A un secreto de condenarnos (Incierto 2) Capítulo 28 #2
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Capítulo 28 #2

—Te entiendo —le dije, despacio y conectando con el profundo dolor que me perforaba el pecho cada vez que pensaba en Álex, mi madre y Haven Lake.

La garganta se me cerró, pero encontré en los ojos de Killian la confianza que necesitaba para dejarlo salir—.

Yo también sentí algo muy parecido cuando volví de Portland.

Descubrir que no conocía las nuevas tradiciones que se habían creado en mi casa, las mentiras de mis amigos e incluso ver cómo…

—Tuve que coger aire para mencionar su nombre sin que se me quebrara la voz—.

Ver cómo Álex estaba sufriendo tanto y no saber qué le estaba ocurriendo…

Ese fue mi recordatorio constante de que ya no encajaba allí por mucho que me esforzara. Y fue horrible.

—Siento haber sido un capullo y haberte vacilado cuando nos conocimos, no tenía ni idea de que estabas pasándolo tan mal.

—Apretó la mandíbula y sus ojos mostraron la culpa que sentía—.

Fue una distracción para olvidar por un rato toda la puta mierda que estaba viviendo, lo que menos me esperaba era que terminara siendo tan divertida y adictiva.

Una débil sonrisa asomó en mis labios acompañando a la suya, en la que percibí tanta calidez que tuve el impulso de hacerme un ovillo entre sus brazos. Mala idea.

—Aunque me cabreara, en el fondo también era una vía de escape para mí —confesé—. ¿Dónde irías si consiguiéramos escapar?

—Regresaría a por Eric y después buscaría dónde encaja la persona que soy ahora —respondió con rotundidad. Ojalá tener las cosas tan claras—. ¿Y tú?

—No lo sé. Ni siquiera me he atrevido a pensarlo.

—¿No retomarías la universidad? Estabas muy ilusionada por continuar con el periodismo.

Por un segundo olvidé todos los motivos por los que me daba terror pensar en mi carrera.

Adoraba hablar con las personas y conectar tanto con ellas que al final decidieran regalarme su verdad.

Encontrar cuál era el corazón de cada investigación, de cada historia cuyo final siempre era trágico pero de algún modo sanador para las propias víctimas o sus familiares.

Pero los periodistas trabajan para desenterrar la verdad, no para enterrar personas.

Y eso es justo lo que yo había hecho con mi madre.

No estaba dispuesta a arruinarle la vida a nadie más.

—Supongo que también buscaría un lugar donde rehacer mi vida —me limité a decir con un hilo de voz.

Noté que la mirada de Killian se volvía más intensa, y podría jurar que sus pensamientos se parecían mucho a los míos.

En un mundo ideal donde consiguiéramos escapar y nuestras vidas no estuvieran unidas por un hechizo cuyo objetivo era controlarme estaríamos en el mismo punto.

Podríamos caminar hacia la misma dirección.

Quise huir de aquella posibilidad tan borrosa, así que pregunté lo que primero se me pasó por la cabeza.

—Tengo curiosidad, ¿qué papel jugabas tú en el instituto? —Fue a abrir la boca y levanté la mano para detenerlo—. Te prometo que no estoy pensando en el estereotipo básico de chico popular que tiene a todas las chicas detrás.

—Era el chico popular que tenía a todas las chicas detrás —respondió, y ante mi mirada para nada impresionada se rio—. Es broma. Nunca me he interesado demasiado por las chicas, iba muy a mi rollo, siempre intentando descubrir cuál de todos mis hobbies

escogería para convertirlo en mi carrera profesional.

—Su rostro se cubrió de una mezcla de amor y de dolor—.

De pequeño mi madre me decía que podía ser todo lo que quisiera, pero esa promesa no se mantuvo cuando tuve que escoger en qué invertía mi tiempo.

Estaba debutando como jugador de fútbol y también se me daba muy bien la física.

Si sobrevivimos a esto y Uriel cumple con su promesa de escondernos y protegernos, supongo que podría averiguarlo.

—Me parece un plan perfecto. —Le sonreí, imaginándomelo con el uniforme de deporte o con una bata de laboratorio.

—Bueno, podría ser mejor. —Levantó su mirada para clavarla en mí.

Me removí nerviosa y sentí que el traje me molestaba. Parecía que incluso el material se había endurecido por culpa de la lluvia. Estrujé la tela de cuero, sucia y llena de grietas por culpa del agua.

—Oye, ¿cómo es posible que mi traje aún no se haya secado? Llevo al menos un par de horas en esta habitación.

Frunció el ceño y posó la vista en la parte superior del traje, de un negro más oscuro al estar mojado.

—Qué raro —musitó mientras se acercaba para examinar el material—. ¿Tienes frío?

—Pues… —Contuve el temblor que llevaba sacudiéndome durante ya un buen rato. Había estado tan inmersa en nuestra conversación que no me había dado cuenta—. Un poco. ¿Y si al haber utilizado mis poderes como Kaelis y haberme conectado al agua he alterado el curso natural de los elementos?

