A un Paso de Odiarte Capítulo 18 Sin Estrategia Defensiva #2
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Capítulo 18 Sin Estrategia Defensiva #2

—Era una niña tonta que pensó que amaba lo único que conocía en su pequeña burbuja —admitió ella con una honestidad descarnada, mientras las lágrimas corrían libres por sus mejillas—.

Pero cuando te fui tratando y conocí la pureza de tu alma, fuiste desmoronando cada una de mis malditas creencias.

Lamento con todo mi corazón haberme tardado en elegirte.

—Yo nunca sentí que pudieras elegirme a mí en el mundo real —murmuró él, con los ojos empañados.

Y aquella confesión terminó de romper la última resistencia dentro del pecho de Sienna.

Porque ahora lo entendía todo con perfecta nitidez.

Toda la rabia de David, su necesidad enfermiza de demostrar que poseía el control absoluto.

Había sido miedo. Un pánico primitivo a no ser suficiente para ella, a volver a ser descartado.

David dio el último paso hacia ella, acortando la distancia física, y le tomó las manos con una desesperación que le llenó los ojos de lágrimas.

—Déjame enamorarte bien esta vez.

Sienna sintió que el corazón se le encogía.

—Por favor, Sienna… dame otra oportunidad —suplicó él, y su voz adoptó un matiz de entrega pura y profunda—.

Sé perfectamente que mis intenciones al principio de este matrimonio eran hacerte sufrir por el dolor que creí que me habías causado.

Fui un monstruo contigo. Pero la verdad absoluta es que nunca, ni un solo segundo de mi exilio, he dejado de amarte con locura.

Nunca te fui infiel, Sienna, y espero que hayas podido ver el video que afortunadamente salió en las noticias y aclaró el asedio de esa loca fanática en el club. Yo solo tengo ojos para ti.

Sienna asintió despacio, sintiendo cómo el nudo asfixiante en su propio pecho comenzaba a disolverse por completo. Y finalmente… bajó todas y cada una de sus defensas. Rompió la armadura de hielo.

—Yo tampoco he dejado de pensar en ti ni un solo segundo, David —confesó, y su voz tembló con una honestidad que le erizó la piel—.

Me he culpado durante mucho tiempo por no haber tenido los ojos abiertos antes, por empecinarme ciegamente con un idiota como Ethan.

Lamento tanto haberte hecho sufrir. Juro que no tenía la menor idea de la profundidad de tus sentimientos hacia mí…

hasta que leí lo que escribiste en el reverso del relicario. Lo he llevado conmigo todo este tiempo.

David la observó en silencio, y una sonrisa limpia, cargada de una esperanza que creía extinta, iluminó sus facciones. El peso del mundo pareció abandonar sus hombros.

— ¿Entonces empezamos de nuevo?

—Podríamos intentarlo —aceptó ella, aunque una pequeña sombra de duda le cruzó la mente—. Aunque todavía hay cosas que debemos acordar. — ¿Quieres que destruya los papeles del divorcio? —preguntó, sosteniendo la carpeta de piel entre las manos.

David meditó la respuesta durante un par de segundos eternos, clavando sus intensos ojos verde azulados en los de ella.

—No. Quiero que sigamos adelante con el proceso. Quiero que nos divorciemos legalmente, Sienna.

Sienna se quedó de piedra, dando un paso atrás mientras la confusión le nublaba la mirada.

—Pero… no entiendo, David. Me acabas de pedir que empecemos de nuevo.

—Por eso mismo —admitió él, y sus ojos brillaron con la misma devoción limpia del chico que ella recordaba—.

Como ya te dije, no tengo el menor interés en ser tu esposo como producto de un chantaje financiero, Sienna.

Quiero ganarme tu amor en el mundo real, libre de cláusulas y de abogados.

Quiero que empecemos de cero. Desde la primera cita.

