A un Paso de Odiarte Capítulo 15 Regla no Escrita
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Capítulo 15 Regla no Escrita

Había pasado una semana desde que Sienna se había mudado oficialmente al apartamento de David en el Seaport District.

Siete días exactos. Y cada uno de ellos había resultado ser jodidamente más largo y pesado que el anterior.

La convivencia que ella había imaginado en sus noches de insomnio jamás llegó a existir.

David había dejado las reglas del juego claras desde el primer instante: no quería hablar del pasado.

Se negaba rotundamente a escuchar explicaciones.

Según su fría lógica, prefería concentrarse en el futuro y en el rendimiento de su inversión.

Por eso se había casado con ella. Por negocios.

Por una simple transacción de bienes y relaciones públicas. Nada más.

Dormían en habitaciones separadas en extremos opuestos del ático.

Prácticamente vivían en horarios distintos y rara vez coincidían en las áreas comunes.

David alegaba que debía entrenar hasta la madrugada para preparar la nueva temporada con los Celtics y aclimatarse al equipo.

Pero Sienna no era estúpida; sabía perfectamente que la estaba evitando.

Y aquello era lo que más la confundía y la atormentaba. Porque si ella realmente ya no significaba nada en su vida, si solo era un adorno de su victoria financiera… ¿por qué David parecía esforzarse tanto, gastando tanta energía, en mantenerse lo más lejos posible de ella?

Al menos, la constructora prosperaba a pasos agigantados.

Los asesores financieros y auditores corporativos contratados por David eran extraordinarios, los mejores de toda la Costa Este.

En apenas unas semanas habían conseguido lo que Bloom por eso me aparta de los casos importantes.

Sabe perfectamente que yo no soy tan manipulable ni tan ciega como mí hermano Edward.

Evelyn clavó sus ojos oscuros en Sienna, revelando una decisión drástica que la heló.

—En cuanto el comité me entregue la licencia oficial de abogada en octubre, pienso marcharme. Me iré de Massachusetts.

—No —Sienna negó de inmediato con la cabeza, tomándola del brazo con un pánico genuino—. No puedes marcharte, Evelyn. No puedes dejarme.

—Si quiero ejercer el derecho de verdad, con las manos limpias y sin terminar en una prisión federal por culpa de los negocios de mi padre, tendré que hacerlo, Sienna. Es mi única salida.

—Nos tenemos la una a la otra, Ev. Lo prometimos siempre juntas—la voz de Sienna sonó casi infantil, despojada de su madurez ejecutiva, aferrándose al único pilar que le quedaba en el mundo.

Evelyn le dedicó una sonrisa cargada de una infinita tristeza, cubriendo la mano de su amiga con la suya.

—Lo sé, y me desgarra el alma. Pero mi padre es un hombre demasiado poderoso en este circuito.

Si lo confronto o me salgo de su firma haciendo ruido, se asegurará de destruir mi reputación.

Ningún bufete de renombre en Boston contrataría voluntariamente a la hija rebelde de Richard Taylor por miedo a las represalias. Estaría vetada.

Sienna guardó silencio un instante, analizando las piezas del tablero legal de la ciudad, hasta que un apellido cruzó su mente como un relámpago.

—Quizá la firma de los Hale sí lo haría. Ellos son los únicos con el suficiente poder e inmunidad para enfrentar a tu padre.

Evelyn soltó una risa amarga, cargada de una profunda desilusión, y desvió la mirada hacia su copa de vino.