A un segundo de ti 8 Preguntas peligrosas
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8 Preguntas peligrosas

Vega

Nicolò Valenti me trae un café. Ese es el primer indicio de que algo no funciona correctamente esta mañana. El segundo, que llega siete minutos antes. Miro el vaso, después a Nico y en tercer lugar el reloj.

—¿Qué has hecho?

—Buenos días, Vega.

—Son las siete y veintitrés.

—Sé leer.

—Y me traes café.

—También sé comprarlo. —No cojo el vaso. Nico suspira—. Ríos, café. No plutonio.

—¿Por qué?

—Porque ayer tenías dos y ninguno era para mí.

—Eso explica por qué te has comprado uno. No por qué me has comprado otro.

—He pensado que te gustaría. —Eso me calla durante un segundo. Nico lo aprovecha para colocar el vaso en mi mano—. Sin azúcar. Un poco de leche.

Lo miro.

—¿Cómo sabes cómo tomo el café?

—Observación.

—¿Me observas?

Una sonrisa lenta. Ahí está. Ya me parecía a mí que la mañana empezaba demasiado civilizada.

—De vez en cuando.

Bebo. Está exactamente como me gusta. Mal asunto.

—Por ciero, ¿qué tenemos hoy?

—A las ocho, briefing . A las nueve empieza pista. A las doce y cuarto, compromiso con patrocinador. A la una, prensa. Después de comer...

—¿Vas a estar en el box durante la primera tanda?

—¿Por qué lo preguntas?

Se encoge de hombros.

—Curiosidad.

Lo miro.

—Ayer también curioseabas sobre mis carreras. Y acabaste viendo cinco vídeos.

—Seis. Encontré otro después.

—Necesitas aficiones.

—Las del circuito me ocupan casi todo el tiempo.

—Son las siete y veinticinco de la mañana. Tiempo de briefin g.

—Sí, jefa.

—No me llames...

Ya se ha marchado. Miro el café, sin azúcar y un poco de leche.

Naturalmente, no significa nada. Nico presta atención a la gente.

Ya lo he visto con Álex, con los mecánicos, con los asistentes de fotografía.

Recuerda nombres, detalles, conversaciones.

Que sepa cómo tomo el café no significa nada. Bebo otro sorbo.

—Vas a agujerearlo. —Claudia está a mi lado. Señala el vaso—. Lo estás mirando como si contuviera información confidencial.

—Nico me lo ha traído. —Claudia levanta las cejas— ¿Qué significa eso?

—Nada.

—Todo el mundo dice mucho nada en este equipo.

—Será contagioso.

Empieza a caminar y la sigo.

***

La primera tanda empieza a las nueve y cinco.

Estoy en el box por trabajo, de verdad. Televisión necesita unas imágenes del equipo durante la sesión y debo coordinar con producción dónde pueden colocar las cámaras sin molestar a los técnicos.

Nada que ver con Nico. Cuando sale a pista ni siquiera lo miro mirándolo, estoy hablando con una realizadora.

La moto sale, ahora sí miro. Nico desaparece por el pit lane. La realizadora continúa hablando y yo vuelvo a prestarle atención. Cinco minutos después estoy delante de las pantallas también por trabajo, supongo.

Nico completa la primera vuelta, después otra.

No busca tiempo, eso me tranquiliza más de lo que debería.

Trabaja con calma durante las siguientes.

Cuando entra, me aparto para dejar sitio a los técnicos.

Se quita el casco, habla con Matteo, pero no puedo oír todo desde donde estoy.

Algo sobre tracción y la salida de la catorce.

Entonces levanta la cabeza y me busca, no hay otra palabra.

Sus ojos recorren el box hasta encontrarme y cuando lo hacen, sonríe.

Una sonrisa pequeña, nada espectacular. Yo levanto las cejas y él hace un gesto con la cabeza hacia la moto, como preguntando.

Entiendo exactamente qué quiere y me acerco.

—¿Qué te ha parecido?

—¿Desde cuándo necesitas mi aprobación?

—No la necesito.

—Está preguntando por la tanda. —Matteo sonríe.

—¿Y? —insiste Nico.

Miro la pantalla.

—Has dejado de pelearte con la once.

—Eso no es muy técnico.

—No me pagáis para ser técnica.

—Todavía.

—No vuelvas a empezar.

Nico bebe.

—¿Algo más?

No debería entrar, pero entro al trapo.

—En la catorce sigues abriendo demasiado tarde.

—Eso estamos mirando. —Matteo consulta datos.

—Pero no por la moto.

—¿Por qué? —Nico deja de beber.

—Estás esperando a que deje de moverse.

—Si se mueve, no puedo abrir.

—Puedes.

—Gracias por la confianza.

—No he dicho a fondo. —Me acerco a la pantalla—. Ayer intentabas corregir con freno. Hoy estás haciendo lo contrario. Esperas a tenerla completamente colocada antes de dar gas.

—Aquí. —Matteo amplía una gráfica.

—Son dos décimas. —Nico la observa.

—No hablo de tiempo sino de confianza —respondo después de pensarlo bien.

—¿Crees que no confío en el tren trasero? —Nico me mira con el ceño fruncido.

—Creo que después del movimiento de ayer estás esperando a que te asegure que no volverá a hacerlo.

Silencio. Matteo estudia los datos.

—Puede ser —murmura.

—¿Tú qué harías? —Nico continúa mirándome.

—Abriría antes.

—¿Cuánto?

—Lo suficiente para comprobar si el movimiento sigue ahí. No lo suficiente para que Matteo me eche del box.

—Buen criterio. —Matteo ríe.

—Vale. —Nico se pone los guantes.

—No he dicho que lo hagas.

—Literalmente acabas de decirlo.

—Has preguntado qué haría yo.