—Como no sabemos nada acerca de tus poderes, puede haber ocurrido cualquier cosa. Mañana le preguntamos a Connor. ¿Puedes convocar el fuego para secarte? —Con un movimiento corto y ágil salió de su mano una llamarada y sus chispas flotaron hasta las vigas de madera del techo.

—Aún no sé hacer eso, pero me secaría encantada si pudiera quitarme el traje o tuviera a mano una toalla.

En sus ojos grises brillaba una idea, y estaba segura de que era malísima.

—Sea lo que sea en lo que estás pensando la respuesta es…

—¿Qué te parece si yo te ayudo a secarte? —me cortó.

—Regla número tres. No podemos tocarnos.

La frustración que me despertaron mis propias palabras me asustó. No quería desearlo, pero su absurda propuesta en el fondo me parecía la mejor excusa para seguir tentándonos de una forma… segura.

—Tranquila, no te tocaré —me aseguró en un susurro ronco que me provocó un escalofrío en el cuello.

Ahogué una exclamación cuando, con un movimiento ágil y rápido, Killian se colocó encima de mí.

Su olor volvió a embriagar mis sentidos y el contorno musculoso de su cuerpo sobre el mío fue demasiado para mi estabilidad mental.

De inmediato, mis pulmones dejaron de recibir oxígeno.

Debí pedirle que se apartara, pero era lo último que deseaba.

Entonces me percaté de que ni siquiera me estaba tocando.

Se había asegurado de que ningún punto de nuestros cuerpos llegara a rozarse.

De su piel emergía calidez; estar cerca de él siempre era como tener al lado un radiador, sin embargo, la temperatura de la habitación aumentó después de que Killian colocara la palma de su mano entre nosotros, justo a la altura de nuestros ojos.

El ambiente se cargó de electricidad en cuanto convocó el fuego.

—¿Te parece bien?

«Por supuesto que sí. Pero ¿qué estoy diciendo? No me parece para nada bien convertirme en la persona más incoherente del mundo simplemente por tener a un

hombre atractivo sobre mí. Bueno, un hombre no, a

Killian

sobre mí».

—Sí.

—Bien. —Sonrió sabiendo que me tenía a su completa merced—.

Empezaremos a secarte poco a poco… —Su voz se volvió más áspera, y con una lentitud calculada llevó su brazo hasta mi tobillo para pasar la palma de su mano a centímetros de él.

Al instante sentí un cosquilleo caliente que me recorrió la piel y que me puso los pelos de punta.

Killian, concentrado en su minuciosa tarea, ascendió desde el empeine hasta abarcar cada milímetro de mi pierna.

Aunque no estuviera tocándome, sentía su poder como una leve y suave caricia, y por donde pasaba, miles de terminaciones nerviosas se activaban y viajaban por mis muslos directas a mi punto más sensible.

Se detuvo en la rodilla y cuando hizo amago de subir por mi muslo abrí las piernas de forma instintiva.

Tuve que morderme el labio para controlar la frustración que sentí porque se hubiera detenido.

Justo en ese momento decidió mirarme.

—Está funcionando, ¿no crees?

No podía emitir palabra alguna. Notaba cómo mi sangre se aceleraba cada vez más y hacía arder mi cuerpo.

¿Cómo era posible que estuviera tan excitada cuando ni siquiera me estaba tocando? Quería incluso gritar de las ganas que tenía de que acabara con esta necesidad agonizante.

Apenas pude emitir un murmullo de asentimiento, solo entonces continuó con la tortura más deliciosa a la que jamás había sido sometida. Pasó a la otra pierna y repitió el lento movimiento hasta llegar a la rodilla, donde trazó pequeños círculos durante unos segundos.

Dios, saber que estaba recorriendo mi cuerpo con su mirada encendida y que él tenía el control de la situación…

Una dulce descarga de deseo me hizo querer retorcerme.

Killian cumplió la regla número uno y fingió que no notaba el leve temblor de mis piernas a causa de la excitación.

Tampoco cómo mi pecho subía y bajaba con fuerza.

Casi se me escapó un gruñido cuando se incorporó y alzó el brazo para comenzar con mis hombros.

Nuestras miradas se encontraron y me calenté aún más al verlo comerme con los ojos, atento a cada una de mis contenidas reacciones.

Sin perderse detalle alguno de mi expresión, bajó por mis brazos hacia las muñecas donde terminaba el traje, y después subió por mi clavícula hasta pasarme la mano por la zona del escote.

Mis pezones se endurecieron incluso ante el calor de su poder y me incliné hacia su mano, deseosa de que rompiera la estúpida regla y me tocara.

No podría mantenerme quieta durante más tiempo por mucho que apretara los músculos y encogiera los dedos de los pies.

—Esta zona está muy mojada, tendré que dedicarle más tiempo —susurró en un tono íntimo e intensificó su poder, volviéndolo más caliente entorno a mis pezones.

Me fue imposible contener el pequeño gemido que salió de mi garganta cuando simuló con trazos circulares que me estaba tocando los pechos.