha ocurrido esta noche. El teléfono vibra. Por un segundo pienso que será él. Es Sara. Abro el mensaje.
Sara: Vega, he seguido pensando. Hay algo más.
Mi sonrisa desaparece.
Vega: ¿Qué?
La respuesta llega inmediatamente.
Sara: Después de que Nico preguntara por ti, le dije a Rocco que parecía interesado en conocerte. Se puso muy serio.
Espero.
Sara: Le pregunté otra vez si estaba celoso. Me dijo que no.
Otro mensaje.
Sara: Dijo: «No es por mí».
Me siento en el borde de la cama.
Vega: ¿Entonces por quién?
Los tres puntos aparecen.
Sara: Eso mismo le pregunté.
Pasan veinte segundos.
Sara: Me contestó: «Por Nico».
Me quedo mirando la pantalla. No tiene sentido. Si Rocco todavía no estaba conmigo, si apenas me conocía y si no estaba actuando por celos, ¿qué podía preocuparle de que Nico y yo nos conociéramos? Entonces llega un último mensaje.
Sara: Y ahora recuerdo otra cosa. Dijo que antes tenía que arreglar algo con él.
Leo la frase varias veces.
Antes tenía que arreglar algo con él.
Con Nico, no conmigo. De pronto, la pequeña deslealtad nacida de unos posibles celos ya no explica nada. Porque quizá Rocco no estaba intentando mantenerme lejos de Nico. Quizá estaba intentando mantener a Nico lejos de mí hasta resolver algo que había ocurrido entre ellos y Nico no recuerda qué.