14 Antes de conocernos
Nico
He dormido tres horas y veintisiete minutos.
Lo sé porque he mirado el reloj a las dos y trece, a las tres y cuarenta y ocho, a las cuatro y cincuenta y uno y, finalmente, a las seis y dieciocho, cuando he renunciado a seguir fingiendo que estaba intentando dormir.
Entre una hora y otra he visto el vídeo tantas veces que podría reproducirlo de memoria.
Déjalo, inútil. Cuando lleguemos se lo damos a Vega y que te lo arregle.
¿A quién?
A Vega.
¿Qué Vega?
La de...
Fin. Veintisiete segundos. El vídeo más inoportunamente corto de la historia.
A las siete bajo a desayunar. No espero encontrar a nadie del equipo tan temprano y precisamente por eso elijo esa hora.
Necesito café, silencio y la posibilidad de mirar el teléfono sin que Álex aparezca preguntándome por qué tengo cara de haber pasado la noche enterrando un cadáver. Naturalmente, Álex está desayunando.
—Buenos días.
—Buenos días.
—¿Has dormido?
—Más de lo que esperaba.
—Eso explica que parezcas un yonqui.
—¿Qué haces aquí?
—Desayunar. Tenía hambre
—Mientes fatal.
—Y tú estás especialmente agradable. —Bebo café. Álex me observa—. ¿Es por Vega?
Casi me atraganto.
—¿Qué?
—Confirmado. —Sigue comiendo. Podría preguntarle. Álex estaba cerca en aquella época. No siempre, pero mucho más de lo que recuerdo ahora. Si yo conocía el nombre de Vega, quizá él también.
—¿Te acuerdas de alguien que se llamara Vega en el paddock hace cuatro o cinco años?
—Hay más de una Vega en el mundo.
—¿Hablamos de nuestra Vega?
Nuestra Vega. No sé por qué me molesta la expresión.
—De Vega la toca pelotas.
Suelta dos carcajadas.
—Antes de que viniera al equipo, no.
—Antes.
—Nico, ¿qué coño pasa?
Saco el teléfono, pero no llego a enseñarle el vídeo. No quiero, todavía no.
—Nada. Intento recordar si habíamos coincidido con ella.
—Pregúntaselo.
—Ya lo haré.
Álex se reclina en la silla.
—Ayer desapareciste con ella después de los test y hoy estás aquí a las siete preguntándome si la conocíamos hace cinco años. Voy a necesitar más información para fingir que esto es normal. ¿Os habéis acostado? ¿Tal vez solo os habéis besado?
—Vete a la mierda.
—No recuerdo a Vega —anuncia—. Pero en aquella época conocíamos a tanta gente que podría haber cenado con nosotros y no acordarme.
Eso es exactamente el problema. Podría haberla conocido, haber hablado de ella, incluso haber estado delante de mí y no conservar hoy ningún recuerdo porque entonces no significaba nada. Ahora significa demasiado.
—¿Tienes todavía los mensajes antiguos? —pregunto.
—¿Qué mensajes?
—Los de aquellos años.
—Algunos. Cambié de teléfono dos veces.
—¿Y las conversaciones del grupo?
—¿Qué grupo?
—El de Rocco, tú y yo.
Álex deja de sonreír.
—Sí. —La respuesta cambia el ambiente. Rocco tiene ese efecto. Basta nombrarlo de determinada manera para que las bromas sepan detenerse solas— ¿Buscas algo de él?
—No lo sé.
Álex no insiste. Se lo agradezco. Cuando llego al circuito, Vega ya está allí.
La veo antes de que ella me vea. Junto a Claudia, revisa algo en una tableta.
Lleva el pelo recogido y una camisa blanca del equipo.
Durante unos segundos la observo y mi cabeza hace algo que detesto: superpone dos imágenes.