Al escucharlo, Sienna experimentó un vuelco salvaje, dulce e incontenible en el estómago. Mariposas. Genuinas, intensas y dolorosamente reales. Sostuvo su mirada unos segundos antes de acortar la distancia lentamente.

—David, mírame.

Él obedeció, atrapado por su magnetismo.

—Aunque al principio quería matarte por tu vil chantaje, siempre lo vi como la oportunidad de volver a empezar y arreglar las cosas entre nosotros.

Si algún día descubro que esto no funciona, seré la primera en presentar estos papeles de divorcio.

Pero, por ahora, dejemos las cosas como están. Veamos qué ocurre con nosotros.

David asintió en silencio, pero ella alzó un dedo antes de que pudiera hablar.

—Pero bajo ninguna circunstancia pienso aceptar las acciones. Y los cien millones… los tomaré estrictamente como un préstamo.

David sonrió de medio lado, como si hubiera previsto exactamente esa respuesta testaruda y orgullosa.

—Lo que sí quiero pedirte es que dones la Mansión Bloom a una fundación —añadió ella con firmeza.

David fruncío el ceño, genuinamente desconcertado por la frialdad de su decisión.

—Sienna, esa es la casa donde creciste —la interrumpió—. Por eso la compré. Aunque te hice creer que era para lastimar a tu familia, la verdad es que no podía soportar la idea de que un extraño se quedara con tus recuerdos. Lo hice por ti.

Sienna desvió la mirada hacia el gran ventanal. Sus ojos azules se oscurecieron ligeramente, empañados por la madurez de quien ha dejado atrás los fantasmas de la infancia.

—No tengo buenos recuerdos en ese lugar, David.

Esa mansión solo representa la hipocresía de la alta sociedad que terminó por destruirnos.

Además… mi madre y Luca necesitan aprender de una vez por todas cómo funciona la vida en el mundo real, lejos de los lujos.

No pienso seguir financiando sus excesos ni su arrogancia.

David soltó una pequeña risa amarga.

—Dudo mucho que esos dos vayan a cambiar a estas alturas de la vida, Sienna. Llevan la soberbia en la sangre.

Sienna esbozó una sonrisa cansada, pero cargada de una paz infinita. Esta vez, no lo contradijo. El silencio que se instaló entre ambos ya no guardaba reproches, sino la tregua definitiva de dos almas que por fin habían dejado de sangrar.

Instintivamente, se buscaron. Y se encontraron en un beso tierno, pausado. Un roce húmedo y cálido que guardaba la inocencia de los adolescentes que una vez fueron, pero que arrastraba la pasión contenida de dos adultos que se habían extrañado hasta la locura.

David fue el primero en romper el contacto, separando sus labios apenas unos milímetros. Quería hacer las cosas bien. Esta vez iría despacio, cuidando cada centímetro del terreno recuperado. El aire cálido de su respiración golpeó la boca de ella cuando formuló la pregunta:

— ¿Aceptas tener una primera cita conmigo, señorita Bloom? —preguntó David con una voz ronca que le erizó la piel.

—Mmm… suena interesante —respondió Sienna, apenas recuperando la respiración, con las pupilas fijas en sus labios.

—Te escribiré —prometió él en un hilo de voz, luchando por recuperar la cordura en mitad de aquel torbellino.

—Sorpréndeme, Blake —replicó Sienna, esbozando una sonrisa radiante, desafiante y hermosa.

El mensaje llegó al día siguiente por la tarde, justo cuando Sienna se disponía a apagar la pantalla de su portátil para salir de su despacho. Al desbloquear el teléfono, el corazón le dio un vuelco salvaje. El texto era conciso:

Necesito que me acompañes a un lugar mañana por la noche. Quiero que te vistas elegante. Pasaré por ti a las 7:00 pm en punto.

—David.

Sienna se quedó observando la pantalla durante varios minutos, con una sonrisa tonta instalada en el rostro. Su corazón llevaba demasiado tiempo traicionándola como para fingir que aquel misterio no la emocionaba.