—Y yo confío en tu criterio.

No sé por qué esa frase me afecta. Quizá porque no la dice como una broma. Nico baja la visera y arrancan la moto. Antes de salir, gira la cabeza hacia mí y levanta el pulgar. Yo le correspondo. Solo cuando desaparece me doy cuenta de que Gianni me está mirando y… sonríe.

—Empiezo a entender por qué te quiere aquí.

—Claudia me contrató.

—No hablaba de Claudia.

Se marcha antes de que pueda contestar. Italianos. Decididamente deberían venir con manual de instrucciones.

Nico abre antes en la catorce y por supuesto funciona, no porque yo posea poderes especiales, sino porque cualquier piloto que haya perdido confianza alguna vez reconoce el momento exacto en que otro empieza a negociar con la moto.

Entra después de ocho vueltas, se quita el casco, me encuentra otra vez y esta vez ni siquiera disimula.

—Dos décimas.

—No te acostumbres a que tenga razón.

—No parece probable que dejes de recordármelo. —Sonríe— ¿Has visto?

—Sí. Estaba trabajando aquí.

—Eres agotador.

—Pero tenía razón al hacerte caso.

—Eso no funciona así.

—Compartimos mérito.

—Ni hablar.

Álex pasa entre nosotros.

—¿Necesitáis una habitación?

Lo miramos a la vez.

—No —respondemos.

—Vale. —Álex levanta las manos.

Me marcho. Escucho reír detrás a Nico y me descubro sonriendo también. Definitivo, mal asunto.

***

La rueda de prensa comienza a la una y cinco con más periodistas que ayer. Último día de test, primeras conclusiones: tiempos, sensaciones, pronósticos.

Nico y Álex se sientan junto a Matteo. Yo permanezco a un lado con Claudia. Todo empieza con normalidad, preguntas técnicas, nuevos componentes, ritmo de carrera, neumáticos. Nico responde bien, Álex también.

Un periodista italiano pregunta si Vértice está preparado para luchar por el título. Matteo da la respuesta esperable.

—Estamos preparados para trabajar. El campeonato dirá el resto.

—Traducción: sí —habla Nico sonriendo.

Risas. Matteo le da un pequeño golpe en el brazo.

—No traduzcas.

Otra pregunta.

—Nicolò, has sido muy rápido estos tres días. ¿Crees que eres el favorito?

—Creo que corre el mes de febrero y el campeonato termina muchos meses después.

Respuesta perfecta. Lo miro, él me descubre y levanta mínimamente una ceja, como si me preguntara si apruebo. Pongo cara neutra y él sonríe.

Siguiente. Un hombre situado en la segunda fila levanta la mano. Lo conozco, Henri Lambert, periodista francés, veterano, no especialmente amable.

—Nicolò, ayer algunos pilotos comentaron que estabas forzando demasiado para tratarse de un test.

La sala cambia muy poco, pero cambia. Nico deja de sonreír.

—¿Qué pilotos?

—Prefiero no dar nombres.

—Entonces yo prefiero no comentar opiniones anónimas.

Algunas risas. Lambert no se inmuta.

—Tus últimas vueltas fueron muy agresivas.

—Soy piloto de carreras.

—Precisamente. Hace tres años dijiste que después de lo ocurrido con Rocco Moretti habías aprendido que ningún tiempo justificaba determinados riesgos.

El mundo se detiene, para mí, para nadie más. El nombre pronunciado en voz alta, aquí, con Nico delante, no lo escuchaba en una sala de prensa desde... No. Miro a Nico. Su cara no cambia ni un músculo, eso es lo peor. Lambert continúa.

—Sin embargo, algunos creen que has vuelto a pilotar como antes de aquel accidente. ¿Crees que has olvidado esa lección?

Claudia se mueve. Yo antes.

—La pregunta sobre el test es pertinente —intervengo—. La comparación con el fallecimiento de otro piloto, no.

Todas las miradas se vuelven hacia mí, también la de Nico. Lambert frunce el ceño.

—Es una declaración del propio Valenti.

—De hace tres años y en un contexto completamente distinto.

—Estoy preguntando si mantiene aquella opinión.

—Y yo le estoy diciendo que puede formular la pregunta sin utilizar la muerte de Rocco Moretti para convertirla en un titular.

Silencio. He dicho perfectamente su nombre. Nico me mira, pero yo no puedo mirarlo. Lambert se recuesta.

—¿Nicolò no puede responder?

—Nicolò puede responder lo que quiera. Yo le estoy pidiendo a usted que reformule la pregunta.

Claudia permanece inmóvil. Me deja hacer. Lambert mira a Nico.

—¿Crees que asumiste riesgos innecesarios ayer?

Nico tarda un instante.

—Sí. —No esperaba esa respuesta. Nadie parece esperarla—.

La última vuelta no era necesaria. El equipo me pidió entrar y terminé la vuelta.

No fue inteligente. —Matteo lo mira. Nico sigue—.

Eso no significa que esté pilotando sin control ni que haya olvidado nada.

Significa que ayer tomé una decisión que hoy habría tomado de otra manera.

Lambert asiente.

—Gracias.

—De nada.

La rueda de prensa continúa, pero yo no escucho las dos preguntas siguientes. Tengo las uñas clavadas en la palma, las suelto. Rocco. No mires a Nico, no pienses. Trabaja, eso sé hacerlo.

En cuanto termina la rueda de prensa me dirijo hacia la salida.

—Vega. —Nico. Sigo caminando—. Vega. —Me alcanza en el pasillo—. Gracias.

—Es mi trabajo.

—Ya lo sé.

—Pues no hace falta.

—Sí hace. —Lo miro, está serio—. Lambert buscaba una reacción.

—Siempre la busca.

—No tenía derecho a plantearlo así.