Vega ahora. Vega en aquella fotografía, abrazada al cuello de Rocco. No debería importarme, pero me importa. Tampoco debería desear acercarme a ella, pero lo deseo. Vega levanta la vista y me ve.
—Buenos días. —Sonrisa leve.
—Buenos días.
Eso es todo. Sigo andando. A los cinco pasos me siento un imbécil, a los diez, más.
No estoy enfadado con ella. Se lo dije ayer y era verdad.
Sin embargo, verla activa algo que todavía no sé ordenar.
Hasta hace dos días, Vega me atraía, me hacía reír y parecía conocer demasiado bien determinadas partes de mí.
Ahora sé por qué conocía algunas: Rocco se las contó y cada gesto nuevo tropieza con un recuerdo antiguo.
—Muy natural —dice Gianni cuando paso junto a él.
Freno en seco.
—Todos estáis a punto de tocarme los cojones.
Gianni sonríe.
—Entonces quizá el problema seas tú.
—Eso mismo dijo Vega.
—Mujer inteligente.
Miro hacia donde está ella.
—¿Sabías que Rocco nunca me habló de su relación?
Gianni deja de sonreír.
—Ahora sí.
—¿Vega te lo ha contado?
—Me preguntó hace unos días si tú sabías quién era ella. Ahí comprendí que no.
—¿Y antes?
—Daba por supuesto que lo sabías.
—Todo el mundo daba por supuesto que lo sabía.
—Probablemente porque no tenía sentido ocultártelo. —Gianni me mira con calma—. No busques necesariamente una explicación terrible.
—No estoy buscando ninguna explicación. Pero he encontrado un vídeo.
Eso consigue toda su atención.
—¿Qué vídeo?
—Uno antiguo.
Me alejo. No tenemos actividad en pista.
Los test han terminado y la mañana se dedica a reuniones, recogida de material, compromisos pendientes y preparación del siguiente viaje.
Eso debería facilitarme las cosas. Ocuparme.
Pensar en otra cosa. Consigue exactamente lo contrario.
A las diez y media estoy sentado ante una pantalla mientras Matteo explica datos que ya analizamos ayer.
A las diez y treinta y siete abro en el teléfono la conversación antigua con Rocco.
Miles de mensajes, no puedo leerlos todos.
Utilizo el buscador: Vega. Ningún resultado.
Me quedo mirando la pantalla. Pruebo V como si eso pudiera servir de algo.
Cientos de resultados inútiles. Cierro y abro el grupo con Álex y Rocco.
Busco otra vez, Vega. Un resultado: el corazón se me acelera. Pulso. El mensaje es mío.
Nico: ¿Al final viene Vega?
Fecha: cinco años atrás. Me incorporo en la silla. Leo los mensajes anteriores. Álex está hablando de una cena. Rocco pregunta dónde. Yo digo que depende de cuántos seamos. Aparecen nombres que recuerdo vagamente: Paolo, Sara, Marc, Elena. Después mi mensaje.
¿Al final viene Vega?
Rocco responde treinta segundos después.
Rocco: Creo que no.
Nada más. Continúo leyendo. La conversación cambia de tema. Vuelvo atrás. No hay ninguna explicación sobre quién es Vega. Busco días anteriores y nada. Días posteriores y nada, pero ya no puede ser una coincidencia. Yo sabía quién era y Rocco también.
—Nico. —Matteo me está mirando. Todos me están mirando. — ¿Quieres compartir con nosotros algo más interesante que la reunión?
Bloqueo el teléfono.
—No.
—Entonces intenta permanecer en este planeta veinte minutos.
Me concentro, esta vez de verdad. Cuando salimos, Vega espera en el pasillo con unos documentos para Claudia. Al verme, hace un movimiento casi imperceptible, como si fuera a acercarse y cambiara de opinión. Eso me molesta, no ella, yo. He sido yo quien ha creado esa distancia.
—Vega. ¿Tienes un minuto?
—Claro.
Miro alrededor.
—Aquí no.
Levanta una ceja.
