Capítulo 28 #3
Yo no era la única afectada por lo que estábamos haciendo, él también tenía la respiración acelerada y el gris de su mirada ahora era prácticamente negro.
De la parte inferior de su traje sobresalía un bulto que debía incomodarle dada la poca atención que le estaba prestando.
Aparté la vista en cuanto lo imaginé desabrochándose los pantalones y aliviando el ardor que me estaba consumiendo.
Casi pierdo la cordura cuando su mano bajó hasta mis caderas trazando pequeños círculos que me hicieron moverlas un poco hacia delante.
Unos segundos después se detuvo en la zona baja de mi ombligo.
—Killian… —jadeé su nombre, pero ni siquiera sabía qué le estaba pidiendo.
—¿Qué ocurre? Mírate, cada vez estás más seca —respondió con voz gutural, a sabiendas de que ocurría justo lo contrario. Estaba empapada.
Una sonrisa maliciosa se extendió por su cara, y el contraste de luces y sombras que provocaban las velas volvió su rostro aún más sexy. Inalcanzable.
Mis dedos estrujaron con fuerza la sábana, y al mismo tiempo que una ráfaga de viento silbaba e impactaba con fuerza contra la ventana, Killian cambió de posición.
Se acercó aún más a mi rostro y apoyó las manos a los lados de mi cabeza, de tal forma que quedé atrapada por sus fuertes brazos y pegada contra el cabecero.
Entreabrí los labios en busca de aire, pero volví a perder el aliento al contemplar su piel bronceada sobre sus duros y firmes músculos.
Flexionó los brazos y se inclinó sobre mí.
Sus labios húmedos se acercaron hasta la zona sensible que palpitaba con fuerza en mi cuello, y enterró la nariz para oler mi deseo de ser besada, lamida, mordida…
Se apoyó sobre un costado y metió una pierna entre las mías, la rodilla muy cerca de mi centro.
Quería que me tocara, joder. Al observarme de nuevo fue como si el hambre hubiera tomado el mando de cada uno de sus movimientos.
—Mírate en el espejo. —Se apartó de mí para que pudiera hacerlo y tuve que enfocar la vista para poder ver algo entre la neblina de deseo que espesaba mi mente.
La chica que vi reflejada estaba despeinada y atada a la cama; los labios abiertos en busca de aire, las mejillas sonrojadas, la piel erizada y las piernas apretadas.
Killian regresó a mi cuello y sus labios por poco rozan mi oído—.
Se me están pasando muchas cosas por la cabeza, Aria. Es una puta pena que no pueda tocarte.
Entonces decidí mandarlo todo a la mierda.
—Tú no puedes tocarme, pero yo sí —le dije en un susurro ahogado, y cuando giró la cabeza para mirarme vi cómo sus pupilas se habían dilatado.
Sin quitarle los ojos de encima bajé la mano que tenía libre y la colé como pude por debajo del traje, que gracias a Killian había recuperado parte de su elasticidad.
El primer roce me hizo retorcerme y soltar un pequeño jadeo por lo hinchado y palpitante que tenía el clítoris.
Seguí explorando y comprobé lo que ya sabía.
Estaba empapada, tanto que fue muy sencillo introducirme un dedo lo más profundo que pude.
—Imagínate que ese dedo es mío, que soy yo el que está haciendo que grites y que te retuerzas. —Killian me rodeó con sus brazos de nuevo y miró con la respiración entrecortada cómo me masturbaba, lo cual me hizo mojarme aún más.
Sentí cómo las paredes se contraían alrededor de mi dedo. Estaban calientes y resbaladizas. Volví a introducirlo, acelerando el ritmo y provocando un dulce gemido que hizo gruñir a Killian.
—Joder. Ese va a convertirse en mi nuevo sonido favorito.
Por suerte no estaba de pie porque me hubieran fallado las piernas.
Estaba a punto de llegar, pero al tenerlo prácticamente encima de mí sentía que esta fricción no era suficiente.
Me empecé a masajear el clítoris retorciéndome en la cama y supe que Killian estaba a punto de perder la cabeza porque se bajó los pantalones y liberó su pene grueso y duro.
Por un momento olvidé seguir el ritmo de mis movimientos, absorta en la forma en la que sus largos dedos rodeaban su miembro y se deslizaban arriba y abajo.
Descubrir cómo eran sus gestos íntimos al darse placer me excitó aún más, por lo que retomé el movimiento de mi mano.
Nos masturbamos mirándonos a los ojos, deseando que fueran otras las manos nos tocaban.
Estaba a punto de llegar al orgasmo cuando de repente escuchamos un trueno que retumbó por las paredes.
No. No podía ser.
Killian se detuvo de golpe.
—Para —me ordenó, y yo obedecí.
Y entonces escuchamos cómo las gotas impactaban contra la ventana.
Agua. Estaba lloviendo. Y eso solo podía significar una cosa.
Me humedecí los labios al tiempo que él esbozaba una sonrisa depredadora.
