A un secreto de condenarnos (Incierto 2) Capítulo 8
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Capítulo 8

Aria

No sentía el suelo bajo mis pies. Tampoco sabía cómo había llegado hasta esa habitación de luz cegadora y olor a limpio.

La piel me escocía por lo fuerte que me habían frotado, el cuero cabelludo me ardía por los tirones de pelo y el corsé me apretaba mucho, me ahogaba, pero…

mi boca no se movió, no me quejé ante la falta de aire.

No respiraba oxígeno, respiraba angustia.

Aun así, no dije nada

.

Bajé unas escaleras, no sé por qué. La confusión nublaba mis sentidos y los bordes de mi visión estaban borrosos. Tal vez era una señal de que iba a despertarme pronto. Esta pesadilla estaba durando demasiado.

Entre las paredes de mi burbuja solo oía voces lejanas.

Hasta que el chico de ojos grises me habló de Haven Lake, de Eric… Y una aterradora certeza colapsó con fuerza mi débil realidad. La estrelló contra el suelo haciéndola añicos. Los recuerdos me ahogaban. Una vez empezaron, no fui capaz de cerrar los ojos y negar lo que había ocurrido.

Álex había sido secuestrado por los Ignis y probablemente estuviera muerto.

Mi madre se había sacrificado por mí. Y no tendría que haberlo hecho si yo no hubiera corrido hacia Killian.

Sabía que no era su culpa, pero no podía sentir nada salvo ira

. Me envolvió, y un profundo calor llenó mi pecho. Me regodeé en ella y poco me importó el dolor que me arañó las sienes, presionando mis huesos y debilitándome. La cabeza me palpitaba cada vez con más intensidad mientras un poder infinito se abría paso desde mi interior.

Sediento, descontrolado. Quería salir y yo quería que lo hiciera.

Quería que el fuego lo consumiera todo.

Igual que el dolor me consumía sin compasión.

De repente, unas manos se pusieron en contacto con mi piel y la llama que crecía en mi interior perdió estabilidad.

Mi energía chocó contra una fuerza muy poderosa.

Durante lo que me pareció una eternidad mantuvimos una lucha que apenas entendía.

Yo solo quería perder el control, pero esa cosa alzó paredes de hormigón sobre mí.

Me faltaba el aire, no podía sostener más mi poder.

Todo acabó en un instante y perdí aquello que me sostenía: la rabia.

La voz del verdadero asesino de mi madre llegó hasta mis oídos, colándose muy dentro y rompiéndome aún más el corazón.

— Como os dije, aquí tenéis la prueba del poder de la llave, y de que mi hijo la controlará y la usará en beneficio de nuestro pueblo.

Antes de llenarse de oscuridad, mi mente se aferró a esa última verdad. No pude interpretar nada en la mirada de Killian.

El chico que me había abrazado hasta dormirnos.

El semidiós cuya misión era controlarme bajo los deseos del asesino de mi madre.

La prueba de que la traición

siempre

encontraba la forma de regresar a mí.