A un Paso de Odiarte Capítulo 17 Todo Menos un Juego #4
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Capítulo 17 Todo Menos un Juego #4

Estaban tomadas desde las gradas más altas.

Lejanas. Discretas. Como si quien estuviera detrás de la cámara hubiera hecho lo imposible por permanecer invisible.

Ella había estado allí, aplaudiendo en silencio, camuflada entre una marea de miles de desconocidos, mientras él levantaba el trofeo de campeón con el Oklahoma City Thunder.

Asimilar la magnitud de la mujer que acababa de perder, descubrir que ella se había mantenido intacta y fiel a su recuerdo, le asestó el golpe definitivo a su orgullo.

Por su parte, James desvió la mirada hacia Evelyn.

—Voy a arreglar las cosas con mi familia hoy mismo, Ev —le prometió, y la determinación en su voz hizo que el corazón de la joven se estremeciera—. No voy a permitir que nada ni nadie nos vuelva a separar.

—James… —murmuró ella, con los ojos empañados.

—Y no vuelvas a cometer la locura de apartarme de tu vida—la miró con una intensidad devoradora—. Porque esta vez no pienso permitirlo.

Antes de marcharse junto a David, James se inclinó y le selló los labios con un beso suave, pausado, que transmitía una promesa inquebrantable.

Horas más tarde, cuando la marea del reencuentro se asentó y finalmente estuvieron a solas en el departamento, Evelyn se quebró por completo y terminó contándole toda la verdad a Sienna.

Le relató la odisea de la bodega de Charlestown, los golpes que recibió de los matones, el operativo federal del SWAT y cómo, con el cañón de un arma cerca del rostro, tuvo la certeza absoluta de que iba a morir esa misma noche.

Sienna rompió a llorar de nuevo, abrazándola con una fuerza desesperada, escondiendo el rostro en su hombro.

—Si te hubiera pasado algo malo en ese maldito muelle, Evelyn… —su voz se quebró en un sollozo—. Te juro por mi vida que jamás habrías podido descansar en paz en el más allá con todas las maldiciones que te habría enviado por tu impulsividad.

Evelyn dejó escapar una pequeña risa ahogada entre las lágrimas, aferrándose a la espalda de su amiga.

—Lo sé perfectamente.

Sienna respiró hondo, intentando estabilizar los latidos de su corazón, y la separó apenas unos centímetros para mirarla con total sinceridad.

—Por fortuna, James llegó a tiempo con la fiscalía. No tengo la menor idea de qué sería de mí si tú no estuvieras.

Aquel reconocimiento terminó por desarmar a Evelyn. Se dio cuenta de que, a pesar del colapso del imperio de sus padres, con Sienna tenía un hogar real.

—Voy a entregar el disco duro con los archivos encriptados a la fiscalía federal —anunció Evelyn, enderezando la espalda con una madurez nueva—. Con las pruebas que los agentes ya tienen en su poder, es un hecho que mi padre va a caer.

Hizo una breve pausa, y sus ojos verdes reflejaron un dolor profundo, una lágrima solitaria rodando por su mejilla.

—Y en cuanto se ejecute la orden de aprehensión, el apellido Taylor quedará completamente destruido ante la sociedad de Boston. Voy a convertirme en una paria, Sienna. Nadie querrá asociarse con la hija de un mafioso.

Sienna negó de inmediato con la cabeza, tomándole el rostro entre las manos con una firmeza inquebrantable.

—Escúchame bien, Evelyn Taylor. Para mí el mundo entero puede señalarte si quiere, pero tú siempre serás la misma mujer extraordinaria. —Le dedicó una sonrisa tierna—. Serás mi mejor amiga, mi hermana. Ambas terminaron fundidas en un abrazo, aferrándose la una a la otra.

Por otro lado, James terminó contándole todo a David con un lujo de detalles.

Le explicó el avance de la investigación del FBI, la redada en la bodega, el pánico salvaje que experimentó al ver a Evelyn herida y cómo, tras desnudarse las verdades del pasado, finalmente habían arreglado las cosas entre ellos.

David escuchó el relato en absoluto silencio, sentado frente a la barra del departamento de James, sosteniendo un vaso de whisky intacto entre sus manos.

Por primera vez en semanas, una sonrisa legítima, limpia y sincera iluminó sus facciones.

—Me alegro infinitamente por ustedes, hermano. De verdad.

James dejó escapar una pequeña risa de agradecimiento.

—Yo también, David. No tienes una idea de cuánto.

David asintió lentamente, clavando la mirada en el reflejo del licor.

—Yo tampoco pienso rendirme, James. Voy a luchar por Sienna con todo lo que tengo.

James lo miró con una profunda empatía, asintiendo.

—Haces bien. Cuenta conmigo para lo que necesites.

David apoyó los codos sobre la mesa, y sus ojos se encendieron con una determinación inquebrantable.

Para sorpresa de James, las cosas con su familia resultaron mucho menos complicadas de lo que esperaba. Esa misma tarde decidió hablar directamente con su padre.  Henry Hale escuchó toda la declaración en un silencio sepulcral, inmóvil en su sillón de piel.

Cuando James terminó de hablar, con los hombros tensos, y preparado psicológicamente para una discusión sobre los Taylor, su padre simplemente soltó un largo suspiro de cansancio.

—Yo nunca he querido mantener una guerra activa con nadie, James —confesó Henry Hale.

El joven levantó la mirada, completamente confundido por la revelación.

—Entonces… ¿por qué los Taylor y nosotros llevamos décadas destruyéndonos en los tribunales?

Henry Hale dibujó una sonrisa cansada.

—A estas alturas, ni yo mismo recuerdo con exactitud cómo demonios empezó toda esta disputa.

Con Richard Taylor las cosas se salieron de control porque él tenía la costumbre de convertir cada litigio en una afrenta personal.

—Hizo una pausa y miró a su hijo con ojos suavizados—.

Yo simplemente me dediqué a responder los golpes para proteger la firma. Nada más.

James permaneció en silencio, asimilando que la gran barrera que lo separaba de Evelyn era solo el eco de un pleito ajeno.

Henry lo observó con detenimiento, adoptando un tono de voz paternal que James no escuchaba desde su infancia.

—Durante estos últimos seis años, James… te vi vivir única y exclusivamente para cumplir el guion de Yale y ayudar en la firma. Parecías un maldito fantasma caminando por los pasillos de esta casa. Perdiste el brillo.

James bajó la mirada hacia sus zapatos, admitiendo la verdad del diagnóstico.

—Pero basta con que menciones el nombre de esa muchacha, para que tus facciones cambien por completo y vuelvas a la vida —Henry Hale sonrió de medio lado, complacido—. Y eso es más que suficiente para mí.

James no pudo evitar que una sonrisa legítima se dibujara en sus labios. Aquello bastó para que su padre entendiera que la partida estaba decidida.

—Tráela a cenar a la casa en cuanto ella esté lista —autorizó Henry, recostándose en su sillón—. Si Evelyn Taylor es la única mujer capaz de hacerte feliz… entonces será más que bienvenida en esta familia, James.