—Vamos a destrozar la regla número tres.
Me agarró de la nuca para atraer mi rostro hacia el suyo.
Después de días de tira y afloja nuestros labios se encontraron con urgencia; los suyos eran tal y como los recordaba, carnosos, suaves y cálidos.
Fue un beso sucio, lleno de necesidad y excitación.
Gemí en su boca cuando profundizó el contacto al cogerme de la cintura y apretarme contra su duro cuerpo y su erección.
Nuestras lenguas jugaron y le di un suave mordisco en el labio inferior que le hizo jadear.
Fue entonces cuando paramos para recuperar un poco de aire.
—Madre mía —dije apoyando mi frente contra la suya.
—Lo sé —respondió con la mirada cargada de deseo.
Se separó de mí para agarrar el extremo de mi pantalón. Levantó la vista esperando mi aprobación y se la di no una, sino dos veces cuando se puso de rodillas para cogerme con suavidad de la muñeca libre y usar la tela de cuero para atarme al cabecero.
La parte inferior de mi cuerpo estaba completamente desnuda y yo sentía que me faltaba otra vez el aire, consumida por el calor al ver que estaba completamente a su merced.
—Te dije que si estuviéramos en una cita cenaría algo mucho más delicioso, y eso voy a hacer.
Me cogió de la parte trasera de los muslos para arrastrarme hacia abajo, no sin antes colocarme un cojín en la espalda.
Mirándome con ojos voraces y hambrientos, bajó hasta mis muslos y me destapó la barriga dejándome un rastro de besos húmedos por el vientre.
Tiré de mis ataduras, era tal la excitación que hacía temblar mi cuerpo que me era imposible quedarme quieta.
Después, me abrió las piernas para acercar su mano a mi centro.
Su dedo ascendió lentamente hasta encontrar mi punto íntimo, muy sensible a su tacto.
Una corriente intensa de placer me sacudió cuando comenzó a realizar movimientos circulares y hacia arriba y abajo.
En la lejana nube de placer en la que estaba inmersa de repente se colaron algunos murmullos procedentes del pasillo.
—¿Estás bien? —me preguntó al notar que me había tensado.
—Es que estoy escuchando revuelo por la lluvia… ¿Y si nos oyen? —pregunté con una mezcla de miedo y lujuria.
—Entonces deberás tener cuidado de no hacer ruido, porque voy a comerte el coño, Aria —me respondió con una sonrisa perversa—. Y quiero que me digas qué te gusta para que lo disfrutes.
Entonces me agarró del culo con fuerza y se situó entre mis muslos.
Me pasó la lengua por uno de ellos y me besó la piel sin prisa, como si no pudieran entrar en cualquier momento y encontrarse con la cabeza de Killian enterrada entre mis piernas.
La imagen subió aún más mi temperatura y casi estallo al vernos reflejados en el espejo.
Gemí por la expectación cuando me dio un lametazo muy cerca de mi centro y así estuvo durante tanto rato que perdí la paciencia.
—Killian… Por favor —le supliqué con la voz ahogada.
Me dio un suave beso en el clítoris y después abrió mis labios para colar la lengua y moverla con rapidez.
—Un poco más hacia la izquierda. —Pegué un pequeño grito cuando siguió mis indicaciones—. Ah… Sí, ahí. Más rápido.
Siguió lamiéndome el clítoris y exploró la zona con paciencia, haciéndome mover contra su boca y arquear la espalda mientras las muñecas me ardían por lo fuerte que estaba tirando de las ataduras.
Al mismo tiempo que me torturaba jugando con el ritmo y la intensidad, tenía los ojos puestos en mí, observando cómo me retorcía encima de las sábanas y masturbándose.
Me consumió como si hubiera descubierto su nuevo sabor favorito y no quisiera que se acabara nunca. Más rápido. Más. Más. Más.
Terminé de perder la razón cuando coló primero un dedo, y lo metió y lo sacó al mismo tiempo que trabajaba con la lengua. De repente lo curvó en un ángulo que consiguió que mi placer se disparara. Estaba al límite de mi propio deseo.
—Imagínate que en vez de mis dedos fuera mi polla la que estuviera dentro de ti.
Sentí cómo las piernas se me tensaban ante la llegada del orgasmo y me mordí el labio para evitar gritar demasiado. Al instante una explosión de placer me recorrió el cuerpo y me estremecí con intensidad.
Killian se corrió unos segundos después, sacudiéndose con un fuerte gemido que volvió a excitarme.
Sin embargo, lo que habíamos compartido había sido tan intenso y estaba tan cansada que me liberó la muñeca que él me había atado y me colocó encima de su regazo, rodeándome con sus brazos.
Me permití no pensar en lo que acabábamos de hacer, relajarme encima de él y acurrucarme en su cálido pecho.
Por primera vez durante lo que me parecía una eternidad sentí un momento de paz. Me dormí con el tacto suave de su mano acariciándome el pelo, y con la sombra de la culpa a mi lado.
Esperándome.