14 Antes de conocernos #2
—Te dije que Jerez fue la primera vez que hablamos de verdad.
Tiene razón.
—¿Qué ocurrió en Aragón?
—Nada. Le expliqué lo del vídeo. Me dio las gracias. Hizo una broma. Fin.
—¿Qué broma?
—Nico, no recuerdo una conversación de cinco minutos de hace cinco años.
—Yo no recuerdo ni siquiera tu nombre y resulta que preguntaba si ibas a cenar con nosotros. —Vega se queda callada. Abro otra vez el vídeo—. Tengo que saber qué iba a decir.
—El vídeo termina.
—Los mensajes quizá no.
Busco alrededor de aquella fecha. Vega se levanta y se coloca a mi lado para mirar la pantalla. Está tan cerca que noto su brazo contra el mío. Durante unos segundos, dejo de leer. Ella también lo nota. Se aparta apenas. La distancia de ayer vuelve a aparecer entre nosotros y, de pronto, me cansa.
—No tienes que hacer eso —musito.
—¿Qué?
—Apartarte.
Nos miramos.
—Pensaba que eras tú quien necesitaba espacio.
—Ayer.
—Han pasado doce horas.
—He dormido tres. Para mí han sido larguísimas.
Sonríe.
—Tienes una lógica impresionante. —Por primera vez desde ayer volvemos a parecernos un poco a nosotros mismos. Eso me tranquiliza más de lo que debería—. Sigue buscando.
Encuentro mensajes con Álex. Fotografías. Un enlace caducado. Una conversación sobre la cena. Entonces aparece otro mensaje. No es del grupo, es una conversación privada con Rocco.
Nico: La chica de comunicación que nos salvó el culo viene esta noche?
Debajo:
Rocco: Puede ser.
Después:
Nico: Vega, no?
Rocco: Sí.
Vega está leyendo por encima de mi hombro.
—Ahí está —dice.
—Yo sabía tu nombre.
—Sí.
Sigo.
Nico: Dile que venga. Le debo una copa.
La respuesta de Rocco tarda seis minutos.
Rocco: Mejor otro día. Hoy viene gente del campeonato.
Frunzo el ceño.
—Eso no tiene sentido.
—¿Por qué?
—Tú trabajabas en el campeonato.
—Indirectamente.
—Y había otras personas de comunicación en aquella cena.
Sigo leyendo. Hay un último mensaje.
Nico: Pues dale las gracias de mi parte a la de Aragón.
Rocco responde:
Rocco: Se las doy.
La de Aragón. Completo mentalmente el vídeo.
¿A quién?
A Vega.
¿Qué Vega?
La de Aragón.
Vega también lo comprende.
—Eso ibas a decir.
—Probablemente.
—Entonces está explicado.
—No.
Me mira.
—¿No?
—Está explicado por qué conocía tu nombre.
—Eso buscábamos.
—No es lo único que hemos encontrado. —Le enseño otra vez la conversación—. Mira las fechas. Esta conversación fue después de Aragón y antes de que empezarais juntos. Yo quería conocerte.
—Para darme las gracias.
Señalo la respuesta de Rocco.
Mejor otro día.
—Fue Rocco quien evitó que vinieras. —Vega permanece callada—. Antes de que fueras su pareja. Antes de que hubiera una relación que quisiera mantener en privado. Antes de que existiera ninguna razón para ocultarte como novia.
Ahora lo comprende.
—Quizá simplemente no quería que fuera. —Se sienta otra vez.
—Puede ser.
—O pensó que no pegaba con el grupo. O realmente había algún motivo relacionado con la gente que iba a cenar.
—También puede ser.
—Entonces no sabemos nada.
—Sabemos una cosa.
—¿Cuál?
—Que empezó antes.
Vega no responde. Durante unos segundos volvemos a mirar el mensaje.
Mejor otro día.
Cuatro palabras completamente insignificantes durante cinco años. Ahora no lo son.
—No quiero convertir esto en algo que quizá no fue —dice Vega.
—Yo tampoco.
—Rocco podía tener cualquier motivo. Y no está aquí para explicarlo.
—Eso es lo que más me jode. —La frase sale más dura de lo que pretendía. Vega baja la mirada.
—A mí también.
Entonces recuerdo algo. No del teléfono, de aquella noche, un destello absurdo. Rocco y yo caminando hacia el restaurante. Yo preguntándole por la chica de comunicación, él haciendo una broma. No consigo agarrar el recuerdo.
