Capítulo 31 #2
—Por desgracia, que sepamos cómo de fuerte embiste el señor Rough a la señora Clarisa no nos servirá para descubrir qué significa ese símbolo y por qué me lo pusieron a mí. —Arrastré la silla con cuidado de no hacer mucho ruido y me senté junto a él.
—Vaya, vaya, ahora entiendo por qué has tardado tanto en… Joder, ¡eso es! —soltó con los ojos bien abiertos.
Fruncí el ceño.
—¿Me puedes explicar qué parte de mi comentario te ha llevado a descubrir la verdad?
—Resulta que en la zona menos escondida y más aburrida de la biblioteca he encontrado un libro sobre hechizos.
—Se regocijó con una sonrisa socarrona—.
Habla sobre símbolos que sellan el poder de los elementos para que tengan un efecto duradero y, por lo que pone aquí, requieren de una gran maestría.
—Señaló uno de los símbolos que marcaba la hoja—. ¿Recuerdas cuál era el de tu grillete?
Me incliné sobre él para poder ver mejor las ilustraciones y la información debajo de ellas, y en cuanto lo hice mi corazón se aceleró por su olor masculino y los recuerdos que trajo consigo.
Killian inclinó la cabeza hacia un lado para clavar sus ojos en mí y tuve que aclararme la garganta y enfocar la vista para que las letras tuvieran algún maldito sentido. Tragué saliva con fuerza.
Pasé algunas páginas hacia delante y hacia atrás para asegurarme de que ningún símbolo se me pasara por alto y ojeé algunos textos explicativos.
Killian tenía razón, los hechizos servían para que un ataque perdurara en el tiempo, supuse que el que unía nuestros poderes debía de estar en este libro.
Moví el dedo por debajo de las líneas de tinta para seguir la lectura y no desconcentrarme por su cercanía cuando… Joder.
—Es este —susurré a media voz.
Killian se acercó de inmediato al símbolo que apuntaba mi dedo tembloroso.
—Un hechizo de bloqueo —anunció. Nuestras cabezas estaban muy juntas para poder leer en qué consistía—. Es el más básico de todos, simplemente puede contener una gran cantidad de magia elemental durante años.
—¿Pero para qué querrían usar ese hechizo conmigo? —pregunté, pensando en voz alta—. Si lo que quieren es que desarrolle mis poderes para llevarlos de vuelta a la Tierra no tiene ningún tipo de sentido.
—Hay algo que se nos escapa. —Se pasó las manos por el pelo, sus músculos cada vez más tensos bajo el traje de combate que ni siquiera se había molestado en quitarse—.
Vale, empecemos por las cosas que sí sabemos.
Recuerda que no podías secarte, tal vez ese símbolo sea el responsable.
¿Qué pasó esa noche para que te encadenaran justo con ese grillete?
Bueno, pasaron muchas cosas, demasiadas
cosas, pero hubo una en especial que…
—Usé mis poderes de agua para protegernos a Sharon y a mí de la lluvia y después del Solitario.
—¿Y qué puedes tener tú en común con esas bestias?
Pensé y pensé, pero acabé en el mismo callejón sin salida.
Sin embargo, aunque sentía que las respuestas se movían delante de mí, fuera de mi alcance, una corriente de energía recorría mi sangre, despertándome y haciéndome sentir viva a pesar de toda la muerte que cargaba sobre mis hombros.
—Yo… Al usar mis poderes cerca del Solitario sentí… desesperación y mucha angustia, creo que provenía de él.
Por cómo reaccionó, aquella respuesta pareció llevarle a otro sitio.
—Eidan tenía razón. Esta mañana me contó cómo consiguió vencer a uno de ellos usando sus poderes de tierra para comunicarse con esa criatura. Le pidió que le llevara a las Puertas Umbra, y cuando lo hizo, las tocó y se desintegró.
Me eché un poco hacia atrás, completamente confundida.
—¿Pero no están encerrados en el Bosque de las Bestias para servir y proteger a los Indómitos?
—Eso mismo le pregunté yo y me dijo algo muy extraño: descubrió que el grillete tenía un símbolo que desconocía y se lo entregó al rey para que pudiera averiguar de qué se trataba. Sin embargo…
—Nunca lo hizo —terminé por él, sintiendo cómo mi corazón comenzaba a acelerarse como si estuviera en medio de una carrera y viera muy, muy de cerca la meta.
Sentía que la cabeza me iba a estallar.
—¿Por qué le interesa que esos monstruos sigan merodeando por el Bosque de las Bestias?
—Quizás para poner al pueblo en contra los Indómitos.
—Joder, pero entonces, ¿de dónde salieron esas bestias?
La pregunta flotó sobre el tenso ambiente durante unos segundos.
—Lo único que sabemos es lo que te dijo Sharon, que nunca salen del Bosque de las Bestias, pero que ese Solitario seguramente llegó al pueblo desorientado por la lluvia.
—Si… Y esa fue la única noche que me pusieron el grillete, después de usar mis poderes de agua. Quizás el hechizo estaba bloqueando ese elemento y por esa razón mi traje no se secaba.
Entonces, como un fogonazo, las palabras de Zoey me vinieron a la mente.
«Solo podía escuchar sus alaridos allí abajo, no sé qué métodos de tortura utilizarían con ellos, pero de repente se escuchaban gritos, casi como si fueran…». Joder, yo misma los había escuchado durante los primeros días que me mantuvieron encerrada en las profundidades del castillo.
El aire se me quedó atascado en la garganta. No podía respirar mientras los hilos de información que habíamos reunido se desenredaban a una velocidad de vértigo, reduciéndose a una palabra simple que palpitaba en mi cabeza.
«No. No. No».
Me aparté de Killian sintiendo cómo las piernas me flaqueaban.
—Bestias —dije con la voz ahogada.
—¿Qué? ¿Qué ocurre, Aria? —preguntó con urgencia, el rostro alerta y cargado de preocupación.
Debía de haberme puesto pálida porque me cogió de los antebrazos, casi como si estuviera a punto de caerme redonda al suelo.
—Los Solitarios son los Inciertos secuestrados que terminan siendo Kaelis.
Los ojos de Killian se agrandaron de golpe.
El destello verde que había visto. El Solitario que había intentado llegar hasta mí repleto de angustia para pedirme ayuda solo para que yo lo tratara como a un monstruo…
A mi mejor amigo.
A Álex.