A un Paso de Odiarte Capítulo 14 Cambio de Posesión #3
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Capítulo 14 Cambio de Posesión #3

— Pero a diferencia de ti, Sienna nunca ha sido mía. No voy a dejar que este deseo maldito me controle, James—sentenció, y su voz se volvió de acero—. No tengo intención de olvidar lo que me hizo la noche del baile de graduación. No voy a olvidar cómo me apuñaló por la espalda mientras la esperaba.

—David…—intentó decir James.

—No —lo interrumpió David, tajante—. Si hoy Sienna Bloom lleva mi apellido, es únicamente porque yo soy el salvavidas que evita que su maldito imperio familiar se hunda en la miseria. Esto es un negocio, James. Nada más.

Mientras tanto, en el apartamento de Back Bay...

La puerta principal apenas terminó de encajar en la cerradura cuando Sienna se derrumbó.

Literalmente. Las piernas le dejaron de sostener, traicionadas por la brutal descarga de adrenalina de la mañana, y terminó sentada en el suelo, apoyada contra la base del sofá, con las lágrimas cayendo sin ningún tipo de control sobre sus mejillas.

Evelyn no tardó ni un segundo en reaccionar.

Se dejó caer de rodillas inmediatamente a su lado, la rodeó con sus brazos con una fuerza protectora y, simplemente, la dejó llorar.

La sostuvo durante varios minutos eternos, en absoluto silencio.

Sin interrumpir su dolor. Sabía que las defensas de Sienna se habían agotado.

—Me odia, Ev —la voz de Sienna brotó finalmente, rota, arrastrando un dolor que parecía venir desde el fondo de sus pulmones—. Dios mío… me odia con cada fibra de su ser.

Se cubrió el rostro con las manos, avergonzada de su propia vulnerabilidad.

—Ni siquiera quiso que me quedara en su departamento el maldito día de nuestra boda —la palabra boda le supo amarga, casi venenosa en los labios—. Si es que a un trámite tan frío e insultante en una mesa de cristal puede llamársele boda.

Evelyn le apretó la mano con firmeza, transmitiéndole su calor, pero continuó sin hablar. Sabía perfectamente que Sienna necesitaba vaciar todo el veneno que se había tragado frente a David.

—Quisiera tener el descaro de decir que me siento utilizada por él —Sienna soltó una pequeña risa triste, cargada de una dolorosa lucidez—. Pero sería profundamente injusto de mi parte. David fue jodidamente claro desde el primer segundo en que su abogada pisó mi oficina. Él nunca me prometió amor.

Levantó los ojos, inyectados en sangre y nublados por el llanto, buscando desesperadamente el apoyo de su amiga.

—La única imbécil que se llenó de expectativas falsas fui yo, Ev.

Fui yo la que quiso creer que todavía quedaba algún rastro del David que me amó en Andover.

Fui yo la que creyó que detrás de este maldito chantaje se escondía una retorcida segunda oportunidad para nosotros.

—Su voz se quebró por completo, volviéndose un susurro ahogado—.

Y ahora… la realidad me está destrozando viva.

Evelyn la estrechó con más fuerza contra su pecho, acariciándole el cabello oscuro.

—Escúchame bien, Sienna —esperó con paciencia hasta que Sienna logró controlar la respiración y la miró a los ojos—.

Hoy no tienes el derecho de rendirte, porque ya es demasiado tarde para eso.

Ya firmaste. Ya llevas su apellido. Ahora tienes que obligarlo a que te escuche de una vez por todas y contarle la verdad de lo que pasó esa noche—.

Mañana, en cuanto pongas un pie en ese ático con tus maletas, vas a obligarlo a escucharte —la voz de Evelyn se volvió de acero; firme, decidida e inquebrantable—.

No le vas a pedir permiso. Se lo vas a soltar en la cara.

Y si él, después de conocer toda la verdad sobre la trampa de tu familia y Ethan, decide que quiere seguir odiándote y tratándote como una extraña…

entonces al menos tendrás la paz mental de saber que lo intentaste todo.

Podrás levantar la cabeza y seguir adelante.

Sienna apoyó la cabeza pesadamente en el hombro de su amiga, sintiéndose exhausta y vacía.

—¿Y si ya es demasiado tarde, Ev? —Preguntó en un susurro, mirando las luces de Boston a través del cristal del ventanal—. ¿Y este nuevo David realmente ya no siente nada por mí?

Evelyn guardó silencio un instante. Al escuchar la pregunta, su mente viajó inevitablemente hacia James. Pensó en el incendio que ella misma llevaba por dentro cada vez que escuchaba su nombre.

Evelyn negó lentamente con la cabeza, aferrándose a la única certeza que le quedaba en su propio mundo en ruinas.

—No, Sienna. No es tarde —sentenció, y su voz adoptó un matiz profundamente emotivo—.

Porque si algo he aprendido a golpes durante estos seis años de distancia…

es que uno nunca deja de amar a alguien así de fácil.

El orgullo puede levantar muros muy altos, pero no puede borrar el pasado.

Si David te amó de verdad, algo debe de quedar de ese sentimiento.

Por primera vez en toda la noche, en medio de la penumbra del departamento, Sienna cerró los ojos y se obligó a creer que su amiga tenía razón. Mañana dejaría de huir. Mañana comenzaría su verdadera batalla.