—Espera.
—¿Qué?
—Me dijiste que después de Aragón hablaste con Rocco unos minutos. ¿Te pidió el teléfono?
Vega tarda en contestar.
—No.
Abro los ojos.
—¿Seguro?
—Sí. No intercambiamos números hasta Jerez.
—Entonces no.
—¿Qué estás recordando?
—No lo sé.
—Nico.
—Una conversación. —Me levanto y camino por la sala—. Íbamos hacia la cena. Le pregunté por ti.
—Eso ya está en los mensajes.
—No. Le pregunté algo más.
Intento reconstruirlo. La salida del circuito, Rocco a mi lado, yo riéndome.
La chica de Aragón...
Después algo, una respuesta suya. No llega.
—No puedo.
—No lo fuerces.
—Lo tengo aquí. —Me toco la sien—. Y no sale.
—Han pasado muchos años. —Vega se levanta—. Quizá no importe.
—Quizá.
Nos quedamos frente a frente.
—¿Estás mejor conmigo? —pregunta.
La pregunta me sorprende.
—Nunca estuve mal contigo.
—Ayer necesitabas estar solo.
—Porque acababa de descubrir que mi mejor amigo tuvo una relación de dos años que me ocultó. Y porque me enseñaste una fotografía abrazándolo.
Vega guarda silencio. He dicho demasiado.
—¿Eso te molestó?
Podría mentir. Después de todo lo ocurrido, sería bastante hipócrita.
—Sí.
—¿Por Rocco?
—No. —La respuesta sale antes de que pueda detenerla. Vega me mira.
—Entonces ¿por qué?
Ahora soy yo quien necesita una interrupción. No llega nadie, ni Matteo, ni Claudia, ni Álex. Ni siquiera un camarero. El universo ha decidido dejarme solo con mi propia estupidez.
—Porque eras tú quien lo abrazaba.
El silencio cambia. Vega no aparta la mirada.
—Nico...
—Ya sé que no tiene sentido.
—No he dicho eso.
—Rocco era mi amigo. Tú eras su pareja.
—Sí.
—Murió hace tres años. Y aun así vi esa foto y…
—Estamos demasiado cerca otra vez. Esta vez ninguno se aparta.
Miro su boca. Vega lo nota. Lo sé porque deja de sonreír.
Durante un segundo pienso en besarla. Doy medio paso hacia delante.
Vega no retrocede y entonces mi teléfono suena. Cierro los ojos y Vega empieza a reír.
—No puede ser…
Miro la pantalla.
—Matteo.
—Empiezo a pensar que tiene un sistema de vigilancia.
—Voy a matarlo.
—No lo hagas. Necesitamos un ingeniero.
Rechazo la llamada. Vega levanta las cejas.
—¿Qué haces?
—Aprendo de mis errores. —El teléfono vuelve a sonar inmediatamente. Los dos miramos la pantalla.
—Es persistente —sonríe—. Contesta.
—No.
—Nico.
—La última vez que hice caso a un teléfono... —Se detiene el sonido. Silencio. Vega sigue frente a mí, pero el momento ya ha cambiado. Otra vez—. Algún día tendremos que apagar los teléfonos.
—Eso ha sonado peligrosamente parecido a una propuesta.
—Quizá lo sea.
—¿De qué?
—Todavía no lo sé.
El teléfono vibra con un mensaje.
MATTEO: COMO NO VENGAS AHORA TE BUSCO YO .
Se lo enseño.
—Ve. —Ríe.
—Esto no ha terminado.
—¿El misterio?
—Tampoco.
Su sonrisa desaparece despacio. Salgo de la sala y a mitad del pasillo me vuelvo. Entonces recuerdo una palabra, solo una. No sé qué había antes ni qué vino después, pero escucho la voz de Rocco con una claridad repentina.
No te conviene.
Me detengo. Vega levanta la cabeza.
—¿Qué pasa?
No respondo inmediatamente porque conozco esa frase. Rocco la utilizaba constantemente para bromear. Una cerveza más no te conviene. Apostar con Álex no te conviene. Comprar esa moto no te conviene. Podría no significar nada.
—Nada —miento. Salgo al pasillo mientras la frase continúa resonando en mi cabeza.
No te conviene.
No recuerdo qué le pregunté, ni por qué Rocco respondió eso, pero empiezo a recordar a quién se refería. A Vega.