—Estamos desarrollando una preocupante incapacidad para hablar en lugares normales.
—Esta vez no necesito una grada.
—Progresamos.
Entramos en una sala vacía. Cierro la puerta y Vega deja los documentos sobre una mesa.
—¿Qué pasa?
Saco el teléfono.
—Anoche encontré algo sobre ti.
Le enseño el vídeo. No digo nada mientras lo ve. Escucha mi voz.
Cuando lleguemos se lo damos a Vega y que te lo arregle.
Después la de Rocco.
¿A quién?
La mía.
A Vega.
¿Qué Vega?
La de...
El vídeo termina. Vega permanece mirando la pantalla.
—No entiendo.
—Tú sabías quién era yo. Pero no me conocías.
—No lo recuerdo.
—Yo tampoco te había conocido personalmente. —Piensa—. Había podido verte. En un paddock ves a cientos de personas. Sabía quién eras porque Rocco hablaba de ti, pero nunca nos habían presentado.
—Entonces ¿por qué sabía yo quién eras tú?
—No lo sé.
Abro el grupo antiguo y le enseño el mensaje.
¿Al final viene Vega?
Vega lo lee. Después mira la fecha y cambia de expresión, no mucho, pero lo veo.
—Esa fecha fue unas semanas antes de Rocco y yo.
La respuesta me deja quieto.
—Entonces yo conocía tu nombre antes de que estuvierais juntos.
—Sí.
—Y le pregunté a Rocco si ibas a ir a una cena. ¿Qué cena?
Vega vuelve a mirar la fecha.
—No lo sé.
—Piensa.
—Aquella semana estaba trabajando en... —Cierra los ojos durante unos segundos—. Hubo un problema con un periodista.
—Eso no reduce demasiado las posibilidades.
—No era conmigo. Era contigo.
Me siento frente a ella.
—¿Qué problema?
—No lo recuerdo exactamente. Han pasado cinco años.
—Inténtalo.
Se lleva una mano a la frente.
—Hubo una grabación.
Algo se mueve en mi memoria.
—¿Una grabación de qué?
—De ti.
—Eso sigue sin reducir demasiado las posibilidades.
—Estabas discutiendo con alguien.
—También bastante habitual.
—Un responsable de seguridad, creo. O alguien de la organización. Había ocurrido algo en el pit lane .
Empiezan a aparecer imágenes sin orden. Un hombre gritándome, Álex sujetándome por un brazo, Rocco riéndose después.
—¿Fue en Aragón?
—Sí. —La respuesta es inmediata. Aragón. Ahora recuerdo más. Había terminado una sesión. Un fotógrafo entró donde no debía. Hubo una discusión. Yo estaba cabreado por otra cosa y reaccioné peor de lo necesario. Alguien grabó parte del enfrentamiento.
—El vídeo —digo.
—Sí.
—Nunca salió.
—No.
—¿Tú tuviste algo que ver?
Vega duda.
—Mi agencia trabajaba para uno de los patrocinadores implicados.
El vídeo no mostraba lo que había ocurrido antes y parecía que tú habías atacado verbalmente a aquel hombre sin motivo.
Había otro ángulo donde se veía toda la secuencia.
Conseguimos que el periodista viera el material completo antes de publicar la pieza. Al final no la publicó.
Me quedo mirándola.
—¿Fuiste tú?
—No yo sola.
—Pero participaste.
—Sí.
—¿Nos conocimos?
—No. Yo hablé con gente de tu equipo. Tú ya te habías marchado.
—¿Y Rocco?
Vega piensa.
—Rocco estaba allí.
—Claro que estaba.
Recuerdo que fue él quien me dijo que el asunto se había solucionado. No recuerdo cómo.
—¿Hablaste con él?
—Sí. Unos minutos.
—¿Antes de Jerez?
—Sí.
—Entonces esa no fue la primera vez que hablasteis.
Vega frunce el ceño.