A un Paso de Odiarte Capítulo 12 Ventaja Emocional #5
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Capítulo 12 Ventaja Emocional #5

—Te ves bien, David —la voz de Sienna salió más suave, más cálida de lo que pretendía en un entorno de negocios.

David percibió el matiz de inmediato. Captó el rastro de afecto genuino y la nostalgia que vibraba en sus palabras, pero lo aplastó de inmediato sin un ápice de piedad.

No podía permitirse flaquear. Esa mujer era la misma que lo había dejado plantado la noche más importante de su juventud.

La misma que se había entregado a su rival mientras él la esperaba con un relicario en las manos.

La misma que ahora estaba dispuesta a casarse con un inversionista anónimo únicamente por salvar su maldito estatus social.

—Ya no somos esos viejos amigos de la escuela, Sienna —declaró David. Su voz fue una línea plana, profesional y desprovista de cualquier emoción—. Estoy aquí estrictamente por negocios. No vine a fraternizar.

El rechazo fue un golpe seco que atravesó el pecho de Sienna, obligándola a aflojar el agarre sobre el relicario oculto en su cuello.

— ¿Por qué yo, David? —Preguntó finalmente, con un hilo de voz—. ¿Por qué comprar las acciones de mi empresa y poner esta ridícula condición?

—Ya te lo explicó mi abogada —David sostuvo su mirada, obligándola a sostener el desafío—. Es una transacción comercial. Esta constructora tiene un potencial enorme si cae en las manos adecuadas.

Dio un paso al frente, acortando la distancia hasta que ella pudo percibir el aroma de su loción amaderada, un perfume costoso que sustituía al viejo olor a limpio que ella recordaba.

—Además, necesito establecerme de forma sólida en el mercado de Boston —añadió David, con una sonrisa helada que le heló la sangre—. ¿Y qué mejor manera de consolidar mi estatus en esta ciudad que adquiriendo a una esposa de abolengo? Es una simple cuestión de relaciones públicas.

La palabra adquiriendo la hirió con la fuerza de una navaja. Porque por un instante —un milisegundo de estúpida esperanza— Sienna había creído que él había movido el cielo, la tierra y cien millones de dólares solo porque la extrañaba. Porque quería recuperarla.

Pero la realidad era infinitamente más oscura. David Blake no había vuelto para salvarla. Había regresado para vengarse de la clase alta de Andover, para demostrarle a la familia Bloom que ahora poseía el dinero suficiente para comprar el mismo palacio que una vez le cerró las puertas en la cara.

Y ella solo era el instrumento de su victoria.

Sienna sintió que los ojos le ardían con fuerza, pero se obligó a mantenerse firme, conteniendo las lágrimas detrás de una máscara de orgullo corporativo.

No iba a darle el placer de verla derrotada.

Con movimientos lentos y calculados, tomó el bolígrafo.

Sosteniéndole la mirada fría a David, estampó su firma en la última página del documento.

David la observó tensarse apenas mientras la tinta sellaba el destino de ambos.

Vio deslizarse el trazo de su nombre: Sienna Bloom.

Sintió una punzada amarga en el estómago al descubrir que esa mujer seguía teniendo el poder de destruirlo por dentro, incluso ahora que él creía tener el control absoluto de la situación.

Sienna soltó el bolígrafo sobre la mesa de cristal. El sonido metálico resonó en la opulencia silenciosa de la sala. Levantó la barbilla.

—Avísame cuándo y dónde será la boda —sentenció.

La frase sonó completamente vacía, desprovista de cualquier matiz de ilusión, como si acabara de firmar voluntariamente su propia condena a muerte. Sin esperar una respuesta de David, dio la vuelta y salió de la sala a paso rápido, huyendo antes de derrumbarse frente a él.

Evelyn prácticamente corrió detrás de ella hasta alcanzar el ascensor.

—Vamos en mi coche —le dijo con firmeza, sosteniéndole el brazo con delicadeza—. No pienso dejarte sola en este estado.

El trayecto de regreso hasta el departamento de Back Bay fue un calvario de silencio pesado.

Ninguna de las dos se atrevió a romper la tensión mientras el vehículo avanzaba bajo la persistente lluvia de Boston.

Apenas cruzaron el umbral de la puerta del piso y la cerradura encajó, Sienna se quebró por completo.

Las defensas que había sostenido en la oficina se disolvieron.

—Firmé, Evelyn —su voz tembló, rompiéndose en un sollozo ahogado—. Dios mío… firmé ese maldito contrato.

Evelyn arrojó las llaves sobre la isla de mármol de la cocina y se acercó a ella de inmediato, tomándola por los hombros.

— ¿Pero por qué lo hiciste, Sienna? —Preguntó, con una mezcla de angustia y confusión—. Teníamos un plan. Oliver estaba listo para respaldarte. No tenías ninguna obligación de venderte a sus términos.

Sienna se dejó caer lentamente en el sofá, cubriéndose el rostro con las manos. Cuando las retiró, sus ojos inyectados en sangre reflejaron, por primera vez en seis años, la verdad completa y desnuda.

—Porque una parte de mí todavía cree, estúpidamente, que él puede volver a amarme —confesó, y las lágrimas comenzaron a correr sin freno por sus mejillas—.

Y porque… aunque sé perfectamente que todo esto es enfermizo…

—soltó una pequeña risa rota, cargada de amargura— no podía renunciar a la idea de ser la esposa de David Blake.

Evelyn sintió que el corazón se le encogía en el pecho ante la vulnerabilidad de su mejor amiga. Se sentó junto a ella, rodeándola con un abrazo protector.

—No creo que esto sea una buena idea, Sienna.

James y David se traen algo muy oscuro entre manos.

Están actuando por puro despecho. Y lo peor es que todavía ni siquiera has tenido la oportunidad de hablar con David sobre lo que Luca y Ethan armaron la noche de la graduación. Él sigue creyendo esa maldita mentira.

—Lo sé, te juro que lo sé —Sienna se secó las lágrimas con el dorso de la mano, tratando de recuperar el aliento—.

Pero ¿qué otra opción real tenía, Ev? Mírame.

Si no firmaba, perdía la constructora que mi padre levantó con tanto esfuerzo y, al mismo tiempo, obligaba a David a desaparecer de mi vida para siempre.

Al menos de esta forma podré salvar el legado de la familia.

Y quizá… solo quizá… encuentre la manera de recuperar al David que se fue de Andover.

Evelyn suspiró profundamente, guardando silencio mientras procesaba el enorme sacrificio que su amiga estaba dispuesta a afrontar.

— ¿Y tú? —preguntó Sienna después de unos segundos, acomodándose en el sofá para mirarla—. ¿Cómo te sentiste al volver a tener a James a escasos centímetros de ti?

Evelyn soltó una risa triste, desviando la mirada hacia el techo para evitar que sus propias lágrimas se desbordaran.

—Mucho peor de lo que esperaba, si te soy sincera —admitió, con la voz apagada—.

Descubrí que sigo amándolo. Incluso más que antes, lo que resulta patético.

No tienes una idea de cuánto tuve que controlarme para no gritar mientras lo veía moverse con tanta naturalidad y comodidad al lado de esa abogada, la tal Olivia.

Sienna esbozó una pequeña sonrisa entre el llanto, intentando aligerar el dolor de la habitación.

—Bueno, si te sirve de consuelo… a mí me pareció que a quien le coqueteaba de forma descarada era a David, no a James. Tenías que ver cómo lo miraba.

Evelyn parpadeó, asimilando el comentario, y soltó una carcajada inesperada que rompió el aura de tragedia del departamento. Sienna terminó riéndose también, unidas por la ironía de sus desgracias.

—Definitivamente estamos completamente perdidas, querida amiga —concluyó Evelyn, negando con la cabeza.